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En la ciudad de Ocotal, departamento de Nueva Segovia, una enfermera y una doctora están atendiendo gratuitamente a pacientes con Covid-19. LA PRENSA/Archivo

Enfermera que atiende gratis a pacientes covid-19: “No tengo miedo de morir salvando la vida de otros”

Una auxiliar de enfermería y una doctora decidieron atender a pacientes con coronavirus que no han querido ser atendidos por otros, o no tienen el dinero para pagar un servicio privado

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Cuando inició la pandemia en Nicaragua, en marzo de 2020, Mercedes Sanabria trabajaba para una familia en Managua de forma privada. Esta auxiliar de enfermería, con 12 años de experiencia, renunció a su empleo y se regresó a su natal Ocotal, en Nueva Segovia, justo al norte del país.

Sanabria, de 32 años, recuerda que semanalmente viajaba de la capital a Ocotal y viceversa. Admite que su mayor temor no era tanto contagiarse ella, sino afectar a su familia. “Yo renuncié y me vine para mi casa”. Los años trabajando en el sistema sanitario, su fe de creyente y su amor al prójimo le dieron suficientes herramientas para velar por los enfermos. Una labor que continúa ejerciendo con pasión hasta el día de hoy.

Ella, junto con la doctora Vanessa Hernández, en 10 días han dado consulta gratuitamente a unas 150 personas afectadas por el coronavirus y afirman que la mayor satisfacción está en formar parte de la recuperación de los pacientes que lucharon contra el virus y ganaron la batalla.

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En agosto pasado, la enfermera Mercedes Sanabria tenía a su cargo un grupo de 13 personas en su iglesia local Nuestra Señora de la Asunción. Uno de sus miembros enfermó, se trataba del profesor Juan Carlos Carrasco. Ese día, ella reflexionó que había muchas personas solas en su casa combatiendo con el virus sin tener dinero para contratar los servicios del personal de salud y que ella, teniendo su título y su experiencia, podía ayudarles.

Surge iniciativa

“Hay tantas personas que requieren de suministrarles un medicamento o un suero, pero no pueden pagar la atención médica o tienen el dinero, pero no hay personal disponible. Lo primero que le preguntan es si es paciente covid y si efectivamente se les confirma entonces ponen muchos pretextos porque temen contagiarse. Esa es la realidad de Ocotal”. Una realidad a la que esta enfermera evitó ignorar.

Con el deceso en soledad del profesor Carrasco nació la iniciativa de Mercedes Sanabria de visitar a pacientes enfermos de covid-19. “El profe se complicó porque no tuvo la atención necesaria. No tuvo quién le llevara un té o le sirviera una sopa. Menos tenía quién le administrara un medicamento”, lamenta esta profesional de la salud.

“Cuando ya tenés una vida cristiana, Dios te manda a dar la vida por tu hermano. Si das la vida en la tierra la tenés ganada en el cielo”, dice Sanabria y agrega: «No tengo miedo de morir salvando la vida de otros”. La enfermera ofreció sus servicios a través de la pastoral familiar de su parroquia y se compartió en el grupo de WhatsApp del que formaba parte el profesor Carrasco y recibió apoyo de la doctora Vanessa Hernández. “Ella voluntariamente me dijo: ‘Mercedes me uno a su causa’”. El mismo mensaje se compartió en las redes sociales y cada día son más las personas que se unen en solidaridad.

«Hay muchas personas muriendo por falta de un servicio de enfermería»

“Si saben de alguien que necesite servicios de enfermería y que por situaciones económicas no puede administrarse oxígeno, no duden en hacérmelo saber. Lo haré sin ningún costo. Hay muchas personas muriendo por falta de un servicio de enfermería o por no poder costear un médico. Yo estoy disponible. También hay una doctora, las dos somos voluntarias”, así iniciaba el mensaje Mercedes en su cuenta de Facebook.

Un mensaje que pronto tuvo eco. Fue compartido por más de mil personas y desde que se viralizó, ambas colegas han atendido a más de sesenta pacientes covid en Ocotal de forma gratuita. “Todos los pacientes han sido atendidos por covid, ninguno ha sido fuera de esta enfermedad”, cuenta Sanabria.

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Al igual que la doctora Hernández, Sanabria no espera recibir dinero a cambio de sus servicios, estas sanitarias encuentran satisfacción en el agradecimiento genuino de las personas afectadas. “La satisfacción de formar parte del proceso de recuperación de un paciente covid, es difícil de explicar”, comparte esta enfermera.

El único apoyo que pide es el transporte cuando solicitan sus servicios en altas horas de la noche. “Nosotras no esperamos salarios ni les exigimos a las personas que nos buscan. Solo les pido que me muevan de mi casa adonde está el paciente y viceversa”, explica.

“No siento temor”

La enfermera Mercedes tiene más de 10 días de ser voluntaria y dice que esta iniciativa le ha dado mucho valor desde que empezó a velar por los pacientes con covid-19. “Nosotras hemos ido a visitar a más de 60 pacientes, pero el total de consultas entre la doctora y yo es superior a las 150 personas. Al día, tenemos un promedio de nueve pacientes”.

Sanabria no oculta la emoción al contar a LA PRENSA que los últimos de sus pacientes asistidos se han recuperado. “Uno tenía 14 días y el otro 18. No puedo describir el sentimiento de ver sonreír al paciente que días atrás lo vi en estado crítico. Esa es mi recompensa. Yo no lo hago sola, Dios va delante de mí para guiarme y protegerme”, dice.

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A la iniciativa de estas colegas se les ha sumado una nueva comisión que además de llevar atención médica gratuita, a las familias de escasos recursos se les brinda una ayuda de alimentación básica y un paquete de cuido sanitario como mascarillas y alcohol. “Aquí nadie se está lucrando. Es entre la misma comunidad que nos estamos apoyando”, añade.

Recalca que ninguna de las participantes está interesada en darse publicidad por eso evitaron compartir fotografías personales y aclaran que si de algo sirve su testimonio, comparten la experiencia para que otras personas se vuelquen a ayudar al prójimo. “No buscamos ser protagonistas, nuestra única intención es servir gratuitamente y recibir un Dios te bendiga o un Dios te multiplique lo que estás haciendo, la verdad, no tiene precio”, concluye.

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