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Lilibeth junto a su prometido Yedris, semanas antes de la boda. LA PRENSA/Cortesía

«Ya tenía el pastel en la casa». La historia de la joven que canceló su boda por contagio familiar de Covid-19

La pareja planificó con meses de antelación todos los detalles para ese día especial, una ceremonia íntima y sencilla, pero el Covid-19 cambió sus planes y la vida de la familia

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Para Lilibeth Gutiérrez y Yedris Contreras, de 22 y 31 años, respectivamente, la celebración de su matrimonio era lo más importante. Después de tres años de relación creyeron que era el momento para hacer formal la unión. En abril de este año pusieron fecha a la boda: 27 de junio. La familia y amigos cercanos se alegraron. Estaban avanzados con los preparativos, hasta que sucedió lo inesperado. En cuestión de días toda su familia se contagió de Covid-19.

Aunque los novios no tenían previsto realizar una fiesta pomposa, porque reconocen que la pandemia sigue latente, esperaban al menos compartir con familiares y allegados. La pareja planificó todos los detalles para ese día especial; a pesar de que sería una boda «sencilla», querían que todo saliera perfecto.

El 12 de junio, el padre de Lilibeth arribó a Nicaragua junto a su esposa y sus dos niños. Todos portaban su prueba negativa de Covid-19. Venían a compartir ese momento con la joven pareja. Ese mismo día el papá salió de paseo con amistades que no veía desde hace tiempo. Aquí comienza el «desastre» —como lo califica la joven— de la familia y los novios.

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«Ese día mi papá salió con sus amigos y nosotros creemos que ese día pudo adquirir el virus, porque a la semana siguiente, como el 20 de junio, quien empezó a tener síntomas fue mi papá, después, el lunes, yo me empiezo a sentir mal, como con fiebre, me dolía la cabeza, decaimiento y tos. Mi hermanita de 5 años también empieza a presentar síntomas», relata a LA PRENSA la joven Lilibeth Gutiérrez.

Desde ese 20 de junio la ilusionada joven y su novio veían cómo todo se venía abajo. Las posibilidades de que se casaran en los próximos siete días cada vez eran mínimas. El tiempo que se supone Lilibeth dedicaría para ultimar detalles para la ceremonia, lo ocupó para cuidar a su padre que, a medida que pasaban los días, empeoraba más.

Lilibeth (en medio) junto a su prometido, su madrastra y sus dos hermanos. LA PRENSA/Cortesía

Al borde de la muerte

Con la certeza y resignación de que no iban a poder cumplir su sueño de casarse el 27 de junio, para la joven la prioridad ahora era la recuperación inmediata de su padre.

El 26 de junio —un día antes de que se suponía sería la boda— el señor «se puso muy mal», comenzó a sufrir una tos constante y la respiración le comenzó a faltar. A eso de las seis de la tarde hija y esposa trasladaron al ciudadano de emergencia al Hospital Fernando Vélez Paiz, donde permaneció siete días.

Su padre le comentó a Lili, como conocen a la joven, que en ese lapso vio morir de Covid-19 entre 15 y 20 personas en ese centro asistencial, mientras él estaba postrado en una camilla luchando por su vida.

«Cuando llegamos al hospital nos dijeron que llegó con 82 por ciento de oxígeno y era uno de los tres pacientes más graves por Covid-19 en esa sala, pero como es joven, 38 años, y no tiene condiciones médicas graves, había un 50 por ciento de probabilidades de que se salvara. Quedó internado porque requería 16 litros de oxígeno, le hicieron la prueba de Covid y salió positiva», relata la joven.

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Su progenitor, con probabilidades medias de sobrevivir, su madrastra, sus hermanos y ella también tenían los síntomas. Eran tantas emociones y situaciones encontradas que la joven sentía que no daba para más. Pero esto no acaba aquí.

Tras la hospitalización de su padre ese 26 de junio, comenta Gutiérrez, las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) visitaron al resto de familiares que tuvieron contacto directo con el señor, en este caso a su madrastra y hermanos. Aunque ella y su novio también estaban expuestos y con síntomas, las autoridades sanitarias nunca los visitaron.

«(Los del Minsa) solo nos dieron ivermectina, colchicina (tratamiento que da el Minsa para pacientes con Covid) y acetaminofén, pero por fuera hemos estado tomando otros jarabes. A mi papá sí le hicieron prueba de Covid, pero a nosotros no. A mi madrastra y hermanos los llegaron a visitar los del Minsa después que fue reportado mi papá, pero a nosotros (a mi prometido y a mí) no nos visitaron», detalla.

Prometido también hospitalizado

Siguiendo con el relato, la joven de 22 años afirma que el domingo 27 de junio, que era el día de la boda, su prometido se comienza a sentir mal. «Mientras mi papá empieza a mejorar, mi prometido comienza a empeorar». Todo en el lapso de siete días.

«El domingo 4 de julio fuimos al hospital porque él (su novio) tenía el oxígeno entre 89 y 90 (por ciento) y una tos que no cesaba, y yo tenía miedo que volviera a pasar el mismo cuadro que pasó con mi papá. (en el hospital) No le hicieron prueba porque dijeron que él estaba expuesto con mi papá y tenía Covid positivo sí o sí», narra Lilibeth. Agrega que a diferencia de su progenitor, su novio llegó estable al hospital y fue dado de alta el mismo día pasada la medianoche.

Con el antecedente clínico de su padre y prometido, sumado a los síntomas que presentaba ella y su madrastra, ese día también decidieron visitar el Centro de Salud Pedro Altamirano para realizarse la prueba: «Solo nos hicieron preguntas y nos dijeron que clínicamente todos nosotros teníamos Covid y probablemente todas las personas que estuvieron cerca también estaban infectadas», describe.

El impacto emocional

Aunque Lilibeth y su familia viven para contarlo, reconoce que haber pospuesto su boda debido al Covid-19 le afectó mucho emocionalmente. Pero en perspectiva y en medio del caos y desastre dice sentirse satisfecha, porque a diferencia de otras familias, ellos sí pudieron salir bien librados del virus.

«Ver a mi papá que casi se moría y ver cómo teníamos todo planeado desde abril, teníamos el pastel acá en la casa, los arreglos y cuando regresé del hospital y vi todo fue muy duro, pensaba ‘en qué momento me pasaba esto’. La cancelación de mi boda me dolió, pero me dolía más ver a mi papá sin saber si iba a salir vivo de ahí o no», comenta la joven.

Actualmente la familia está en el proceso de recuperación. Los planes de boda pueden esperar, dice. Tampoco tienen prevista una fecha, pero con la experiencia, dice que tomarán medidas de seguridad. La ceremonia será en línea y los únicos invitados serán los familiares que prácticamente estuvieron infectados. Por ahora solo quieren recuperarse en un ciento por ciento.

«En este momento mi papá está mucho mejor, ya puede caminar, hace poco de ejercicio, mi prometido está bastante mejor, no puede caminar mucho y está comiendo más. Mi madrastra está bien, mis hermanos están bien. Yo estoy mejor, trato de hacer ejercicio en la mañana y me dedico a cuidar a los dos enfermos actuales (mi papá y mi prometido)», sostiene.

Lilibeth ya tenía el pastel de su boda. LA PRENSA/Cortesía

La reflexión final

«Uno propone, pero Dios dispone», es la frase que Lili asegura le quedará marcada para toda la vida. Con su experiencia está más convencida de que el Covid-19 no es juego, te puede arruinar los planes de un día para otro, pero lo peor es que se puede llevar consigo a tus seres amados. Por ello, llama a la prudencia y responsabilidad en este contexto cuando en el país hay un repunte considerable de contagios, reflejados en los mismos informes del Ministerio de Salud (Minsa).

Durante las últimas once semanas el incremento de contagios de Covid-19 en Nicaragua ha sido sostenido, según los reportes que el Minsa brinda semanalmente. En la semana del 6 al 13 de julio, el Minsa contabilizó 306 casos y una muerte por el nuevo coronavirus. El aumento de contagios respecto a la semana anterior es de 23 casos.

De acuerdo con el conteo oficial, registrado desde la llegada de la pandemia a Nicaragua hasta el martes, el país acumula 8,767 casos de coronavirus y 193 defunciones por la enfermedad. Estos datos continúan distantes de los presentados cada semana por el independiente Observatorio Ciudadano Covid-19.

Hasta el pasado 7 de julio, el Observatorio reportaba 19,225 casos sospechosos de Covid-19 y en ese mismo período ha contabilizado 3,496 muertes sospechosas de la enfermedad.

«El Covid no es un juego ni algo inventado, es algo que realmente pasa y peor, con otras cepas y la gente se está infectando. Los hospitales están full de Covid, yo lo vi, nadie me lo contó y es algo muy duro, nadie quiere ver a su familiar luchando entre la vida y la muerte. Por favor, seamos responsables con nuestra familia, amistades, no salgan a fiestas. Sé que es difícil, pero cuidándonos a nosotros mismos, cuidamos a otras personas», concluye.

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