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La Iglesia católica, el diálogo nacional y la verdad histórica

Monseñor Carlos Avilés, vicario general de la Arquidiócesis de Managua de la Iglesia católica de Nicaragua, se pronunció por medio de LA PRENSA sobre los sistemáticos ataques verbales del presidente Ortega contra los obispos.

El más reciente de esos ataques contra los obispos y toda la Iglesia católica ocurrió este lunes 4 de octubre.

 Repitiendo un discurso agresivo que viene pronunciando desde hace más de tres años, Ortega dijo en cadena nacional de radio y televisión que los obispos son terroristas y cómplices de un supuesto golpe de Estado que, según él, se intentó en abril de 2018 para sacarlo del poder.

 Al respecto, monseñor Avilés dijo a LA PRENSA que “es pura campaña política que está haciendo (Ortega) a sus pocos seguidores que tiene. Es una campaña mediática que quiere desprestigiar a quienes le están diciendo la verdad en su cara… quiere desprestigiar a la Iglesia con esas campañas mediáticas”.

El vicario señaló que el pueblo católico “sabe lo que son sus pastores… que esta es una campaña mediática (de Ortega) para sus seguidores y (su) partido político… Si él tuviera pruebas de todo lo que acusa a los obispos ya los habría mandado a arrestar…”, aseguró monseñor Avilés.

En su alocución del 4 de octubre, Ortega dijo que en el diálogo nacional realizado en mayo y junio de 2018 en el Seminario de Fátima de Managua —para tratar de encontrar una solución pacífica a la crisis de gobernabilidad causada por el estallido social y político de abril de 2018—, los obispos le entregaron “un documento vergonzoso”. En ese documento, según Ortega, los obispos “no pedían, exigían el retiro de todas las autoridades y que se instalaran los terroristas en el Gobierno al servicio de los yanquis”. Por eso —dijo— los obispos “son terroristas también”.

Este discurso Ortega lo viene repitiendo desde el 19 de julio de 2018. En la conmemoración del 39 aniversario de la Revolución Sandinista, ante el Cuerpo Diplomático acreditado en Nicaragua, incluyendo al nuncio apostólico, monseñor Stanislaw Waldemar Sommertag, Ortega señaló, furibundo: “Yo pensaba que (los obispos) eran mediadores, pero no, estaban comprometidos con los golpistas. Eran parte del plan de los golpistas”.

Lo que no dijo Ortega es que él mismo pidió a los obispos que organizaran el diálogo nacional para tratar de resolver la crisis. Y que al estancarse el evento, porque ninguna de las partes cedía, para tratar de destrabarlo los obispos presentaron una agenda de negociación que incluía el adelanto de las elecciones, reformas constitucionales y reorganización del Consejo Supremo Electoral. Ortega no aceptó y hasta allí llegó la participación de los obispos en aquel fallido diálogo nacional.

Ahora, en su discurso del 4 de octubre Ortega recordó que cuando los obispos le entregaron aquella propuesta él les agradeció… Pues debería seguirles agradeciendo. Primero porque los representantes de la Iglesia estaban allí a solicitud del mismo Ortega. Segundo, y sobre todo, porque la propuesta de los obispos no era para derrocar al gobierno, como lo pedía la gente en los tranques, sino para procurar una salida intermedia pacífica en el marco de la institucionalidad y la Constitución.

Una salida que sin duda hubiera beneficiado a todos los nicaragüenses, incluyendo al mismo presidente Ortega y a sus seguidores.

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