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LA PRENSA/ AFP.

Las elecciones presidenciales de Uzbekistán: Sin opositores reales y directo a una reelección

Mirziyoyev se confronta a cuatro candidatos considerados como fantoches, quienes se abstuvieron de toda crítica en su contra durante la campaña

Uzbekistán votó este domingo en unas elecciones que apuntan a una fácil reelección del presidente Shavkat Mirziyoyev, tras un primer mandato marcado por reformas liberales, que ahora parecen amenazadas por un retorno del autoritarismo.

La participación en las votaciones superaba el 70 por ciento a las 17 horas locales.

«No me gusta ninguno de los candidatos», declaró a la AFP Georgy, un hombre de 45 años, agregando que votaría «contra todos ellos, incluido él», en alusión al presidente saliente.

Mirziyoyev, de 64 años, gobernante del país más poblado de Asia central desde 2016, es reconocido por abolir el trabajo forzado, abrir la economía y liberar opositores detenidos y torturados por su implacable antecesor, Islam Karimov.

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Sin embargo, el mandatario volvió recientemente a las prácticas del pasado al reprimir a varias voces críticas antes de los comicios.

Sus detractores lo acusan además de eliminar a toda la oposición real en las elecciones del domingo. Mirziyoyev se confronta a cuatro candidatos considerados como fantoches, quienes se abstuvieron de toda crítica en su contra durante la campaña.

Pero los uzbekos consultados por AFP en un mercado de la capital parecían más preocupados con la creciente pobreza que por la protección de la libertad de expresión.

«¿Las elecciones? Usted me dirá… Yo tengo que ganarme la vida», comentó Sardor, de 26 años y dedicado al cambio de divisas en la calle, quien no reveló su apellido.

El país, rico en hidrocarburos, se ha visto golpeado por la crisis económica provocada por la pandemia del coronavirus. El desempleo y el costo de la vida han subido fuertemente.

«Hay muchos pobres y gente sin casa», señaló Sardor, quien dice que votará por Mirziyoyev con la esperanza de que pueda «resolver los problemas».

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«Esperamos cambios como los aumentos de salarios, que son muy bajos y no siempre los pagan», comentó por su parte Urazali Ergachev, estudiante de 20 años en el centro de la capital.

Zera, de 55 años, una simpatizante del presidente saliente, dijo que teme la inestabilidad en Asia Central tras la llegada al poder de los talibanes en Afganistán.

«Ese país me preocupa mucho tras su llegada al poder», aseguró.

Región estratégica

Fronteriza con Afganistán, Uzbekistán está situada en una región difícil y estratégica, con fuerte influencia de Rusia y China.

El país de unos 34 millones de habitantes era una parte importante de la antigua Ruta de la Seda, que permitió prosperar a ciudades como Samarcanda y Bujará.

Cinco años después de la muerte del expresidente Karimov, Uzbekistán respira más libertad. Mirziyoyev puso fin al trabajo forzado en los campos de algodón, donde trabajaban miles de menores, una medida aplaudida en el mundo entero.

Pero los dos últimos años de su primer mandato estuvieron marcados por la creciente represión de blogueros críticos.

Khidirnazar Allakulov, considerado uno de los pocos críticos de verdad, no fue autorizado a postularse a la presidencia.

La pandemia también frenó el fuerte crecimiento económico, acabó con el turismo y alimentó el descontento popular.

Y en un hecho poco común, estallaron manifestaciones el último año en reacción a la escasez energética.

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Para Temur Umarov, especialista en Asia central del Carnegie Center de Moscú, Mirziyoyev se encuentra ante el dilema de continuar las reformas sin tocar el sistema autoritario heredado de Karimov, del que se beneficia la élite.

«La corrupción aún existe en las altas esferas del gobierno, pero el poder cierra los ojos», comentó. «Al mismo tiempo, la sociedad es más dinámica que en otros momentos y no estará satisfecha si el gobierno no continúa las reformas». En septiembre, Mirziyoyev argumentó que la definición de democracia en Uzbekistán no es la misma que en otros países, y se puso en guardia ante la posible inestabilidad.

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