El basquetbolista Arjona

Perfil, Reportaje - 08.06.2018
Ricardo Arjona

Por Raquel Acosta Espinoza

Antes que Ricardo Arjona llegase a Nicaragua como cantante famoso, vino como jugador del equipo de basquetbol de su país, Guatemala. Fue en 1982 y algunos de sus rivales de juego lo recuerdan alto, flaco y con la melena larga. Amigable pero con carácter fuerte en la cancha

Puede que los 1.97 metros de estatura hayan sido una gran ventaja para que Edgard Ricardo Arjona Morales, el cantautor guatemalteco más exitosos de Iberoamérica, formara parte de la Selección de Baloncesto de Guatemala.

A inicios de los ochenta, cuando comenzó a jugar en “serio” era el pívot o poste de su equipo, posición otorgada probablemente por su altura. Era un buen encestador. De hecho, aún es recordado por la ocasión en que logró 79 puntos en un partido en 1987 vistiendo la camiseta de los Leones de Marte. Un récord nacional que solo fue abatido 18 años después, en 2005.

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Antes de que el mundo lo conociera por sus temas musicales, Arjona recorrió toda Centroamérica jugando con la Selección de Baloncesto de su natal Guatemala. En 1982 vino a Nicaragua con la selección juvenil de su país y en 1987 regresó, siempre con la división guatemalteca, en otra edición del torneo Carlos Ulloa In Memoriam.

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Desde entonces, el autor de “Jesús es verbo no sustantivo” estrecharía lazos con el país que lo vio jugar en defensa de la bandera de Guatemala. Un episodio que ha recordado ante miles de fanáticos nicaragüenses de su música, durante algunos de los conciertos que ha dado en el país.

Además: Conozca a este personaje que es un adicto de la pintura

Paúl Argüello y Jorge Luis Ayesta, jugadores del equipo azul y blanco en aquellos torneos, conocieron a Arjona en la cancha. Años después, lo volvieron a encontrar cuando iniciaba su carrera artística y ambos aseguran que a pesar de la fama que ha conquistado el cantautor, sus nombres todavía los recuerda.

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Por Raquel Acosta Espinoza

Antes que Ricardo Arjona llegase a Nicaragua como cantante famoso, vino como jugador del equipo de basquetbol de su país, Guatemala. Fue en 1982 y algunos de sus rivales de juego lo recuerdan alto, flaco y con la melena larga. Amigable pero con carácter fuerte en la cancha

Puede que los 1.97 metros de estatura hayan sido una gran ventaja para que Edgard Ricardo Arjona Morales, el cantautor guatemalteco más exitosos de Iberoamérica, formara parte de la Selección de Baloncesto de Guatemala.

A inicios de los ochenta, cuando comenzó a jugar en “serio” era el pívot o poste de su equipo, posición otorgada probablemente por su altura. Era un buen encestador. De hecho, aún es recordado por la ocasión en que logró 79 puntos en un partido en 1987 vistiendo la camiseta de los Leones de Marte. Un récord nacional que solo fue abatido 18 años después, en 2005.

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Antes de que el mundo lo conociera por sus temas musicales, Arjona recorrió toda Centroamérica jugando con la Selección de Baloncesto de su natal Guatemala. En 1982 vino a Nicaragua con la selección juvenil de su país y en 1987 regresó, siempre con la división guatemalteca, en otra edición del torneo Carlos Ulloa In Memoriam.

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Desde entonces, el autor de “Jesús es verbo no sustantivo” estrecharía lazos con el país que lo vio jugar en defensa de la bandera de Guatemala. Un episodio que ha recordado ante miles de fanáticos nicaragüenses de su música, durante algunos de los conciertos que ha dado en el país.

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Paúl Argüello y Jorge Luis Ayesta, jugadores del equipo azul y blanco en aquellos torneos, conocieron a Arjona en la cancha. Años después, lo volvieron a encontrar cuando iniciaba su carrera artística y ambos aseguran que a pesar de la fama que ha conquistado el cantautor, sus nombres todavía los recuerda.

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De joven, Ricardo Arjona era un tipo que destacaba por su altura y talento en el deporte, dijo Jorge de León, amigo de juventud del cantante, a Revista Magazine, en mayo de 2007. Pero desde pequeño también mostró gusto por la música. Por su delgadez, en su familia lo llamaban “Seco” de cariño, escribió la periodista Dora Luz Romero, en esa edición de esta revista.

“Ricardo y yo, jugamos en la misma selección juvenil, teníamos la misma edad (18 años)”, recuerda Paúl Argüello, nombrado el mejor basquetbolista de todos los tiempos en Nicaragua y uno de los jugadores de la selección juvenil nacional en aquel encuentro deportivo, en el que se enfrentó al equipo guatemalteco al que pertenecía Arjona, durante el torneo Carlos Ulloa In Memoriam, 1982.

Ricardo Arjona
En sus tiempo de basquetbolista, como parte del equipo de los Leones de Marte, Guatemala. FOTO: Magazine/ Tomada de Internet

A criterio de Argüello, los Carlos Ulloa In Memoriam fueron torneos de gran categoría que ayudaron a levantar el nivel del basquetbol nacional. “Eso hacía que las fronteras de otro país se acercaran tanto a las nuestras para competir en un torneo de gran magnitud”, reflexiona. De 1980 a 1991 se realizaron 11 competencias internacionales de los Carlos Ulloa In Memoriam.

“Tengo ciertos recuerdos”, dice Argüello, intentando recordar detalles de aquel efímero encuentro deportivo. Han pasado 36 años desde entonces. El acercamiento que el exbasquetbolista tuvo con Ricardo fue por medio de Enrique Amaya, un amigo que tenían los dos en común. Amaya también dirigía a Arjona en la selección juvenil de Guatemala, en ese momento.

En aquel torneo, Argüello fue el escolta, acompañante del armador, en la selección juvenil nicaragüense. Jugaba la posición dos y tres, también conocido como alero de poder. Mientras recuerda que Ricardo Arjona jugaba como poste. Era “hábil. Pelo largo, flaco. Defendiendo los colores de su país. Lo dio todo en la cancha”, apunta. Accesible, tranquilo y amable son otras características con las que Paúl Argüello describe, a sus 54 años, a Ricardo Arjona, quien ronda la misma edad.

Nicaragua se caracterizó por ser un equipo aguerrido que dominaba a Guatemala. Aunque no le ganaban con contundencia, Guatemala era uno de los equipos que estaba en la lista para vencer, relata Paúl Argüello. Y así ocurrió en ese encuentro. Los nacionales se alzaron con la victoria del partido, pero no del campeonato, que ese año se lo llevaron los panameños.

Ricardo Arjona
El segundo de derecha a izquierda, Ricardo Arjona cuando jugó como pívot en el equipo Leones de Marte, Guatemala.
Magazine/ Cortesía: periódico Al día, Guatemala

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El diario Publimetro afirma que cuando era niño Arjona quería ser bombero o Batman. “Pero cuando conoció la serie El Zorro quedó encantado con el personaje porque era todo lo que él quería ser: un 'ser oscuro' que ayudaba a la gente. Hasta ahora es fanático de la serie”, señala el medio.

Tanto el deporte como la música estuvieron presentes en la infancia de Ricardo. Después que finalizaba sus clases de canto, una especie de premio era que el niño saliera a jugar futbol a las calles de Ciudad Guatemala, donde creció. Pero su padre le ordenaba que entrara, porque tenía que volver a cantar, indica un artículo de La Prensa Libre de Guatemala.

En sus años de estudiante Arjona no destacó como buen alumno. Pero los estudios fueron una especie de plataforma para el deporte. En el Instituto Normal Rafael Aqueche empezó a jugar baloncesto, a inicios de los años 80. Su talento en el basquetbol lo catapultó hasta los Leones de Marte, uno de los equipos fuertes de Guatemala, con quienes jugó la mayor parte de su carrera como basquetbolista. Aunque también estuvo con el equipo Trías de su país. Y así, rápidamente, pasó a formar parte de los seleccionados nacionales del baloncesto en Guatemala.

Después de su primera visita a Nicaragua hubo un retorno, en 1987, siempre como basquetbolista. Por segunda vez jugó en los Carlos Ulloa In Memoriam, pero esta vez en una categoría mayor.

Para Jorge Luis Ayesta, basquetbolista valioso durante los torneos Carlos Ulloa y actual miembro del Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense, Ricardo Arjona era un jugador más. Ninguno de los que lo tuvieron de frente al espigado guatemalteco imaginaba que se convertiría en toda una estrella de la música.

“La única diferencia entre Arjona y los demás jugadores es que cuando coincidías con él en el hotel regularmente estaba en una silla tocando la guitarra”, dice.

Ricardo Arjona
FOTO: Magazine/ Cortesía: periódico Al día, Guatemala

A sus 47 años, Ayesta todavía recuerda que Arjona mostraba carácter fuerte cuando jugaba. Se tomaba muy en serio su posición. Reflejaba a “un jugador alto, fuerte, bastante limpio (...) con buen ánimo. Siempre fue fraterno con las personas que jugaron su posición”.

Y aquel muchacho flaco de 1.97 metros tenía la habilidad para jugar como tres y cuatro en su equipo de baloncesto, dijo a La Prensa Libre Enrique Amaya, exbasquetbolista guatemalteco, quien además de dirigir a Arjona en la selección juvenil, se enfrentó a él en algún momento. Amaya destaca que la altura de Ricardo le permitía lograr éxito en los juegos.

Sin embargo, la participación de Ricardo Arjona en aquel enfrentamiento que tuvo con Nicaragua no le dio ventajas a Guatemala. El equipo azul y blanco volvió a ganar la contienda contra la selección guatemalteca.

En estos dos episodios deportivos de Arjona, Nicaragua significaría un antes y un después, una vez empezada su trayectoria artística.

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Ricardo Arjona, el pívot de la selección guatemalteca, poco a poco dejó de ser flaco para convertirse en un hombre musculoso. Mientras se dedicaba al baloncesto no dejaba de lado su sueño de ser cantante. Aunque siempre “él separaba el deporte y la música”, habría explicado su amigo y entrenador Enrique Amaya a La Prensa Libre de Guatemala.

Cuando Arjona empezaba a brillar en el baloncesto, ya había grabado su primer disco, “Déjame decir que te amo”, en 1985, un material del que hoy en día dice sentir vergüenza.

Sus avances en la música no estropeaban su papel como basquetbolista, el que siempre representó de manera responsable. Pero en un momento dado decidió abandonar su carrera como deportista para aventurarse en el mundo artístico.

Su participación en varios concursos colegiales de canto llevaron a Ricardo Arjona a representar a Guatemala, esta vez en Argentina, en el Festival Internacional de OTI, en 1988. Interpretó “Con una estrella en tu vientre”, una canción contra el aborto.

Un año después, en 1989, las “vueltas de la vida” llevaron a Paúl Argüello a jugar en Guatemala. Precisamente se unió al equipo con el que había destacado Ricardo Arjona. El nicaragüense jugó dos temporadas con los Leones de Marte. Un año completo.

Ricardo Arjona
FOTO: Magazine/ Archivo

“Yo me acuerdo que me encontré a Ricardo Arjona en Guatemala un año después de la OTI y me atreví a bromearle: 'Oe flaco, ¿y quién te enganchó que podés cantar?'”. Como respuesta a la broma, Ricardo Arjona invitó a Paúl a un concierto que daría en Hotel Dorado de Guatemala. “Yo fui a la presentación y él tuvo la cortesía de mencionar que había unos amigos nicaragüenses en la presentación”, rememora Paúl Argüello sobre aquella noche en la que el chavalo basquetbolista había logrado sorprenderlo más desde el escenario que en una cancha.

En 1990 fue Jorge Luis Ayesta quien volvió a encontrarse con Ricardo Arjona, cuando el guatemalteco llegó a cantar a Puebla, México, al gimnasio de la Universidad de las Américas, donde él estudiaba Ingeniería en Sistemas.

Arjona empezaba a ser reconocido artísticamente y Ayesta pidió a los organizadores del concierto que le permitieran poder trabajar en la comisión de camerinos para saludar a Arjona.

“Ayesta, Nicaragua”, saludó Arjona cuando lo vio en camerino. Empezaron a hablar de basquetbol, de jugadores y de sus países, dice Ayesta. Pero el gesto que sorprendió al edecán de camerinos ocurrió después.

“Cuando estábamos hablando, alguien llegó a decirle: ‘¿Ricardo, ya estás?’. Me acuerdo que él se acomodó, agarró su guitarra, empezó a tocarla y me dijo ‘dame un chance’. Según yo, que sabía muy poco de música, pensé que estaba afinando la guitarra y seguimos platicando. De repente se abrió la puerta y yo escuché que lo que él estaba tocando ya estaba sonando en el gimnasio. ‘Ya voy al escenario. Te veo al rato’, me dijo. Entonces me di cuenta que él estaba en vivo y no había cortado la conversación, hasta el último momento”, cuenta aún anonadado de aquel gesto que tuvo el cantante.

Ricardo Arjona

Ayesta no olvida aquellas dos horas de concierto que vivió detrás de bambalinas. Al final del concierto, dice que vio a Arjona más agotado que después de un partido de baloncesto. “Pero se robó el show. Hubo lleno total”, subraya.

Ricardo Arjona volvió para cantarle a Nicaragua y no solo en una ocasión. En el año 2007 trajo su gira “Adentro”. Jorge Luis Ayesta decidió ir a buscarlo. Cuando estaba en el sitio exacto, el cuerpo de seguridad divisó al hombre “extraño” que se dirigía hacia Arjona e intentaron detenerlo. Sin embargo, el cantautor dio la orden que lo dejaran pasar. El basquetbol nuevamente era el inicio de las conversaciones y, a pesar de las producciones, giras y ensayos, “me contó que de vez en cuando jugaba baloncesto”, dice Ayesta, quien ya era empresario y educador, después de haber permanecido por 11 años en el basquetbol.

Una vez más, Arjona había sido amable con Jorge Luis y es que este considera que “la relación que se logra crear a través del deporte es difícil que pueda cambiar”.

Ricardo Arjona

Ricardo Arjona de bebé. FOTO: Magazine/ Cortesía: periódico Al día, Guatemala
  • Nació el 19 de enero de 1964 en Jocotenango, Guatemala. Sus padres Ricardo Arjona Moscoso y Nohemí “Mimi” Morales de Arjona procrearon a otras dos mujeres, Ingrid y Verónica, mayores que él.
  • Participó en un sinfín de festivales infantiles. A los 12 años ganó el Festival Infantil Juventud 74, con la canción “Gracias al mundo”, una composición de su padre.
  • Fue profesor en distintos colegios de zonas rurales de Guatemala.
  • Se graduó en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC).
  • Además de mostrar su talento en el baloncesto, jugó futbol y hasta la fecha sigue siendo un seguidor del deporte en Guatemala.
  • Se estima que durante su trayectoria artística ha vendido más de treinta millones de copias de discos.

Carlos Ulloa In Memoriam

A Nicaragua llegaron a jugar países como Panamá, Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador, Cuba, México y provincias de la antigua Unión Soviética para participar en el torneo Carlos Ulloa In Memoriam, el evento deportivo que por muchos años fue el principal atractivo en competencia centroamericana, señala Pablo Fletes en el Suplemento Deportivo de LA PRENSA, edición de mayo de 2007.

Mientras Óscar Navarrete, fotoperiodista de LA PRENSA, define los torneos Carlos Ulloa In Memoriam como una especie de “NBA latina, pero buenísima”, a la que los fanáticos nicaragüenses y seguidores del baloncesto de países de la región siempre asistían, incluyéndose él, que vivía a pocas cuadras del Polideportivo España, Managua, donde se realizaba toda la liga.

Que Nicaragua se enfrentara contra Guatemala era sinónimo de un partido regular. Ni fácil, ni difícil.

En el Salón de la fama

Ricardo Arjona
Jorge Luis Ayesta. FOTO: Óscar Navarrete/ Magazine
  • Jorge Luis Ayesta nació el 5 de septiembre de 1970 en Managua.
  • Empezó a jugar desde pequeño en el Colegio Calasanz, donde cursó sus estudios de primaria y secundaria.
  • Desde los 15 años perteneció a la Selección Nacional Juvenil y dos años después ya estaba en la tropa mayor.
  • Durante los torneos Carlos Ulloa In Memoriam fue declarado el jugador más valioso, en las últimas ediciones.
  • Gracias a una beca deportiva estudió Ingeniería en Sistema en la Universidad de Las Américas, Puebla,
  • México. Donde también destacó jugando y cuando viajaba de vacaciones a Nicaragua se integraba al equipo nacional.
  • En septiembre de 2016 ingresó al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense.
  • Actualmente se desempeña como empresario y en educación.
Ricardo Arjona
Paul Argüello. FOTO: Archivo/ Magazine
  • Paúl Argüello nació el 25 de enero de 1964, en Managua. De niño quería jugar beisbol de primera división, pero no lo logró. Cuando estudiaba la secundaria en el Colegio San Francisco de Asís de Juigalpa, Chontales, fue atrapado por el baloncesto.
  • En su trayectoria deportiva logró
  • consagrarse como el mejor jugador
  • del año del basquetbol, por seis años consecutivos.
  • Durante tres años fue nombrado el mejor atleta de todas las modalidades.
  • Fue declarado el basquetbolista del siglo en Nicaragua en los torneos Carlos Ulloa In Memoriam y en muchos eventos centroamericanos. En 1987 fue nombrado el mejor jugador de Centroamérica en la Copa Centenario de Costa Rica.
  • Ingresó al Salón de la Fama del Deporte en abril de 2001 como el Atleta del Siglo XX en el Baloncesto.

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Perfil, Reportaje