El Barón Rojo

Perfil - 21.11.2011
Eric Barón, 51 años

Eric Barone rodó por el Cerro Negro para vencer un récord que le pudo costar la vida, pero su pasión sigue intacta

Por Arlen Cerda

A los pies del Cerro Negro, este volcán leonés parece más alto que sus 728 metros sobre el nivel del mar. La perspectiva del atleta Eric Barone es distinta. Él ha visto el volcán cuesta abajo, a 160 o 170 kilómetros por hora de velocidad, y quizá aún seguiría haciéndolo —cada vez más rápido— si no fuera por aquel día. El 12 de mayo de 2002 la bicicleta sobre la que iba se partió en dos y él salió catapultado hasta aterrizar sobre la ardiente falda arenosa del volcán, en una caída de 50 metros tras la que los espectadores de su hazaña lo creyeron muerto. Pero el bautizado “Barón Rojo” sobrevivió.

¿Qué sacó Barone de aquel accidente? Quién lo ve trayendo a otros franceses a recorrer los volcanes de Nicaragua, incluyendo el mismo Cerro Negro, creería que nada, aunque él diga que ya no es el mismo intrépido atleta francés que vestido con un traje rojo descendió en bicicleta desde la cima del volcán para imponer un récord de velocidad que pudo costarle la vida.

Hasta entonces, Barone llevaba ocho años consecutivos imponiendo récords de velocidad, siempre a
bordo de una bicicleta. Primero en montañas de nieve y más tarde sobre ardientes faldas de volcán.
“Nunca me había herido. Ese es el único y gran accidente que he tenido. Cuando miré el vídeo y las
fotos, reconozco que tuve mucha suerte de haber sobrevivido”, dijo Barone meses después del accidente, en una entrevista que concedió al Diario La Prensa y que, según dijo a Magazine desde su Francia natal, aún así lo cree.

“Esa caída no la preparé porque fue una quebradura súbita de la bicicleta y no tuve tiempo de controlarla”, agrega Barone, quien asegura que hasta ese momento siempre se había sentido superior “porque había hecho muchas cosas tremendas sin que me pasara nada”.

A Eric Barone la sed de aventura parece que le llegó tarde. Nació en Oyonnax, una población al este de Francia, el 4 de noviembre de 1960 y la primera vez que descendió a gran velocidad a bordo de una bicicleta tenía 34 años de edad.

Pero para ser justos, la adrenalina ya la conocía perfectamente. Desde los 28 años manejaba una
empresa de construcción, pero si vio aquella película llamada Taxi de Luc Besson, en 1998, debe saber que el conductor del automóvil que traslada a un pasajero a una velocidad de espanto es Barone. Además, algunas de las hazañas más intrépidas de Sylvester Stallone, Jean Claude Van Damme (en Máximo riesgo) o Adrian Paul (en Highlander) también fueron ejecutadas por él, como doble de actores de acción.

Para Barone, su placer por la adrenalina tiene una explicación muy sencilla: “No me gusta la mono-tonía… Debo vivir sensaciones fuertes para existir”. Por eso, quizá, sigue volviendo al Cerro Negro.

A pesar de las tres operaciones que sufrió tras el accidente y del trauma que muchos meses después
aún padecía al observar el vídeo y las fotografías de la caída, Barone ya había regresado cuatro veces a Nicaragua menos de un año después de éste. Incluso se casó con una nicaragüense, con quien instaló una casa en la comunidad leonesa de San Jacinto, donde vienen tres o cuatro
veces al año desde Francia, como parte de su proyecto turístico Camino,Voyage, nacido en el 2006.

Además, creó la Fundación Eric Barone, que para el próximo año trabajará en un proyecto agroforestal en varias fincas de Jinotega.

“Nicaragua es un país con mucho potencial y promovemos eso desde Francia, organizando circuitos turísticos ”, explica Barone sobre la empresa que maneja junto al fotógrafo Marc Róbuttini.

Los volcanes Momotombo, Cerro Negro y Telica, los Hervideros de San Jacinto, Matagalpa, Ometepe y las playas de San Juan del Sur son algunos de los escenarios que frecuentan para realizar caminatas o practicar ciclismo, con el apoyo de Barone, aunque él ya no monta más bicicleta y prefiere descender cien metros a pie, en busca de un nuevo récord mundial, ahora a pie, porque “marcas en bicicleta ya no más”.

El proyecto del récord en el Cerro Negro, incluyendo la construcción de la bicicleta, costó a Barone unos 100 mil dólares. El 85 por ciento fue pagado por patrocinadores.

***

Volcán Cerro Negro, León. Domingo, 12 de mayo de 2002. Hora: Mediodía. Eric Barone traga un sorbo de agua y termina su breve descanso antes de montar su bicicleta prototipo de carbono. La misma con la que antes logró un récord en la nieve. Viste un traje rojo aerodinámico bien ajustado y divisa cuesta abajo el volcán desprovisto de vegetación y cubierto de arena fina, como una polvorienta sábana negra. Él ya conoce el terreno y sabe que es perfecto para su objetivo del día. Es hora del descenso. La meta: establecer un récord mundial de velocidad sobre tierra, una marca que él impuso en el 2001, cuando en el mismo volcán logró los 130 km/h.

Aunque más bajo, el sonido de la bicicleta sobre la arena es similar al que produce un avión cuando atraviesa un conjunto de nubes. “Pssssss…” Barone sabe que para lograr su nuevo récord solo debe agarrarse fuerte, mantener una buena postura y dejar el resto al terreno y la gravedad, para lo que el Cerro Negro es el escenario ideal.

Pero al cruzar el banderín que marcaba los 400 metros, a 172.661 km/h, algo imprevisto pasa. La bicicleta se parte en dos al variar el ángulo de inclinación del volcán y los gritos de espanto y alarma remplazan el suave sonido del descenso. Barone va en el aire, un poco más bajo que la bicicleta. La gente grita y unas mujeres lloran. Casi de inmediato el cuerpo del atleta cae a la arena, da volantines y resbala varios metros antes de parar. “Is he dead?”, pregunta alguien y un “ahhh” de dolor le da una espera-nzadora respuesta.

El accidente del atleta Eric Barone en el Cerro Negro está ampliamente documentado en internet para tortura del Barón Rojo, cuya historia ha sido titulares y portadas de varias revistas y documentales sobre deportes extremos.

La producción más reciente es de este año: un capítulo de la serie Los Indestructibles, donde el canal National Geographic también muestra la labor de Barone junto al deportista extremo de origen austriaco Markus Stöckl, a quien el francés apoyó para imponer una nueva marca de velocidad, en el mismo volcán leonés.

Catapultado a más de 170 kilómetros por hora, el francés rodó más de cincuenta metros sobre arena y piedra volcánica y sufrió contusiones en todo el cuerpo. El casco lo perdió mientras iba en el aire y prácticamente frenó con su cara sobre la arena, como prueban las decenas de vídeos que
muestran su cara ensangrentada y polvosa.

De la tres operaciones a las que tuvo que someterse, la última fue hecha de urgencia porque le detectaron una bacteria que de avanzar le hubiera costado su brazo derecho.

“Después del accidente mi vida cambió. Toda mi vida. Es muy complicado. Todas las historias y documentales dijeron que el Barón Rojo estaba bien, que prácticamente no le pasó nada, pero es al contrario… El hospital, las operaciones, el viaje en avión para mi regreso a Francia y las secuelas han sido terribles… Lo que ha quedado intacto es mi cariño por el deporte y por Nicaragua”, confiesa Barone.

Dos años después del accidente, él inició una nueva aventura, mientras dirigía los circuitos turísticos de Camino Voyage.

“Practico el sprint de cien metros sobre tierra y quiero imponer un récord de velocidad. Hay que tener mucho cuidado para no romperse los huesos. Los especialistas creen que es imposible correr a más de 40 kilómetros por hora, porque los músculos pueden entrar en shock, sobre todo si uno
carece de mucha práctica en esta disciplina. Yo estoy intentándolo, pero esa es otra historia”,
dice Barone.

Desde antes de montar su bicicleta aquel día en el Cerro Negro, el atleta francés estaba claro de que ese sería su último descenso. Había decidido imponer un nuevo récord y colgar su casco y traje rojo como el ciclista más veloz del planeta. La suerte quiso que además protagonizara un accidente que la televisión deportiva califica como uno de los más dantescos, y aunque sobrevivió y ya no es el mismo, la aventura no ha terminado para el Barón Rojo, que a sus 51 años mantiene un estrecho lazo entre Francia y Nicaragua.

Los récords el Barón Rojo

Sobre nieve

1994. 151 Km/h en la Estación de esquí de Les aboya. En una bicicleta MBK. 1995.193 km/h en la pista de esquí Vars. Aún a MBK.

1997. 210 km/h siempre en Vars, en una ta Sunn.

1999. 217 km/h en Les Arcs, sobre una Corima modificada.

2000. 222 km/h en Les Arcs, en una bicicleta de carbono. Esta aún es la plusmarca mundial con una bicicleta fuera de serie. El récord en una de serie es del austríaco Markus Stöckl, con 210 km/h en el 2007.

Sobre tierra

1999. 118 Km/h en Hawai.

2001. 130 Km/h en el Cerro Negro.

2002. Cerro Negro. 163 km/h en el Cerro Negro, en un primer intento de superar su récord.

2002. 172 Km/h en el Cerro Negro, sobre una bicicleta prototipo fuera de serie (la misma que usó en la nieve), que se partió al final del descenso y lo catapultó sobre la falda del volcán. Actualmente, el récord en una bicicleta de serie es de Stöckl, con 164.95 km/h hecho en junio del 2011 en el mismo volcán con la asistencia de Barone.

Volcán joven

El Cerro Negro, escenario de las hazañas del veloz Eric Barone y favorito para la práctica del sandboarding, es el tercer volcán más joven de la región mesoamericana y el volcán más joven de Nicaragua.

Nació en la madrugada del 13 de abril de 1850, a 25 kilómetros al este de León. Varios temblores, retumbos subterráneos y luego un chorro de lava anunciaron el parto más reciente de la historia volcánica de Nicaragua. Como el Cerro Negro también existen el volcán Izalco (1770), de El Salvador, y el Paricutín (1943), en México.

Los primeros 50 de sus 728 metros surgieron de la tierra en dos semanas y sus lluvias de ceniza aún afectan con regularidad a la población leonesa, que ha sobrevivido a sus 23 erupciones, la más reciente en 1999, cuando brotaron tres cráteres adventicios en sus faldas.

Volcán Cerro Negro.

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