Derribados en el aire

Perfil - 13.08.2006
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Ellos son los primeros, casi hermanos. Ambos son pilotos con escuelas diferentes: uno graduado en Estados Unidos y otro en Rusia; los dos estuvieron en la guerra, pero en bandos opuestos. Uno y otro fueron derribados en octubre. Uno cayó por un misil Red Eye lanzado por la Contra y el otro por un Sam-7 disparado por el Ejército Sandinista. Sobrevivieron a la muerte y hoy narran en el cuento

José Adán Silva

El golpe del ojo rojo. Cuatro años y medio de entrenamiento militar en academias aéreas de Bulgaria y otros estados de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), incluyendo Moscú, terminaron para el oficial Francisco Martín Zamora Amador, a inicios de 1985 cuando un entrenador cubano los llevó a la nueva pista aérea de Punta Huete, al otro lado del lago de Managua, en las planicies rurales del municipio de San Francisco Libre.

En la extensa pista de concreto relumbroso y hangares gigantes no se veían por ningún lado los famosos cazas de manufactura rusa que ellos, suponían, manejarían y que eran la razón por la cual fueron a estudiar en 1980 como aspirantes a pilotos de combate en la URSS: los MIG 21.

En lugar de los aviones estaba una modernísima flota de más de 30 helicópteros rusos anillados a los que subieron para conocerlos en su funcionamiento. Después de una semana y 15 horas de prácticas de vuelo, los 20 hombres graduados de pilotos de combate y sus diez técnicos, estaban en las montañas de Nicaragua en misiones de guerra real: disparando, transportando tropas, llevando municiones y alimentos y sacando muertos y heridos.

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"Nos prepararon con doctrina militar, para la guerra, en la academia superior de aviación George Benkoski en Bulgaria. Cuatro años ahí y cuatro meses más especializándonos en MIG 21. Al venir nos encontramos con helicópteros MI 17 que no conocíamos y un cubano jodido que nos dijo así: 'O aprenden a volar en una guerra de verdad o se mueren"'. Zamora Amador fue asignado en 1985 a la base de Santa Cruz, en la Quinta Región Militar del país, que comprendía una zona del norte y parte del centro de Nicaragua. De ahí partió el 14 de octubre de 1987 cuando su nave fue derribada por un misil estadounidense conocido como Red Eye.

Tres días atrás las naves habían estado saliendo y entrando de la base porque el comando regional Jorge Salazar, de la Contra, estaba realizando operaciones ofensivas en varios poblados del área conocida como las villas: Villa Sandino, Santo Tomás, Muelle de los Bueyes y La Gateada.

"Estados Unidos había recién apertrechado y reorganizado a la Contra y en esa zona estaban peleando las tropas del comandante `El Quiché', un jodido temido en la zona por lo sanguinario y bravo que era. Para el 13 de octubre ellos están atacando y avanzando. El Estado Mayor ordena helitransportar a las tropas del Batallón de Lucha Irregular (BU) Juan Gregorio Colindres y ponerlas en la vía donde avanzaba la ofensiva Contra, como punto de contención", recuerda Zamora Amador, quien ahora vuela para una aerolínea comercial nicaragüense que conecta el Pacífico con el Atlántico.

"Ahí se entablaron fuertes combates. La Contra mató como a 70 chavalos en esa ofensiva, los revolcaron, según me dijo el jefe del BU, que era José Antonio Estrada, a quien mataron después. Yo le creí la cantidad de las bajas porque me tocó sacarlos en mi nave", dice el piloto, quien era conocido en la Fuerza Aérea como "El Ganso", por su afición a la película de guerra Los Gansos Salvajes que en 1978 protagonizaron Richard Burton y Roger Moore y que en 1985 salió una segunda parte.

La nave de Zamora Amador, un helicóptero MI 17, era de uso múltiple: movilizar tropas, abastecer a las fuerzas, evacuar heridos y apoyo de fuego con 192 cohetes C5K, para destruir objetivos de aire y tierra.

"El 13 cuando me comunico con Estrada, el jefe del BU, me dice que la cosa está mal, que hay muchas bajas y que hasta combates cuerpo a cuerpo se están dando y que necesitaban refuerzos urgentes. El 14 de octubre, en la mañana, Félix Pereira Alegría, que era el jefe del destacamento, nos plantea la misión de trasladar tropas de Wapi, donde estaba el BLI Farabundo Martí, y dejarlas en el cerro Tablasal, para que desde ahí le caigan a la Contra y apoyen al Colindres", relata.

"Entonces nos mandan a trasladar desde Wapi hasta el cerro Tablasal, donde dejábamos el refuerzo; ya habíamos hecho dos vuelos por esa misma ruta dejando armas, moviendo hombres y sacando heridos. Ya teníamos quemada la ruta".

"En el momento que nos plantean la tercera misión, Rodolfo Rodríguez, el jefe de mi escuadra, le plantea a Félix Pereira que nosotros consideramos que nos pueden derribar, porque tenemos información que casi por pelotón la Contra anda cargando misiles tierra-aire Red Eye, pero él dice que es una misión y hay que cumplirla porque las tropas están mal".

"Los mandos estaban advertidos que una tercera misión sobre la misma ruta, cerca de la zona de fuego, nos podría significar al menos dos medios destruidos, pero no importó y así nos fuimos. Cuando vamos por el tercer vuelo es que me botan".

Dice Zamora Amador que iban seis helicópteros en formación. Tres aterrizaban en una zona bajo vigilancia del Ejército Sandinista y tres más al norte, en otra zona que estaba más cerca al campo de batalla. Eran cerca de las 4:30 de la tarde. "En mi zona los tres helicópteros damos vuelta rasante para no dar ángulo de tiro; entra el primero, entra el segundo y yo que era el tercero entró de último con el armamento, otro lleva tropas y el otro saca a los heridos".

"Cuando yo voy a salir presiento que algo me puede pasar, porque despegó y aterrizó otra vez pensando en no alzar vuelo en ese momento. Le digo a Party Rodríguez, que era el segundo de la escuadra, que si me alzo me cohetean. `Apurate salí de ahí que vamos de viaje y te pueden joder en tierra', me dice. Los otros dos helicópteros estaban dando vueltas sobre la zona esperando y cubriéndome a mí que salí de último".

Roberto Amador
El piloto Roberto Amador, cargado por milicianos sandinistas en octubre de 1983, después de ser 1 derribado por un misil Sam-7 en Río Blanco, Matagalpa.

»Roberto Amador Narváez: "Salimos vivos todos y a dos muchachos les digo que corran a buscar ayuda con las tropas para que nos rescaten. Ellos se van y los capturan los sandinistas. Los mataron en el mismo lugar donde los capturaron"

"Cuando despegó veo que me están disparando de un cerro y maniobró para no dar ángulo de tiro. Dice mi tripulación que de un cerrito salió el flechazo del Red Eye y me dan en el motor derecho. Yo siento una explosión seca, la cabina se empieza a llenar de humo y suena una grabadora de emergencia que me dice que hay fuego en el compartimiento del motor derecho".

Dice Zamora Amador que los mandos de la nave dejan de responder. Que del impacto caen las dos turbinas y que el mando auxiliar no responde efectivamente. "Yo busqué cómo darle posición de aterrizaje y evitar que la nave se fuera en picada o se girara y quedará patas arriba, porque entonces explota y nadie sobrevive, entonces cuando la nave va cayendo yo le pido ayuda a Dios, en cosa de segundos miré el caos en la cabina: el ametralladorista Carlos Trejos trataba de escapar al fuego; Helmut Heller, mi copiloto, luchando por abrir la ventanilla de emergencia por la que se tiró y huyó hacia el lado de donde venía la Contra. Lo capturaron y lo mataron en la base de Yamales, en Honduras".

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Cuando las ramas del árbol gigante se miraban vertiginosamente acercándose, Zamora Amador dice que de pronto sintió un gran impacto en la parte posterior. La cola pegó primero y el rotor de la hélice se desprendió y pegó por debajo de la cabina. El golpe le rompió la pierna al piloto. La parte delantera de la nave pegó en la copa del árbol y las hélices saltaron por todos lados, golpeando al helicóptero y haciendo estallar vidrios y piezas metálicas que le quiebran el brazo derecho a Zamora Amador. Del impacto pegó la cabeza con el bastón del mando, se quebró varios dientes, se rompió la quijada y se partió la frente.

La nave no cayó inmediatamente y quedó entre el tejido de la vegetación gigante; estando aturdido, Zamora Amador dice que ve a su técnico, Eddy Ríos, tratando de zafarlo del cinturón y gritándole que salte.

"Yo estoy inconsciente. Ya no veo a Helmut, hay fuego por todos lados, hace mucho calor. De pronto reacciono, me desprendo la hebilla del cinturón y me lanzo a caída libre. Pegué en varias ramas y sentí un gran dolor. Eran seis costillas quebradas. Al caer busco a Ríos y salimos huyendo, antes que la nave explotara, a un cerro. A los segundos la máquina explotó porque venía cargada de proyectiles".

Esa noche, recuerda Zamora Amador, fue la más larga de su vida en sus entonces 28 años de edad. Tuvo que soportar el frío, el dolor de los huesos rotos, el miedo a que los encontraran los contras que subieron al cerro a buscarlos y para remate, tuvo que tragarse la impotencia de no poder ayudar a su amigo Eddy Ríos que casi lloraba del ardor por las quemaduras en la piel.

Al día siguiente fueron encontrados vivos por las tropas del BU Juan Gregorio Colindres y llevados al Hospital Militar. Siguió volando hasta 1998 cuando se retiró como capitán de la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua.

II. LA FUERZA DEL SAM-7 Matagalpa, 2 de octubre de 1983. Tres días de intensos combates en la zona selvática al norte de Río Blanco, tienen debilitadas a las tropas del comandante Renato, quien jefea una fuerza de tarea de la Resistencia Nicaragüense que enfrenta a las milicias del Ejército Popular Sandinista.

Al piloto y subcomandante de la Fuerza Aérea de la Resistencia Nicaragüense, mayor Roberto Amador Narváez, le ordenan sus superiores que se prepare a manejar el Douglas DC3 para entrar en misión de abastecimiento a las tropas de Renato. Le entregan los mapas, le dictan la ruta y le cargan el avión en la pista de la base militar El Aguacate, en Honduras: 60 mil cartuchos de fusiles FAL, 600 granadas de M-79, 20 pares de botas Junglas, cien libras de medicina y varios sacos de alimentos en lata.

La tripulación, de siete personas, parte ese mismo día en la tarde y cuando se acercan a la zona establecida reciben la comunicación del radiooperador de las tropas quien le cambia las reglas del juego y le dice que gire en otra dirección y lance el paquete en otro punto. A Amador Narváez, graduado en la Fuerza Aérea del Ejército de Estados Unidos en 1963 y con muchos años de experiencia al servicio de la Guardia Nacional del gobierno de la familia Somoza, no le agrada el cambio de planes y decide regresar a la base para exponer la situación y manifestar su desconfianza hacia aquel repentino cambio.

Los mandos le repiten que las fuerzas de Renato no pueden estar fijas en una misma posición porque están siendo asediadas por los sandinistas, que establezca contacto con el radiooperador y defina una nueva ruta para entregar el avitualamiento.

El lunes 3 de octubre, a las cinco y media de la mañana, zarpa de nuevo y establece comunicación con el operador de la radio quien le dice que busque el cerro Los Cedros, en las coordenadas tales y tales, y que baje un poco para entregar el envío.

»Una vez derribado Lenín Cerna se le acercó y le dijo: "Cómo funcionan nuestros misiles? ¿Qué te parecieron? Ahora alístate que viene lo más rico para vos"

"Les estábamos lanzando unos paquetes y volábamos bajo sobre el área, como a 300 pies de altura. De pronto sentimos un gran golpe en el motor izquierdo. Al impactar el cohete el motor estalló y cogió fuego. Nosotros cerramos las tuberías de alimentación del combustible, hicimos todos los procedimientos de emergencia y nos lanzamos tratando de no caer en picada, en un aterrizaje forzoso que no se logró porque la nave era pesada y caímos de panza en un maizal", recuerda Amador Narváez, quien tenía 38 años de edad al momento de caer.

"No nos matamos porque volábamos bajo, pero nos quebramos todo el cuerpo. Salimos vivos todos y a dos muchachos que estaban menos golpeados yo les digo que corran a buscar ayuda con las tropas para que nos rescaten, porque no podemos caminar de tantos golpes. Ellos se van y los capturan. Los mataron en el mismo lugar donde los capturaron", recuerda Amador Narváez, quien era el comandante de la operación en ese vuelo.

"Al caer el avión se partió en tres pedazos; salimos del avión antes que estallara, estamos muy heridos y nos arrastramos a un matorral para destruir y ocultar unos mapas de ubicación y unos documentos sobre las vías de abastecimiento de la Contra. Ahí nos capturan como a los 20 minutos del pijazo, unos milicianos de la zona. Nos encañonan con sus Ak-47 y nos dicen que nos van a matar, pero alguien les dice que nos mantengan vivos porque nos van a regalar a los jefes", cuenta Amador Narváez.

"Nos amarraron y nos llevaron a un rancho cargados en unas hamacas porque casi no podíamos caminar. Estando en el lugar llegaron los flecheros que nos botaron y nos interrogaron. Eran del Ministerio del Interior. Esa noche nos dejaron en un pozo de tiradores, atados, sin alimentos ni medicina para los dolores. Llovió toda la noche y nos dejaron en la zanjas que se llenaron de agua y lodo. Al día siguiente nos bajaron al pueblito Los Cedros, nos llevaron a los cinco a una capilla", cuenta Amador Narváez, quien asegura que el suyo fue el primero de al menos 12 derribamientos de naves de la Contra donde murieron más de 15 pilotos.

"Cuando estábamos en el pueblo oímos llegar un helicóptero y al rato se apareció Javier Carrión y Lela Cerna, junto a unos periodistas del periódico Barricada (diario oficial del FSLN en la época); una muchacha llamada Claudia Gordillo me empezó a tomar fotos y hacerme preguntas. Como yo no hablé, Carrión les dijo: 'Aquí les tengo a un ex mayor de la fuerza aérea somocista, al piloto Roberto Amado?".

Luego dirigiéndose a Cerna le dijo: "A este piche lo estábamos esperando desde ayer. Aquí te lo tengo".

Dice que Lenín Cerna se le acercó y le dijo: "¿Cómo funcionan nuestros misiles? ¿Qué te parecieron? Ahora alístate que viene lo más rico para vos".

Y los "más rico" fueron una serie de interrogatorios, golpizas y amenazas de fusilamiento. Luego de presentarlo ante los medios nacionales e internacionales, a Amador Narváez y los otros capturados los llevaron a mazmorras en la sede de interrogatorios conocidos como El Chipote.

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Estando ahí se enteró cómo lo derribaron: después de tres días de combate y asedio a las fuerzas rebeldes de la Contra, el Ejército capturó al radiooperador de la fuerza de tarea y a otros jefes, y bajo amenazas de fusilamiento lo obligó a llamar al Estado Mayor para que le enviaran las armas que, en realidad, sí necesitaban las tropas Contra.

"El día que me botan, a eso de las siete de la mañana, entró en contacto con el comunicador, quien me da las instrucciones de entregar la mercancía. Yo le hice unas preguntas sobre la situación de las tropas y no me respondió, y entonces sospeché a como la vez anterior, pero como el alto mando me había mandado pues debía hacer la operación. Así fue cuando baje y ellos me estaban cazando en el lugar donde me dijeron que bajara. Fue un solo misil el que dispararon".

Francisco Martín Zamora Amador
EN el círculo el oficial Francisco Martín Zamora Amador, al graduarse en Bulgaria como piloto de combate en 1984.

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El informe oficial del Ministerio de Defensa dijo en la fecha que al momento de derribar la nave dos ayudantes habían muertos del impacto. "Mentira, estaban vivos y yo les di la orden de escapar y buscar ayuda. A ellos los mataron al ser capturados", asegura Amador Narváez, quien ahora, a sus 61 años, sigue volando y en zonas que no son, del todo, seguras.

Es piloto de una agencia de aviación que llega a dejar correo militar a soldados y personal diplomático de Estados Unidos en Afganistán e Irak. Cada semana en promedio, Amador Narváez pilotea un avión de carga DC 8 y baja en medio de operaciones de seguridad a los aeropuertos de Kabul y Bagdad para entregar aproximadamente 90 mil libras de encomiendas.

De los cinco capturados en 1983, otro murió en prisión antes de ser juzgado. "Hugo Aguilar, mi copiloto, estaba herido de las piernas y tenía los tobillos quebrados cuando lo capturaron. No le dieron asistencia médica y murió con las piernas gangrenadas".

A los cuatro sobrevivientes los condenaron a 30 años de prisión y fueron víctimas de torturas a manos de los interrogadores; entre ellos estaban, según Amador Narváez, Juan José Úbeda, Oscar Lazo,  y otros.

La tripulación recuperó su libertad el 27 de marzo de 1988, por las negociaciones de la Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas, quienes mediaban para que la Resistencia Nicaragüense y el Ejército Popular Sandinista llegasen a un cese al fuego. Junto a Amador Narváez y su tripulación salieron 96 personas más: todos ellos presos políticos y presos de guerra.

Al salir de prisión, y para mientras tramitaba un pasaporte para salir del país, Amador Narváez se refugió en casa de una tía Alicia Amador, hermana del padre del derribado piloto de la Contra. Estando ahí llegó a saludarle un primo en traje militar de la Fuerza Aérea Sandinista. Era el oficial Francisco Martín Zamora Amador, hijo de la tía Alicia. Se abrazaron.

Testimonios de los años ochenta: el periódico Barricada
Testimonios de los años ochenta: el periódico Barricada da cuenta del derribado avión que volaba el piloto de la Contra, Roberto Amador, y El Nuevo Diario reproduce la noticia del helicóptero caído que dirigía Francisco Zamora Amador, a quien dieron por muerto al caer la nave.

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