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Ortega se pone más «piedras de tropiezo» en los organismos financieros internacionales

El régimen anunció su salida de la OEA luego de que el organismo no reconociera las elecciones del pasado 7 de noviembre. Estas son las implicaciones económicas que supondría abandonar la entidad.

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La decisión del régimen de Daniel Ortega de iniciar oficialmente el proceso de salida de Nicaragua de la Organización de Estados Americanos (OEA), podría, de concretarse, imposibilitar que el país obtenga préstamos de organismos multilaterales, según especialistas consultados. Además puede afectar la recuperación económica y el acceso a asesoría técnica de otros organismos regionales que forman parte del sistema interamericano.

El régimen anunció su salida de la Organización luego de que ésta no reconociera las elecciones del pasado 7 de noviembre. Además, el organismo también mandó a su Consejo Permanente a que haga una evaluación colectiva inmediata de la situación del país, a más tardar el 30 de noviembre, tomando las acciones apropiadas de conformidad con la carta de la OEA y la Carta Democrática Interamericana.

El pasado viernes, el canciller nicaragüense Denis Moncada presentó la renuncia oficial, tras la declaración aprobada por la Asamblea Nacional para denunciar la Carta de la OEA. Sin embargo, aunque Ortega busque la salida de Nicaragua de la organización, no podrá hacerlo hasta dentro de dos años y durante ese periodo el país continúa teniendo compromisos porque es firmante.

En el centro, el canciller Dennis Moncada, a la izquierda Michael Campbell, representante alterno de Nicaragua ante la OEA. Tomada del Canal Parlamentario. Cortesía/LA PRENSA

Moncada envió al secretario de la organización, Luis Almagro, la denuncia por “intromisión” en los asuntos internos y el consiguiente deseo del país de «abandonar la entidad».

Al hacerlo, la Asamblea Nacional hizo referencia al artículo 143 de la Carta Democrática, en el que se estipula que esta “podrá ser denunciada por cualquiera de los Estados miembros, mediante comunicación escrita a la Secretaría General”.

“Transcurridos dos años a partir de la fecha en la que la Secretaría General reciba una notificación de denuncia, la presente carta cesará en sus efectos respecto del estado denunciante”, detalla el documento.

Nicaragua tendría limitaciones económicas

La salida de Nicaragua de la OEA tendría consecuencias directas en la economía nacional, por ejemplo, imposibilitaría el obtener préstamos otorgados por instituciones financieras multilaterales, el intercambio comercial regional se vería afectado y se podría detener la cooperación externa, en la cual se incluyen donaciones. Es decir, se profundizaría el aislamiento internacional, el desempleo, la pobreza y la migración.

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El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en conjunto con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), además del Fondo Monetario Internacional (FMI), han sido las instituciones financieras que más han apoyado a Nicaragua, pero estas podrían suspender los préstamos. Aunque, solo las dos últimas han desembolsado fondos al régimen de Ortega a pesar del aumento de la represión en los últimos meses.

El BID, por su parte, no desembolsó dinero para préstamos al Gobierno en 2018 y 2019, sin embargo, en 2020 volvió a desembolsar, pero únicamente para atender la emergencia sanitaria de la covid-19, y por el paso de los huracanes Eta y Iota, que tocaron territorio nacional a finales del año pasado.

El Banco Mundial (BM) también mantuvo por dos años (2019-2020) suspendido el apoyo financiero al gobierno de Ortega, hasta que este año se comprometió a entregar 100 millones de dólares, según el sitio web del organismo.

El economista, Marco Aurelio Peña, sostuvo que un manejo inadecuado de las relaciones políticas internacionales termina causando un efecto negativo en las relaciones económicas internacionales.

“Nicaragua está denunciando la Carta Interamericana de la OEA y está renunciando a este foro político y diplomático, que es el de mayor peso en América Latina, porque la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) no ha tenido la beligerancia, ni el peso que sus fundadores y promotores dijeron que tendría”, expresó.

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A su criterio, esta situación pone en aprietos a Nicaragua porque corre peligro la cooperación proveniente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), esta última instancia del Banco Mundial.

“Al mismo tiempo, genera más zozobra, incertidumbre, desconfianza e inseguridad, de manera que la economía nicaragüense no seguirá funcionando bien. Esto impacta en sus niveles de producción y, por supuesto, termina afectando otros tipos de relaciones, como, por ejemplo, la que pueda tener con la Organización Panamericana de la Salud (OPS)”, señaló.

Siguiendo esta línea, agregó que “así como se podrían autorizar préstamos y cierta cooperación por la emergencia sanitaria de la covid-19 o para financiar el desarrollo desde el punto de vista técnico, el peso que tienen estos foros políticos a la larga termina también afectando las relaciones económicas”.

El también economista y sociólogo, Óscar René Vargas, coincide en que el inicio de la salida de la OEA tendrá repercusiones en los organismos financieros internacionales, ya que no concebirán que Ortega no quiera resolver la crisis sociopolítica que hunde al país desde 2018.

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“Sin resolver la crisis política, la crisis económica se profundiza y el aislamiento internacional también. Y ese aislamiento debe tener consecuencias en los organismos financieros internacionales. ¿De qué manera se pueden presentar los problemas de los préstamos?, es difícil saber porque va a depender de decisiones políticas que se vayan a tomar en estos organismos”, indicó.

¿Qué pasaría con los préstamos pendientes de desembolsos del BID?

La salida de Nicaragua de la OEA podría implicar que el BID frene los proyectos pendientes de aprobación y rechace la solicitud de nuevos préstamos y cooperación para el Gobierno nicaragüense.  

Peña aseguró que, si en un hipotético caso el BID decidiera suspender el financiamiento al desarrollo de Nicaragua, “entonces simplemente cabría el desembolso de los préstamos ya autorizados, aunque en el peor de los casos suspendería también los desembolsos restantes, de manera que Nicaragua ejecutaría lo que ya se le ha desembolsado o recibiría lo que ya se le ha autorizado en dependencia de la decisión”.

“Si eso pasara, es decir se suspendiera el financiamiento, ya no habría opción a nuevos préstamos y perderíamos esa fuente de financiamiento como es el BID, Grupo BID y la Asociación Internacional de Fomento”, añadió.

Daniel Ortega. Foto tomada de El 19 Digital. Cortesía/LA PRENSA

Asimismo, compartió que “tomando en cuenta que el BCIE ha venido operando conforme se lo manda su tratado constitutivo y obedeciendo una política de financiar, desde el punto de vista técnico, el desarrollo de los países de la región centroamericana. Por lo pronto, sería una de las entidades multilaterales que continuarían apoyando y cooperando con el Gobierno actual de Nicaragua”.

A mediados de junio de este año, Dante Mossi, presidente de ese organismo, expresó a través de su cuenta de Twitter que “el BCIE es el banco de Centroamérica y no condicionamos nuestra asistencia a valoraciones distintas a las económicas”.

En ese momento, sus declaraciones despertaron indignación entre los usuarios de las redes sociales y lo acusaron de ser cómplice del régimen de Ortega y de tomarle más importancia al tema económico que al respeto de los derechos humanos.

Pese a esto, Peña sostuvo que “no se excluye el escenario hipotético de que la entidad cambie de política en el mediano plazo de continuar y agravarse la crisis y la inestabilidad sociopolítica que vive Nicaragua, máxime si esta situación vuelve a desencadenar una contracción económica con tintes recesivos”, precisó.

“Nicaragua quedaría como una isla a la deriva”

Un economista, quien prefirió el anonimato por temor a represalias, compartió que la salida de Nicaragua de la OEA no es tan sencilla como parece y si se llega a concretar implicaría un proceso que tiene que ser analizado, discutido y que tiene una duración de dos años.

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“Por ejemplo, la salida del Reino Unido de la Unión Europea no fue fácil, estamos hablando desde el 2016 hasta este año, tardaron años discutiendo y es la fecha y hay muchos temas que todavía están pendientes de discusión que no se han resuelto y que todavía ligan al Reino Unido con la Unión Europea”, puntualizó.

Al respecto, recalcó que el proceso no es fácil y “Nicaragua ha firmado todos los tratados que tienen que ver con la OEA”. En relación a los financiamientos, manifestó que la posición de Nicaragua no es la adecuada y la salida del organismo representa un gravísimo error.

Indicó que, primero Nicaragua tendría que renunciar a varios organismos que están adscritos a la OEA, por ejemplo, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), “que ha jugado un importante papel en Nicaragua lo largo de las últimas décadas, como centro de asesoría, de formación y de transferencia tecnológica, etcétera. También está la OPS, que ahora está trabajando como un organismo adscrito a la Organización”.

“Tenemos también varios proyectos y programas que la OEA desarrolla en diferentes países, incluida Nicaragua. Pero, la parte más sensible y medular es el financiamiento del BID, en su estatuto constitutivo firmado por todos los países que también forman parte de la OEA, eso podría suponer un corte inmediato de todo el financiamiento”, enfatizó.

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Además, expuso que la organización tiene convenios de cooperación y financiamiento para Latinoamérica y para el continente, “específicamente para países como Nicaragua, que son en coordinación con otros tipos de organismos que no necesariamente son parte del Sistema Interamericano, por ejemplo, el Banco Mundial (BM). Es decir, esto también podría suponer un riesgo porque puede arrastrar a otros organismos financieros”.

En el caso del BCIE, “si bien es cierto no es parte de la OEA, pero obviamente está sujeto a presiones en este sentido, porque realmente muchos países que son parte del BCIE son observadores y han tenido una posición crítica con respecto a Nicaragua. Estados Unidos también tiene relaciones con muchos socios del BCIE, y además de eso, recordemos que Centroamérica tiene postura crítica con respecto al Gobierno de Daniel Ortega, entonces no es fácil la salida”, expresó.

Considera que en los dos años que toma el proceso, Nicaragua querrá negociar su salida a cambio de ciertas condiciones, pero de efectuar su salida, el país quedaría “como una isla a la deriva en el inmenso océano pacifico”, porque todos los posibles socios y aliados no van a arriesgarse a entrar en conflicto con estos organismos.

“La OEA ha crecido, no es la misma que condenó a (Anastasio) Somoza en 1979, que solamente era un organismo deliberativo, de países que se reunían para tomar decisiones políticas, ahora es una organización que también influye en otras series de organismos, ya sean de financiamiento, de cooperación, de educación, de salud, etcétera, y todo eso tiene una influencia directa en los diferentes países”, advirtió.

Países que han abandonado la OEA

El economista recordó que un proceso similar ocurrió en Venezuela, cuando Nicolás Maduro denunció la carta de la OEA para sacar al país del organismo. El procedimiento inició el 27 de abril de 2017, pero no se completó ese período, porque antes de llegar al 27 de abril de 2019, el nuevo mandato de Maduro fue desconocido por la Organización.

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En ese momento, la OEA reconoció como presidente interino a Juan Guaidó, quien nombró un nuevo embajador y dijo que Venezuela no saldría del organismo regional.

“No es fácil decir ´voy a renunciar´, Venezuela lo hizo porque tenía recursos en ese momento, cuando decidió hacerlo, todavía el petróleo mantenía ciertos flujos de dinero, y la prueba está en que cuando llega Juan Guaidó se encuentra con una fuerte y voluminosa cartera de recursos, que están en manos de él todavía. Guaidó revirtió la medida y Venezuela sigue siendo parte de la OEA”, agregó.

Es decir, no es tan sencillo para países como Venezuela, ni como Nicaragua. No es fácil prescindir de todo esto, definitivamente es un suicidio”, concluyó.

Por otro lado, Cuba no forma parte de la OEA desde que fue expulsado en 1962. Actualmente sigue sin mostrar interés en reintegrarse a la entidad.

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Honduras fue suspendido tras el golpe de Estado contra el expresidente Manuel Zelaya y fue hasta 2011, cuando la crisis hondureña se había superado, que regresó al organismo. A pesar de estar suspendido, el país aún estaba obligado a cumplir con sus obligaciones.

Nicaragua enfrentaría muchos obstáculos si se efectúa la salida

Aún falta camino para ver qué decisión tomarán los representantes de los países en la OEA respecto a Nicaragua, indicó otro economista consultado, quien opina que “podría darse el argumento que el Gobierno elegido recientemente es ilegitimo o no goza del debido ejercicio democrático”.

“Habría que esperar el resultado más contundente de la OEA que es la expulsión de Nicaragua en el marco de la Carta Democrática Interamericana. Lo que recién ha hecho el Gobierno, a través de solicitar la salida del país, es un hecho político no muy sólido, ni fuerte, cuando los resultados de la última reunión de la OEA arrojaron que las elecciones recientes carecen de legitimidad”, indicó.

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Mencionó que por el momento los desembolsos de recursos siguen su curso hasta que no haya claridad y resultados concretos sobre la expulsión de Nicaragua de la OEA.

“Los recursos concertados por Nicaragua frente a estos organismos miembros de las Naciones Unidas, como el BID, el FMI, etcétera, seguirán su curso, porque también estos organismos tienen sus propios principios y ordenanzas particulares”.

Sin embargo, “si se produce la expulsión de Nicaragua conforme a la Carta Democrática, esto si daría paso a afectar la obtención de recursos de estos organismos. Con el BCIE es diferente, porque este organismo no depende directamente de la ONU, sino del Sistema de Integración Centroamericana, pero esta relación también puede ser afectada”, sostuvo. 

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