LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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Vacuna cubana con ideología y política

En su discurso del lunes 4 de octubre, Daniel Ortega habló con su habitual fraseología socialista, populista y anticapitalista sobre las vacunas cubanas contra la covid-19 que en breve se comenzarán a aplicar en Nicaragua.
Según se ha informado, siete millones de dosis de vacunas cubanas Soberana 2, Soberana Plus y Abdala, llegarán a Nicaragua entre la tercera semana de octubre y fines de diciembre.

Ortega reconoció —aunque sin mencionarla— que la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha avalado las vacunas cubanas. Y aunque aseguró que pronto las aprobará, dijo que las “han querido descalificar simplemente porque no están siendo producidas por los países donde está en toda su maldad el capitalismo salvaje…”

Como se ve, las vacunas cubanas no vienen solo en los frasquitos acostumbrados, sino también envueltas en verborrea ideológica revolucionaria. Igual que Ortega en Nicaragua, el dictador comunista cubano Miguel Díaz-Canel ha dicho que producir las vacunas contra la covid es una “victoria” política de Cuba. “Es una clarinada de los pobres de la tierra, un aviso del poder que dan la resistencia, la unidad, la consagración y el amor a la patria…”, proclamó el déspota cubano.

Y en Venezuela, donde impera otra dictadura del siglo 21, la vicepresidenta Delci Rodríguez dijo, al anunciar la llegada al país de los antígenos cubanos contra el coronavirus, que “los países ricos pretenden utilizar las vacunas como un instrumento político, de chantaje y de extorsión…”

Pero los únicos que han politizado las vacunas son los líderes autocráticos. El mundo democrático no pone en duda que las vacunas cubanas contra la covid sean buenas, tomando en cuenta la experiencia de Cuba en este campo. La cual es reconocida mundialmente, sin prejuicios políticos e ideológicos.

El hecho de que solo en Irán, Vietnam y Venezuela, además de la misma Cuba y ahora Nicaragua, sus gobiernos han aceptado las vacunas cubanas, es porque no han sido avaladas por la OMS. Pero esto no se debe a motivos políticos sino a que el organismo mundial sanitario no ha terminado los estudios científicos y las pruebas clínicas de rigor.

Además, que la OMS no haya avalado las vacunas cubanas no significa que no se puedan ni se deban usar. Qué vacuna utilizar, cómo y cuándo es una “decisión soberana” de cada país, ha dicho claramente la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Del mismo modo que inoculársela debe ser una decisión autónoma de las personas.
Ahora bien, es obvio que la compra de las vacunas cubanas es más que todo para ayudarle a la dictadura comunista de Cuba, que está en la lipidia. El régimen ha dispuesto crear un fondo de 700 millones de córdobas, equivalentes a 20 millones de dólares, para comprar las vacunas cubanas, sin que semejante aumento de la deuda pública sea necesario.

Para comprar vacunas y afrontar la emergencia de la pandemia, Nicaragua como país recibió 100 millones de dólares del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y 353.5 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero seguramente con ese dinero solo se puede comprar vacunas avaladas por la OMS, que no es el caso de las producidas en Cuba.De manera que es fácil suponer que la compra de las vacunas cubanas es más que todo para auxiliar económicamente a la dictadura castrista, a la que ya el régimen orteguista le había enviado grandes cargamentos de comida regalada. Lo cual es evidente que no ha sido suficiente.

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