Perder y ganar

Columnas - 15.10.2018

Antes que los guerrilleros entraran como tromba en el búnker de Somoza hubo una negociación. En los últimos días de junio y primeros de julio de 1979 hubo febriles conversaciones entre los líderes guerrilleros sandinistas, la jefatura de la Guardia Nacional, Somoza y representantes de Estados Unidos.

El acuerdo que finalmente se logró establecer era que Somoza renunciaba a la Presidencia y se iba del país, quedaba un presidente interino, Francisco Urcuyo Maliaños, quien entregaría el poder al entonces monseñor Miguel Obando y Bravo para que este a su vez lo entregara a una Junta de Gobierno que se instalaría en León y funcionaría como el nuevo gobierno. El nuevo ejército se formaría en parte con los guerrilleros sandinistas y en parte con los guardias que no se hubiesen implicado en actos de represión sanguinaria.

El acuerdo tenía varios propósitos. Todos ganaban y todos perdían. Así son las negociaciones. El primer objetivo era evitar el baño de sangre y el ajuste de cuentas que se avizoraba si los guerrilleros entraban a sangre y fuego a Managua. La guerra se acortaba. Somoza buscaba que no se extinguiera por completo la Guardia, y Estados Unidos que la transición fuese lo más suave posible, sin perder por completo a Nicaragua que podía convertirse en una nueva Cuba.

En cosa de horas el acuerdo estalló y la historia cambió. Urcuyo Maliaños se negó a entregar el poder, el liderazgo sandinista desconoció el acuerdo, y Somoza que iba rumbo al exilio dorado prometido se quedó en el aire, porque, en vista de los acontecimientos, Estados Unidos se negó a recibirlo. Urcuyo Maliaños quedó como el malo de la película, porque hasta Somoza le echó la culpa, pero nadie puede garantizar que ese “arroz con mango” de guerrilleros y guardias juntos en un nuevo ejército iba a funcionar o, lo más importante, que sería respetado por el nuevo gobierno.

Sin embargo, queda este otro episodio de nuestra historia como una lección más para los momentos que vivimos, cuando nuevamente se pide a gritos una negociación que evite el baño de sangre, y que se cumpla lo acordado. En el entendido que en una negociación todos pierden y todos ganan.

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