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huracán Eta, Bonanza

En las comunidades indígenas dentro y fuera de la reserva Bosawás, la población se autoevacuó a falta de orientaciones y asistencia de las autoridades regionales o centrales. FOTO: Cortesía.

Bosawas, donde nadie les avisó que los golpearía el huracán Eta

Las comunidades indígenas en el corazón de la reserva donde no sabían que les acechaba el huracán Eta y ahora sufren los embates de la naturaleza y el abandono perpetuo

En Alal, comunidad mayangna situada en el corazón de Bosawas, los vientos del Eta comenzaron a percibirse desde la madrugada. Hubo «fuertes lluvias toda la noche y viento aún sigue y los ríos inundados, nadie sale y las gentes amanecieron abajo de sus viviendas con hamacas», reportó un líder de Alal.

Se trata de la misma comunidad que en enero de este año fue víctima de un violento ataque de colonos, con el resultado de cuatro indígenas masacrados, ganado muerto y parte del caserío incendiado.

De acuerdo con el líder mayangna, muchos indígenas en las comunidades de Bosawas no estaban enterados del huracán y salieron para hacer patrullaje a sus parcelas, por lo que ahora se encuentran «varados en el camino» debido a los ríos crecidos.

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Son habitantes de «Musawas, Suniwas, Alal, Panyawas y Wilu», detalla. «No lo sabían porque las autoridades están en total silencio y no dan acompañamiento». Ni el Gobierno central ni las autoridades locales se dieron a la tarea de informar a los pobladores de estos territorios sobre la amenaza e inminente llegada del huracán Eta. Desconocían por completo el acecho del huracán y se toparon con sus efectos en medio de la montaña. Una vez más enfrentan solos al inclemente clima y las condiciones de un terreno donde no ha cesado de llover desde el fin de semana.

Por la madrugada se fue la energía eléctrica, pero regresó, aunque el flujo es inestable e intermitente. Hasta las 8:30 de la mañana en Alal continuaban reportando «fuerte lluvia y viento», mientras los comunitarios que viven a orillas del río o en la zona baja de la comunidad empezaban a resguardarse en la iglesia.

La iglesia y el colegio de la comunidad son las estructuras más «sólidas» en el lugar, aún cuando se encuentran deterioradas. Cuatro paredes en mal estado son ahora el mejor refugio en una comunidad de casitas de madera y techos de paja, alzadas sobre delgadas vigas de madera. Casitas de tambo que se van hundiendo en el fango de un suelo saturado de agua que se va tragando la comunidad con las corrientes de agua. Ahí no llegó la noticia del huracán Eta, no entró el Ejército a evacuar ni ingresó ayuda gubernamental, siguen como antes del huracán: solos, e inundados de problemas.

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Hacinados y sin alimentos

Los habitantes del territorio indígena Waupasa Twi o Llano del Sur, compuesto por 17 comunidades, desconocían de la intensidad del fenómeno natural. Nadie les avisó que se trataba de un huracán categoría 4, creían que era una tormenta más propia de la temporada de invierno en la zona, pero la crecida del río Wawa Boom los motivó a abandonar sus casas por cuenta propia.

Al menos unos 1,500 comunitarios se encuentran resguardados en las iglesias y escuelas de sus comunidades, que sirven como albergues improvisados pero que debido a la falta de preparación, coordinación y apoyo, escampan la lluvia y se protegen del viento, pero están hacinados y en condiciones precarias, mientras afuera azota el huracán.

De acuerdo con el relato del líder comunitario Welcome Raymundo, tuvieron que salir de sus casas en horas de la noche ya cuando el huracán se acercaba al país en categoría 4. «Fue en la noche, dejamos nuestras casas, estamos en seguridad en las iglesias y las escuelas. Aquí no hay energía, pero nadie ha fallecido. Aquí se muestran preocupados porque no pueden ir a los montes, porque el río está creciendo», mencionó.

Comunitarios albergados en escuelas e iglesias de sus comunidades, las estructuras "más sólidas". LA PRENSA / CORTESÍA
Comunitarios albergados en escuelas e iglesias de sus comunidades, las estructuras «más sólidas». LA PRENSA / CORTESÍA

Una de las principales preocupaciones es que a medida que arrecian las lluvias y ellos se desplazan de sus comunidades para ponerse a salvo, se alejan de lo que queda de sus cultivos y no cuentan con recursos ni provisiones alimenticias. Welcome agrega que «no sabemos ni siquiera qué van a comer los niños, es muy difícil, aquí no hay nada, salimos sin nada de nuestras casas».

En esa misma situación se encuentran los comunitarios del pueblo indígena mayangna Sauni As, donde las casas están ubicadas en las montañas, todas construidas con tablones, techos de pajas y en tambos. “No hay trabajo, se está vigilante, la inundación del río Kaswa nos ha obligado a dejar las casas por seguridad de las familias. Aquí no sale el sol, hay fuertes vientos, hay mucha neblina y llueve mucho, muy recio” explicó el reverendo Lenin Miguel.

Para algunos las lluvias intensas y los furiosos vientos no tienen nombre, para otros el peligro ya pasó, lo cierto es que — de acuerdo con reportes de comunitarios — es evidente es la desinformación, el abandono estatal y las condiciones precarias con las que los comunitarios hacen frente al huracán Eta.

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Hermis Davis Taylor, comunitario y presidente de la organización no gubernamental Masaku, sostuvo que las familias de la comunidad indígena Musawás se están albergando en las escuelas, iglesias y puestos de salud. Por ejemplo, las 70 familias de la comunidad Bethlehem están albergadas en esos locales.

“Orientamos que no salgan a trabajar, que busquen un lugar seguro, nos dicen que va hacer una tormenta muy fuerte. Desde ayer está lloviendo fuertemente, en los territorios mayangnas, los comunitarios tuvieron que salir de sus casas desde las 4 de la tarde (ayer), también se suspendieron todos los trabajos de campo, porque veíamos que venía fuerte la tormenta”, aseguró.

“Estábamos en tiempo de cosechar arroz, mucha gente dejó sus cultivos en el campo, con estas lluvias y las inundaciones creemos que se va a perder la producción de arroz, que es el sustento de cada familia, sabemos que después de las lluvias, la crecida de los ríos, las parcelas quedan afectadas”, lamentó.

Incertidumbre y temor

Juana Bilbao, del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), denunció que por la falta de comunicación de las autoridades correspondientes, los comunitarios en su mayoría desconocían del huracán Eta y relacionaban los cambios climáticos a una tormenta propia de la época de invierno.

“Ellos creían que era una tormenta simple, hasta ayer los comunitarios se dieron cuenta de que es un huracán. Yo llamé a los líderes comunitarios a la una de la madrugada y les dije que esto es un huracán, no una tormenta, para que se dieran cuenta de la magnitud del fenómeno, que es devastador para esas comunidades vulnerables que ya anteriormente han sido golpeadas por la crisis alimentaria, el olvido y la pobreza en la que viven”, apuntó Bilbao.

Comunidades indígenas tras la llegada del huracán Eta al Caribe Norte de Nicaragua. LA PRENSA / CORTESÍA
Comunidades indígenas tras la llegada del huracán Eta al Caribe Norte de Nicaragua. LA PRENSA / CORTESÍA

En cuanto, al territorio Wangki Maya en Waspam Río Coco Abajo, Bilbao señaló que la última información que recibió fue ayer (lunes) en horas de la tarde por parte de un técnico que se encuentra en el lugar, pero que por ahora está incomunicado.

“El río ya estaba subiendo y sabemos que esas comunidades son tan vulnerables, nos preocupa porque sabemos que sus casas no prestan las condiciones, sabemos que cada comunidad ha buscado su medio para protegerse, pero hay demasiada incertidumbre y temor que muchos me decían entonces ‘vamos hacer hoyos en la tierra para salvarnos’, pero les dije que no es buena idea por la amenaza de inundaciones, es que el drama es inminente en esas comunidades, donde no llega la información, ni la ayuda estatal”, concluyó Bilbao.

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