LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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¿Era posible una transición democrática pacífica en el somocismo?

En su columna semanal de los lunes en LA PRENSA, el sociólogo e historiador Humberto Belli Pereira está publicando una serie de artículos titulados Reflexiones históricas. En ellos el autor escribe sobre algunos episodios de la historia nacional, que invitan a meditar acerca de la situación actual de Nicaragua y vislumbrar posibles caminos de retorno a la democracia.

 En su artículo del lunes 4 de octubre Belli menciona a Luis Somoza Debayle, quien fuera el segundo presidente de la dinastía somocista. Lo juzga con benignidad política y asegura que “su pecado fue haber sido hijo del dictador y heredero de su poder. Pero en balance —dice Belli— y a pesar de otras fallas, en lo esencial fue un presidente civilista, circunstancia que el sectarismo político de la época impidió a muchos ver… Permitió un amplio marco de libertades… estableció la Corte Suprema de Justicia más prestigiosa en la historia del país y propició su independencia… Prohibió la reelección (presidencial) sucesiva…  y otorgó la autonomía a la Universidad Nacional…  Angustió, al final de su vida, las pretensiones electorales de su hermano Anastasio”.

Belli no es el único ni el primer intelectual y político antisomocista en dar testimonio de que Luis Somoza quería poner fin a la dictadura desde arriba e impulsar una transición pacífica a la democracia.

Melvin Sotelo, en su libro Ramiro Sacasa Guerrero. El poder de servir, cita al prominente político liberal y expresidente de la Corte Suprema de Justicia, Orlando Trejos Somarriba (q.e.p.d.), quien le dijera que siendo presidente de Nicaragua Luis Somoza Debayle “quería desmontar el somocismo de Anastasio Somoza García”. Agregó que ese esfuerzo lo continuó con el presidente somocista y civilista René Schick, “pero se le cruzó el hermano” militar, el general Anastasio Somoza Debayle.

Más específico fue el expresidente del Partido Conservador de Nicaragua, Róger Mendieta Alfaro (q.e.p.d.) en su libro Olama y Mollejones. Él fue uno de los compañeros de aventura del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en la invasión armada con la intención de derrocar al somocismo, organizada en Costa Rica y ejecutada sin éxito en junio de 1959.

Escribe Mendieta Alfaro que antes de que salieran de Costa Rica, llegó una misión enviada por Emiliano Chamorro para trasladar a los líderes del movimiento la propuesta del presidente Luis Somoza, de que desistieran de la aventura armada a cambio de un plan para democratizar Nicaragua.

La misión estaba integrada por los hermanos José Joaquín y Pablo Antonio Cuadra Cardenal, y el sacerdote jesuita León Pallais Godoy, quien era rector de la UCA. La propuesta de Luis Somoza tenía quince puntos, entre ellos reducir su propio mandato presidencial en dos años y adelantar las elecciones, que serían supervisadas por la OEA; prohibición de la reelección presidencial y de candidaturas de los parientes del presidente; reorganización y despolitización de la Guardia Nacional, etc.  Como garantes idóneos del acuerdo proponía Luis Somoza al presidente Mario Echandi, de Costa Rica, y al presidente de Honduras, Ramón Villeda Morales.

Pero según Róger Mendieta Alfaro, los líderes del movimiento armado rechazaron la propuesta de una transición pacífica y ordenada a la democracia, porque no le creían a Luis Somoza. Además, por el “triunfalismo revolucionario” que los dominaba después del triunfo de Fidel Castro sobre la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba; y sobre todo por la “forma ortodoxa de dirimir los conflictos y la toma del poder” en Nicaragua, mediante la “cultura de las balas”.

Así se perdió la que pudo haber sido la mejor oportunidad de salir pacíficamente de la dictadura somocista y evolucionar de manera ordenada hacia la democracia. Que era también la oportunidad para evitar la catástrofe revolucionaria, las sangrientas guerras civiles y la desgraciada situación que sufre hasta ahora la sociedad nicaragüense.

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