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María Lourdes Ramos ha recorrido día y noche las estaciones policiales, hospitales, fincas y escuelas de diferentes comunidades de Jinotega, con la esperanza de encontrar viva a su hermana Jessica Ramos, de 13 años, a quien crió como una hija porque sus padres fallecieron cuando era una niña.
La mañana del 26 de diciembre de 2020, Jessica se levantó a las 5:00 de la mañana para ir a cortar café con sus familiares, por la tarde regresó a su casa en San José, El Cuá, en Jinotega, se cambió de ropa y de pronto nadie la vio más. No se sabe si ella salió de su casa o si alguien entró y se la llevó. En la vivienda solo habitan Jessica, María Lourdes, su esposo y una hermana más.
“Yo no supe qué ropa llevaba, yo estaba acostada cuando pregunté por ella, pero ya no estaba”, asegura Ramos. Jessica —dice su hermana—, no se fue por voluntad propia, ella cree que fue secuestrada. “Ella iba muy bien en sus clases, es una niña feliz en medio de la pobreza en la que vivimos, pero jamás se iría con alguien”, asegura. “Yo deseara morirme por todo lo que está pasando. Me siento sola y no sé qué hacer”.
Esa misma noche, Ramos fue a la estación policial de la comunidad Abisinia, en El Cuá, para hacer la denuncia. También la hizo en la comunidad de El Cuá, pero nadie le ha dado una sola respuesta. “Ni siquiera han venido a mi casa. Solo me preguntaron si ella se había ido con un hombre o si tenía novio”, dice.
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La angustia que Ramos vive también la han vivido al menos 17 familias de niñas, adolescentes y mujeres que han desaparecido entre enero y febrero de 2021 en diferentes departamentos del país. Algunas han aparecido vivas, otras muertas y aún hay algunas de las que no se sabe nada, como el caso de Jessica.

Los factores detrás de las desapariciones
Pese a que las desapariciones no son un tema nuevo en el país, los reportes han aumentado considerablemente en los últimos meses. En enero y febrero de 2021 se ha observado un incremento en las denuncias ciudadanas de familiares y amigos de las víctimas a quienes reportan en las redes sociales con la leyenda “Desaparecida”, tras perder comunicación o rastro de ellas de manera abrupta e inusual. Específicamente Facebook y Twitter se han convertido en las principales plataformas donde se alojan y circulan las denuncias.
Defensoras feministas insisten en que “las mujeres no desaparecen por arte de magia” y en su trabajo por concienciar para que no se normalice esta práctica afirman que detrás de cada caso pueden haber diversos factores como secuestros, manipulación, amenazas y engaños por hombres mayores o con algún tipo de poder sobre ellas.
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La socióloga y experta en temas de seguridad, Elvira Cuadra, explica que desde el 2018 que incrementó la violencia política estatal, también incrementó la violencia contra las mujeres en general, particularmente en niñas y adolescentes. “Hay un incremento significativo en los casos de femicidio, en los femicidios frustrados, delitos sexuales y en los delitos sexuales en niñas menores de 14 años”, asegura Cuadra.
Indica que hay numerosos reportes sobre desapariciones de mujeres, y muchos de esos casos o reportes terminan en femicidio, sobre todo en la zona norte del país. “En la zona de Las Segovias parece localizarse uno de los puntos críticos de desapariciones y delitos”. Cuadra asegura que las desapariciones no son un problema nuevo y la situación se agrava, porque no hay información pública en relación sobre cómo está manejando la Policía estos casos y muchos de estos pueden estar vinculados con trata de personas.
María Lourdes cuenta que desde que su hermana desapareció ha recibido llamadas de hombres que piden dinero a cambio de dar información sobre su paradero. Le han enviado números de cuenta en bancos para que realice depósitos. Le aseguran que logrará ver a la niña con vida. Todos esos mensajes, asegura, ya fueron presentados a la Policía.
“Ayudame, ayudame, no sé dónde estoy”
A aproximadamente 270 kilómetros de donde desapareció Jessica, un mes y medio después desapareció Zeneyda del Carmen Valle, de 34 años, el 12 de febrero de 2021. A las 5:00 de la tarde de ese día tomó un taxi de color blanco en las afueras del Instituto Nacional de Jalapa, Nueva Segovia, después de haber salido de una reunión de padres de familia. Iba a su casa, pero nunca llegó.
Sonó el celular y Jorge Valle, de 16 años, contestó. Era Zeneyda, su mamá, pidiendo auxilio. “Ayudame, ayudame, no sé dónde estoy”, le dijo. A él le entraron los nervios y ni siquiera pudo emitir palabra, una tía suya le quitó el teléfono y escuchó el resto: la habían secuestrado. Después la llamada se cortó.
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“Llamó al número de Jorgito, el hijo mayor de ella, pidiendo ayuda y diciendo que en el taxi la habían secuestrado y le habían tapado los ojos”, dice su hermana Geysell Elizabeth Valle Ramirez.
Geysell junto al esposo de Zeneyda, Jorge Valle Quiroz, acudieron a la estación policial de Jalapa. Denunciaron directamente a Fabricio Sánchez como el presunto autor del secuestro. Sánchez, de 26 años, es un conocido quien en noviembre y luego en diciembre del 2020 fue acusado por esta familia ante la Policía de incendiarles una casa y una finca. Geysell cuenta que estos incendios ocurrieron por venganza, ya que Sánchez se había enamorado de su hermana y nunca fue correspondido. “Ella vivía con miedo, es el único enemigo que ellos tienen”, dice.

“Yo siempre la estoy buscando, preguntando y pidiendo información de ella. La he buscado en todo Jalapa, en otros departamentos, incluso fui a Honduras a buscarla porque me dijeron que podía estar allí, pero no la encontré. A veces recibo mensajes de que se encuentra en un lugar, voy y es mentira”, dice Jorge Valle, su esposo.
La noche del 13 de febrero, un día después de la desaparición de Zeneyda, sus familiares acudieron a la Policía de Jalapa. Ahí también estaba la madrastra del acusado por el secuestro. Estando ahí ella llamó al celular de Fabricio y contestó Zeneyda. “Mi hermana dijo: ‘Solo Dios y yo sabemos lo que estoy sufriendo, lo hago por mis hijos’ y después ella cortó”, asegura Geysell. Después de eso no supieron nada más de ella. Tras escuchar las palabras de Zeneyda, la Policía decidió cerrar el caso, aún con los antecedentes que existen en contra de Fabricio Sánchez.
En lo que va del año, la Red de Mujeres Contra la Violencia (RMCV) reporta que en Nicaragua ocurren entre dos y tres desapariciones de mujeres por día, de las cuales no hay registros porque no todas las familias denuncian. “Como ciudadanía estamos muy alarmadas por los niveles de desapariciones y secuestros a mujeres”.
Merycé Mejía, enlace nacional de la la Red de Mujeres Contra la Violencia (RMCV).
Pasividad de las autoridades
La violencia hacia las mujeres y niñas no es prioridad para el Estado y menos para la Policía, afirma Nancy Mora, miembro de la Red de Mujeres del Norte Ana Lucila. Esta organización le ha dado asesoramiento legal y apoyo psicológico a la familia de Jessica Ramos.
“En el caso de las jóvenes desaparecidas, lo valoran como que se fueron con el novio y eso (la Policía) lo manifiesta y esperan a que aparezca el novio. Entonces, en el rapto de menores en las comunidades no hay respuesta, porque hay una normalización de la violencia”.
No solo con las niñas y adolescentes la Policía actúa así. En el caso de Zeneyda, el argumento de las autoridades se resumió en que fue decisión propia irse. “Pero ella se encuentra amenazada y ella no se fue con voluntad propia. Él la había amenazado con hacerle daño a sus hijos”, dice su hermana.
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Como familia —dice el esposo de Zeneyda—, se sienten abandonados y sin apoyo de las autoridades para buscarla y encontrarla con vida. “Mis hijos no van a clases, ellos están bien tristes y se me enfermaron, ellos quieren a su mamá de regreso”, asegura.
Merycé Mejía, socióloga de la Red de Mujeres Contra la Violencia (RMCV), afirma que en el caso de Zeneyda es evidente la intencionalidad de las instituciones del Estado de invisibilizar las problemáticas más sentidas por las mujeres. “Quieren seguir mostrando una Nicaragua segura, una Nicaragua en la que no hay violencia, donde todo está en orden, hay una patología social de mostrar una realidad que no existe, de invisibilizar las cifras y las estadísticas”, afirma.
Desapariciones que terminan en femicidios
Hasta la fecha, la familia de Zeneyda no sabe si está viva o muerta y después de la llamada en la estación policial, nunca más escucharon su voz, no han visto fotos, mensajes o recibido alguna llamada de su parte. Lo único que han recibido son mensajes y llamadas telefónicas supuestamente de Fabricio Sánchez que les pide 400 dólares alegando que Zeneyda regresará viva.
De las 17 mujeres que han desaparecido este año, dos fueron encontradas muertas: Katherine Ninel López Martínez, de 21 años, quien fue abusada sexualmente y lanzada con vida en un sumidero donde se halló días después su cuerpo, y Carmen Hernández Godínez, de 18 años.
Precisamente este es el panorama que más preocupa, ya que el aumento de la violencia machista ha arrebatado la vida a 12 mujeres en el año, según el conteo del Observatorio Voces de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD).
En el caso de Jessica, en la comunidad donde vive todos creen que está muerta, pero “mi corazón de madre me dice que está viva”, dice su hermana, quien guarda la esperanza de que algún día se va a reencontrar con ella.

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