La Virgen de Cacaulí

Crónica, Reportaje - 30.07.2006
Virgen María, en Cucaulí, Somoto

Desde 1990, creyentes católicos de todo el país se reúnen los ocho de cada mes en Cacaulí, Somoto, para escuchar lo que ellos aseguran son mensajes de la propia Virgen María, quien de paso, dice la gente, cura enfermos, revela secretos y reparte bendiciones entre los presentes

Alma Meléndez
Fotos: Orlando Valenzuela

Luis Santiago Gómez, de 59 años, es originario de Las Labranzas de Pires, entre Condega y Estelí. Hace diez años trabajaba en una construcción cuando comenzó a sentir fuertes dolores en la pierna izquierda, al punto de tener dificultad para caminar. Por recomendación de unos somoteños compañeros de trabajo visitó en esa ciudad a un curandero. Tomó más de un año las aguas medicinales del curandero, pero el dolor siempre regresaba. Los mismos amigos somoteños le hablaron de unas supuestas apariciones de la Virgen, en Cacaulí. "La primera vez que fui a la vigilia llovió toda la noche y yo le pedí a la Virgen con todo mi corazón que me sanara. Tuve fe que esa lluvia me curaría y así fue", narra el humilde campesino.

Cacaulí es un pueblito ubicado a tres kilómetros del casco urbano de Somoto, donde hace 16 años, un 8 de diciembre de 1990, según el joven Francisco José Tercero, de 29 años, la propia Virgen María bajó a la tierra trayendo consigo un mensaje para la humanidad.

En aquella época Francisco, el niño vidente, tenía 13 años, pero recuerda como si fuera ayer la tarde en que se encontraba en Cacaulí, en la finca de su abuelo, recogiendo leña a pedido de su mamá, doña Teófila del Carmen Dávila, cuando un rayo de luz lo hizo ver hacia el cielo y vislumbró flotando entre las nubes, la imagen, un poco borrosa, de una mujer vestida de blanco con las manos cruzadas sobre el pecho.

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Reconoció a la Virgen María, dice Francisco, pero pensó que si el indio Juan Diego se había corrido cuando se le apareció, él también tenía que hacerlo. Tiró entonces la leña al suelo y corrió a contarle a una tía que le había salido la Virgen, pero la tía no le creyó. Entonces corrió hasta su casa, en Somoto, a contarle a su mamá. Ella sí le creyó y le dijo que regresara al día siguiente, a la misma hora y le preguntara cuál Virgen era y qué quería. Así lo hizo y al día siguiente regresó a Cacaulí a la misma hora. Esta vez más nítida, volvió a ver a la mujer en el cielo. "Tenía un lienzo azul atravesado sobre el vestido blanco, 12 estrellas sobre la cabeza y estaba parada sobre una luna", asegura.

—¿Cuál Virgen sos? —le preguntó el niño.

—Soy la Madre de Jesús y me he aparecido en otras partes del mundo. He venido a Somoto porque este pueblo es duro de corazón.

Luego la Virgen desapareció. Francisco, quien desde muy chico había participado en grupos de la renovación carismática, cuenta que en los primeros meses las apariciones de la Virgen eran semanales y Ella siempre venía con un vestido diferente. "A veces venía como la Milagrosa, otras como la Inmaculada Concepción".

El muchacho, que considera una bendición para su vida ser el escogido de la Madre de Dios, confiesa que el precio que ha tendido que pagar es muy alto, pues desde niño fue el hazmerreír de sus compañeros de escuela, quienes se burlaban de él y le decían en su cara que estaba loco. "Siento que mientras más gente se entera de las apariciones, más expuesto quedo a las habladurías de la gente, pero la Virgen necesita que más gente se entere", dice.

Foto Orlando Valenzuela

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Las apariciones y los mensajes de la Virgen de Cacaulí son los ocho de cada mes, pero la gente comienza a llegar al sitio un día antes.

Desde las 5:00 de la tarde se ven por los caminos los campesinos trayendo sus bultos en la cabeza, otros, mochilas en la espalda, con cobertores, agua y comida, todo lo que necesitan para pasar la noche en vela.

Seis focos amarillos iluminan a duras penas los 120 metros cuadrados de la iglesia destechada, estilo antiguo teatro de arena y apenas cuatro láminas de zinc cubren la mesa del altar. En un rincón, iluminado con candelas y adornado con flores, está la gruta con la Virgen de la Concepción.

Cuando oscurece, dispuestos a pasar la noche en vigilia, un grupo de aproximadamente 50 personas, entonan a capela varias alabanzas y rezan el rosario.

A la media luz de la madrugada del sábado ocho, las mismas 50 personas yacen arropadas en las gradas del templo. Algunos beben café para espantar el frío, otros platican entre ellos, se cuentan sus males y se dicen mutuamente que la Virgen los va a ayudar.

A las 6:00 de la mañana los comerciantes empiezan a llenar el camino de mercadería religiosa y ventas de comida.

Doña Herminia Álvarez, de 60 años, y su hijo Moisés Murillo, de 36, son vendedores itinerantes, de esos que van de fiesta patronal en fiesta patronal y tienen 13 años de venir a Cacaulí. Doña Herminia cubre una mesa con un mantel blanco y empieza a sacar de una mochila rosarios, estampillas, velas, crucifijos e imágenes de vírgenes.

"Las ventas no son muy buenas aquí fíjese, la gente que viene es muy pobre, nosotros venimos más por la fe que tenemos que por vender", asegura la señora.

A las siete de la mañana comienzan a llegar las caravanas de peregrinos. Entre ellos un hombre vestido de túnica blanca, con una cruz de madera a cuestas.

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Nacireo de Yavé, tiene 44 años, y dice ser un hombre consagrado a Dios. Cuenta que tiene casi tres años de peregrinar por toda Nicaragua con su cruz y asegura que no es una promesa, sino una misión divina. De acuerdo con este hombre, en noviembre del 2003, cuando él iba en un bus rumbo a Yalí, su tierra natal, vio por la ventana que la Virgen lo venía acompañando. Cuando se bajó del bus la Virgen caminó a su lado en silencio hasta su casa. Al día siguiente se levantó temprano para ir a cortar café a la montaña y al salir de la casa se llevó la sorpresa de que lo estaban esperando la Virgen y el Divino Niño, los dos se mantuvieron a su lado todo el día, pero sin decir una palabra. Al otro día ya no eran solo la Virgen y el Divino Niño caminando a su lado, venían también haciendo escolta dos leones de alas blancas, uno de cada lado, y cada vuelta que Nacireo daba, la daban ellos, desde que salía hasta que entraba a su casa. Un día vio que además de la Virgen, el Divino Niño y los dos leones de alas blancas estaba Jesús de Nazaret montado en su burrito caminando adelante de ellos. Por último se sumó a la comitiva San Miguel Arcángel, caminando en la retaguardia. "Entonces no me aguanté más", dice Nacireo abriendo bien los ojos.

—¿Qué quieren de mí? —le preguntó a la Virgen.

—Mi hijo Jesús y yo te tenemos la misión de peregrinar por toda Nicaragua. Tenés que llevar nuestro mensaje...

Nacireo le contaba la historia a un grupo de campesinos, cuando de súbito aparece un viejo, vestido de negro, que lo interrumpe por órdenes del padre Frutos Valle, párroco de Somoto desde hace ocho años, quien asegura que el hombre de la túnica blanca es un desquiciado mental.

"¿Por qué hablan con ese hombre, que no ven que es loco?", dice el padre de blancos y escasos cabellos, que tiene ocho años de oficiar las misas en el sitio de las apariciones.

Según el padre Frutos, como representante oficial de la Iglesia católica en Somoto, es su deber seguir de cerca el fenómeno de las supuestas apariciones y atender pastoralmente a la gente que llega. "La Iglesia en estos casos es muy prudente y nunca va a decir 'no, eso no es cierto o sí, eso es verdad', hasta después de una investigación", explica. De acuerdo con el párroco hay que distinguir entre lo que es una revelación divina privada y una pública. La revelación pública es la que encontramos en la palabra de Dios, que es una verdad absoluta que los cristianos deben creer sin sospechas. La revelación privada es cuando una persona tiene una experiencia de encuentro con el Señor o la Virgen. En algunos países ha habido revelaciones de ese tipo que han sido ratificadas por la Iglesia, como la aparición de la Virgen de Guadalupe, la de Fátima y la de Lourdes, pero no es obligación creer en una revelación privada.

—¿Cree en las supuestas apariciones y los mensajes de la Virgen de Cacaulí?

—Ni Francisco transmite mensajes, ni la Virgen se está apareciendo todos los ocho de cada mes.

—Pero Francisco asegura que la Virgen le habla al oído y le da mensajes.

—La Virgen no da mensajes a cada momento y nadie tiene el poder mágico de traerla cuando quiera. Lo que pasa es que el lenguaje de Francisco, un hombre sencillo y humilde, es defectuoso, por ejemplo cuando dice, en este momento viene bajando la Virgen, no se debe interpretar literalmente. Nadie puede asegurar que la Virgen viene a la tierra cuando uno quiera. Esa es una forma de hablar, es como decir, durante una oración que nos encontramos con el Señor o que en ese momento la Virgen está en nuestro corazón. ¿Me comprende? Yo quiero que me comprenda bien eso.

—¿Por qué entonces construir aquí una iglesia?

—Porque donde está el pueblo está la iglesia y a mí me pareció inhumano que la santa eucaristía se celebrara en condiciones tan precarias, la gente merece un lugar donde pueda pararse y sentar sin deslizarse. Quiero acondicionar este lugar para recibir a los peregrinos, por eso, con las limosnas y con las donaciones de cristianos de buena voluntad estamos construyendo la iglesia, un centro de convenciones y una casa de retiro.

A las 10 de la mañana el padre Frutos inicia la misa. El viejo de negro y algunas mujeres vestidas de blanco circulan entre la gente vendiendo por cinco córdobas lo que aseguran es el mensaje que la Virgen dio el mes anterior.

Durante el sermón el padre Frutos hace una pausa. Hay un vendedor ambulante que ofrece empanadas a córdoba, y el padre le exige que salga del templo porque es pecado comercializar en la casa de Dios. Retomando el sermón habla de la necesidad de mantener la unión de la familia, de defender la vida y repudiar el aborto. Desde el inicio hasta el fin de la misa repite constantemente: "¡Qué viva la Virgen de Cacaulí!" "¡Que viva!", responden efusivamente los creyentes.

Antes de terminar la misa reparte bendiciones: "Levanten sus rosarios... ahora las imágenes... ahora las botellas de agua. Pueden ir en paz, la misa ha terminado. Y recuerden, pueden pasar por la mesa del altar dejando su ofenda", aprovecha decir el padre.

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Una vez que el sacerdote se ha ido del sitio, la Virgen de la gruta es trasladada a la quinta grada de la iglesia, que corresponde al lugar original donde se supone que se apareció por primera vez y donde la familia del niño mandó a hacer una gruta para poner la imagen de la Virgen de la Concepción, que el padre Frutos, por cuestiones estéticas a la hora de definir el diseño de la iglesia, cambió de lugar.

Las más de tres mil personas que participaron en la misa se aglomeran formando un círculo alrededor de Francisco, quien pide silencio para iniciar una oración y luego invita a la gente a compartir sus testimonios de sanación.

Julio César González, un sencillo campesino que ha viajado desde Niquinohomo, toma el micrófono tímidamente y da su testimonio: "Mi compañera tenía un dolor que nadie se lo quitaba, el ginecólogo le dijo que necesitaba una autopsia, pero yo le dije que no se hiciera eso. Comenzamos a venir al sitio de las apariciones y supimos que era un cáncer, entonces le pedimos a la Virgen que la sanara y con el barro milagroso de Cacaulí la sanó".

Toma el micrófono una menuda mujer de unos 76 años. "Desde hace ocho años vengo al sitio de las apariciones", dice doña Berta de Jesús Rugama Hernández, quien viene desde Condega. "Yo padecía de presión alta y de asma, pero desde que tomo el agua bendita (tose dos veces) y me froto con el barro de Cacaulí no he vuelto a tener crisis", asegura.

Después de los testimonios, Francisco le dice a la gente que le cederá la palabra a un peregrino que trae un mensaje de la Virgen. El hombre de la túnica blanca da un paso al frente, comienza a contarle a los presentes que la Virgen le ha encomendado la misión divina de recorrer el país llevando un mensaje.

El viejo vestido de negro trata desesperadamente desde la primera grada de la iglesia de llegar hasta el hombre, pero hay tanta gente que no consigue pasar. Según Nacireo la humanidad está viviendo los tiempos del Apocalipsis, pero a pedido de la Virgen, Dios está dando un tiempo extra y si la gente no se convierte el fin del mundo se va a precipitar.

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Francisco hace la oración de San Miguel Arcángel. Se arrodilla y le reza a la Virgen. Un largo silencio toma cuenta del lugar... Lo rompe Francisco: "En este momento estoy oyendo la voz de la Santísima Virgen, ella dice... (Francisco habla como si él mismo fuera la Virgen): 'Aquí estoy con ustedes una vez más queridos hijos. Estoy contenta de verlos aquí. Sepan queridos hijos que yo estoy con ustedes para llevarlos por la senda que deben caminar'". Silencio súbito y Francisco ofrece disculpas por interrumpir, pero hay que grabar el mensaje y el casete se terminó. "Queridos hijos míos, ustedes tienen que mantener sus familias unidas. Hijos queridos quiero que vivan como yo y mi esposo San José, siempre unidos. Mi hijo Jesús me permite venir a Nicaragua para darles una oportunidad, por eso hijos míos crean y vivan mis mensajes". Francisco reza un Padre Nuestro y un Avemaría.

La gente agarra las flores de la Virgen porque dicen que esos pétalos son milagrosos, abren hoyos en la tierra para llevarse un poco de barro, porque creen que esa tierra es santa. "Mi niña necesita que le rece", dice una mamá, mientras empuja a la pequeña hacia Francisco. "Tome, le traje unos aguacates", le dice una humilde campesina al joven vidente.

Foto Orlando Valenzuela
Mucha gente está convencida de que la Virgen de Cacaulí es milagrosa por lo que se aglomeran a los pies de la gruta para encender velas y elevar sus súplicas.

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Crónica, Reportaje

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Fotos de Orlando Valenzuela y Manuel Esquivel