El atardecer del cardenal

Perfil - 01.02.2004
Miguel Obando

Todos los políticos necesitan su favor. Somoza y los sandinistas se enfrentaron con él
y les costó caro. Su voz es poderosa: en un tiempo bendijo a Amoldo Alemán y condenó
a Daniel Ortega, y ahora parece estar más cerca de los dos caudillos.
Es amado y temido

Eduardo Marenco Tercero

Son las doce y media del domingo. En el pasillo lateral derecho de Catedral los periodistas alistan sus cámaras, grabadoras y micrófonos en un ritual de años. La misa ha finalizado, el cardenal reparte bendiciones, y todos esperan ahora una declaración del arzobispo católico de Managua sobre el aborto, el drama de los pobres, la crisis política o el premio de lotería, pues el cardenal es un oráculo sobre lo mundano y lo divino.

—¡Ahí viene!… ¡Ahí viene! —dice una de las reporteras.

Todos se parapetan cerrándole el paso y asoma el cardenal Miguel Obando y Bravo, grueso y moreno, de lentes, voz ronca, bonachón, acompañado de un par de sacerdotes y esta vez ya sin Nayo, el chofer, escolta y asistente que lo acompañó como su sombra durante más de 23 años, desde que era un adolescente.

—¿Cómo les va mmm? —dice su eminencia—. ¿Ya se confesaron?

—Sí cardenal, ya nos confesamos —dice una.

—¿De veras? —pregunta el cardenal y coge con sus manos el crucifijo de plata que cuelga de su pecho.

Inician las preguntas y las respuestas. ¿La Carta Pastoral? “Un llamado a la reconciliación”. ¿Habrá inestabilidad política en año nuevo como sugirió Daniel Ortega? Siempre hay posibilidad de “hechos fuertes”, dice. Pero solicitará a Dios que ilumine a los políticos para que haya paz. ¿Habrá cambios en la Iglesia católica? “De párrocos siempre los hay”, responde. Y ya la ve venir.

Los curiosos escuchan detrás de los reporteros, cuando se hace la pregunta del millón, que debe ser un puntillazo al amor propio del cardenal: ¿El papa le aceptó la renuncia? ¿Se retirará? La mirada se le pone acuosa. Guarda la compostura. “El papa decide”, explica. “Somos servidores y este no es un servicio vitalicio”, aclara. Dicen que ya le aceptaron la renuncia, se le insiste. “Sigo siendo mientras no se me notifique, cuando el papa me mande una cartita y me diga que le entregue, pues inmediatamente”, advierte.

A sus 78 años, debe dolerle la pregunta a su eminencia. Ha sido mediador de secuestros políticos, ha evitado derramamientos de sangre, él mismo escapó de ser ametrallado el 18 de julio de 1979 cuando se dirigía en helicóptero hacia el búnker de Somoza, ha sido testigo de acuerdos de paz, le ha salvado la vida a “moros y cristianos”, pero de un tiempo para acá, ha tenido que soportar la insistente pregunta: ¿Se va retirar eminencia?

Todo empezó, según el cardenal, cuando Humberto Belli, exministro de Educación y viejo amigo suyo, viajó al Vaticano en octubre del 2002 a entrevistarse con monseñor Mario Marini, quien lo consultó sobre posibles candidatos para suceder a Obando como arzobispo de Managua, pues él ya había presentado su renuncia por razones de edad siguiendo el Derecho Canónico el cual establece que un obispo debe abandonar su cargo a la edad de 75 años.

Irónicamente Belli fue una de las personas que más insistió para que el Vaticano nombrase cardenal a monseñor Obando en los años ochenta, cuando la Iglesia se veía enfrentada al régimen sandinista.

Las diferencias entre ambos surgieron por las críticas de Belli a la íntima relación de Obando con el ahora expresidente Arnoldo Alemán Lacayo.

Obando acusó a Belli públicamente de haber solicitado su retiro en el Vaticano. Belli dijo que se limitó a sugerir posibles sucesores como es natural. La controversia, ventilada públicamente, se dio después que el cardenal denunciara un complot para matarlo, denuncia que se evaporó en el silencio, y después que el gobierno del presidente Enrique Bolaños filtrara evidencias de los jugosos beneficios que la Iglesia católica había recibido en tiempos de Arnoldo Alemán.

Paisanos

Se hace tarde, dice el cardenal, arremangándose la manga de la sotana para ver la hora, pero las preguntas siguen: ¿Qué opina de las alzas en el costo del pasaje de bus? “Ha subido el precio del combustible”, razona. “El alcalde Herty Lewites tiene que ver en esto mmm, el alcalde Lewites, el paisano de Cristo. Ojalá que él tome cartas en el asunto y los usuarios tengan buses decentes”, dice.

¿A qué se refiere con “paisano de Cristo”?, se le interroga. “Pues mmm, es una broma que yo le doy a él cuando lo veo, porque él es descendiente de judíos, entonces es, Herty Lewites, el paisano de Cristo”.

Fue Daniel Ortega Saavedra, el expresidente sandinista originario de La Libertad, el mismo pueblo minero donde nació Obando, quien le recordó al cardenal el 19 de julio del año pasado que ambos eran paisanos, le pidió perdón por los “errores del pasado” al tiempo que monseñor Eddy Montenegro invocaba al Altísimo frente a un mar rojinegro, en la misma plaza donde el papa Juan Pablo II, agraviado por los sandinistas en 1983, recordaría “la larga noche oscura” del pasado.

Así se inauguró una nueva relación entre Ortega y Obando, al punto que entre los sandinistas y el cardenal ahora se hacen alusiones de paisanos. En años anteriores, a Ortega le había costado caro la parábola de la víbora pronunciada por Obando horas antes de los comicios del 20 de octubre de 1996.

En una parábola, que para muchos no es bíblica, Obando hizo referencia a un caminante que encuentra una serpiente moribunda y que al ver el reptil se compadece, le da ayuda, la recibe en su regazo hasta que de forma sorpresiva, la serpiente muerde al caminante. Era una alusión a no confiar en un Ortega vestido de blanco que hacía llamados a la paz contrario al lenguaje de gallo ennavajado de su campaña electoral de 1989. Era un llamado a no creer en un lobo vestido de oveja.

Alemán y Obando

Si Obando estaba enemistado con Ortega, había estado íntimamente vinculado con Alemán.

La amistad de Obando y muchos obispos con Alemán se remontaba a sus tiempos de alcalde de Managua, a tal punto que Obando lo bendijo públicamente días antes de las elecciones y pronunció la parábola en contra de Ortega.

Una vez llegó a la Presidencia, Alemán otorgó innumerables favores a la Iglesia católica: varios obispos y sacerdotes ocuparon puestos remunerados en juntas directivas de empresas del Estado, la Universidad Católica —presidida por Obando— recibió del Banco Central 20.6 millones de córdobas por el pago de becas a estudiantes de esa universidad, una frecuencia de radio a nombre de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Managua (Coprosa), organismo de asistencia social de la Iglesia, en realidad funcionaba como radio La Poderosa, administrada por los simpatizantes de Arnoldo Alemán. La radio fue cerrada en el gobierno de Bolaños por violaciones a la Ley de Telecomunicaciones y falta de pago de impuestos en la introducción de equipos.

Igualmente, Coprosa introdujo al país cien vehículos libres de impuestos. Estos beneficios distanciaron a Obando de Bolaños, quien decapitó a un procurador cuando intentó enfilar baterías contra Coprosa. El acercamiento definitivo de Obando con Ortega se produjo cuando se cuestionó una donación de 18 mil dólares de fondos del Estado, realizada por Roberto Rivas Reyes, presidente del Consejo Supremo Electoral, a favor del cura párroco de la iglesia de Santa Marta, monseñor Eddy Montenegro. Al final, monseñor Montenegro devolvió el dinero y Ortega terció para que Rivas no fuera sancionado por la Contraloría y permaneciera como presidente del Poder Electoral.

Rivas Reyes ha sido como un hijo para Obando, siendo su hombre de confianza en Coprosa durante veinte años, lo acompañaba incluso cuando estuvieron a punto de morir ametrallados el 18 de julio de 1979, según recuerda monseñor Bismarck Carballo, quien iba en aquel helicóptero. Rivas Reyes es hijo de Chepita Rivas, la asistente personal de su eminencia. El obeso titular del Poder Electoral levantó una mansión sobre unos terrenos que originalmente fueron donados a la Iglesia católica y que luego fueron traspasados a la familia Rivas Reyes y a los hermanos Centeno Roque, antes que estos últimos fueran conocidos como unos célebres quiebra bancos.

Doña Chepita: “Es intachable”

Si alguien conoce a su eminencia es doña Chepita Rivas, su asistente a lo largo de los últimos 35 años, desde que fue nombrado obispo auxiliar de Matagalpa, en 1968, cuando el joven sacerdote recorría las montañas del centro del país a lomo de burro y se hizo amigo de la familia Rivas Reyes. Doña Chepita ha estado al lado del cardenal en tiempos de cataclismo como el terremoto de 1972, en tiempos de guerra, de persecución política, y sigue al lado del arzobispo de Managua, ahora que ha estado “bajo fuego” pues un sector de la sociedad ha pujado por su retiro. Es enero y el cardenal está en Roma. Su despacho en la curia está un poco solitario. Allí está doña Chepita, una mujer madura, elegante. No quiere hablar de su eminencia, pero al final cede: “El día que Nicaragua pierda a su eminencia perderá a un gran hombre. Puro. Intachable… No es como ustedes los periodistas dicen, que destruyen su imagen, ni como dicen las calumnias”.

“Ya ve este muchacho Nayo, él era barrendero cuando empezó con el cardenal, mi familia lo sentó a la mesa, el cardenal lo hizo su chofer, y ya vé con lo que sale”, dice.

—¿Y qué fue lo que le pasó? —le pregunto.

—Se portó mal con el señor —contesta, pero prefiere omitir qué ocurrió. Nayo fue el incansable chofer-escolta de su eminencia, dicharachero y jocoso, al menos durante 23 años, pero de la noche a la mañana desapareció, según dicen, despedido por algún encabe que ya el cardenal no soportó. Él se ha negado a hablar del tema.

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Una vez le pregunté al cardenal después de la homilía qué había ocurrido con Nayo, y él contestó:

—Se le acabó su contrato.

Las paredes del despacho en la curia están llenas de reconocimientos al cardenal, de fotos suyas en el Vaticano, y hay una reproducción de la portada del New York Times del 30 de diciembre de 1974, en la que aparece una foto del cardenal caminando, viendo hacia el suelo, vestido de negro, saliendo de la casa de Chema Castillo, donde recién concluía un secuestro que dio a conocer al mundo al FSLN y en el que Obando sería mediador.

“Si algo nos ha enseñado es a perdonar, lo que para mí es dificil”, dice doña Chepita, gesticulando con sus manos con anillos de brillantes. “Él empieza cada día con una misa que la dedica a los muertos y enemigos, a quienes perdona por sus ofensas”, agrega.

Tiene el cabello corto, con un tono color vino, usa un crucifijo de oro en el pecho, es de sonrisa fácil y conversadora. Usa lentes pero se los quita para la foto.

“El cardenal nunca se sofoca”, comenta, “nunca nos ha levantado la voz, nos ha llamado la atención a todo su personal eso sí, nos ha puesto en fila, pero él dice que quien levanta la voz es porque no tiene la razón”.

No tiene tiempo libre, explica. Se duerme cerca de la una o dos de la mañana estudiando, descansa dos o tres horas y ya de madrugada está de nuevo de pie, rezando el rosario, caminando, y listo para la misa.

“¿Qué decirle? En cuanto lo de Macho Negro, como le han dicho, él dice que Macho no porque siempre ha estudiado y tiene una memoria prodigiosa, se sabe hasta el último detalle de un libro que lee, y lo de Negro, pues negrito sí soy, dice”, cuenta doña Chepita.

De una vitalidad que hasta Tomás Borge admira, de una serenidad alabada por monseñor Bismarck Carballo, el cardenal es completamente nicaragüense para comer, prefiere los frijoles y el arroz al banquete de rico, explica doña Chepita.

Al despacho entran y salen, monseñor Eddy Montenegro, monseñor Jorge Solórzano, monseñor Benito Pitito y otros sacerdotes.

—Aquí viene desde el comandante Ortega, el presidente, hasta el que pide limosna —expresa doña Chepita. Una vez llegó una viejita en harapos, cuenta, pidió ver al cardenal, “yo pensé que era otra persona que pedía limosna, pero no, la viejita llegaba a dejar tres mil córdobas para que su eminencia
los repartiera entre otros pobres”.

“Imagínese, esa es la bendición de la Virgen María Auxiliadora, la Virgen de los salesianos, pero actúa a través de él”.

LA PRENSA/GERMÁN MIRANDA
Ancianos esperan a su eminencia al salir de la misa dominical.

El atardecer de la vida

“Cardenal, ¿qué opina sobre el premio de millón de dólares de la Lotería Nacional?”, pregunta otro periodista. Obando responde que él lo compra sin fe de ganar, solo por ayudar, y aconseja al ganador que aproveche bien el dinero, que no lo malgaste y sea caritativo. “En el atardecer de la vida vamos a ser juzgados por la caridad y el amor”, advierte.

Otro periodista se acerca y pide un saludo de año nuevo para La Nueva Radio Ya, una emisora sandinista. Lo graba gustoso.

El cardenal tiene prisa y comienza a andar, los periodistas le siguen, me advierte que cuidado me caigo antes de tropezar con el trípode del Canal 2. Pero todavía tiene tiempo para evaluar el año viejo.

“Creo que todos cuando morimos vamos a dejar una agenda llena que no pudimos cumplir”, reflexiona.

Se despide de los periodistas y ahora lo aborda un vende loterías, para que le compre un vigésimo de cinco dólares. El cardenal le explica que no anda plata, pero que le dará los veinte córdobas que pensaba darle a las personas que siempre le piden limosna, personas en sillas de ruedas, niños y ancianos que hacen fila al pie de su camioneta Toyota roja, donde ahora viaja, lejos ya de su imagen de cura de provincia que viajaba a lomo de burro. Saca dos billetes de diez córdobas y se los da. El lotero le explica que el vigésimo cuesta cinco dólares. “Entonces yo le regalo a usted diez dólares”, dice el cardenal y le quita uno de los billetes. “Serán diez córdobas”, corrige el lotero, entre las risas de los curiosos.

Baja las gradas del pasillo de Catedral, recoge su sotana, le abren la puerta delantera, pues suele viajar junto al conductor, se apoya en el borde y sube a la camioneta, le cierran la puerta, los ancianos y niños de caras lánguidas le dicen adiós, y él contesta al tiempo que un sacerdote rompe la bolsa de monedas para repartirlas a todos ellos, que fervorosos como todo domingo, hacen fila bajo el sol bravo del mediodía.

Frente a dos regímenes

Se enfrentó a Anastasio Somoza Debayle, quien lo llegó a odiar y calificaba de Comandante Miguel por su mediación durante secuestros de la guerrilla sandinista. Se enfrentó a los sandinistas quienes lo catalogaron de “archienemigo de la revolución” y se jactaban de que gracias a ellos había llegado a cardenal. Ahora el comandante Tomás Borge, uno de sus más agrios críticos del pasado, piensa que es de mal gusto estar recordando sus ácidas críticas a su eminencia.

“Hay adversarios que nunca debieron haberlo sido, entre ellos monseñor Obando”, dice ahora el comandante Borge.LA PRENSA/URIEL MOLINA

¿Pacto con el diablo?

El acercamiento entre el cardenal Miguel Obando y Daniel Ortega se hizo evidente el 19 de julio del año pasado cuando monseñor Eddy Montenegro invocó al Altísimo durante la fiesta en remembranza por el triunfo de la revolución. En esa ocasión Ortega pidió perdón a la Iglesia por “los errores del pasado”.

El día anterior Obando y Ortega se habían encontrado como “paisanos” de La Libertad que son, según expresó Ortega. Ese día, Obando expresó que el FSLN tenía muchas posibilidades de ganar las próximas elecciones. Numerosos encuentros se han dado desde entonces.

El viernes 26 de diciembre, Obando se reunió con Ortega y el presidente Enrique Bolaños, quienes le pidieron mediar ante el expresidente Arnoldo Alemán para que la bancada liberal apoyara una postergación de las elecciones, para así evitar protestas este año al mejorar los salarios de sectores sociales como maestros, policías, soldados y médicos; con el dinero que se gastaría en los comicios. Alemán le planteó en su hacienda El Chile que era necesaria una reconciliación nacional y también una amnistía general que lo incluyera a él, así como a las personas que se les imputa la comisión de delitos electorales.

Obando así lo contó en enero, una vez regresó de Roma, cuando se reunió de nuevo con Ortega. Días antes, monseñor Montenegro habría de estar en primera fila junto a Ortega, durante el arranque de la campaña interna del FSLN para seleccionar a sus candidatos a alcalde en todos los municipios del país.

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