LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

El poder de las palabras

Los familiares de los presos políticos tienen sobrada razón para estar horrorizados. Que Ortega haya llamado a sus deudos “hijos de perra” (h de p) y negado el rango de nicaragüenses, es una espada de Damocles. Porque las palabras pesan. La forma en que se describen o conceptúan los seres humanos influye en la forma en que se les trata. Las palabras pueden dar vida o matar.

Al lado de la vida, el cristianismo, por ejemplo, ha utilizado desde tiempo inmemorial la denominación de hermano para todos sus seguidores, insistiendo en que se vean como algo más que amigos o correligionarios. Porque hermano es un término más fuerte: implica que el otro es miembro de la misma familia. Decirle y ver al otro como hermano invita naturalmente a un trato más cordial, más íntimo y cariñoso.

Los términos derogatorios, por el contrario, invitan a la distancia, al rechazo y, a veces, a peores reacciones. Por ejemplo: cuando alguien describe a otro como “jincho”, están implicando que la persona es mal educada o rústica. Si quienes usan el término lo creen sinceramente, la reacción natural es sentir hacia él distintos grados de distanciamiento y desprecio. Lo peor ocurre cuando los términos o los adjetivos calificativos son violentamente negativos; como calificar al otro de asesino, gusano o víbora. 

Expresiones semejantes tienden a deshumanizar a los aludidos —como bien advierten en su reciente carta sus familiares— y a provocar distintos grados de hostilidad en función del poder de quienes lo profieren y de la impunidad de quienes les siguen. Cuando estas provienen de jefes de Estado con miles de adeptos, entre ellos muchos fanáticos que les creen todo, la situación se torna francamente peligrosa. Es lógico suponer, entonces, que cuando un carcelero, o un policía, está frente a un opositor, su mente puede dejar de ver en él una persona o un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, y solo ver, como lo denunció su líder, un ser rastrero, vil; a un h de p traidor que ni siquiera es compatriota suyo. 

El siguiente paso psicológico es desprecio y hostilidad: “Ese h de p es dañino para la sociedad, no merece que lo traten bien”. De aquí al abuso y la violencia solo hay un paso. A través de la historia las peores agresiones contra los seres humanos han sido precedidas por descalificaciones brutales. Pues cuando a estos se les priva de toda dignidad humana, y se llegan a ver como alimañas, golpearlas o matarlas deja de verse inmoral o chocante. ¿Quién tiene remordimientos por aplastar una cucaracha? 

Precisamente, el término de cucaracha fue el usado por la etnia Hutu, en Ruanda, para calificar a sus adversarios Tutsi en vísperas del gran genocidio de 1994. Aplastar un millón de cucarachas era un acto legítimo de limpieza étnica. Hitler, igualmente, lanzó su campaña de exterminio contra los judíos caracterizándolos antes como viles traidores, bacterias, raza enferma o maldita. Una vez interiorizados estos conceptos en la mente de sus subalternos, los nazis perpetraron sin mayor remordimiento uno de los peores genocidios de la historia.

En la acera opuesta, el cristianismo ha contribuido, como ningún otro credo, y a pesar de la inconsistencia de muchos de sus seguidores, a humanizar la sociedad. Conceptuar a todos los seres humanos, incluyendo los tenidos como malos y enemigos, como dignos del amor de Dios, llevó a cambios profundos en las costumbres, entre ellos la abolición de las luchas de gladiadores y la liberación de los esclavos.

El lenguaje es poderoso. Usarlo con humanidad y respeto obliga a todos. Ni los sandinistas deben ver en los opositores hijos de perra traidores ni los opositores deben ver en los sandinistas sapos asesinos. Ni en nombre de la justicia se puede demonizar a todos los adversarios ni en nombre de los ideales negarles su humanidad. Uno podía decirle al otro: “Para mí vos sos un hermano”.

Que Ortega los haya llamado “hijos de perra (h de p) del imperialismo”, es para ponerse a temblar. porque las palabras pesan. Todo ser humano percibe la realidad a través de palabras que la describen. 

Los adjetivos calificativos son particularmente poderosos cuando son creídos.

El autor es sociólogo e historiador. Fue ministro de Educación de Nicaragua.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: