Carlos Tünnermann Bernheim: Un ciudadano enamorado

Perfil - 09.09.2019
Carlos Tunnermann

El doctor Carlos Tünnermann es uno de los intelectuales más respetados de la historia moderna de Nicaragua. Educador, historiador y pensador político, a sus 86 años de edad sigue enamorado de la mujer a quien le dio su primer beso

Por Julián Navarrete
Fotos: cortesía Carlos Tünnermann

En varios fólderes amarillos de esta biblioteca se siguen acumulando legajos de papeles y recortes de periódicos donde el nombre de Carlos Tünnermann Bernheim aparece escrito. Desde entrevistas de perfiles o coyunturales, notas informativas, hasta sus análisis o noticias sobre algún homenaje. Al caminar por los estantes repletos de historias y fantasías, el doctor, con su pequeño bastón de acero negro y sus pasos a cuentagotas, señala el bulto de documentos al centro de este espacio:

—Es un registro importante para la historia del país —dice, y sigue caminando con dificultad por cada tramo de su biblioteca.

Bastante razón podría tener su afirmación, pues este señor de 86 años de edad desde muy joven dedicó su carrera a la docencia, investigación, historia, cultura y movimientos sociales y civiles. Impulsor de la autonomía universitaria, abogado de presos políticos, ministro de Educación, embajador en Washington, hasta ocupar altos cargos en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco).

“Se podría decir que soy una persona afortunada porque la mayoría de mis sueños se han cumplido”, dice ahora sentado en una sala pequeña de su casa. “El primer sueño que tenía desde adolescente fue casarme con Rosa Carlota, mi prima, y lo cumplí”, agrega.

Carlos Tünnermann está sentado en la sala ubicada al frente de su casa. En las paredes hay colgados retratos de sus padres; uno suyo en acuarela y otro de su esposa, Rosa Carlota. “Es un autorretrato de ella”, dice. En la mesa que tiene a la par se apilan otras retrateras pero siempre con el mismo tema: ella y él, ella y sus hijos, ella y sus nietos.

—Me voy —le dice Rosa Carlota, de pronto, mientras una muchacha empuja una silla de ruedas en que va a realizar una diligencia.

—Que te vaya bien, amor —le responde Tünnermann.

—Nos vemos, papi.

Con su esposa Rosa Carlota Pereira el día de su matrimonio, el 6 de septiembre de 1959.

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Carlos Tünnermann Bernheim tiene raíces alemanas y francesas. Aunque los dos apellidos son alemanes, el segundo es de un alemán perseguido asentado en un pueblo de Francia, y que por lo tanto siempre se consideró un recalcitrante francés que odiaba a los nazis.

Don Edmundo Bernheim Dreyfus, abuelo materno de Tünnermann, vino a Nicaragua con un grupo de judíos franceses a fundar una comunidad en León, de la cual se despliegan una serie de familias cuyos apellidos todavía han sobrevivido en el país.

A como se solía acostumbrar a principios del siglo XX, Bernheim Dreyfus fue un hombre de varias mujeres con las que tuvo 20 hijos, entre ellos doña Lydia Bernheim, madre de Carlos Tünnermann Bernheim.

Por el lado paterno, la historia de su origen es porque a Wilhelm Tünnermann se le ocurrió venir a Nicaragua a prestar dinero a la comunidad alemana que cultivaba café en el norte del país, como parte de un acuerdo que había iniciado el presidente José Santos Zelaya.

La idea de Tünnermann era financiar a los cafetaleros de entonces y luego comprar la cosecha, junto con otro socio, para después venderla en Alemania. Fue en esas visitas a las haciendas cafetaleras que se enamoró de Guadalupe López, una muchacha de piel canela y ojos verdes, a quien llamaba “gatita” y era sobrina de José Santos Zelaya.

Con ella tuvo tres hijos: María, Guillermo y Carlos Tünnermann López, el menor de ellos y padre de Carlos Tünnermann Bernheim. El abuelo del protagonista de esta historia murió en Francia a causa de una peste adquirida en Cuba, en uno de los viajes que hacía para vender la cosecha de café de Nicaragua.

Como fue una muerte repentina y al inicio del matrimonio con Guadalupe, ninguno de sus tres hijos aprendió a hablar alemán. De aquí se puede contar que unos años después la abuela se casó con otro señor de apellido Gómez, con quien tuvo hijos y algunos descendientes que Carlos Tünnermann los considera parte de su familia. Ya aclarado los apellidos, resta contar la historia de amor de sus padres: Carlos Tünnermann López y Lydia Bernheim Alemán. Ambos se conocieron cuando llegaban a dar clases a una niña de familia burguesa de entonces: él de piano y ella de literatura.

Se enamoraron, pero la familia Bernheim no quería a Tünnermann López, quien era un músico “guapo, enamoradizo y con hijos fuera del matrimonio”. Fue así que enviaron a Lydia a estudiar a Estados Unidos para alejarla de su pretendiente “non grato”.

De regreso a Nicaragua, Lydia fue cortejada por Constantino Pereira, un señor comerciante próspero que la familia sí aceptaba aunque tuviera otros hijos. Ya se había fijado la fecha de la boda y todos los preparativos estaban listos, cuando Tünnermann López, el enamorado músico, encontró a Lydia en la calle y le propuso matrimonio. Ella aceptó y ese mismo día se casaron. De ese matrimonio es que nació Carlos Tünnermann Bernheim y sus tres hermanos: Guillermo, Enrique (muerto al año de nacido) y Armando.

En lugar de deprimirse porque su prometida se casó con otro, don Constantino Pereira cortejó a Carlota Bernheim, hermana menor de Lydia, y con ella se casó. Así es que nació Rosa Carlota Pereira Bernheim, esposa de Carlos Tünnermann.

“Esta historia parece una telenovela mexicana de las malas”, dice Carlos Tünnermann Bernheim, riéndose y agrega: “Después cuento cómo termino casándome con mi prima”.

Tünnermann en la biblioteca de su casa. Foto: Óscar Navarrete

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En sus manos Carlos Tünnermann tiene un libro cuya tapa es una acuarela de dos rosas rojas y una azul. Se trata de una colección de poemas que escribió a Rosa Carlota durante un año en que se separó de ella por razones diplomáticas.

Tünnermann fue embajador de Nicaragua en Washington entre 1984 y 1988. Para dejar el cargo anterior, ministro de Educación, y aceptar el nuevo cargo diplomático estableció la condición al gobierno sandinista de llevarse a toda su familia a la capital estadounidense, incluso a un hijo que estaba en uno de los batallones del Servicio Militar Patriótico.

Fueron años difíciles entre Estados Unidos y Nicaragua, en los que Tünnermann representaba a una revolución que se inclinaba al comunismo y enfrentaba directamente a la administración de Ronald Reagan. En cuestión de días la guerra de la Contra estalló y los diplomáticos de los países tuvieron que abandonar sus embajadas por un año.

Ese año en que Tünnermann estuvo en Nicaragua, mientras su familia vivía en Washington porque los niños estaban estudiando, fue que escribió los poemas a Rosa Carlota. Cada mes le escribía una carta en la que le comentaba noticias y al final le escribía uno o dos poemas: de amor, de recuerdos, de anécdotas:

Cuando estás desnuda, amor mío,
y te alcanza mi mirada,
¿no sientes que una suave caricia te recorre?

“Mi hijo los recopiló y al final me dijo que ahí tenía un libro”, dice Tünnermann. “Este fue el regalo de mis 50 años de casados con Rosa Carlota”, agrega con un ejemplar en la mano.

Este tiempo sin Rosa Carlota también lo empezó a alejar de su compromiso con la Revolución. “Las diferencias se fueron agravando a partir de cómo se manejaron algunas situaciones como embajador”, dice Tünnermann.

Es por eso que la faceta que más le ha gustado en su vida ha sido la de ministro de Educación. Hay que contar que se metió al Frente Sandinista, motivado por su amigo y antiguo alumno de Derecho, Sergio Ramírez, para conformar el grupo de Los Doce, intelectuales y escritores que apoyaron a la guerrilla antes de la insurrección de 1979.

Una vez triunfó la revolución ese mismo año, Tünnermann se convirtió en el ministro de Educación que impulsó la Cruzada Nacional de Alfabetización para combatir un analfabetismo que rondaba en 47.7 por ciento en todo el país. Incluso, el 83 por ciento de la población de menos de 30 años de edad nunca había recibido algún tipo de enseñanza.

El proyecto de la Alfabetización recibió un premio de la Unesco por ser uno de los mejores proyectos educativos del mundo: en poco tiempo redujo el índice de analfabetismo hasta un 13 por ciento. Tünnermann sonríe con satisfacción y cuenta que su mayor logro fue “llevar la educación hacia lugares que nunca había llegado”.

Las críticas, no obstante, no se hacen esperar. Santiago Aburto, exdiputado liberal, es uno de los críticos de la gestión de Tünnermann en los 80. “Yo tengo muchas reservas con Tünnermann porque cuando fue ministro de Educación los niños aprendían matemáticas contando AK y granadas”, cuestiona.

Aburto se refiere a la politización que había en ese tiempo con los libros escolares de matemáticas, en los que se hacían operaciones con armas de guerra. “Una granada más una granada; o un AK más dos AK”, repite Aburto.

En los libros escolares de entonces, mejor conocidos como Los Carlitos, también hay alusiones a la revolución y a Augusto C. Sandino, héroe cuyo nombre asumió el Frente Sandinista. Tünnermann admite que durante la Cruzada de Alfabetización se enseñaban las vocales con dos palabras “La Revolución” porque estas contienen todas las vocales.

“Era necesario que se conociera la revolución porque la gente en el campo creía que seguía mandando Somoza”, dice Tünnermann, y justifica las alusiones a Sandino: “Por la misma narrativa somocista se creía que Sandino era un bandolero, y es por eso que también se decide difundir su verdadera lucha”.

—¿No se politizó la educación mientras fue ministro? —le pregunto a Tünnermann.

—Se decidió que los textos fueran elaborados por nicaragüenses. Alguien cometió el error de poner en una página donde se enseñaba a sumar con AK. A mí se me escapó porque no podía revisar todo. Pero fue solo una página de miles en los libros. Es cierto que fue un enorme error, pero no por eso se puede desconocer todo lo demás.

Carlos Tünnermann López y Lydia Bernheim con sus hijos, Guillermo, Carlos (a la izquierda de la foto) y Armando en brazos de su mamá.

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Todas las vacaciones de escuela, Carlos Tünnermann las pasaba en la hacienda El Pescado, ubicada en las Sierras de Managua. La razón era porque siempre lo invitaba su tía Carlota Bernheim, pero también porque eso significaba que pasaría días enteros con su prima Rosa Carlota Pereira, de quien ya estaba enamorado.

Para esa época Carlos tenía 16 años de edad y ella 13. Ambos caminaban agarraditos de las manos al visitar haciendas vecinas o en las noches cuando leían cuentos en la hamaca de la casa.

Fue así que ocurrió el primer beso de Carlos Tünnermann: al filo de las sierras, cogidos de las manos. Nunca existió noviazgo pero sí enamoramiento de ambos. Ahora que se le pregunta a Rosa Carlota qué le gustó de su primo, ella responde que “su talento y los cuentos que contaba”.

El doctor Tünnermann nunca fue atractivo físicamente. Antes de hacerse un tratamiento de ortodoncia tenía los dientes frontales salidos, de modo que su hermano Guillermo lo apodaba: El Trompudo. Además de ese defecto era muy delgado. “Era un trompudo y flaco nada agraciado”, dice.

Carlos y Rosa Carlota se separaron cuando ambos salieron de secundaria. Él se fue a estudiar Derecho a León, mientras ella viajó a Suiza. El enamoramiento seguía atizado por las cartas de hasta 15 pliegos que le escribía desde Managua. “Le he dicho que voy a buscar el cofrecito donde tengo todas sus cartas para que me las vuelva a leer”, dice Rosa Carlota en estos días.

Carlos Tünnermann en ese tiempo era bien enamoradizo. Tuvo varias novias e incluso en algún momento anduvo con dos al mismo tiempo. “Rosa Carlota me dice que cómo pude hacer eso”, dice Tünnermann, riéndose.

Para cuando Rosa Carlota regresó de Suiza, Tünnermann tenía una novia formal en León. Ella también tenía un pretendiente. Sin embargo, las circunstancias hicieron que ambos se encontraran durante la boda de un hermano de ella, Néstor Pereira.

Aquel día Tünnermann la miró “bellísima” y la foto de aquel momento todavía la conserva. Ahí mismo le declaró su amor y le propuso que fueran novios. Ella aceptó con la condición de que él terminara con su novia oficial. Desde aquel 23 de marzo de 1959 están juntos.

Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, fue alumna del doctor Tünnermann cuando era maestro de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de León. Ella todavía lo llama cuando necesita un consejo y solo tiene palabras de admiración hacia él. “En una persona como el doctor Tünnermann, que tiene una imagen tan transparente, sus defectos deben ser muy personales, que solo Rosa Carlota los podrá saber”, asegura Núñez.

El doctor Tünnermann con toda su familia: su esposa y sus siete hijos.

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“El tema de los presos políticos es prioritario para nosotros”, dice Carlos Tünnermann, una tarde de agosto en una conferencia de prensa en que estaba a la par de madres de capturados durante la rebelión contra el gobierno de Daniel Ortega que inició en abril de 2018.

Tünnermann viste con un pantalón azul y una guayabera blanca. En el bolsillo izquierdo tiene un broche con la Bandera de Nicaragua. Desde mayo del año pasado forma parte de la Alianza Cívica, organismo opositor al gobierno de Daniel Ortega, cuyos colores son los de la Bandera de Nicaragua.

A sus 86 años de edad, Tünnermann camina con un bastón negro. Para levantarse pide la ayuda de una enfermera que está atenta de los problemas de presión arterial y diabetes. Cuando está sentado es más visible un bulto en la zona baja de su abdomen. Pocos saben que el doctor utiliza una faja especial para zocarse unas hernias que no se quiere operar porque el riesgo de morirse durante la intervención es bien alto.

“El doctor Tünnermann, así como lo ves a ese edad, también quiere ser presidente”, dijo Wilfredo Navarro, miembro de la delegación del gobierno durante las negociaciones con la Alianza Cívica, en agosto durante una entrevista en el Canal Parlamentario.

Desde hace más de un año Nicaragua vive una crisis política que ha polarizado al país. Una parte de los opositores a Ortega critica duramente a figuras que estuvieron en puestos de poder, como el doctor Tünnermann, durante el primer gobierno sandinista de los años 80.

“¿Por qué gente como Tünnermann en los años 80 no dijeron nada de los desmanes de los comandantes en los años 80?”, dice Edén Pastora, un antiguo guerrillero sandinista que unos años después formó un frente contrarrevolucionario. “Ellos se callaron mientras yo los combatía”.

Pastora ahora es un gran adulador del gobierno de Daniel Ortega y una de las pocas figuras históricas que apoyan al Frente Sandinista. La mayoría de las figuras sandinistas de los 80, como el doctor Tünnermann, se encuentran hoy en día en la oposición. “Nadie conoce a ninguno de los miembros de la Alianza Cívica. Al único que conoce la gente es a Tünnermann, y lo conocen porque fue sandinista”, agrega Pastora.

La casa del doctor Tünnermann está ubicada en el reparto El Carmen, un barrio de Managua en el que vive Daniel Ortega. Para poder visitar al doctor hay que pasar por al menos dos retenes de policías en los que piden identificaciones, como parte de las medidas de seguridad en el perímetro de la casa del presidente.

—¿A usted le gustaría ser presidente? —le pregunto a Tünnermann.

—Nunca he aspirado a ser presidente. Es una ventaja no tener esa aspiración. Conozco personas y amigos con “presidentitis”, pero esa enfermedad no me ha dado. Creo que uno puede servir mucho desde el puesto en el que esté y como ciudadano.

—¿Cómo le gustaría ser recordado?

El título más honroso que puede tener un nicaragüense es que le digan que es un ciudadano que cumplió sus deberes y que supo reclamar sus derechos. Por eso, si me quieren recordar a mí, que lo hagan como ciudadano.

Esta casa de El Carmen, dice Tünnermann, fue una donación de un terreno de su suegro Constantino Pereira, quien había donado todas las tierras para que se construyera el parque El Carmen. Incluso, todavía existe una calle con el nombre Pereira.

La casa anterior de Tünnermann estaba ubicada en lo que hoy es el patio de esta. Sin embargo, a raíz de que el doctor tenía libros hasta en los baños, su esposa, Rosa Carlota, lo conminó a construir esta nueva residencia para que pudieran caber los más de 10 mil libros de su biblioteca.

Todos los días se despierta a las cinco y media de la mañana. Escucha el noticiero de las seis de la mañana de Radio Corporación para después leer La Prensa. A las 10 de la mañana, después de la ayuda de la enfermera, se encuentra listo para las reuniones con la Alianza Cívica o con las organizaciones de escritores e historiadores de las que forma parte.

Se duerme un cuarto para las 10 de la noche, después de apagar el televisor a las nueve de la noche. En estos días anda leyendo una antología de poesía francesa que inició a leer Rosa Carlota. Anoche, vieron una película de suspenso de Sandra Bullock que no les gustó a ambos porque creían que se trataba de una comedia romántica.

Para Tünnermann este 6 de septiembre se cumplirán 60 años felices de matrimonio, en los que formó una familia de siete hijos: Alejandro, Carlos, Edmundo, Rosa Carlota, Carla, Patricia e Ingrid. Seis de ellos viven en Estados Unidos y otro en Costa Rica. Por esa razón, el día del aniversario viajará con su esposa para renovar sus votos en la iglesia San Francisco.

Por muchos años la pareja acostumbró a tomarse una copa de vino todos los días a las seis de la tarde. Las enfermedades de Tünnermann han diluido este ritual. No obstante, el secreto más grande de esta relación ha sido que “nunca se duermen sin aclarar alguna discusión o uno de los dos haya pedido disculpas”. Al levantarse lo primero que hacen es darse tres besos “o más” y tampoco se acuestan sin esos tres besos o más.

En la inauguración del nuevo recinto de la facultad de Derecho el 10 de agosto de 1968.

Precursor de la autonomía universitaria

Carlos Tünnermann llegó a estudiar a León en 1951, cuando la universidad dependía del Ministerio de Educación, como los colegios e institutos. El poder ejecutivo era el encargado de nombrar a todos los empleados, desde los barrenderos hasta el rector. El descaro era tal que Somoza García le enviaba telegramas al rector con la orden: “Examínese (a este estudiante) y apruébese”.

Tünnermann escribió un anteproyecto de ley, avalado por Mariano Fiallos Gil, para otorgarle autonomía a la universidad.

Hasta 1957 en Nicaragua solo se podía estudiar cinco carreras: Derecho, Medicina, Farmacia, Odontología e Ingeniería. Luis Somoza, quien era presidente, estaba preocupado porque el país se estaba quedando rezagado en cuanto a preparar a profesionales que pudieran competir en el mercado centroamericano.

En esos días le pidió al doctor Mariano Fiallos Gil que presidiera la rectoría de la Universidad Nacional. Fiallos Gil aceptó con la condición de que se aprobara la autonomía universitaria en menos de un año; se pudiera nombrar a sus colaboradores libremente y se aumentara el presupuesto a la universidad, que por entonces era de menos de medio millón de córdobas.

De modo que el 25 de marzo de 1958 se aprobó la autonomía universitaria que puso de cabeza a la vieja universidad: amplió la gama de carreras académicas profesionales, transformó la estructura del recinto y se convirtió en un bastión antisomocista que se caracterizó por expresarse sobre los problemas del país.

Localizador de las ruinas de León Viejo

Mientras era estudiante de Derecho en León, Tünnermann tenía el sueño de relocalizar las ruinas de la primera capital de Nicaragua, León. Por eso, en 1964, cuando fue nombrado rector de la UNAN-León, entre lo primero que impulsó fue la investigación para relocalizar las ruinas.

Lo consiguió en abril de 1967, con la ayuda de Edgardo Buitrago, Alejandro Serrano Caldera, Alfonso Argüello Argüello y las esposas de los cuatro. En la empresa también participaron Francisco Pereira Baldizón y el administrador de la hacienda El Diamante.

Los académicos excavaron en el lugar y fueron apareciendo los muros de la iglesia La Merced de León Viejo.
Finalmente se tuvo certeza de que en realidad se trataba de las ruinas de León Viejo. Por declaración de la Unesco, las ruinas son hoy Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

7 datos de Tünnermann

—Es sobrino de Juan Ramón Avilés, poeta y periodista, fundador del periódico La Noticia, liberal de oposición a Somoza, que introdujo secciones: deportes, editoriales, caricaturas y noticias de última hora.

—Es un gran Dariano. Desde niño escribió ensayos sobre Rubén Darío y recopiló varios artículos del poeta para publicar un libro.

—Fue compañero de clases de Tomás Borge y fue su abogado cuando arrestaron a Borge por supuestamente participar en el asesinato de Anastasio Somoza García.

—Ganó la beca Guggenheim en 1973 para realizar un estudio sobre la historia de la universidad en América Latina.

—Llegó a ser asesor especial del director de Unesco para América Latina y el Caribe. El cargo lo tenía que desempeñar en París, pero por su calidad lo dejaron trabajar desde Managua. Hizo el informe sobre cómo descentralizar el trabajo de la Unesco. Ese informe es el que aplica actualmente esta organización en todas sus oficinas del mundo.

—Es cofundador de Ética y Transparencia y el Movimiento por Nicaragua

—Formó Casa Alianza, una organización que recoge niños de la calle y madres solteras, con la que se ganaron un premio de un millón de dólares.

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