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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

El grupo de los 23 productos alimenticios fue el que más sufrió encarecimiento. LA PRENSA/Archivo.

Seguridad alimentaria y nutritiva está descuidada, asegura especialista

Desde hace 12 años fue aprobada la Ley de soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, sociólogo Cirilo Otero señala que no se ha puesto en práctica y hay carencias para enfrentar una crisis de alimentos

«Nicaragua no está preparada para una crisis alimentaria». Así lo considera el experto en seguridad alimentaria y nutricional Cirilo Otero, a quien le preocupa que este es un tema que nadie quiere discutir en público, “porque es un tema avergonzante”.

Según datos del Programa Mundial de Alimentos (PMA), en Centroamérica hay casi ocho millones de personas en situación de inseguridad alimentaria. Nicaragua no escapa de esta realidad, ya que es uno de los 14 países a nivel mundial en riesgo de sufrir hambruna.

La característica circular del Corredor Seco en el país profundiza ese riesgo, además de la poca acción de las autoridades para prevenirlo, advierte Otero.

El Corredor Seco incluye los departamentos de León, Chinandega, Estelí, Madriz, Matagalpa y Nueva Segovia. En algunos municipios de estos departamentos, las precipitaciones son mínimas o nulas, lo que afecta la producción de alimentos, generando altos niveles de pobreza.

La seguridad alimentaria y nutricional depende de cuatro pilares fundamentales. El primero es el acceso, «que la gente pueda tener dinero para comprar en los mercados»; en segundo lugar, la disponibilidad, que haya producción y suficientes bienes alimentarios en los mercados; el consumo, y para ello los alimentos deben estar en buen estado; y por último la utilización biológica, que son los nutrientes que cada alimento contiene, explica Otero. En Nicaragua, «si no hay uno de esos, ya estamos en problemas”.

Ley olvidada

La Ley 693, Ley de soberanía y seguridad alimentaria y nutricional, fue aprobada por la Asamblea Nacional el 18 de junio de 2009, cuando Daniel Ortega ya había regresado al poder. La misma fue impulsada por la sociedad civil, “pero nadie le para bola”, dice Otero.

La propuesta inicial de la ley era crear un espacio donde se integraran los productores, consumidores y el gobierno, junto con los empresarios, para discutir las estrategias de seguridad alimentaria y nutricional, y las decisiones que se tomaran se ejecutarían con base a la actividad pública.

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Otero recuerda que a través de la bancada sandinista se propuso hacer campaña con esta ley y fue distorsionada.

“Solo convocaron una vez y no se volvieron a reunir. Yo fui a esa convocatoria y como oyente, ni siquiera como miembro deliberante, porque a alguien se le ocurrió que tenía que estar por lo menos para la foto”, cuenta Otero 12 años más tarde.

A pesar que la ley establece la creación de estructuras y comisiones integradas por funcionarios públicos, miembros de la sociedad civil, sector privado y organismos extranjeros que atienden temas de alimentación y pobreza, solamente fueron integradas por las instituciones estatales, y hasta la fecha la norma se encuentra en el olvido.

Algunas de las entidades gubernamentales que deben formar la Comisión Nacional de Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, según lo establecido en el artículo 13 de la ley, son el Ministerio Agropecuario y Forestal, Ministerio de Salud, Ministerio de Educación, Ministerio de Hacienda y Crédito Público y el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio.

Enabas sin capacidad

Antes de llamarse Empresa Nicaragüense de Alimentos Básicos (Enabas), su nombre era Instituto Nacional de Comercio Exterior e Interior (Incei) en los tiempos de la dinastía somocista. Su propósito era suplir de productos al mercado en tiempos de escasez o cuando había alteraciones de precios, y así no elevar los costos al consumidor.

Para aquellos años también había unos 80 silos en todo el país, que son como centros de acopio y ayudaban a que la población no se quedara sin comida cuando sucedían desastres naturales. Para la década de los 90, se llegaron a contar unos 130 silos, pero “se privatizaron. Durante la administración de la señora Chamorro los vendieron”, cuenta Cirilo Otero.

Hoy, existen no más de diez silos en todo el país y todos son privados. Uno de los mejores se ubica en la carretera que va de Masaya a Granada y pertenece a la empresa Cargill.

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Enabas tampoco adquiere suficientes alimentos producidos en el campo “por falta de recursos financieros y de políticas públicas del gobierno, y a la hora que suben los precios a nadie le importa”, valora el experto.

Un estudio hecho por el mismo Cirilo Otero revela que Nicaragua solo tendría capacidad para abastecer por siete días a la población nacional ante una hambruna provocada por un maremoto, huracán o cualquier fenómeno natural o evento de fuerza mayor que desate una escasez de alimentos en el país.

Sin información

La poca capacidad de Enabas y la falta de cumplimiento de la Ley de soberanía y seguridad alimentaria y nutritiva provoca que haya una falta de información y educación sobre la manera en que debería alimentarse la población, según el estudio de Otero.

“Hay personas que están comiendo menos de 1,000 calorías diarias y eso es grave, porque puede llevar a una desnutrición aguda que podría convertirse en crónica”, valora el experto.

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Además, Otero señala que los nicaragüenses tienen la “cultura del refrito” y constantemente se están refriendo alimentos como el gallopinto, carnes o pollo, lo cual no es saludable ni nutritivo.

Por otro lado, los nicaragüenses también acostumbran comer frijoles con bebidas gaseosas o café y se desaprovecha el hierro que contiene el grano. “Lo lógico para aprovechar el hierro del frijol es tomar limonada”, recomienda.

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