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Séneca decía que solo en la borrasca se conoce al piloto y en el combate al soldado. Tal vez habría que agregar que solo en la dificultad descubrimos el corazón del relevista.
Quizá por eso hay tanta admiración por el trabajo que realiza Jonathan Loáisiga en los Yanquis, donde se le ve resolver complicaciones con una facilidad extraordinaria. Trabaja para el equipo más famoso del beisbol, sobre el escenario de mayor exigencia en el juego y sortea inconvenientes casi a diario.
Loáisiga le puso este domingo el punto final a una fenomenal temporada con un relevo fantástico frente a Tampa Bay, justo cuando el equipo de la Florida, amenazaba con irse al frente y complicar aún más el camino de los Yanquis a la postemporada, pero repelió la amenaza y mantuvo el marcador sin movimiento.
Pareciera sencillo lo que hace Jonathan, pero se necesita además del formidable talento que posee, una estabilidad a prueba de todo. Loáisiga lanza muy fuerte. Sus disparos van de 97 millas para arriba y cuando decide alterar el ritmo y cambiar las velocidades, lo hace con una precisión de cirujano.
Entonces, tiene el talento y sabe cómo utilizarlo. Eso no se consigue fácilmente. Requiere de mucho trabajo para llegar a esos niveles. Se puede tener el repertorio, las herramientas, pero también se necesita la serenidad, el temple, para ejecutar con exactitud bajo un ambiente tenso, sin margen para el error.
Loáisiga ha demostrado que tiene todo eso, es decir, el material, la habilidad para emplearlo y la estabilidad emocional para no ser paralizado por el temor que impone trabajar bajo la presión con que actúan los relevistas, quienes entran y se les piden que no fallen en momentos que suelen ser cruciales en el juego.
Este domingo, Jonathan resolvió un inconveniente ante Tampa con dos a bordo y dos outs y frente a Brandon Lowe, el bateador que había disparado tres jonrones en el juego del sábado. Y lo hizo fallar en un inofensivo foul por tercera. Y después se salió de una dificultad de hombre en tercera base con un out.
Es decir, que si aún existían algunas dudas sobre la evolución de Loáisiga, sobre su repertorio, sus agallas y sobre todo, su corazón, estas ya han sido despejadas. Incluso, el ser propenso a las lesiones, ha quedado atrás, con todo y la pausa que tuvo este año debido a una distensión en el hombro producto del arduo trabajo.
Ahora vamos a ver hasta dónde avanza con los Yanquis, pero pase lo que pase de ahora en adelante, debemos estar contentos porque tenemos un big leaguer de primera, un relevista de alto nivel que parece extenderse hacia el futuro con un gran optimismo, una impresionante brillantez y una enorme sencillez.
El reconocimiento que le hizo Mariano Rivera, el mejor relevista de la historia, debe constituir un estímulo grandioso para el «Pistolero de Las Sierritas». «Me veo en él. Tiene un brazo electrizante», dijo. Y ciertamente, hay algunos puntos de similitud en la parte inicial de la legendaria carrera del panameño y del nica.
Hasta los 26 años, Rivera había batallado por establecerse como abridor, hasta que fue enviado al bullpen y tras iniciar en 1996 como preparador de John Wetteland, se convirtió en el cerrador a partir de 1997. Loáisiga fue empleado como abridor y ahora, a sus 26 años, se ha establecido como relevista y prepara juegos.
Desde luego, hay que esperar que Loáisiga escriba su propia historia. No es momento para comparaciones con el «as» panameño, pero ha comenzado bien el nica y si se mantiene saludable, no hay dudas que puede alcanzar niveles de desempeño extraordinarios, porque al igual que Rivera, no le teme al éxito y tampoco al fracaso.
«Yo nunca anduve dándole muchas vueltas a las cosas, siempre fui agresivo con los bateadores, tratando de eliminarlos rápido», ha dicho Mariano en múltiples ocasiones. Eso mismo hace Loáisiga, quien podría trabajar bajo las indicaciones de Rivera, luego que este lo contactara para ponérsele a la orden y ayudarlo a mejorar.
No esperemos que Loáisiga sea como Mariano. Esperamos que Loáisiga consiga alcanzar y exhibir su mejor versión. Eso batería para ayudar a los Yanquis, garantizar su futuro y construir un legado brillante.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR

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