Matar al mensajero

Columnas - 14.10.2019

En octubre del 2002, un hombre borracho entró armado y disparando a la redacción del Diario La Prensa. Mantuvo durante un par de horas un secuestro a punta de pistola. El origen del hecho delictivo era, en buena medida, la borrachera después de seis días de parranda y la molestia que este señor había incubado contra el periódico por las informaciones que sacaba sobre la corrupción del expresidente Arnoldo Alemán, a quien admiraba y sentía su amigo.

Sucede que minutos antes del secuestro, murió en un accidente casero uno de los hijos de Arnoldo Alemán y este señor, sin mayor información sobre el asunto, decidió que La Prensa era la culpable y entró armado a castigar a su personal.

Este podrá parecer un hecho folclórico y algunos hasta pueden hacer chiste con él, pero en el fondo representa esa milenaria e irracional conducta de “matar al mensajero” cuando este porta malas noticias.

En esta edición les traemos un amplio reportaje sobre este hecho, relatado en parte por el mismo secuestrador, que es uno más de los múltiples ataques que ha sufrido La Prensa en sus 93 años de vida. Son los riesgos propios que trae llevar mensajes que no le gustan a los que tienen algún poder. Y ese poder va desde un gobierno que puede censurar, acosar, reprimir hasta un borracho que arma en mano ataca a trabajadores desarmados.

Porque la prensa que le gusta a los poderosos es solo aquella que dice lo que ellos quieren oír. Aunque sea mentira. Ahí está Corea del Norte. En otro reportaje de esta edición vemos cómo se ha construido una realidad alucinante y descabellada, que solo puede existir por la decisión de la dictadura de convertirla en la única versión que circule, y ¡ay de aquel que la ponga en duda!

Estos serán hechos pasados o lejanos geográficamente. Pero no nos son ajenos. El secuestro de La Prensa es la versión en chiquito, si se quiere, del actual secuestro que ha hecho el régimen de las redacciones de 100% Noticias y Confidencial. Es “matar al mensajero”. Borrachos de poder. Y la versión de la realidad que quieren transmitir los medios oficialistas aquí en Nicaragua, no está muy distante de las alucinantes versiones que sostienen a la dictadura allá en Corea del Norte.

Sección
Columnas