200 años

Del editor - 05.09.2021
Banderas

Hace 200 años, mensajeros a caballo salieron a galope hacia diferentes direcciones desde ciudad Guatemala, sede de la Capitanía General de Centroamérica en ese entonces. Llevaban la buena nueva a las provincias: Centroamérica se independizaba de España.

Sin embargo, no todo quedó dicho aquel 15 de septiembre de 1821. El mensajero a caballo llegó una semana más tarde a Nicaragua y la noticia no fue recibida con júbilo generalizado. Al contrario. Se formaron dos bandos, quienes la reconocieron y quienes no la aceptaron. Y ese fue más bien el inicio de unas corrientes políticas que estarían en pugna prácticamente hasta hoy, en términos históricos. Liberales y conservadores.

Tampoco hubo paz. Las diferencias entre unos y otros provocaron una serie de guerra que mantuvieron el territorio centroamericano en permanente violencia. Tampoco hubo república. La trampa, el caudillismo, los fraudes electorales, las violaciones a las leyes por quienes deben aplicarlas, han sido una constante hasta ahora.

En esta edición de Magazine hacemos un repaso de estos 200 años. Una crónica de esos días álgidos de septiembre de 1821, pasando por las características de los procesos electorales que se sucedieron desde entonces, hasta los avances tecnológicos que fueron llegando a Nicaragua.

Sucedieron cosas insólitas durante este tiempo. En los inicios hubo una guerra donde las bajas se contaban, en un bando, con las orejas cortadas a los enemigos, y en el otro, con las narices. También hubo una “elección” donde se impuso un presidente extranjero donde, al decir de un periodista norteamericano de la época, “en algunas poblaciones le dan a Walker más votos que el cuádruple de los habitantes, contando a todos los hombres, mujeres, niños y bestias”.

Lo más triste de todo es que cosas como estas siguen pasando, por disparatadas que parezcan. La historia recordará, por ejemplo, que, en las elecciones de noviembre 201, el presidente de este entonces mandó a encarcelar a todos sus principales contrincantes para ganarlas y poder reelegirse por tercera vez.

Suma y resta, hemos avanzado poco. Todavía le estamos debiendo la república a las nuevas generaciones. Patinamos en los mismos vicios. Este bicentenario, más que una fiesta a celebrar, debería servirnos para reflexionar sobre lo que somos, lo que no hemos sido y lo que queremos ser.

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