Tomás Ruiz

Crónica - 02.11.2008
El padre indio Tomás Ruiz

En plena época colonial, un cura indígena nicaragüense alzó su voz contra los abusos de las autoridades españolas y participó activamente en una conjura por la independencia.
La historia apenas lo recuerda. Su nombre: Tomás Ruiz

Orlando Valenzuela

Una noche de diciembre de 1813, con las medidas de precaución adecuadas, fueron llegando uno a uno a la dirección acordada. Nadie sospecharía que tras las gruesas paredes del Convento de Belén (Guatemala) se reunirían personas con otro fin que no fuera religioso, mucho menos si eran convocadas por un cura de respetuosa sotana.

Así fueron entrando los tres nicaragüenses, el cura Tomás Ruiz, su hermano menor José Saturnino Ruiz y el estudiante Juan Modesto Hernández seguidos de un nutrido grupo de guatemaltecos, entre ellos el religioso Benito Soto, los hidalgos Castrillo, Francisco, Barrudia y Yúdice. Además estaban con ellos algunos jóvenes como José Francisco de Córdoba, licenciado Venancio López, Manuel Tot, escribanos y oficinistas de dependencias del Gobierno, abogados y médicos, así como también varios militares de mediano y bajo rango.

Adentro, la tenue luz de las candelas apenas alumbraba el rostro de los dieciocho hombres reunidos, proyectando en las paredes sus gigantes sombras y envolviendo el salón en un ambiente más propicio para la conspiración.

El plan era audaz y peligroso: la noche del 24 de diciembre, mientras la población se aprestaba a celebrar la Navidad, ellos iban a asaltar la legación militar para capturar las armas, apresar a los funcionarios civiles y militares, sublevar a las tropas regulares del batallón de la ciudad, incautar el tesoro del Gobierno y enviar agitadores a tres regiones indígenas del país. Existe la versión que ubica esta acción el día 2 de ese mismo mes.

Toda esta acción era con un fin bien definido: crear un gobierno independiente en Guatemala y desterrar a los españoles que no aceptaran a las nuevas autoridades.

Para el cura indígena Tomás Ruiz, el más radical de los conspiradores, ésta no era la primera vez que se involucraba en una acción violenta contra las autoridades coloniales, ya que su debut político lo había hecho ocho años antes en su natal Nicaragua, cuando en 1805, en la ciudad de El Viejo, Chinandega, donde vivía, encabezó un movimiento contra las autoridades españolas que no protegían a los indios exonerándolos del pago de tributos injustos y de diezmos a la Iglesia, tal como las leyes establecían.

El Seminario San Ramón o Tridentino, fundado en 1680, fue el centro de enseñanza donde el indígena Tomás Ruiz realizó sus primeros estudios y luego, ya doctorado en Derecho impartió clases. Gracias a su gestión y la del rector Agustín Ayestas en el San Ramón se fundó la Universidad de León en 1812.

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En aquella ocasión, en compañía del fraile Antonio Moñino, Ruiz divulgaba entre indios y mulatos doctrinas revolucionarias que instigaban a la rebelión contra el gobierno colonial. Cierto día, el subdelegado de El Viejo, Calixto Robledo, delató a la india Antonia Florencia de ser fabricante de cususa (aguardiente artesanal), ante el gobernador intendente José Salvador, quien pidió a los alcaldes indios el traslado de Florencia a León, donde sería castigada por ese delito. Allí apareció el padre Tomás Ruiz, en medio del motín popular impidiendo que se llevaran a la india, y más bien logrando que la población acusara a Robledo de un delito que terminó con su destitución. Con esta acción, el cura indígena rebelde alentó a otros pueblos a tomar parte en los primeros conatos a favor de la independencia y de paso se ganó la fama de “perturbador del orden público”.

Tomás Ruiz no era un indígena común ni un cura común. Al contrario, era un sacerdote indígena muy inteligente y estudioso de las Leyes de Indias dada su preparación como doctor en Derecho en el mejor centro de estudios superiores de la época, la Universidad de San Carlos, también en Guatemala.

Los que le conocieron desde su niñez, como el Obispo de Nicaragua, Juan Félix de Villegas, su benefactor, quien lo acogió en su casa como si fuese familiar para formarlo como un servidor de la Iglesia, jamás se imaginó que con el tiempo, aquel humilde indígena, hijo de los caciques de una tribu de Chinandega, llegaría a ser un personaje importante que con su palabra y acción, aportaría en grande al fin de la dominación colonial mediante la proclama de la independencia de Centroamérica.

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El historiador Jorge Eduardo Arellano, rescata la figura de Tomás Ruiz y lo ubica como el prócer independentista más importante de Nicaragua y Centroamérica, con una participación más beligerante incluso que Miguel Larreynaga, único al que se rinde homenaje durante las fiestas patrias cada 15 de septiembre.

Pero la rebeldía de Ruiz no le vino de la noche a la mañana. Es más, si no le hubieran discriminado y humillado —a pesar de sus cualidades y talento— por su condición de indígena, quizás hubiera cumplido su sueño de hacer una brillante carrera dentro del clero donde seguramente habría alcanzado altos car-gos y otra sería su historia.

José Tomás Ruiz, indio puro chinandegano, fue entregado de niño por sus padres al Obispo de León Juan Félix de Villegas, quien asumiendo su protección y educación, lo ingresó al Seminario Conciliar, hoy conocido como Colegio San Ramón o Tridentino, donde estudio cuatro años y tres meses, primero Latín y luego Filosofía, hasta que en el año 1794 recibió del propio Obispo Villegas, en ceremonia de ordenación, la primera tonsura clerical de ostiario o guardián del Santísimo Sacramento y cuatro órdenes religiosas menores.

Para suerte del joven estudiante indígena, su benefactor, el Obispo Villegas fue promovido a Arzobispo de Guatemala, siendo trasladado a la Capitanía General, haciéndose acompañar por el joven Tomás, a quien, gracias a su influencia y alto cargo religioso, logra ingresar a la Universidad de San Carlos de Guatemala, donde a los 17 años obtiene el grado de Bachiller en Filosofía y posteriormente el de Bachiller en Derecho Civil y Canónico.

Fue precisamente su profundo conocimiento del orden jurídico colonial lo que le permitió al indígena nicaragüense, ya convertido en presbítero, defender, con las propias leyes de la Colonia a los suyos, de los abusos que éstos recibían de los españoles.

A sus 21 años de edad, el bachiller Ruiz regresó a su patria, Nicaragua, trasladándose a León, donde, de 1799 a inicios de 1800 impartió clases de Filosofía en el Seminario Conciliar. Esa cátedra se la ganó a pulso, en concurso de oposiciones, pero este mismo año se regresó a Guatemala a seguir sus estudios teológicos. Volvió a León en 1801, siendo ordenado como sacerdote por el Obispo José Antonio de la Huerta y Caso.

Sin embargo, el nuevo sacerdote de la Diócesis de León no se quedó mucho tiempo en el púlpito, pues a mediados de 1803, a sus 26 años de edad recibe el grado de Licenciado y al año siguiente, a los 27 años, el de Doctor en Derecho Canónico, siendo el primer indio que se doctoró en Centroamérica.

Con su cartón de doctor bajo el brazo, el padre indio Tomás Ruiz regresó a Nicaragua, donde el obispo De la Huerta y Caso lo nombró Vicerrector del Seminario, de 1804 a 1807, tiempo en el que además, impartió la cátedra de Filosofía, que comprendía también Aritmética, Álgebra, Geometría, Lógica, Física y Retórica en el Colegio Tridentino. Fue en esta época, cuando Tomás Ruiz puso todos sus esfuerzos, junto con el rector, presbítero Rafael Agustín Ayestas, para lograr que el Seminario Conciliar de San Ramón se transformara en Universidad, gestiones que lograron su éxito con la creación de la Universidad de León en 1812.

La majestuosa Catedral del León fue otro lugar donde el presbítero Tomás Ruiz impartió sus prédicas religiosas antes de irse a Guatemala para participar en la Conjura de Belén, durante la lucha por la independencia de Centroamérica.

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Fue su inteligencia y cualidades, pero sobre todo su posición de alumno primero y profesor de ideas progresistas después, lo que llevó a este humilde indígena a convertirse en un respetado y querido sacerdote entre la población de León, principalmente de los indígenas, a quienes defendía desde su posición de doctor y religioso.

Pero las aspiraciones personales de ascender dentro del clero en base a sus méritos se le vinieron abajo al padre indio cuando fue víctima de las injusticias que se practicaban dentro de la misma jerarquía eclesiástica.

La primera injusticia la sufrió cuando, pese a sus incuestionables méritos, le negaron una canonjía vacante en el cabildo de León. Ante esta negativa, se propuso para otro cargo similar en Comayagua, Honduras, donde fue recibido en casa del obispo Vicente de Navas, quien lo nombró vicerrector del Seminario de Comayagua. Pero pudieron más los prejuicios sociales, pues a Ruiz no sólo le fue bloqueado su nombramiento por el cabildo de la ciudad, sino que se le acusó, sin base alguna, de borracho y escandaloso, cargos que Ruiz desvirtuó con abundantes testimonios de importantes autoridades que lo respaldaron.

La hostilidad del cabildo contra el doctor Ruiz fue tal, que éste se vio obligado a huir a Guatemala (1809) donde para su desgracia estaba de arzobispo Ramón Cassaus y Torres, acérrimo enemigo de la independencia y colonialista hasta la médula, quien por sospecha del radicalismo del padre indio, decide someterlo a su control, recluyéndolo en la cárcel del convento de Misiones de Propaganda FIDE, donde lo tuvo preso sin causa alguna hasta que en enero de 1813 los criollos del ayuntamiento de la ciudad lo sacan de la cárcel.

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Estas injusticias fueron fortaleciendo la conciencia revolucionaria de Tomás Ruiz, hasta el extremo que llegó a considerar que al sistema español había que sustituirlo por otro más justo mediante la proclamación de la independencia de los pueblos centroamericanos o mediante el uso de la lucha armada, si fuese necesario.

Fue así como el cura indio y doctor Tomás Ruiz, convencido de que sólo quedaba la lucha armada para terminar con el sistema de opresión colonial, entró aquella noche al Convento de Belén, donde animó a sus compañeros con el ejemplo de la proclama del cura mestizo mexicano José María Morelos, de quien él era un consumado admirador. Todo quedó listo para la acción armada el propio día de Navidad.

Pero en los grandes hechos históricos siempre hay un traidor. José de la Llana, que había participado en las reuniones del convento, la noche del 23 de diciembre de 1813, un día antes de llevarse a cabo el plan revolucionario, condujo a las autoridades a la captura de todos los conjurados.

El fiscal pidió la pena de muerte por ahorcamiento para catorce de ellos y para los cabecillas, Ruiz, Castrillo, Barrundia y Yúdice, quienes por ser hidalgos no podían ser condenados a la horca, una muerte más acorde a su estatus, pero igualmente cruel: el garrote vil, pena que consistía en estrangular al reo con un arco de hierro sujeto a un poste fijo. La sentencia, sin embargo, no se ejecutó por la intervención de algunos amigos criollos del infortunado cura rebelde, pero sí fue condenado a diez años de presidio. Quizás lo que más le dolió al sacerdote indígena fue la sentencia que le impuso la misma iglesia o sus enemigos en la fe —como el arzobispo Ramón Cassaus—, que lo condenaron al destierro de la Diócesis y a la suspensión de sus funciones religiosas.

Fue así como el padre Ruiz fue a dar a las cárceles coloniales, donde encadenado y engrillado sufrió por más de seis años incomunicación, desprecio, enfermedades y humillaciones de todo tipo, según su propio testimonio. Sin embargo, aún así, aislado, enfermo y a oscuras, siempre mantuvo sus ideas por la causa de la independencia.

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Muchos fueron los ruegos para que se perdonara a los prisioneros, hasta que el rey Fernando VII aprobó una amnistía para todos los conjurados, sin embargo, las autoridades coloniales en contubernio con el arzobispo Cassaus y Torres demoraron la aplicación de este decreto real y mantuvieron por más tiempo a una parte de los prisioneros en cautiverio, incluyendo al cura indio Tomás Ruiz, hasta el 13 de diciembre de 1819 que quedó en libertad.

Cuando salió de la cárcel, convertido en un auténtico héroe y mártir de la independencia, Tomás Ruiz contaba con 42 años y una mayor firmeza de sus ideas revolucionarias. Sin embargo, los 2,172 días de aislamiento e insalubridad le habían destruido su resistencia física, a tal punto que solicitó permiso para trasladarse a Ciudad Real de Chiapas a restaurar su salud, siendo recibido en su casa por el intendente Juan Batres Nájera y donde no se sabe si se recupero y siguió luchando por la independencia de Centroamérica o si murió sin ver el fruto de toda una vida de lucha.

En los pasillos del Colegio San Ramón, estudiantes de secundaria esperan sentados en un muro durante un receso de clases. En estos mismos corredores el cura indio Tomás Ruiz se nutrió de conocimientos y sabiduría durante su época de seminarista.

Héroe ignorado

A pesar de su valioso aporte a la lucha por la independencia de Centroamérica, en Nicaragua se conoce poco sobre la vida del prócer Tomás Ruiz, nacido en Chinandega a finales del siglo XVIII.

En opinión del profesor Edgardo Buitrago, esto se debe a que el presbítero indígena Ruiz “era un hombre de cultura, humilde, y aquí, lamentablemente, eso pesa poco, pero si fuera un guerrillero, un militar, ya le estarían haciendo homenajes”. Por su parte Gilberto Tinoco, rector académico de la Universidad Autónoma de Chinandega Presbítero Tomás Ruiz Romero, conocedor de la biografía del prócer indígena, destacó que cuando Ruiz llegó a ser el primer cura indígena en Nicaragua, eso fue como una revolución.También destacó su aporte en la fundación de la Universidad de León y su participación en el movimiento independentista de Centroamérica que le costó más de cinco años de cárcel, “pero como el pobre era indio, en la historia sólo se toma en cuenta a Miguel Larreynaga”, se lamentó.

Valeria Silva, estudiante de Relaciones Internacionales de American University antes (Tomás Ruiz), al ser consultada sobre qué conocía de la vida del presbítero Ruiz, sólo atinó a decir: “Pues de hecho no conozco mucho acerca del presbítero Tomás Ruiz, pero sí sé que fue un héroe que defendió los valores y la soberanía del país”.

En el corredor de la residencia del Obispo de León, monseñor Bosco Vivas, ubicado dentro del mismo edificio donde recibió y luego dio clases el cura indio, el Seminario Conciliar San Ramón, hoy colegio Tridentino, una galería de personajes religiosos desde sus marcos recibe al visitante, entre ellos el retrato del presbítero Tomás Ruiz.

Pocos son los lugares en Nicaragua donde se recuerda el nombre de este prócer independentista nacido en el seno de la raza indígena. El auditorio central de la Universidad de León se llama Ruiz-Ayestas en homenaje a los fundadores de esta casa de estudios superiores, los presbíteros Agustín Ayestas y Tomás Ruiz. En Chinandega, la Universidad Autónoma y un instituto de secundaria también llevan el nombre de este cura revolucionario. La biblioteca del Banco Central de Nicaragua en León también lleva el nombre del héroe indígena.

Lo cierto es que Nicaragua y toda Centroamérica tienen una deuda pendiente con el indígena de Chinandega que llegó a ser cura, catedrático universitario, primer doctor de raza nativa de la región y además un luchador independentista que supo ser consecuente con sus ideales.

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