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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Torres Gemelas y Carta Democrática

La conmemoración del vigésimo aniversario del peor ataque terrorista de la historia, perpetrado el 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y los alrededores de Pensilvania, en Estados Unidos (EE. UU.), tiene una significación muy especial.

Es que la conmemoración del veinte aniversario de aquel atentado que mató a casi 3 mil personas y fue ejecutado por la organización terrorista Al Qaeda, coincide con el fin oficial de la guerra de EE.UU. en Afganistán.

Esta contienda bélica, larga y dolorosa fue declarada por EE. UU. para perseguir y liquidar a los terroristas que tenían su base de operaciones en Afganistán, bajo la protección cómplice del primer régimen talibán.

Veinte años después, al salir las tropas estadounidenses del territorio de Afganistán, existe la opinión generalizada de que esta guerra fue inútil y EE. UU. la perdió vergonzosamente. Pero no es cierto. Esa guerra fue para perseguir y exterminar a Al Qaeda, lo cual se logró porque la organización terrorista fue desmantelada y su principal cabecilla, Osama bin Laden, liquidado físicamente.

Además, el régimen talibán fue derrocado. Si ahora los talibanes han vuelto al poder no es porque derrotaron al ejército de EE. UU., que dicho sea de paso ya no estaba combatiendo. Al que derrotaron los talibanes fue al ejército nacional de Afganistán, que a pesar de todo el apoyo logístico estadounidense resultó incapaz de cumplir su tarea de defender al incipiente régimen democrático  y salvar a las mujeres afganas de la esclavitud talibana.

Se dice que ahora que los talibanes han recuperado el poder en Afganistán volverán a ocurrir los atentados terroristas, pero es un pronóstico incierto. Y además será sumamente difícil que nuevos atentados terroristas tengan la magnitud catastrófica de los ocurridos aquel fatídico 11 de septiembre de 2001.

Por otra parte, también hoy se conmemora el vigésimo aniversario de la Carta Democrática Interamericana, aprobada por la Asamblea General de la OEA en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001.

La Carta Democrática Interamericana, que es de obligatorio cumplimiento por los Estados miembros de la OEA, aunque los gobernantes de algunos países se nieguen mañosamente a acatarla, complementó la Carta Fundacional de la OEA aprobada en Río de Janeiro en 1948. Con la nueva Carta de la OEA se sustanció y desarrolló el contenido del sistema político democrático que debe funcionar en todos los países de las Américas, para su convivencia civilizada y beneficio de los ciudadanos.

El politólogo español Carlos Malamud, investigador del Real Instituto Elcano de España, escribe en un artículo publicado en el diario El Clarín de Argentina que “independientemente de lo que se piense de la OEA”, y de los ataques a ella por parte del gobierno de México, “la Carta (Democrática Interamericana de 2001) fue un gran avance en defensa de las democracias continentales”.

El politólogo español se refiere a los ataques contundentes y sistemáticos contra la OEA que lanza el presidente autoritario de México Andrés Manuel López Obrador, con el propósito de liquidarla y abolir la Carta Democrática. López Obrador dice que su objetivo es sustituir la OEA con otro organismo que excluya la injerencia de unos Estados en los asuntos internos de otros.

En realidad, lo que quiere López Obrador, con el apoyo de los otros regímenes autoritarios de la región, es que nadie les exija gobernar de acuerdo con las normas de la democracia ni respetar los derechos humanos de sus propios pueblos.

Pero el ataque a la democracia no es un problema solo latinoamericano. Según Malamud, la democracia pasa en la actualidad por un mal momento en todas partes del mundo. Y “en un entorno internacional poco propicio para la subsistencia de las democracias representativas —dice el analista español—, América Latina no es una excepción…”.

Sin embargo, él mismo asegura que no todo está perdido y que “corresponde a los ciudadanos determinar cuáles son sus opciones preferidas y qué lugar dejan a las libertades individuales y colectivas”.

Claro, esto es o sería donde los ciudadanos tengan la posibilidad de elegir, lo que afortunadamente todavía se puede hacer en la mayoría de los países de América Latina. Pero no donde los ciudadanos carecen de ese derecho y el amparo de la Carta Democrática Interamericana es para ellos una imperiosa necesidad.

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