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La estatua de Nikón

Hubo en la isla de Tasos un extraordinario atleta llamado Nikón, quien ganó catorce veces los distintos juegos deportivos de Grecia.

Tasos era el nombre de un hermano de Europa, la bella princesa fenicia raptada por Zeus quien para cometer su fechoría  tomó la forma de un hermoso toro blanco. El animal se acercó a la hermosa muchacha a quien  le pareció  muy manso, lo acarició, se subió a su lomo y entonces Zeus volando se la  llevó hasta la isla de Creta. 

Este toro fue después divinizado por Zeus y lo puso en el cielo como la constelación Tauro. Allí resplandece hasta  ahora donde figura también como el segundo signo del Zodíaco.

Agenor, el rey fenicio padre de Europa, ordenó a Tasos y sus hermanos varones, Cadmo, Fénix y Cílix, que fueran a buscarla  hermana y no regresaran hasta encontrarla y llevarla de regreso a casa. 

Los hermanos de Europa se fueron por distintos rumbos a buscarla, pero infructuosamente. Tasos llegó a una isla de forma redonda que descubrió la parte norte del mar Egeo, decidió quedarse allí y le puso su nombre.

Más adelante, la isla de Tasos se distinguió por varias razones. Una de ellas fue que allí se erigió el templo a Zeus Agoreo, como protector del ágora que era el sitio de todas las ciudades griegas donde se realizaban los negocios públicos y se tomaban las decisiones de interés de gente. De allí que la invocación de Zeus Agoreo se le tenía como protectora de la libertad de expresión y discusión.

De la isla de Tasos salieron grandes atletas, sobre todo Nikón, quien tomó parte en los diversos juegos deportivos de Grecia y en todos fue vencedor.

En la antigua Grecia habían cuatro grandes competencias deportivas: 1, los Juegos Olímpicos, que se celebraban en Olimpia en honor de Zeus. 2, los Juegos Píticos, establecidos por Apolo en Delfos, los que incluían  certámenes de música y poesía. 3, los Juegos Ístmicos, instituidos para rendir culto a  Poseidón y llamados así porque se celebraban en el istmo de Corinto. Y, 4, los Juegos Nemeos, que celebraban en Nemea y fueron instituidos  Herakles (Hércules) para conmemorar su victoria en la lucha contra un monstruoso león que asolaba a esa ciudad.

En todos participó Nikón compitiendo exitosamente en distintas disciplinas, por eso los habitantes de Tasos lo honraron haciendo esculpir una estatua de bronce  con su figura, que colocaron en el centro de la ciudad.

Ocurrió entonces que uno de los atletas que habían sido vencidos por Nikón, se sentía humillado y no olvidaba lo que para él era una afrenta deshonrosa imperdonable.

Después de que murió Nikón,  el resentido atleta fue a la plaza donde estaba la estatua y la pateó varias veces, mientras profería insultos a la memoria del campeón deportivo fallecido. Entonces, la estatua, como si hubiera sentido el ultraje cayó hacia adelante y aplastó al agresor. 

Regían entonces las leyes dictadas por el gobernante y legislador Dracón, que disponían severos  castigos a quienes cometían delitos, en particular homicidios. Por él hasta hoy se califica como “leyes draconianas” aquellas que son excesivamente duras.

Las leyes de Dracón castigaban con la muerte a los homicidas y mandaban a destruir las armas y objetos usados para cometer esos delitos.

Invocando esa ley, los hijos de Nikón acusaron criminalmente a la estatua que había causado la muerte de su padre. De manera que fue juzgada, encontrada culpable y condenada a ser arrojada al mar donde permanecería para siempre.

Una peste asoló la isla causando estragos en la población. Desesperados, los tasos enviaron un emisario a Delfos para que consultara al oráculo, el que dijo que la peste desaparecería si la estatua de Nikón era  restituida en su lugar para reivindicar el honor del héroe  deportivo.

Así lo hicieron, la peste desapareció y todo volvió a la normalidad en Tasos, donde desde entonces la estatua de Nikón fue objeto de veneración.

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