LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

El golpe de Estado a la independencia, la soberanía y la autodeterminación del pueblo de Nicaragua

En este mes se conmemora la firma del Acta de Independencia de América Central del Imperio Español aquel 15 de septiembre de 1821. 200 años después encontramos una Nicaragua enlutada por la obcecación de quien se niega a entender que este país no es ni una finca ni un bien privado ni familiar, sino un país con un pueblo digno y valiente, que nació con derechos humanos indivisibles e irrenunciables.

 La rebelión ciudadana de abril de 2018 fue un parteaguas, un momento en que el pueblo de Nicaragua cansado de los múltiples golpes de Estado perpetrados por la dictadura Ortega Murillo se volcó a las calles para demandar el retorno de la libertad a expresarse, a movilizarse, a organizarse y a vivir sin temor a la represión por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, de los parapoliciales, de los partidarios del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y de sus Consejos del Poder Ciudadano (CPC).

 Lo hizo para exigir acceso al desarrollo y a los programas gubernamentales sin tener que comprometer su fidelidad al “comandante Daniel Ortega y a la compañera Rosario”. Lo hizo para acceder a una beca de estudio, a construir una empresa u obtener un empleo en el Estado sin comprometer su integración obligada al partido FSLN, a dar coima, a vestir las coloridas camisetas o a dar su voto forzoso en el siguiente fraude electoral.

 El pueblo salió a las calles en abril de 2018 cansado de un régimen autonombrado como “Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional (GRUN)” y de “izquierda, progresista y popular” y además “Cristiano, Socialista y Solidario”, que impulsó un famoso modelo de “negociación, diálogo y consenso”, que no fue más que un pacto con una parte del gran capital y “exitoso”, pero para los nuevos ricos bajo la corruptela de los fondos del hermano pueblo venezolano. Mientras tanto el pueblo se hundía en la pobreza y en una larga espera de la promesa del “Pueblo Presidente” que solo sirvió a Wang Jing para apropiarse de la soberanía con el Gran Canal, a los partidos zancudos por ser comparsa y a los nuevos acaudalados ordeñando el erario. 

 A 200 años llegamos con un pueblo saqueado económicamente, donde la prosperidad solo es visible en las estructuras de poder subordinadas a la dinastía familiar y donde los derechos se convirtieron en prebendas y regalías como premios a la subordinación y a la renuncia a la dignidad y valores. La autonomía, la determinación y la soberanía en este modelo es sinónimo de esclavismo, subordinación, acrítica y renuncia total a la ciudadanía. 

 Abril fue la expresión de rechazo a un modelo político y económico neoliberal, populista y extractivo que no le importa terminar con el bosque, el agua, el oxígeno, y con la vida de los pueblos indígenas y campesinos, siempre y cuando las ganancias de las empresas mineras y de Alba Forestal sean lo suficiente para mantener su entramado dictatorial.

 Muchos sandinistas tomaron distancia de aquel glorioso FSLN que vanguardizó la lucha contra la dictadura de Somoza, porque dejó de ser vanguardia y de ser partido para convertirse en una empresa privada y lucrativa, excluyendo a quienes le dieron legitimidad, vida y sacrificio. Se pasó de tener miembros y militantes a súbditos.

La rebelión de abril no fue planeada ni venida desde afuera, fue una rebelión espontánea y autoconvocada para recuperar la ciudadanía, la autodeterminación, la soberanía y los derechos intrínsecos al ser humano. Fue para recuperar Nicaragua del golpe de Estado que dio el régimen Ortega Murillo con sus aliados a todo un país, a sus instituciones, a sus bienes colectivos y a su dignidad. Por eso seguro que amanecerá y no solamente para quienes se rebelaron, esta vez tiene que amanecer para toda Nicaragua.

La independencia fue para que hubiese pueblo/ y no mugrosa plebe:/ hombres, no borregos de desfile;/ para que hubiese ciudadanos”. Salomón de la Selva.

La autora es defensora nicaragüense de los derechos humanos, exiliada. 

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