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La cobertura del Seguro Social en Nicaragua es de 21.73 por ciento. Archivo/LA PRENSA

A tres meses de terminar el 2021, ¿qué se sabe sobre «la salud» del INSS, en agonía desde hace ocho años?

Tres datos oficiales que muestran cuál es el estado global de las finanzas del INSS. Analistas han advertido que la crisis de la entidad no se superará con facilidad.

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El régimen de Daniel Ortega se encamina en noviembre a celebrar elecciones presidenciales con una de sus tantas tareas económicas inconclusas durante su gestión de 15 años: la crisis financiera del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), uno de los mayores desastres económicos de la dictadura.

Y aunque en el 2021 el desequilibrio financiero de la entidad parece darle tregua, lo cierto es que el déficit sigue siendo abultado y el pago del aguinaldo en los próximos dos meses volverá a presionar a la institución.

  1. Los ingresos

Los números divulgados por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público y el Banco Central de Nicaragua muestran que la recuperación de un poco más de 35,000 afiliados este año ha permitido una mejor posición financiera de la entidad en cuanto a captación de recursos, pero eso no ha sido suficiente para poner fin a ocho años consecutivos de desequilibrios financieros de una entidad, de la que dependen casi dos millones de nicaragüenses.

Hasta julio de este año el INSS consiguió en ingresos totales 18,977 millones de córdobas, 1,377 millones de más con relación a igual periodo del año pasado. Los ingresos totales muestran un crecimiento de 7.82 por ciento, siendo las contribuciones sociales el principal soporte de esa expansión que coincide con la recuperación económica. Entre enero y julio de este año, los trabajadores y empresas pagaron al INSS 18,011.3 millones de córdobas, por encima de los 16,708.2 millones de córdobas en similar periodo del año pasado.

El INSS se ha visto gravemente golpeado por la salida masiva de trabajadores a raíz del estallido de la crisis sociopolítica en abril del 2018, pero aún ya antes de esa fecha la entidad no lograba sostenerse financieramente debido a que la economía generaba empleos de muy baja calidad y por ende salarios precarios, mientras los gastos iban en ascenso.

Hasta agosto el INSS tenía en su base de afiliados 758,837 trabajadores, por debajo del máximo histórico de 914,196 que se observó hasta el 2017, un año antes de las revueltas del 2018. Es decir que hasta ahora no se han podido recuperar, aún con una economía creciendo 9.9 por ciento en la primera mitad de este año, con 155,359 plazas.

Pero el régimen de Ortega ha afrontado dificultades para mejorar la posición de los ingresos provenientes de las inversiones de la entidad, cuya transparencia y destino de este dinero ha sido cuestionado por organismos financieros internacionales y Estados Unidos, que señaló al presidente ejecutivo de dicha entidad de involucrar a la institución en casos de corrupción.

Entre enero y julio de este año, las inversiones, que se realizan con dinero de los contribuyentes para alimentar el fondo de reserva, aportaron a las finanzas de la entidad 965.9 millones de córdobas, un poco mayor que los 892 millones de córdobas en el 2020 en similar periodo.

El año pasado el régimen de Ortega reportó en ingresos por inversiones 2,069.3 millones de córdobas, lo que supone una recuperación sustancial en el aporte de las inversiones, pero no está claro qué fue lo que ayudó a que la entidad informara al Banco Central de Nicaragua de un mejor desempeño de sus inversiones porque hasta ahora el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social no ha publicado su anuario estadístico 2020, donde se detalla esta información.

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LA PRENSA/ARCHIVO

2. Los gastos

Y aunque los ingresos este año han mejorado su posición, gran parte del crecimiento de este fue absorbido por el acrecentamiento del gasto de la entidad, que hasta julio había aumentado 6.59 por ciento, muy similar al 7.82 por ciento de incremento en los ingresos totales.

En concreto, entre enero y julio de este año el INSS reportó en gastos totales, incluyendo la adquisición de activos no financieros, 19,549.6 millones de córdobas, 1,208.8 millones más que igual periodo del año pasado (18,340.8 millones de córdobas), según muestran cifras del Banco Central de Nicaragua.

Pero ¿cuáles gastos están aumentando?, ¿qué está pasando con el gasto de las prestaciones sociales de los trabajadores y pensionados?, ¿y el gasto en planilla de la entidad?

El principal gasto de la entidad recae en las prestaciones sociales, especialmente el pago de pensiones, por ejemplo. El mismo muestra que hasta julio la entidad había desembolsado 12,502.2 millones de córdobas, superior a los 11,780.7 millones de córdobas observados en el 2020 en similar lapso. Esto equivale a un incremento de 6.12 por ciento, es decir 721.5 millones adicionales.

Un segundo gasto de peso de la entidad es la compra de bienes y servicios, que hasta julio suma 5,802.6 millones de córdobas, 5,306.9 millones de córdobas en igual periodo del año pasado. Esto equivale a un aumento absoluto de 495 millones de córdobas (9.32 por ciento).

Es decir que pese a que ambos años son pandémicos, el INSS parece mantener controlado este gasto, luego que el régimen de Ortega informara el año pasado que los casos de covid-19 serían remitidos a los hospitales públicos, pero además que no daría subsidio a los trabajadores contagiados.

En cuanto al gasto en planilla laboral, este hasta julio asciende a 979.4 millones de córdobas, el cual es ligeramente superior a los 961.2 millones de córdobas en igual periodo del año pasado, lo que indicaría que el INSS mantiene restringidas las contrataciones.

3. Déficit operativo y global

Pese al aumento en los ingresos del INSS, la entidad no pudo hasta julio cubrir ni siquiera sus operaciones básicas, aunque los déficits operativos y el de efectivo global resultaron menores que el año pasado, lo que confirma que el régimen ha tenido que apretar la faja a la entidad para evitar un descontrol en el déficit.

El déficit operativo hasta julio ascendió a 321.5 millones de córdobas, por debajo de los 562.2 millones de córdobas en similar periodo del año pasado. Esto equivale a una reducción de 240.7 millones de córdobas en el lapso comparado, es decir una caída de 42.81 por ciento.

En tanto, el déficit de efectivo global asciende a 572.4 millones de córdobas, inferior a los 699 millones de córdobas hasta julio de este año. Esto se debe no solo a una caída en el déficit operativo sino también que el INSS mantiene controlada la adquisición de activos no financieros, que sumó 250.9 millones de córdobas, superior a los 136.7 millones de córdobas en el 2020 en similar lapso.

El pago del aguinaldo tanto a trabajadores de la entidad como a pensionados incrementará el déficit acumulado hasta julio de este año.

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Ocho años seguidos de crisis

El INSS concluirá el 2021 como su octavo año de crisis financiera, agobiado por tres años de recesión económica, señalamientos de corrupción en el manejo de las finanzas de la entidad y carente de transparencia en su información financiera. El año pasado el Gobierno lo debió socorrer al transferir a la institución alrededor de 74 millones de dólares.

A finales de noviembre pasado, el FMI le aprobó a Nicaragua un préstamo por 186.8 millones de dólares para atender la emergencia sanitaria derivada de la pandemia de covid-19 y para oxigenar las reservas internacionales y como apoyo presupuestario, fue de ahí donde se pudo auxiliar al INSS, pero los analistas ya habían advertido que ese oxígeno era insuficiente.

The Economist Intelligence Unit (EIU) espera que en el 2022 habrá reformas a la Seguridad Social, pero estas serán insuficientes si no hay una solución a la crisis sociopolítica, que genera incertidumbre en las empresas e inversionistas.

“Es probable que el Gobierno se embarque en una nueva ronda de reformas de la seguridad social, que ayudarán a reducir el déficit del SPNF al 2.1 por ciento del PIB en 2022. Sin embargo, es probable que la mejora de las finanzas del INSS sea de corta duración; creemos que en la ausencia de una resolución al conflicto político y mejoras significativas para el negocio medioambiente, el INSS no podrá ampliar su base de contribuyentes a un ritmo sostenible”, expuso en una de sus actualizaciones de junio de este año.

En abril del 2018, el régimen impuso una reforma paramétrica a la entidad, que implicó recortar las futuras pensiones, impuso una retención de cinco por ciento en el aporte de los pensionados y aumentó la tasa de contribución de las empresas y trabajadores, lo que derivó en protestas que fueron violentamente aplastadas por el Estado, dejando como saldo el asesinato de más de 328 nicaragüenses, según organizaciones de derechos humanos internacionales.

En medio del caos, Ortega debió derogarla, pero en el 2019, cuando se tomó las calles a punta de armas, volvió a imponer la reforma más severa que la planteada en el 2018. Pero los economistas han advertido que la crisis de la entidad no se va a revertir si no se hacen reformas estructurales profundas, como la recomposición de la economía que permita al país transitar de la informalidad a la formalidad con empleos de calidad, algo que en 15 años no logró la dictadura.

La situación empeora por los escándalos de corrupción que envuelven a la entidad, pero hasta ahora ninguno de los responsables del desastre económico ha sido llevado ante la justicia. Diversos críticos denuncian que el INSS ha sido usado como «caja chica» del FSLN.

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