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Román González y el Gallo Estrada pelearán el 13 de marzo en Texas. LA PRENSA/CORTESÍA

Román González contra Juan Francisco Estrada: ¿Será un clásico?

Chocolatito y el Gallo es el mejor intento por conservar el nivel que le dieron hace décadas al público tipos como Salvador Sánchez y Carlos Monzón

El choque de hace ocho años entre Román González y el Gallo Estrada no solo se quedó en la epidermis, sino que sirvió de caldo de cultivo para una revancha con fecha y sitio ya asegurados.

En poco tiempo después de aquel duelo el nombre de Estrada empezó a sonar con fuerza, entre tanto el nicaragüense alcanzaba su punto máximo de esplendor sin discusión alguna.

Quien vio a los dos batallando por prevalecer aquella noche en Los Ángeles entiende el porqué de la acogida que representa para el boxeo la revancha.

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Chocolatito y el Gallo es el mejor intento por conservar el nivel que le dieron hace décadas al público tipos como Salvador Sánchez, Carlos Monzón y, recientemente, Ricardo «el Finito» López vs. Rosendo Álvarez.

Constantemente nos han ofrecido frustrantes batallas que se quedan en la nada. En medio del confinamiento moderno que nos atañe, nada supera ver al exmejor libra por libra intentando refrendar su victoria anterior frente a Juan Francisco, quien insiste en que aquello debió tener un resultado distinto en las tarjetas.

Esta revancha es la apuesta más sólida para acercarse a los genuinos clásicos entre los que figura Alí y Foreman, porque Chocolatito vs. el Gallo tiene ese ingrediente para permanecer en la memoria como ocurre en la literatura con La Ilíada y Don Quijote de la Mancha.

Existe por tanto una efectividad asegurada al encerrar a dos boxeadores que saben perfectamente que las emociones hacen que recordemos mejor. Al concretar la firma de ambos, Eddie Hearns nos garantiza intercambio de poder y contragolpe de principio a fin. A su vez es un antídoto contra la sequía de peleas verdaderas y remunera en su justa medida a dos chicos depreciados en las bolsas.

Las lesiones de Estrada jugarán un papel determinante a la hora de la exigencia que impondrá un peleador de la categoría de Román González, siempre hacia adelante, golpeando sin cesar.

¿Qué tan estimulado estará Chocolatito? Con treinta y tres años a cuestas ¿qué incidencia tendrá en su físico tantos años en el boxeo? Nada más estimulante que una cifra que sobrepasa el millón de dólares ¿no? Y qué decir de la experiencia, no es acaso un acicate a la hora de complicaciones, sobre todo contra un rival como el mexicano.

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¿Será Estrada lo suficientemente esquivo y a la vez agresivo para evitar la estamina de González y hacer mella en su humanidad? Eruditos del boxeo y aficionados llanos tienen la certeza que la revancha programada para el 13 de marzo en Texas tiene una importancia enorme para Juan Francisco, porque consolidaría su reputación si gana, aunque el coste de una derrota sería su salida de los 10 mejores libras por libras del mundo.

Hay cosas que las personas pueden elegir sobre sus vidas y otras que les vienen dadas. En el caso de Chocolatito el boxeo no solamente le vino en vena, sino que lo eligió como forma de vida. Hasta hoy en la era de las prisas, sus cincuenta y dos peleas lo colocan como fenómeno de masas, es admirable como hila sus combinaciones lo que engancha con el público, porque no le teme a los retos. La grandeza de un boxeador se mide por acciones como estas, lo que empuja a una idolatría planetaria.

Hemos visto grandes duelos… que como cintas de casetes rebobinamos. ¿Qué pasa entonces si juntamos en un ring a dos destacados del pugilismo como Román y Estrada? En cierta medida habrá un traslado, un viaje para encontrarse con Argüello, Chávez y Oscar de la Hoya, así como leer El infinito en un junco, de Irene Vallejo reviviendo a Borges, Jack London y Antonio Machado.

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