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OEA

Observadores electorales internacionales, en un elección pasada en Nicaragua. LA PRENSA

De observación a acompañamiento: así ha limitado Ortega el trabajo de los observadores electorales

Los observadores electorales internacionales tenían autonomía y libertad para verificar cada paso del proceso electoral, pero en 2011 el "reglamento del acompañante electoral" aprobado por el CSE limitó las facultades de esas misiones

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Los críticos del régimen de Daniel Ortega valoraron que solo hay que ver los informes pasados de las misiones de observación electoral internacional para entender el rechazo que le tiene Ortega a los organismos internacionales que hacen ese trabajo.

El opositor y presidente del movimiento Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), Luis Fley, incluso va más allá al considerar que se debe recordar que Ortega perdió el poder en los comicios que según él fueron «las elecciones mejor observadas de la historia de Nicaragua», en 1990.

Luis Fley, opositor en el exilio, presidente del movimiento Fuerza Democrática Nicaragüense. LA PRENSA

En las elecciones del 25 de febrero de 1990, que se realizaron en un contexto de guerra civil en Nicaragua, Ortega fue derrotado en las urnas por la Unión Nacional Opositora (UNO), que encabezó doña Violeta Barrios de Chamorro (gobernó el país de 1990 a 1997).

Según los reportes de la época, el proceso electoral fue ampliamente observado por misiones de la Organización de Estados Americanos (OEA), Naciones Unidas (ONU), Centro Carter y más de 20 grupos de observadores de Europa, América Latina, Canadá y Estados Unidos, según detalla un artículo de la revista Envío, escrito por Rosa Marina Zelaya, quien en ese momento era secretaria del Consejo Supremo Electoral de Nicaragua (CSE) y posteriormente fue su presidenta.

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Fley reconoció que Ortega —quien gobernaba en el país con su círculo de poder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)—, en esas elecciones respetó las reglas del juego, permitió amplia observación de los organismos internacionales, aunque también señaló que la campaña electoral se dio bajo un clima de violencia política de parte de los sandinistas y tensiones por el conflicto bélico del momento.

Pero Ortega regresó al poder en 2007 y desde entonces no volvió a permitir elecciones libres, justas ni transparentes en Nicaragua, dijo Fley.

«Daniel Ortega no está jugando limpio y por eso no quiere testigos internacionales, ni observación nacional ni internacional. Quiere hacer un proceso electoral a su gusto y antojo», manifestó Fley.

Discurso
Managua, Nicaragua. 19/01/2017. Toma de posesión del presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra, tras su tercera reelección presidencial. LA PRENSA.

Ortega regresó al Gobierno tras ganar las elecciones presidenciales de 2006, con un porcentaje de 38 por ciento de los votos válidos, frente a una oposición dividida que dispersó los votos de los nicaragüenses. Además, Ortega corría con ventaja tras el llamado pacto que reformó el techo para ganar las elecciones con un 35 por ciento de los votos válidos, mientras tuviera cinco puntos de ventaja sobre el segundo lugar, lo que fue un arreglo entre el FSLN y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de Arnoldo Alemán.

Actualmente, Ortega lleva 14 años en el poder, tiempo en que ha logrado alinear a su favor a todos los poderes del Estado.

En el proceso electoral en marcha en Nicaragua, los magistrados del CSE son afines al régimen de Ortega e incluso algunos son militantes del FSLN. El pasado 28 de septiembre, los magistrados descalificaron la observación electoral, confirmando que los organismos de observación electoral tradicionales no serían invitados para las votaciones del domingo 7 de noviembre.

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Los magistrados orteguistas también ratificaron la participación de los «acompañantes electorales», lo que tras la reforma de mayo pasado a la Ley Electoral (Ley 331) quedó establecido por ley.

«Precisamente el acompañante internacional es como el amigo que llega a tu casa, que vos lo invitás para que llegue a tu casa y que pueda acompañar en un proceso de compartir, de ver, de disfrutarlo, de conocerlo y que pueda hacer recomendación efectivamente, pero el observador se te pone como que está por encima de tu proceso nacional, de tu legislación y quiere incluso intervenir en los aspectos que no debe intervenir, porque tu legislación no lo permite”, expresó la magistrada electoral Mayra Salinas.

Magistrados del CSE de Nicaragua en una reunión virtual del pasado 28 de septiembre de 2021. Foto tomada de El 19 Digital

El presidente de Hagamos Democracia, Luciano García, manifestó que Ortega creó su propio sistema electoral, que solo pueda favorecerlo a él.

«Ortega viene construyendo un andamiaje de elecciones no transparentes y eso incluye la observación. En Nicaragua no se permite el proceso de observación, lo que hay es un proceso donde el régimen está poniendo sus propias reglas, a su gusto y antojo», aseveró García.

Comienza a aparecer en escena el «acompañamiento»

Un experto en temas electorales que habló con LA PRENSA bajo condición de anonimato, aseguró que después de las elecciones municipales de 2008, Ortega comenzó a limitar el trabajo de los observadores electorales en los siguientes procesos.

Ya en los comicios de 2011 —en los que Ortega se reeligió como presidente del país violentando la prohibición establecida en el artículo 147 de la Constitución Política—, el CSE comenzó a cambiar las reglas de la observación electoral y también fue cuando se comenzó a hablar de «acompañamiento electoral».

A diferencia de los observadores electorales internacionales, que tenían autonomía y libertad para verificar cada paso del proceso electoral, antes y después de las elecciones, el «reglamento del acompañante electoral» aprobado por el CSE en 2011 limitó a las misiones a traer un número específico de miembros, solo podían acompañar el proceso el propio día de la votación; tenían que solicitar permiso para visitar las Juntas Receptoras de Votos y el CSE determinaría dónde y cuándo podían llegar las misiones de observación. Los observadores tampoco podían emitir opinión ni valoración en los medios de comunicación, en fin, solo podían hacer lo que determinara el CSE. Los críticos de ese entonces lo calificaron de «turismo electoral».

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El experto electoral valoró que el «acompañante electoral» «no debe realizar crítica alguna al sistema ni a los resultados de las elecciones» y es por eso que es invitado por el CSE bajo las órdenes de Ortega. Mientras que García calificó a los «acompañantes electorales» de «apañadores del régimen».

Aún con todas esas limitaciones, en el proceso electoral de 2011 la OEA y de la Unión Europea firmaron acuerdos como «acompañantes electorales», aunque eso no significó que callaran sus valoraciones del proceso.

El informe más claro y contundente fue el de la Misión de Observación Electoral de la UE (MOE-UE), que determinó que existía un «grave deterioro del proceso electoral que ocasionó absoluta falta de transparencia de procedimientos e imposibilidad de dar seguimiento a resultados».

La MOE-UE además dejó sentado en el informe que los «resultados observados en Juntas Receptoras de Votos por la MOE-UE, no se corresponden con los de la página web del CSE», y la «sumatoria y revisión de resultados se realizó de manera tan oscura que imposibilitó que los observadores y fiscales vigilaran los resultados», lo que quiere decir que los resultados de las elecciones «no fueron auditables», según la fuente anónima.

En 2016 Ortega declara que «se acabó observación»

En el año electoral de 2016, Ortega declaró el fin de la observación electoral tradicional. En el proceso electoral de ese año, por primera vez no hubo participación de los organismos de observación electoral internacionales.

Ortega llamó «sinvergüenzas» a los observadores electorales, aludiendo a la Unión Europea y a la OEA.

“Observadores sinvergüenzas. Aquí se acabó la observación, que vayan a observar a otros países”, dijo Ortega en su discurso en el congreso del FSLN, el 4 de junio de 2016.

Ese mismo año, la OEA buscó un acercamiento con Ortega e intentó poner en práctica una serie de acuerdos para el «fortalecimiento de la democracia» que Ortega se comprometió a cumplir. Sin embargo, estos compromisos se quedaron en el papel.

Los acuerdos con la OEA alcanzaron a comprometer a Ortega a que permitiera observación electoral en las votaciones municipales de 2017. La misión de «acompañamiento electoral» de este organismo llegó jefeada por Wilfredo Penco, un político de la izquierda uruguaya, que los críticos señalaron de ser cercano a la ideología de Ortega.

El jefe de la misión electoral de la OEA, Wilfredo Penco, en las votaciones municipales de 2017. LA PRENSA/ARCHIVO

Penco no cuestionó las irregularidades que se dieron el día de las votaciones municipales ni siquiera por la violencia electoral que dejó al menos cinco muertos documentados y más de 30 heridos. En esos comicios, Ortega acaparó 135 alcaldías, de un total de 153.

El presidente de Hagamos Democracia señaló que Ortega siempre buscará a sus «apañadores externos» en los organismos de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (Alba), donde también están Cuba y Venezuela, países afines a sus políticas autoritarias.

En los últimos comicios, los invitados internacionales infaltables han sido el Consejo de Expertos Electorales de América Latina (Ceela), creado por el fallecido presidente Hugo Chávez e integrado por exfuncionarios de izquierda de los diferentes países de Latinoamérica.

El CSE firmó recientemente un acuerdo de acompañante electoral con la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos (PDDH) y el Consejo Nacional de Universidades (CNU).

Observadores nacionales

En las votaciones de 2016, el régimen de Daniel Ortega también dejó de acreditar oficialmente a los organismos de observación electoral nacionales, entre estos Ética y Transparencia, Instituto para el Desarrollo y la Democracia (Ipade) y Hagamos Democracia.

Aún así, estas organizaciones continuaron observando los comicios y documentando las irregularidades denunciadas por los partidos y la ciudadanía durante las votaciones.

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