Largas dictaduras de corte militar han gobernado con puño de hierro en América Latina. Tienen muchas cosas en común como el uso de las fuerzas armadas para mantenerse en el poder y la corrupción. Todas han caído y según expertos, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo va por ese camino, igual a como cayó el régimen somocista en 1979.
América Latina en los últimos 70 años ha visto pasar golpes de Estado, revueltas, juntas militares, revoluciones y dictadores casi en la totalidad de sus países. Solo México, Belice y Costa Rica se han salvado de esto en el periodo de referencia.
Algunos regímenes autoritarios, como el de Ortega, han durado poco tiempo, como el caso de Jorge Rafael Videla, en Argentina, quien estuvo en el poder durante cinco años, pero que dejó una enorme cantidad de personas desaparecidas, asesinadas y encarceladas en tan poco tiempo.
El otro extremo es Cuba, que se ha mantenido a lo largo de estos años «navegando entre escombros» y sobrevive como la dictadura más vieja del continente, pero cada vez más debilitada y rumbo al fracaso.
Todas tienen modelos diferentes, pero en esencia usan los mismos métodos para mantenerse en el poder. Otro factor que las caracteriza es que todas estaban destinadas al fracaso de una u otra manera. ¿Puede el régimen de Daniel Ortega esquivar este fracaso, tal como ocurrió con la dictadura de Somoza en Nicaragua?
Destinado al fracaso
Según la historiadora Dora María Téllez, la principal razón por la que Ortega está destinado a fracasar es que el pueblo de Nicaragua siente un profundo rechazo en su contra. La exguerrillera también resalta que es imposible que Ortega quiera imitar el modelo de Cuba o el modelo dictatorial de Venezuela, aunque señala que en algunos aspectos son parecidos.
«Ortega no quiere imitar completamente el modelo cubano porque no le conviene. Sabe que tiene que realizar elecciones regularmente. Si no hay elecciones transparentes no hay legitimidad. Tampoco es posible replicar a Venezuela debido al petróleo. No veo comparación entre las dictaduras, lo que veo son modelos autoritarios. Más bien Venezuela ha copiado algunas de las manipulaciones institucionales que Ortega ha establecido aquí», dijo Téllez, quien también resalta el uso de la fuerza como clave para mantener el control.
Por su parte el sociólogo, Óscar René Vargas, sostiene que los puntos claves que harán que la dictadura de Ortega caiga son cuatro:
El primero es que el régimen no tiene un proyecto de nación ante temas grandes como la pobreza, el desempleo y el coste de la vida. Según Vargas, las personas al ver que la dictadura no tiene soluciones para sus problemas inmediatos reaccionarán; y ahí es donde entrará el segundo punto clave que es el descontento social.

«La tercera clave es que los Ortega-Murillo creen que la única manera de mantenerse en el poder es la represión policial, militar y paramilitar», afirmó Vargas. La historia en América Latina ha demostrado que ese mecanismo no es sostenible en el tiempo.
Finalmente, el cuarto punto débil de la dictadura, según el sociólogo y economista, es que por mucha represión que exista en el país «ningún régimen sobrevive sin la legitimidad de la población. En resumen, la represión no asegura la permanencia en el poder de manera indefinida».
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A este análisis el politólogo Eliseo Núñez aportó como reflexión que el mismo Daniel Ortega se ha condenado al no tener un sucesor que mantenga su dictadura. «Dentro del Frente Sandinista hay una crisis de sucesión. Ortega está destinado al fracaso porque no tiene sucesión y no la logró construir. Aunque ahora lo estén intentando no funcionará debido a la gran dispersión que tienen entre ellos».
El punto final que definirá la caída del régimen, según Núñez, es que tarde o temprano la ilegitimidad en el poder termina pasando factura tanto a nivel nacional como internacional.
«Ahora a Ortega no le importa la legitimidad y los votos, pero en algún momento las olas van a romper el dique y Ortega tendrá que salir por la puerta de atrás», advirtió.
Parecidos
Gran parte de las dictaduras que florecieron desde los años 50 en el continente tienen su origen en el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Estados Unidos para evitar que los países de América Latina fueran gobernados por políticos comunistas impulsó golpes de Estado y casi siempre se terminaba instaurando un régimen totalitario de corte militar, como el caso de Argentina y Chile.
En cambio, estas nuevas dictaduras como la de Daniel Ortega en Nicaragua y el chavismo en Venezuela, llegaron al poder mediante elecciones. En el caso de Ortega, haciendo una serie de movidas en los poderes del Estado para lograr esa victoria. Posteriormente, estos dictadores han venido perpetrando fraudes electorales para dar la sensación de legitimidad y de que el pueblo puede decidir por quién quiere ser gobernado.
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Para Núñez algo que une históricamente a todas estas dictaduras es la corrupción, delincuencia y la impunidad. El dictador en estos países deja que la Policía, Ejército y demás fuerzas armadas participen de la corrupción para que ganen mucho dinero a cambio de proteger los intereses del tirano.

«A estos dictadores los une el modelo de control social, no necesitan de votos y legitimidad, solo necesitan una gran cantidad de hombres armados dispuestos a matar y a morir por ellos», afirma Núñez.
Este comportamiento está recogido en el libro El manual del dictador, de los escritores Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith.
“Págales tan poco (a los policías) que no puedan dejar de darse cuenta de que no solo es aceptable sino también necesario que sean corruptos. Entonces estarán doblemente en deuda con el régimen: primero, estarán agradecidos por la riqueza que el régimen les permite acumular; segundo, entenderán que si flaquean en su lealtad corren el peligro de perder sus privilegios y ser enjuiciados”, dice el texto de estos expertos en política.
El modelo cubano
Los analistas consultados para este artículo concuerdan en que la dictadura cubana es la excepción a la regla, principalmente porque este país es una isla y por las características de Fidel Castro y la forma en que llegó al poder.
«Al ser una isla le da una circunstancia distinta y no hay mucha comunicación. El modelo social en Cuba duró un tiempo como un consenso, pero colapsó y el modelo económico también. Es una larga agonía, pero no deja de ser agonía», indicó la historiadora Téllez.
Mientras que Núñez dice que Fidel Castro construyó su modelo «basado en la popularidad y que no llegó mediante un golpe de Estado. Además aprovechó el conflicto entre Estados Unidos y la Unión Soviética y logró expulsar a toda su disidencia.»
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Fidel Castro murió el 25 de noviembre de 2016, apartado del poder al menos de manera oficial, pero gozando de todos los privilegios. Mientras que el dictador chileno, Augusto Pinochet, murió en diciembre de 2006 y pudo evitar ser juzgado por los crímenes que se perpetraron durante su dictadura. Según Óscar René Vargas, a esto último aspira Daniel Ortega.
«Los Ortega creen que pueden permanecer en el poder a como hizo Pinochet. Sin ser derrocado y sin ser juzgado. Mientras que la salida, como salió Nicolás Ceaușescu en Rumania, implica mayor problema. Tienen temor de ser juzgados y eso los hace aferrarse al poder», finalizó.
De hecho Ortega ya está acusado a nivel internacional por crímenes de lesa humanidad, que no prescriben y que puede ser juzgado por tribunales internacionales. Se contabilizan más de 328 nicaragüenses asesinados por la dictadura en Nicaragua, miles de exiliados y múltiples denuncias de torturas contra opositores.
Ascenso y caída
Antes de que Fidel Castro se convirtiera en dictador, en Cuba ya había otro dictador. Fulgencio Batista fue presidente de la isla tras ganar las elecciones de 1940. Luego pasó ocho años alejado del poder y se presentó nuevamente a las elecciones, pero las encuestas lo daban como perdedor y se tomó el poder mediante un golpe de Estado en 1952.
Sus fuerzas armadas se rindieron ante el grupo de Fidel Castro en enero de 1959. Batista huyó del país y murió en España en 1973 debido a un paro cardíaco. Tenía 72 años. La dictadura iniciada por Fidel Castro sigue desde entonces.
El segundo dictador que más tiempo ha pasado en el poder es el paraguayo Alfredo Stroessner. Su dictadura de 34 años es la más larga de América del Sur.
Llegó al poder tras un golpe de Estado en 1954. Impuso la ley marcial, usó la represión policial y lo acusan de crear escuadrones de la muerte. Una Comisión de la Verdad y Justicia en Paraguay lo acusó del asesinato de unas cuatro mil personas y más de 20 mil torturas.
En 1989 fue derrocado por su hombre de confianza, Andrés Rodríguez Pedotti, quien hizo que Stroessner se exiliara en Brasil, donde murió en 2006.

Otro claro ejemplo de las dictaduras de corte militar que existieron durante el siglo pasado en el continente es la de Augusto Pinochet. También llegó al poder tras un golpe de Estado en contra del presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.
Fueron 17 años en que gobernó con puño de hierro y el uso de la violencia. Según algunos reportes, más de tres mil personas fueron asesinadas durante este período y otras mil fueron desaparecidas.
En 1988 realizó un plebiscito que perdió y fue apartado del poder, pero antes hizo una Ley de amnistía para protegerse. En 1998 fue detenido en Londres y acusado de genocidio, pero nunca fue condenado. Murió en 2006.
Todas estas dictaduras fueron derrotadas, y según los analistas la de Ortega no será la excepción.
