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Bayardo Cuadra fue tan grande y a la vez tan sencillo

Antes de la aparición de Google, el ingeniero Bayardo Cuadra era la fuente precisa y confiable en cualquier terreno del conocimiento

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El ingeniero Bayardo Cuadra se ha ido y ha dejado un enorme vacío que ya se siente en múltiples escenarios, pero sobre todo, se ha marchado un extraordinario ser humano que mejoró todo a su alrededor.

Bayardo transitó por este mundo lleno de una serenidad discreta y sonriente, fino, ecuánime, amable; con una cultura de filósofo griego y sin el pecado de la vanidad y muchos menos malicia en su actuar.

Hablaba con la misma autoridad y profundidad de Babe Ruth o Lope de Vega, de Albert Einstein o Bruce Lee, de Neil Armstrong o Miguel Ángel, de Alexis Argüello o Rubén Darío, de la vieja Managua o de Nueva York.

Él sí era una enciclopedia humana. Lo sabía todo y lo compartía sin alardes. Nunca antes había visto a una mente tan brillante y a la vez a un tipo tan sencillo, educado y respetuoso como el ingeniero Cuadra.

Lo conocí antes de verlo. Sus aportes en Radio Corporación en las transmisiones de beisbol de Grandes Ligas eran enriquecedores. Le agregaba sustancia a un gran staff de narradores liderado por Sucre Frech.

Mi primer contacto con él fue a través una llamada. Me felicitó en mis inicios y sonrío para luego decirme que estaba pronunciando mal el nombre de Greg Jefferies, un joven pelotero de los Mets allá por 1989.

Me dio una cátedra sobre ciertas reglas del inglés, pero lo hizo con tanta amabilidad que a partir de entonces, fui yo quien comenzó a llamarlo a menudo. Y siempre tenía la respuesta precisa o la investigaba.

Además de historiador y cronista deportivo, Bayardo era ingeniero químico de profesión. En 1979 era el gerente del matadero Ifagan y fue cesado por el gobierno sandinista de la época, pero nunca tuvo rencor.

Coleccionista, amante del cine y del arte en todas sus expresiones, al ingeniero le gustaba también cantar y bailar y hasta enseñaba a hacerlo, mientras se mantenía sobre la senda correcta a través de su vida.

“Últimamente me llamás poco”, me reclamó entre risas hace unos meses. “Quiero dejarlo descansar”, le dije en mi respuesta. Y era la verdad. No se tomaba una consulta a la ligera. Lo investigaba todo.

Alguien dijo que hay hombres que por sus acciones se hacen más grandes, pero no más buenos. Es claro que no tuvo el privilegio de conocer a Bayardo, “un hombre justo que procuró hacer el bien”.

Eso quería el ingeniero como epitafio y no hay duda que lo merece.

Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR 

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