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Si o no
¿Se queda o se va la dictadura? Esa es la pregunta a contestar. Las de noviembre próximo no son elecciones normales. ¡Por Dios! Si quien las organiza es una dictadura que mantiene un estado de sitio de facto en todo el país, y que ya ha matado a más de 300 ciudadanos por pensar distinto. La única forma que tenemos para resolver esta crisis de una forma pacífica es simplificando la elección al máximo, de tal forma que solo queden dos bloques: los que quieren seguir en dictadura y los que quieren que se termine. Convertirla en un referéndum. Sí o no.
Bueyes y carreta
Es necesario hacer esta aclaración tan evidente, a mi criterio, porque hay mucha gente a la que vemos trabajando para Daniel Ortega en nombre de la oposición. El candidato, el plan de gobierno, la ideología, el partido, la casilla, las simpatías, incluso los intereses personales, son importantes, pero ante el demonio que tenemos al frente no pueden estar en el primer nivel de prioridades, porque al colocarlos ahí se estaría poniendo la carreta delante de los bueyes. Y así no se avanza hacia ningún lado. Solo genera inmovilidad. Bueyes y carreta trabados. Es exactamente lo que el régimen quiere.
Pinochet
En 1988 Chile decidió en un referéndum histórico si quería que el general Augusto Pinochet continuara o dejara el poder que mantenía desde 1973. Sí o no. Era la pregunta. Pinochet abrió ese espacio buscando legitimidad a otros ocho años de gobierno, confiando en el control total que tenía en el país y la falta de condiciones democráticas que impedirían a la oposición agruparse y trabajar en una campaña más o menos decente. ¿Cómo iba a votar con confianza contra el régimen una población atemorizada por tantos años de represión militar? ¿Cómo podrían hacer campaña los opositores si eran perseguidos y marginados de los medios masivos de comunicación? Y, sobre todo, ¿cómo se podía unir una oposición con intereses tan distintos? Pinochet calculó que tenía su reelección en la bolsa. Sucedió lo inesperado. Ganó el NO. Y la dictadura cayó.
Argumentos
En el 2006 Daniel Ortega recuperó el poder, principalmente porque la oposición estaba dividida en dos grandes agrupaciones liberales. Cada una de ellas decía ser la legítima oposición, y confiaba que la mayoría del voto contra Ortega se agruparía en su casilla y sus candidatos. Ganó Ortega. Sucede que ahora escucho los mismos argumentos del 2006, y son a su vez los mismos argumentos que dieron los opositores en Bolivia y Ecuador para ir divididos. Ya sabemos lo que pasó. Y esos que dicen ser la verdadera oposición, y por lo tanto son los otros quienes se deben agrupar alrededor de ellos, serán los mismos que estarán mañana echándole la culpa a otros porque Ortega sigue en el poder, mientras ellos agarran una que otra diputación.
Antiunidad
Tal vez me falte la malicia política de otros, o la sagacidad que tienen quienes juegan con las casillas y los candidatos, pero no logro entender cómo alguien que se dice opositor, en estas circunstancias, cuando Nicaragua se juega la vida, le moleste la unidad, ataquen a quienes procuran que los distintos grupos se acerquen y conversen, y establezcan miles de prioridades cuando este asunto parece ser tan sencillo: sí o no. Si está por el SÍ, váyase para aquel lado y deje de estar aquí, haciendo como que NO, pero solo poniendo obstáculos para conseguirlo. Estas no son elecciones para cambiar presidente. Son una oportunidad para salir de la dictadura. Seamos como Chile, que con todas sus diferencias se unió alrededor del NO y logró terminar con una dictadura
Cálculos
Mi gran temor, y el de muchos creo, es que todo ya esté amarrado. Que no nos den la oportunidad de elegir nada. Porque quedan dos formas de entender a estos que siendo opositores empujan en sentido contrario. Una, que juegan para quedar en segundo lugar, como en las elecciones anteriores. Amaño. O dos, que haya un cálculo perverso: se comportan en la medida de la oposición que toleraría Ortega, con la esperanza de sobrevivir a las inhibiciones que seguro vendrán y, al quedar solos, todo ese 70 por ciento que está esperando a un solo bloque opositor para apoyarlo en cascada, no le quede otro palo en qué ahorcarnos más que en la casilla zancuda. Así, calcularán, no tienen que repartir nada con nadie. Da miedo.