Sandino

Del editor - 07.09.2020
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Por Fabián Medina

Sandino es una de las grandes figuras de nuestra historia. Eso es innegable. Para muchos es un héroe nacional. De hecho, así está establecido en nuestras leyes. Sin embargo, para otros es un bandido, un malhechor o un loco que quiso imponer a sangre y fuego su particular visión del mundo. Y así se ha escrito su historia.
Los libros de historia han sido particularmente maniqueos con Sandino. O se le presenta como bueno, bueno, casi que un santo, o se le presenta como malo, malo, como un vil asaltante de caminos. Imagínese que hasta Anastasio Somoza García, el asesino de Sandino, escribió, o firmó un libro que otro escribió, sobre la vida del llamado General de Hombres Libres. ¿Qué objetividad histórica podemos esperar de este relato? Tampoco podemos esperar objetividad de la propaganda revolucionaria que tomó su nombre para justificar su existencia.
El pecado en términos históricos es que unos y otros ocultan, enaltecen o deforman, hechos y documentos según la versión del Sandino que quieren presentar. Y en ese sentido la figura de Sandino ha sido una víctima, pues es casi imposible ver al hombre que fue, con sus virtudes, que fueron muchas, y sus pecados, que también son grandes.
Sandino también ha sido víctima del uso de su nombre. De tal forma que el Sandino de 1930 debe responder, según algunos, por los pecados que cometieron y comenten quienes usaron su nombre desde los años 60 del siglo pasado hasta nuestros días.
Esta edición presenta un esbozo claroscuro de Sandino. Es que Sandino no solo fue el guerrillero, que resistió en las montañas la invasión de uno de los ejércitos más eficaces del mundo, o el hombre que ni siquiera exigía un palmo de tierra para su sepultura, sino también el hombre que por celos enfermizos quiso matar a su amante, que tenía ideas grandilocuentes de su papel en el universo y que aceptó y justificó el uso de la extorsión y los métodos crueles y sanguinarios en su lucha.
No se trata, como es el estilo de esta revista, de condenarlo ni de enaltecerlo, sino de presentar esos aspectos menos conocidos para acercarnos más a la persona que fue, para que cada lector valore con justicia desde su perspectiva la obra y el tiempo de este caudillo.

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