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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Singularidades de la independencia de Centroamérica

En Centroamérica, a diferencia de lo que sucedió en otros países de América Latina, la independencia se logró sin que fuese necesario disparar un solo tiro. Fue proclamada como un debate entre universitarios, criollos de clase media y comerciantes, estos últimos interesados en conquistar la libertad de comercio que España restringió a sus colonias hispanoamericanas.

A casi un mes de haber tomado posesión de su cargo como oidor tercero de la Audiencia de Guatemala, el licenciado Miguel Larreynaga fue invitado, junto a otras autoridades civiles y eclesiásticas, el 14 de septiembre de 1821 por el capitán general Gabino Gaínza para asistir a una reunión, el día siguiente en la mañana en el Salón del Palacio de los Capitanes Generales, a fin de que “auxilien con sus luces” a la Superioridad sobre “asuntos del mayor interés que pueden ocurrir a la felicidad y tranquilidad pública”, según rezaba la misiva del capitán general.

Los “asuntos del mayor interés” aludidos por Gaínza eran la proclamación de la independencia, el 24 de febrero de 1821, por el Virreinato de Nueva España, sobre la base del llamado Plan de Iguala y, su posterior adopción por la provincia de Chiapas, que era parte de la Capitanía General de Guatemala. Estas noticias llegaron a Guatemala el 14 de septiembre y precipitaron los hechos.

La idea de la independencia no había calado aún en la conciencia de las masas centroamericanas, que ignoraban su importancia o recelaban de ella. Lo cierto es que para despertar algún entusiasmo e impedir que los más conservadores lograran su propósito de posponer la proclamación, la noche del 14 de septiembre el doctor Pedro Molina y su esposa, doña Dolores Bedoya, el marqués de Aycinena, Barrundia y otros, recorrieron los barrios invitando a sus seguidores, que pertenecían a las clases populares ladinas, para que se reunieran temprano del día 15 frente al Palacio de Gobierno. Por cierto que la concurrencia del pueblo, al siguiente día, no fue numerosa. Para animar a la gente, doña Dolores Bedoya y don José Basilio Porras idearon llevar música y quemar cohetes. Esto resultó eficaz, pues más gente se hizo presente y se apretujó en los pasillos y en la barra del Salón.

La memorable sesión la describe así José Coronel Urtecho en sus “Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua”: “La llamada nobleza criolla no honró con su presencia el salón del palacio donde se proclamó la independencia. Aparte de la barra y sus dirigentes sólo llegaron los invitados, es decir, el gobierno y la iglesia, españoles peninsulares y criollos. Cincuenta y cuatro personas que representaban el mundillo oficial de Guatemala. Gaínza expuso en términos generales el motivo de la reunión, y el Arzobispo dijo que no era necesario que el reino de Guatemala se desligara de España. José Cecilio del Valle concedió la justicia y aun la necesidad de seguir el ejemplo de las otras colonias, pero propuso que nada se resolviera sin consultar el parecer de las provincias.

Los independentistas impacientes vieron en esto una maniobra para aplazar indefinidamente la resolución o, peor tal vez, exponerse a que la mayoría del pueblo, partidaria de Valle, votara en contra de la independencia. Era necesario que alguien hablara por las independentistas. Quien lo hizo fue precisamente un español: el canónigo José María Castilla. Se levantó para pedir la proclamación inmediata de la independencia. La barra, dirigida por la señora Bedoya de Molina, prorrumpió en gritos de entusiasmo. La barra pedía a gritos que Gaínza y las autoridades jurasen en el acto la independencia. Gaínza se vio obligado a jurar de una manera más satisfactoria para la señora Bedoya, su marido y Barrundia. El juramento se refería a la independencia absoluta de España, México y de toda otra nación. El acta de Independencia fue redactada por Valle en el mismo acto. Los que esperaban un acta liberal, se conformaron por el momento con una independencia conservadora”.

“El discurso ponderado y elocuente del Padre Castilla, en todo de acuerdo con el sentimiento general del momento, nos dice Pérez Valle, fue la señal para que se desatara la formidable batalla verbal presentada por los independentistas”. Entre estos se encontraba Larreynaga, quien se pronunció en apoyo de la tesis del padre Castilla y en contra de los argumentos de José Cecilio del Valle. Larreynaga no fue un orador elocuente, sino más bien un atildado escritor, aunque no cabe duda que por su enorme prestigio la posición de Larreynaga, en favor de la proclamación inmediata de la independencia, pesó mucho en el ánimo de buen número de los asambleístas, que tenían en gran estima su criterio y sabiduría. Entre quienes respaldaron el vibrante alegato del padre Castilla, además de Larreynaga, se encontraban el padre Matías Delgado, Mariano Gálvez, Pedro Molina, Barrundia y muchos más.

Como se sabe, el Acta de Independencia dejó el Gobierno en manos del mismo Gabino Gaínza, pero ordenó constituir una Junta Provisional Consultiva, integrada por los miembros de la Diputación Provincial y de los señores Miguel Larreynaga, ministro de la Audiencia; José Cecilio del Valle, auditor de Guerra; el marqués de Aycinena; el Dr. José Valdés, tesorero de la santa Iglesia; el Dr. Angel María Candina y el licenciado don Antonio Robles, alcalde 3º Constitucional. En esa Junta Provisional cada miembro representaba a una provincia. Larreynaga representaba a la provincia de León (Nicaragua).

Es interesante señalar que el acta no se firmó el 15 de septiembre, sino el día siguiente 16 y en la casa de Gabino Gaínza. Solo la firmaron los trece miembros de la Diputación provincial. Larreynaga no la firmó. Pero sí firmó el acta de instalación de la Junta Provisional Consultiva, el 16 de septiembre. Cuando la Junta se instaló, dispuso que sus sesiones fueran privadas, a lo que don Miguel se opuso. Cuando prevaleció el criterio de que fuesen públicas, Larreynaga se encargó de redactar el proyecto del reglamento que garantizara esa publicidad. Las provincias recibieron la independencia por correo.

El 29 de junio de 1823 inició su trabajo la Primera Asamblea Constituyente Centroamericana, cuyo objetivo era redactar la Constitución de la nueva república. La presidió el padre Matías Delgado. La Asamblea decidió que la nueva república tomara como nombre el de “Provincias Unidas de Centro-América”, independientes de España, de México y de cualquier otra potencia. A solicitud de Simeón Cañas, la Asamblea declaró la abolición de la esclavitud en todas las provincias, las que quedaron facultadas para organizar su gobierno y administración interna. El 22 de noviembre de 1824, la Asamblea cambió el nombre de la nueva república por el de “República Federal de Centro-América”, organizada siguiendo el modelo de los Estados Unidos de América. Las provincias se constituyeron en Estados, con facultades para organizar su propio gobierno. En Nicaragua fue electo como primer jefe de Estado Manuel Antonio de la Cerda, lo que dio lugar a la guerra civil. Nicaragua fue el primer Estado que se separó de la Federación Centroamericana en el año 1838 y se constituyó en Estado soberano e independiente.

Desde entonces, el hilo conductor de nuestra historia ha sido, como reflexionó José Coronel Urtecho, “una sucesión de guerras civiles” en “La lucha por el poder”, como la resumió Enrique Bolaños Geyer.

El autor es jurista, académico y escritor.

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