Pareja de poder

Columnas - 10.08.2018

Érase una vez, del año 1977, se encontraron en Venezuela… Esta podría ser una historia de amor. Se enamoraron, se casaron y tuvieron muchos hijos. Pero en realidad esta es además una historia de poder.

El Daniel Ortega de hoy no se puede entender sin Rosario Murillo. Ambos se complementan. Ortega halló en Murillo lo que a él le faltaba. Y Murillo encontró en Ortega el vehículo que necesitaba.

Daniel Ortega nació en una familia clase media baja que vivió de casa en casa acosada por las urgencias económicas. Rebelde y revoltoso desde muy temprano. Callado e introvertido. Lleno de muchos complejos, algunos adquiridos en los años de cárcel.

Rosario Murillo, en cambio, viene de una familia con solvencia económica pero disfuncional. Inteligente y ambiciosa. En su adolescencia enfrentó el drama de los embarazos precoces. Su madre la echó de casa, y a los 20 años ya tenía tres hijos.

De alguna manera, ambos se buscaban y se encontraron en Venezuela, ella embarazada de su cuarto hijo y él con look vaquero, unos años después de salir de la cárcel.

Cuatro golpes han determinado la suerte de los Ortega Murillo. La primera, la derrota electoral de 1990; la segunda, el infarto que sufre Daniel Ortega en 1994; la tercera, la acusación de abuso sexual que hace Zoilamérica en 1998; y la última, la reciente rebelión que inició en abril, que si bien no les ha quitado el poder, sí les ha desbaratado los sueños de perpetuación dinástica.

Cada uno de estos episodios ha servido para que Murillo avance en su estrategia de poder, incluso arrastrando en ocasiones a un Daniel Ortega que si bien goza de la admiración de cierta parte de la base sandinista que a ella le falta, carece de la energía y la ambición que a ella le sobra.

Ortega está obsesionado por el poder. Pero se cree destinado para merecerlo. Murillo también, pero, a diferencia de Ortega, trabaja todos los días para conseguirlo.

Magazine les relata con sus altibajos la historia de esta pareja, que ha llegado a constituirse como un binomio de poder en Nicaragua. Son la pareja presidencial y si de ellos dependiera, su sangre estará gobernando el país por los próximos mil años.

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