Mariana Ortega

Entrevista - 01.02.2004
Mariana Ortega

Mariana Ortega su padre dirigió una guerra. Su tío fue guerrillero y Presidente de la República. Ella es Mariana, la hija del general Humberto Ortega y sobrina de Daniel Ortega. Lo de ella, sin embargo, es la farándula, reconoce esta joven de 24 años que se presenta como una de las favoritas en el próximo certamen de Miss Nicaragua, y que define cada una de sus cualidades con una sola palabra: súper

Juan Ruiz Sierra

La espigada joven con una banda cruzada que dice “Mariana” no parece distinta de las otras once pretendientes a Miss Nicaragua reunidas en la amplia y lujosa piscina del hotel Holiday Inn. Todas llevan las mismas minifaldas, los mismos tacones y el mismo maquillaje. Todas hablan alegremente entre ellas, sonriendo al final de cada una de las frases. Están siendo fotografiadas alrededor de 200 veces por día en estos momentos previos a la final del concurso de belleza, que se celebrará el próximo 28 de febrero, así que se han aprendido la lección. Todas posan de la misma manera: ahora de perfil con el hombro alzado, después con una mano en la cintura, más tarde de espaldas con la cabeza girada… No hay diferencias visibles entre Mariana y el resto de las jóvenes.

Pero Mariana es Mariana Ortega, hija del general Humberto Ortega y sobrina del comandante Daniel Ortega. Desde que se presentó como concursante a Miss Nicaragua no ha dejado de hacer entrevistas con los medios, quienes la consideran favorita y siempre se refieren a ella como “la hija de Humberto”. Lejos de sentirse incómoda con esta situación, ella juega sus méritos. “Cada una de las 12 chicas tenemos nuestras ventajas”, afirma. “Yo soy la única licenciada —en Turismo—, la más alta y la única que tiene un padre famoso. Exploto eso”. Antes de comenzar a hablar, esta modelo ha tenido que pedir permiso. La hija del general tiene ahora otro general que vigila celosamente sus movimientos. Se llama Henry Avilés y es el coordinador de las pretendientes a mujer más bella del país. “¿Puedo retirarme un ratito para la entrevista?”, pregunta Mariana a Avilés. Después de pensarlo unos segundos, este joven con el pelo engominado y gafas de sol responde con la seguridad de aquéllos que saben que mandan: “Sí”.

El mundo es súper

Mariana Ortega se ajusta al prototipo de modelo: sonriente, diplomática, con una conversación repleta de tópicos y una exagerada propensión a utilizar el término “súper” antes de cada adjetivo. Sobre todo cuando éstos se refieren a ella misma. Un ejemplo: “Soy una súper privilegiada, pero también soy súper sensible a las dificultades por las que pasa nuestro país. Y también súper humilde; estoy súper orgullosa de lo que soy”. Otro: “Soy súper coqueta”. Otro más: “Soy súper honesta”. Es como si sus cualidades no tuvieran ningún valor; a menos, claro está, que sean “súper”.

Dentro de aquello que no es “súper” se encuentran determinadas formas de entender su profesión. “Tengo mucho cuidado con las cosas que hago. No me gustan las fotos muy reveladoras. En traje de baño está bien, pero más allá no”. Por otra parte, también hay muchas modelos que no son nada “súper”. “No todas son cabezas huecas, pero muchas sí lo son. Y es muy fácil que las engañen. He visto modelos lindísimas que son papitas sin sal”.

“De militar, sólo tengo la disciplina”

Esta mujer de 24 años se inscribió en el certamen de Miss Nicaragua en el último momento, cuando el plazo estaba a punto de finalizar. “El día anterior fui a un restaurante del que no quiero decir el nombre y me sentó mal la comida. Tuve un problema en el estómago”. ¿Estabas con diarrea? “¡No!, ¡diarrea no!”, contesta ruborizada, “estaba vomitando”.

Desde que consiguió su licenciatura el pasado septiembre llevaba dándole vueltas a la idea de presentarse. “Acudí a mis familiares. Ellos me dieron consejos, me decían cosas buenas y también cosas malas, como que no me iban a dar el lugar que me merezco. Pero fui yo la que decidí”. Prueba de ello es que su padre no terminó de comprender los motivos de su participación. “Me dijo `¿por qué?, ¿para qué?, si no es necesario’. Sin embargo, para mí esta experiencia sirve para cerrar el capítulo del mundo de la moda, de la farándula. Porque me encanta la farándula, y Miss Nicaragua puede ser un broche de oro a mi carrera”.

Cuando su tío y su padre tenían la misma edad que Mariana estaban en prisión o combatiendo el somocismo. Ella lleva diez años encima de una pasarela y ahora ha decidido presentarse a Miss Nicaragua 2004, un certamen que fue suprimido durante la época sandinista. “Yo no tengo que ser igual que mi padre”, afirma. “Soy otra persona y en otros tiempos. De militar, lo único que tengo es la disciplina”. Aún así, la modelo sólo tiene buenas palabras para su progenitor: “Lo que hizo él me llena de orgullo. Llegar hasta donde ha llegado siendo tan pobre… Ha sido muy duro para él”.

Mientras Mariana habla del general Ortega, Henry Avilés, el nuevo general que coordina a las misses, se acerca a la mesa del vestíbulo del Holiday Inn. Ha llegado la hora de una nueva sesión fotográfica, ya que hoy todavía no han llegado a las 200 imágenes que les toman cada día a las concursantes. Avilés quiere hacerse notar, así que se pasea, se rasca la cabeza, golpea el suelo con el pie y, al final, se sienta en el sofá, al lado de la modelo. La mira fijamente. “¿Me tengo que ir ya?”, pregunta Mariana, y Avilés contesta con autoridad militar: “Sí”.

La Prensa/Uriel Molina
La Prensa/Uriel Molina

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