Crystiana Somarriba

Perfil - 24.01.2010
Cristyana Somarriba

La cantautora Nicaragüense quiere dejar atrás esa imagen de rubia tonta con que algunos la han tachado. Cristyana se autoproclama bohemia y una enamorada del amor

Dora Luz Romero
Fotos de Oscar Navarrete

No le gusta que la vean como una mujer superficial. Y mucho menos como tonta. Tampoco quiere transmitir la imagen de mujer sexy, sin esencia. “Esa no soy yo”, reclama.

Admite que su pasado, y puede que tenga parte de culpa en esto. Sus vídeos sensuales y sus canciones pegajosas que fueron parte del inicio de su carrera artística. Pero más que eso se queja en voz alta de los medios. Ellos —dice— se han encargado de darle una imagen distinta a la que es. Quienes la han entrevistado, considera, han hablado únicamente de los detalles “superficiales” de su vida. “¡Yo no tengo ni un pelo de superficial!”, proclama.

A sus 36 años, Cristiam Somarriba, conocida en el mundo artístico como Cristyana, parece muy preocupada por el cómo la ve la gente. También por el qué piensan de ella.

A estas alturas de su vida, lo único que quiere es mostrarle al público la verdadera mujer que es. Esforzada. Enamorada. Artista. Trabajadora. Hablantina. Dice que no es mujer de una sola faceta. Todo lo contrario.

Cristyana lleva varios años fuera del ambiente musical. Su última producción discográfica salió al mercado en noviembre del 2005. Desde entonces el nombre de la cantautora parece haber perdido fuerza en los diferentes espacios de los artistas nacionales.

Sin embargo, a ella, eso no le preocupa. Ahora lo más importante, afirma, no es sacar discos al mercado, sino “lanzar un material que tenga mucho contenido y calidad”.

Fotos de Oscar Navarrete
Cristyana se declara amante del jazz y del escritor brasileño Pablo Coelho

Este año, Cristyana sacará al mercado un nuevo disco al que aún no le ha puesto nombre. Un disco que ha venido trabajando a lo largo de estos años y en el que promete desnudar su alma, sentimientos y pensamientos más íntimos.

***

Desde niña se sentía cantante, confiesa. Cantar fue tan natural como respirar, dice. Comenzó en su natal Jinotega. La pequeñita de cabello liso como paja y de color café —que muestran las fotografías de aquella época— era la primera en la lista en los actos culturales en el colegio.

A los siete años se trasladó junto con su hermana mayor a Colombia, donde residía su papá. “Mi mamá decidió cedernos a mi papá para que tuviéramos un mejor futuro, para tener una mejor educación”, recuerda Cristyana, quien de paso confiesa que la separación de su mamá fue uno de los episodios más dolorosos de su niñez.

Su mamá se dedicaba a la costura, mientras que su papá era empresario. “Con mi papá teníamos comodidad económica, nada nos hacía falta, con mi mamá había escasez económica, pero tenía mucho amor”, recalca.

Su niñez, describe, fue muy rígida. “Mi papá era un hombre controlador, súper estricto. Crecí literalmente bajo un régimen militar”, asegura Cristyana quien hoy admite que gracias a su padre aprendió a moldear su carácter.

Estando en el país suramericano, continuó en sus andanzas en la música. Fue integrante del coro del colegio y no había acto alguno en el que el maestro de ceremonia dejara de mencionar a la niñita Cristiam Somarriba para que subiera a cantar.

Vivió en Colombia casi cinco años. A pocos meses de cumplir 12 años, Cristyana regresó a Nicaragua. Ya había finalizado la primaria y aunque entre sus amigos sea motivo de risas, en más de una ocasión logró la medalla a la excelencia por sus méritos académicos. Aunque confiesa que su cerebro jamás comprendió cómo funcionaba el mundo de las matemáticas.

A los 13 años entró a concursar en la televisión nacional. Además participaba en las competencias intercolegiales organizadas por la Federación de Estudiantes de Secundaria (FES) y “siempre me las gané”, se jacta. Su mamá era quien confeccionaba sus trajes para las veladas artísticas.

Su papá era evangélico y no le gustaba la idea que ella cantara. Pero eso nunca la detuvo.

En general, admite, que sus padres no le pusieron mucha mente cuando ella se autoproclamaba cantante. A esa edad, cualquier pequeño podía decir lo mismo. “Cuando comencé a ganar concursos ahí sí dijeron: ‘ve, esta niña canta'”.

Pero fue los 14 años cuando firmó su primer contrato —donde le pagaron 300 dólares por cantar en Granada— que ella, al igual que sus padres supieron que ahí, dentro del cuerpo de esa pequeñita, había nacido una artista.

Fotos de Oscar Navarrete
El sueño más grande de Crystiana Somarriba es llegar a ser escritora.

***

Es rubia. No de nacimiento. Sus raíces la delatan. Lleva el cabello suelto, liso como paja; el rostro maquillado y una sonrisa que parece congelarse. Es delgada y recta como una tabla.

Detrás de esa imagen hay una mujer elocuente al hablar. Una mujer que dice ser una eterna enamorada del amor. Tanto así que a los 15 años conoció a un piloto libanés, 17 años mayor que ella, del que se enamoró perdidamente y con quien —a los tres años de conocerlo— se fue a vivir a Chipre. “Ése fue mi primer encuentro con la vida. Mi primer amor”, asegura.

Para ese entonces, en 1992, Cristyana era estudiante de primer año de la carrera de Comunicación Social. Por las noches cantaba en el Hotel Camino Real, donde conoció al piloto de origen libanés.

Se enamoró tanto que dejó todo por él.

—¿No tuviste inconveniente por la edad?

—Pues fíjate que no. Yo siempre fui como bien bachillera, como bien adelantada.

—Y tu familia ¿qué pensaba de tu relación con alguien mayor?

—Pues mi mamá siempre me decía cosas. Pero él fue una persona que enamoró primero a mi familia, un hombre muy caballeroso, uno como pocos.

—¿En algún momento pensaste que podía ser peligroso?

—Pues no. Además a mí me gustan los riesgos. No me da miedo.

Viajó durante dos días hasta llegar a Chipre, donde comenzó a vivir por tres meses frente a las aguas del mar Mediterráneo. “Yo estaba solita porque él siempre viajaba. Lo que pasaba haciendo era turisteando y broceándome”, dice tras soltar una larga carcajada. Pero tres meses fueron suficientes para broncearse y de pronto se frustró. “Yo escuchaba mis grabaciones y decía allá en Nicaragua estaría cantando. No puedo quedarme aquí haciendo nada. Él no me dejaba cantar. Le daba celos, le daba horror. Yo quería estudiar, hacer algo, no quería ser la mujer de… Entonces me regresé a Nicaragua porque quería ser alguien, una artista de verdad una profesional”. En definitiva su vocación, dice, nunca ha sido ser ama de casa.

Ese mismo año, en diciembre, Cristyana viajó a Valencia, España, donde representó a Nicaragua en el Festival OTI.

Luego de su relación con el libanés, Cristyana tuvo muchas otras relaciones. Con hombres mayores y menores. “Siempre fui enamoradiza. Terrible”, lo acepta.

—¿Sentís atracción por los hombres mayores?

—Pues para mí la edad no importa, siempre y cuando sea un hombre que tenga una personalidad interesante. Pero sí, siempre tuve amistad con personas mayores que yo.

—En una revista apareció que tenías una relación con el diplomático Arturo Cruz…

—Para serte franca… Es que no puedo hablar de ese tema. Lo que te puedo decir es que estoy soltera. El sí es mi amigo. Así como él tengo muchos amigos y amigas con las que salgo —explica.

—¿Cómo te gustan los hombres?

—Tiene que ser una persona mentalmente abierta. No podría estar con una persona superficial, materialista o una persona que no tenga inteligencia.

***

Habla sin césar. Casi sin respirar entre una idea y otra. Pareciera que va en bajada y sin frenos. Es imposible imaginarla como la niña tímida que cuenta haber sido. “Yo era súper súper penosa”, afirma.

Pero de aquella jovencita penosa llamada Cristiam no queda nada.

Ni siquiera el nombre. En el 2001 Cristiam cambió su nombre por uno más “comercial”: Cristyana. Ésa fue una sugerencia de Sony Music Centroamérica con quienes había firmado contrato para sacar al mercado su disco Empezar de Cero. “Me dijeron que había muchos Cristiam, además que iban a creer que era hombre, entonces me cambié a Cristyana por la disquera, por internacionalizarme”, afirma.

A raíz del cambio hubo críticas. Buenas y malas. Más malas que buenas. Cristyana recuerda que en un supermercado un señor se le acercó para reclamarle y decirle si no le daba pena avergonzarse de su nombre. Ella intentó explicarle, pero el señor no quiso siquiera escuchar sus explicaciones. —

¿Por qué creés que hay gente que te ve como superflua?

—La gente a veces te ve y por tu look o por diferentes cosas cree que sos superflua y más porque cantás. O porque te ven en un vídeo que por X o Y coyuntura uno sale media sexy y te encasillan y eso me ha pasado a mí.

—¿Por ejemplo?

—Cuando lancé mi primer disco salía muy rubia. Me decían que era fresa, que era superficial. ¡Yo no tengo un pelo de superficial! No me gusta que sólo porque uno se sepa arreglar y ande sus cositas y no ande desarrapado crean que uno es fresa. Eso no es cierto.

En el 2005, Cristyana sacó su segundo disco llamado Inventario, siempre con canciones pegajosas. Pero este tercer disco que planea sacar en el 2010 no serán tantas canciones pegajosas, ahí se podrán escuchar canciones “con más contenido de mejor calidad”. Es por eso que ha tardado tanto. Es por eso que se ha visto ausente del mundo de los músicos últimamente.

En el nuevo material estarán reflejados sus pensamientos, sentimientos y contradicciones. Habla de un tema llamado Efímero, otro llamado Catársis, y otro Contradicción.

En esta producción se menciona mucho el amor, también la soledad. No la soledad de amor, aclara, sino de esa soledad como persona. “Cuando te sentís sola y no sabés por qué. Y te volvés una persona muy silenciosa. Como el payaso que andás por todas partes, estás íngrima y estás callada”, dice esta mujer que se describe como bohemia.

Tiene tres opciones para nombrar el disco. Sin embargo prefiere no decirlo porque “son tan buenos que me los cachan”.

Fotos de Oscar Navarrete
Cristyana no le ve nada de malo a las cirugías estéticas, siempre y cuando hagan feliz a una persona. Ella se hizo un aumento de pechos y asegura haber quedado “feliz de la vida”

***

Cristyana se describe como una mujer bohemia. Amante del jazz y del escritor brasileño Pablo Coelho. Es espontánea. Dice todo lo que piensa. O casi todo. Aunque precisamente eso ha sido lo que ella cree le ha dado esa imagen de mujer superflua. “Es que aquí uno tiene que cuidar lo que dice porque siempre lo que buscan es cómo vender. Han salido unas cosas que ¡uy! Ni acordarme quiero”.

Han especulado sobre su vida privada. Dice que le han puesto y quitado novios. También han hablado de operaciones.

Pero ella, no tiene inconvenientes cuando se le pregunta directamente.

—¿Qué opinás de la cirugía plástica?

—Creo que la gente con tal que sea feliz que haga lo que le convenga. Con las arrugas creo que te dan personalidad y carácter, a mí que me dejen mis arruguitas.

—Te has hecho alguna cirugía?

—Sí —dice a secas mientras su rostro comienza a ruborizarse.

—¿Dónde?

—Pechos. En diciembre de 2003 —confiesa entre risas.

—¿Quedaste satisfecha? —¡Uf! Feliz de la vida. Muerta de la risa. Es que yo sentía que lo que tenía no estaba de acuerdo con mi tamaño —asegura mientras se toca los que parecen dos melones casi perfectos.

—¿Está dentro de tus planes tener hijos, casarte?

—Yo estoy viviendo el momento. Estoy tratando de desarrollarme como profesional, cantautora, compositora… Que diga: me quiero casar de velo y corona, no. Hay quienes me dicen que me dejó el tren. Pero hoy la mujer tiene más oportunidades. Para mí la maternidad es una cuestión bien seria. Si pasa fantástico, si no pasa fantástico también. Será lo que Dios quiera.

—¿A qué aspirás? ¿Con qué soñás?

—Mi sueño más grande es publicar un libro. Ese día, voy a sentir una felicidad taaan grande —dice tras un largo suspiro.

Fotos de Oscar Navarrete
Actualmente trabaja como Responsable de Atención al Cliente en Claro TV. También tiene su propia línea de accesorios que lleva su nombre. Hace un tiempo, además, trabajó como presentadora de televisión.

Sección
Perfil