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Los obispos y la libertad individual ante las votaciones

Este jueves 21 de octubre, dos semanas antes de las controvertidas elecciones del 7 de noviembre, la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) emitió un comunicado que fija su posición sobre ese evento político de interés nacional.

       Con su proverbial sabiduría y respeto a la libertad individual, los obispos no dicen a los ciudadanos qué deben hacer el 7 de noviembre, ya sea abstenerse, anular el voto o votar. “Ante la situación que vivimos —señala el comunicado de la CEN—, cada nicaragüense decida y actúe desde el interior e inviolable dignidad de su conciencia, libremente, para hacer lo que considere más justo y conveniente, en este momento, para Nicaragua”.

       Los obispos son respetuosos —siempre lo han sido— de la libertad individual, que consiste en la capacidad y el derecho de cada persona para tomar sus decisiones y determinar su propio destino político, social y económico. La libertad, enseñó san Agustín de Hipona, es “la facultad de la razón y de la voluntad por medio de la cual es elegido el bien, mediante auxilio de la gracia, o el mal, por ausencia de ella”.

       De manera que votar, abstenerse o anular su voto es una decisión que compete a cada persona apta para ejercer el derecho al sufragio. Los partidos políticos que participan en esas elecciones —y los que fueron excluidos a pesar de que querían participar—, pueden llamar a sus seguidores y motivar a los ciudadanos en general a votar o abstenerse. Ese es su derecho.

       Pero la Iglesia no es un partido político, su visión de la política se inspira en la teología pastoral, apunta a la búsqueda del bien común y no a ninguna clase de interés partidista. De allí que ante las próximas votaciones aconseje a los ciudadanos, católicos o no, hacer lo que les dicte su conciencia.

       Eso no significa que la Iglesia y los obispos sean indiferentes a la problemática política nacional ni que eludan su responsabilidad.

       Antes de decir a los ciudadanos en el momento de las elecciones cada quien debe tomar la decisión que mejor le parezca, los obispos les recuerdan que “una auténtica democracia es el fruto de la aceptación convencida de los valores: la dignidad de toda persona, el respeto a los derechos humanos, la búsqueda del bien común como fin y criterio regulador de la vida política… La institucionalidad no es secundaria en un Estado democrático, el cual solo es posible en un Estado de derecho en donde el ejercicio del poder está sujeto a la observancia irrestricta de la ley y se caracteriza por la separación e independencia de los poderes del Estado. Estas son, entre otras, condiciones básicas para el ejercicio de elecciones libres, justas y transparentes”.

       Con esta iluminación espiritual, moral y política, el 7 de noviembre los ciudadanos católicos y de buena voluntad en general podrán tomar la decisión que le dicte a cada uno la conciencia, de acuerdo con sus principios políticos y sus valores morales. 

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