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Miguelito depende totalmente de sus padres en esta vida. LA PRENSA/ CORTESÍA

La historia | Miguelito: el “bebé gigante” de Miguel Mora

Tiene 21 años, pero es un niño y sufre la ausencia de su padre, el periodista Miguel Mora, preso por segunda ocasión en las celdas de la dictadura. Su padre lo es todo para él. Todos los días lo llama y lo llora

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Miguel Alejandro Mora Chávez tiene 21 de años de edad, pero es un niño. Nació prematuro, casi a los siete meses de embarazo de su madre, la periodista Verónica Chávez. Como los pulmones no se le habían madurado lo metieron a una máquina, bajo una presión que le ocasionó un coágulo de sangre en el cerebro.

Para que ese coágulo no le explotara y le ocasionara la muerte, lo operaron, pero la herida se le infectó y Miguelito, como le llaman en la familia, resultó con una parálisis cerebral y motora adquirida. Habla con dificultad y se mantiene en una silla de ruedas.

Esa condición ha hecho que a lo largo de su vida Miguelito dependa totalmente de sus padres, Verónica y el también periodista Miguel Mora, quien actualmente se encuentra preso en las cárceles de la dictadura orteguista, por segunda ocasión, desde junio pasado cuando era uno de los precandidatos presidenciales bastante potables para disputarle el poder a Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Ambos son muy apegados el uno al otro. Miguelito ha sido el centro de la vida de Miguel Mora. LA PRENSA/ CORTESÍA

Miguelito es grande, tiene hasta barba y bigote. Pesa. Lo tienen que cargar debido a su falta de movilidad. Es su padre quien lo hace la mayoría de las veces. Lo llama “mi bebé gigante”.

Para Miguelito, su papá lo es todo. La casa puede estar llena de familiares, de amigos, explica Verónica Chávez, pero Miguelito se siente solo, vacío, si su padre no está.

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La dictadura está castigando a Miguel Mora por atreverse a disputarle el poder a los Ortega Murillo, pero alguien más está siendo torturado con esta situación: Miguelito, quien todos los días llama a su papá desde que el pasado 20 de junio la Policía orteguista lo llegara a capturar a su casa en presencia de Miguelito.

Un golpe duro

La felicidad de Miguel y Verónica fue inmensa cuando supieron que tendrían a su primer hijo.

Seis meses y medio de embarazo tenía Verónica cuando resultó con una infección en los riñones. Los médicos advirtieron que el bebé se le podía caer. El niño tuvo que nacer prematuro.

Desde que nació, Verónica y Miguel han tenido que luchar por su hijo. Tuvieron que soportar que su bebé recién nacido pasara buen tiempo en un ventilador para que se le maduraran los pulmones. Una alegría inmensa cuando se lo llevaron a la casa, supuestamente todo bien.

Al poco tiempo, tres meses tal vez, le notaron una pelotita en la cabeza. Vinieron las placas, las tomografías, la zozobra. La presión de la máquina, que le había salvado la vida, también lo había dañado ocasionándole un coágulo de sangre en el cerebro. Retornaba la angustia. Había que operar.

Su papá lo es todo para Miguelito. LA PRENSA/ CORTESÍA

Vivieron una nueva alegría cuando la operación sale bien, pero inmediatamente aparece la infección. Los médicos ya lo habían advertido porque era una operación bien delicada en el cerebro. La infección le afectó la parte izquierda del cerebro. Supieron que no iba a caminar.

Desde entonces el periodista Miguel Mora se entregó a su hijo, cuenta su esposa Verónica Chávez. “Miguel ha encabezado esta lucha. Se tomó muy en serio luchar por su hijo. Lo ama”, expresa Verónica.

Papá entregado

Desde pequeñito, Miguelito necesita terapias diarias. Sus padres se han turnado para llevarlo a las mismas. Miguel Mora llegó a involucrarse bastante en el organismo Los Pipitos, totalmente entregado a la causa por los niños con discapacidad. Mora hasta impulsó un Radiotón para recaudar fondos.

Miguelito ha tenido tres cirugías más en su proceso y su padre ha estado con él.

Miguelito no se va a dormir si su papá no está. “Nunú”, le dice Miguelito a su padre cuando ya quiere ir a dormir. Como periodistas, Verónica y Miguel tienen actividades por las noches, pero antes de ir a las mismas van a su casa a dejar dormido a Miguelito.

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Su padre carga a Miguelito para llevarlo a la cama. Lo carga para llevarlo al baño. Lo carga para todo lo que su hijo necesite.

No es que Miguel Mora sea fisicoculturista, pero ha tenido que ir a un gimnasio para fortalecer los músculos de los brazos y tener fuerzas para cargar a su hijo, refiere Verónica.

Miguelito sabe que su papá lo ama, confía Verónica. No habla bien, pero entiende todo. Como a Miguelito le gusta cantar, el papá le compró un karaoke para niños con un micrófono y ahí se ponen a cantar juntos.

Ahora que su papá por segunda ocasión está ausente, Miguelito quiere cantar. La mamá le dice: “Miguelito cantemos”. Pero él responde: “Vos no sabés cantar. No gusta. Solo papá”.

Las terapias de Miguelito

Miguelito tiene terapias todos los días para su rehabilitación. Va donde una logopeda que le enseña a hablar. Tiene citas con su neurólogo y, además, tiene terapias para mejorar su condición motora. A cada una de esas citas su papá iba con él.

La alimentación de Miguelito es especial, además de requerir una serie de medicamentos que toma de forma permanente, entre ellos anticonvulsivos. Verónica vive con miedo de que a su hijo le dé una crisis convulsiva. Con Miguel Mora a la par de ella se sentía respaldada, pero ahorita ella está sola con su hijo.

“Estar sin su padre ha sido lo más duro para él. El niño necesita que ambos estemos involucrados para poder ayudar a darle una vida de calidad humana”, expresa Verónica, quien añade: “Mi hijo necesita que le regresen a su padre. Esto es real. Nuestra realidad es que Miguelito está muy afectado emocionalmente con lo que vio al momento que capturaron a su papá en casa”.

En una de las terapias cuando Miguelito estaba aún pequeño. LA PRENSA/ CORTESÍA

Los cuidados de Miguelito requieren de muchos recursos económicos y la situación se empeora para Verónica porque no está trabajando desde hace más de un año, desvinculada del canal de televisión 100% Noticias, que opera desde Costa Rica pero que tampoco es lo mismo que cuando estaba instalado en Nicaragua.

Con su esposo preso, amigos y familiares le apoyan para que pueda enfrentar la situación.

“Dios es mi fortaleza. Mi refugio y pronto auxilio. Sin su ayuda no podría soportar lo que estamos pasando. Él es quien me da fuerzas para ayudar y sacar adelante a mi ángel, que tanto me necesita”, asegura.

La angustia de Miguelito

La primera vez que la dictadura echó preso a su papá, en diciembre de 2018, Miguelito no vio porque ocurrió en el canal de televisión.

En esta segunda ocasión lo vio todo. “Estaba muy asustado. Llorando. Tal vez no entendía la dimensión, pero sabía que estaba ocurriendo algo muy malo”, explica Verónica.

La Policía orteguista llegó a la casa de Miguel Mora cerca de las 10:00 de la noche del pasado 21 de junio. “Agarraron a patadas las puertas”, explica Verónica, y Miguel Mora iba a acostar a Miguelito en la cama.

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En la primera ocasión, cuando su padre estuvo siete meses preso, a los 40 días de estar en la cárcel, Miguelito pudo visitar la prisión para ver a su padre. Lo vio otras tres veces, al menos una vez por mes.

En esta segunda ocasión, cuando Miguel Mora ya lleva más de 70 días preso, padre e hijo no han podido verse.
Verónica visitó el miércoles reciente a Miguel Mora. Se abrazaron en cuanto se vieron. Fue emocionante. Y tras el abrazo, dijo: “¿Cómo está el niño?”.

Verónica Chávez dice que solo gracias a Dios puede enfrentar la dura situación que vive su familia en la actualidad. LA PRENSA/ CORTESÍA

Verónica no pudo contarle todo lo mal que la están pasando. Le omitió la verdad. Lo hizo para no preocuparlo. A su marido le dijo que no se preocupara, que todo estaba bien, que la estaban ayudando. Que se estuviera tranquilo.

Miguel Mora expresó su deseo de que al menos lo tengan preso en la casa para poder estar viendo a su hijo, ayudándole en sus terapias.

En la casa, Miguelito llora. Llama a su padre a gritos. Según su madre, Miguelito está dando a entender que ya no soporta la ausencia de su progenitor.

Todas las cosas las hace a nombre de su padre. Al niño lo ponen a aprenderse los colores y otros conceptos y le preguntan: “¿Vas a hacer tareas?”. Y él responde: “Para mi papá”. Si va a comer, él dice: “Para mi papá”.

En la primera prisión del padre, la madre ponía a Miguelito a ver programas viejos de IV Poder, el que era dirigido por Miguel Mora. Y se contentaba con esos programas creyendo que su padre estaba en el trabajo.

Ahora ya no lo pueden engañar. Sabe que su papá no anda en el trabajo. “Tu papá anda trabajando”, le dicen. “Noooooo, no está”, grita él.

Llega un momento en que Verónica, mientras conversa con la revista DOMINGO, llora y explica: “Es bien difícil porque no sé qué decirle al niño. Ver el sufrimiento de Miguelito me pone muy mal. Ver cómo el niño está sufriendo por su papá me parece mucha crueldad. Él llora y yo lo tengo que abrazar”. Luego agrega. “Miguel es inocente. Solo es un periodista”.

A como ya lo hizo la primera vez que Miguel Mora estuvo preso, Verónica ya solicitó a la Policía que permitan que Miguelito pueda ver a su padre. Todavía no ha recibido respuesta.

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