A la Comisión de Buena Voluntad para promover la unidad opositora nacional, formada originalmente por el doctor Carlos Tünnermann y don Fabio Gadea Mantilla, se ha sumado el exestrella de grandes ligas de beisbol, Dennis Martínez.
Ellos dicen no tener ningún interés preconcebido, material o político, que su única intención es ayudar a que toda la oposición a la dictadura —o la mayor parte de ella— se una en una sola alianza electoral para las elecciones de noviembre, si es que hubiera condiciones para participar.
En realidad, por su edad Tünnermann y Gadea Mantilla ya no tienen aspiraciones políticas personales. Y Martínez, a quien se mencionó al comienzo como posible candidato presidencial, no lo puede ser porque está inhibido por la Constitución Política de la República. Él tiene la nacionalidad estadounidense y para ser candidato tendría que haber renunciado a ella al menos cuatro años antes de la elección, según el artículo 147 de la Constitución.
Esta no es la primera vez que personalidades nacionales e incluso extranjeras han asumido el compromiso de promover la unidad democrática nacional, ya fuese para enfrentar a una dictadura o tratar de impedir que se instaure por medio de elecciones. En 1989 un grupo de diplomáticos extranjeros interesados en ayudar a Nicaragua a salir de la guerra civil y abrir camino a la transición democrática por la vía electoral, promovió el acuerdo entre los partidos que formaron la Unión Nacional Opositora (UNO). Participaron en aquellas gestiones el encargado de negocios de Estados Unidos (EE. UU.) y los embajadores de Costa Rica, Alemania Federal, Japón y Perú. Y tuvieron éxito sus gestiones, pues aunque no todos los grupos opositores se integraron en la UNO, sí lo hicieron los partidos más importantes y representativos de la diversidad ideológica y política nacional.
En 2006 ocurrió algo parecido, cuando personalidades nacionales y extranjeras trataron de que los dos bandos del liberalismo se unieran alrededor de una sola candidatura presidencial, para impedir que ganara Daniel Ortega. Cabe recordar entre las personas notables que promovieron la unidad democrática en 2006, al obispo Juan Abelardo Mata; al embajador de España, Jaime Lacadena; y al expresidente de El Salvador, Armando Calderón Sol.
No había que ser sabios para saber que si Daniel Ortega recuperaba el poder, instauraría una nueva dictadura. La política también es aritmética, cuando se practica en el campo electoral, y los números de las encuestas decían claramente que si los dos bloques democráticos no se unían, muy probablemente Ortega se alzaría con el triunfo. Y así ocurrió, en efecto, porque no hubo unidad, el caudillo sandinista ganó la elección presidencial y ahora hay que lamentar la tragedia que ha causado con su nueva dictadura.
Es que, como lo enseñan la experiencia y la Psicología Social, no es fácil unir a grupos que son diversos por su propia naturaleza social, económica, política, ideológica y cultural. Pero mucho menos a los que no se quieren unir ni siquiera ante una necesidad tan apremiante, como es la de salir de una dictadura y recuperar la libertad y la democracia.
Ojalá que ahora, por el bien de Nicaragua, la Comisión de Buena Voluntad tenga el éxito que buscan sus integrantes.