LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Diálogo venezolano y el caso Saab

En distintas oportunidades hemos dicho que lo que ocurra o pudiera ocurrir en Cuba y Venezuela, en aquello que tenga que ver con sus regímenes políticos, necesariamente impactaría o influiría directamente en Nicaragua.

Es que los regímenes de estos tres países son iguales de autoritarios y excluyentes, y sus gobernantes se respaldan mutuamente, por afinidad ideológica y conveniencia política. Entre esos países hay diferencias culturales y en el carácter de sus economías, pero en cuanto a las formas de gobierno y la situación de los derechos humanos y libertades democráticas son prácticamente  iguales.

De manera que el diálogo entre la oposición democrática y el régimen autoritario de Venezuela, que desde agosto se ha venido realizando por etapas en México, auspiciado por el gobierno de Noruega, tiene mucha importancia también para Nicaragua.

Si ese diálogo culminara con éxito, en beneficio del pueblo venezolano y para la apertura de un camino pacífico, cívico y electoral de retorno a la democracia, alentaría la búsqueda de una salida parecida de la crisis sociopolítica de Nicaragua y fortalecería sus posibilidades. Al contrario, si las negociaciones de México fracasan, sería una gran pérdida para el pueblo de Venezuela y en Nicaragua persistiría y se agravaría la angustiosa y asfixiante situación política que hay en este país desde hace más de tres años.

Claramente y sin lugar a equivocarse, la historia enseña que cuando un país emprende el camino del totalitarismo, de izquierda o derecha, si no encuentra obstáculos puede llegar a extremos terribles.

Lamentablemente la cuarta ronda del diálogo venezolano de México, que debió comenzar el domingo pasado, fue suspendida por Nicolás Maduro, molesto por la extradición de Alex Saab de Cabo Verde a Estados Unidos (EE. UU.), donde este mismo lunes fue acusado por un juez federal de Miami.

Saab es un individuo de origen colombiano, pero nacionalizado venezolano, que ha servido como agente del régimen chavista de Venezuela en la realización de grandes negocios, supuestamente ilícitos. En EE. UU. es acusado por cometer siete graves delitos de lavado de dinero y uno más por conspiración para blanqueo de capitales.

Se dice que Saab conoce secretos muy sensibles del régimen de Maduro, que podría revelar a EE. UU. a cambio de que la autoridad judicial le reduzca la pena de prisión. Pero es difícil creer que las autoridades estadounidenses no tengan una información completa sobre Maduro, sus andanzas y negocios. Y además, cualquier cosa que diga o ratifique Saab no va a hacer que el Gobierno de Washington dicte contra Maduro sanciones más drásticas que las que ya le ha impuesto.

Lo que parece más bien es que Maduro cree que la suspensión del diálogo y las negociaciones políticas con la oposición, perjudican a EE. UU. y de esa manera lo podría obligar a dejar en libertad a Saab.

Pero este es un caso de justicia y por tanto absolutamente ajeno a las negociaciones políticas venezolanas en México. Lo que muestra Maduro es un total desconocimiento de la justicia en EE. UU. Al parecer cree que allí es igual que en Venezuela y los países del socialismo del siglo 21, donde los jueces no son independientes ni actúan de acuerdo con la justicia, la ley y el dictado de su conciencia, sino por las órdenes que reciben de los gobernantes.

Tampoco gana nada Maduro al suspender las negociaciones con la oposición. Con eso no va a mejorar la precaria situación de su régimen autoritario. En cambio perjudica a su propio pueblo al que prolonga el sufrimiento de un sistema económico y un gobierno incapaces de resolver inclusive las necesidades alimentarias más elementales de la gente.

Por el bien del pueblo venezolano, y del nicaragüense en lo que le atañe, esperamos que Maduro pueda reflexionar como una persona racional, que cambie de actitud y reanude el diálogo y la negociación política que con buena voluntad está auspiciando el gobierno democrático de Noruega.

Un acuerdo para elecciones libres y limpias en Venezuela podría facilitar que se logre lo mismo en Nicaragua. El hecho de que los gobernantes de estos países quieran copiar el régimen político de Cuba, y cuenten con todo el poder para imponerlo, no significa que esto tenga que ocurrir fatalmente.

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