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El problema para un gobernante que no escucha a su pueblo

La mayoría de nicaragüenses se quedaron en sus casas, decidieron no salir a votar porque les habían secuestrado el voto al quitarle la oportunidad de elegir a sus representantes

¿Escucharon ese ruido? Eran los quejidos de un país pidiendo un cambio de sistema porque el existente estaba obsoleto y desoyendo al soberano, sin embargo, tres años después hubo otro eco que resonó en Nicaragua y el mundo: el silencio. La mayoría de nicaragüenses se quedaron en sus casas, decidieron no salir a votar porque les habían secuestrado el voto al quitarle la oportunidad de elegir a sus representantes. Eso me causó sensaciones encontradas: por un lado, alegría debido a que tenemos ciudadanos decididos, apegados a una licha cívica, totalmente distinto a lo que la historia nos había enseñado: muerte y armas, pero en la otra acera me entristecen los años de vacas flacas que se nos vienen encima.

Recuerdo haber visto como todo nicaragüense preocupado por su país aquel Diálogo Nacional. Hubo de todo, pero había algo que los representantes del gobierno decían en todo momento: elecciones en 2021. Hace tres años eso se veía como una eternidad. El país en agonía logró aterrizar en esas fechas, a pesar que desde mucho antes pedía una sacudida de políticos, una limpieza que le devolviera la esperanza, repito, al menos la esperanza, no que cambiara todo de la noche a la mañana; no obstante, se llegó esa fecha y como otra de las promesas típicas de políticos que se las lleva el viento, se encargaron de destruir una festividad cívica como son las elecciones y pasaron a ser como dijo el mismo presidente de los Estados Unidos, una pantomima, otros mandatarios fueron más diplomáticos y las catalogaron “carentes de legitimidad”.

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El pueblo demostró que en medio del poco radio de acción que le queda sigue presionando para liberar a Nicaragua del mal, como mencionó en su momento los altos jerarcas de la Iglesia Católica, señalando que en el país había una lucha entre el bien y el mal. Hubo médicos que fueron despedidos por no haber ido a votar, a universitarios que le negaron la entrada a sus prácticas por no llevar el dedo manchado y empleados públicos que no tenían opción que marcaron nulo. El pueblo de Nicaragua está sumergido en una transición pacífica, quieren que la violencia no sea el núcleo del nacimiento de otro país, sino la paz, una verdadera calma, no la tranquilidad ficticia y hasta “peliculezca” que suelen ofrecer los líderes actuales.

Siempre me pregunto después de ver algunos discursos ¿Por qué nos enfrascamos en buscar culpables? No sé si será un asunto natural del ser humano evadir responsabilidades, pero es de personas honorables reconocer errores, es como si tuvieran cortinas en los ojos que no les permite ver la verdad. Entonces, más allá de los discursos cansados de acusar y buscar culpables, lo ideal sería reconocer las fallas y trabajar en enmendar los errores. Dios no rechaza a nadie, tiene los brazos abiertos para el pecador arrepentido y así el país podría pasar de vacas flacas, a la esperanza de las vacas gordas.

Lo primero será escuchar el ruido o el silencio del pueblo…

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