Alessio Casimirri, el ex "Brigadas Rojas"

Perfil - 12.08.2007
Alessio Casimirri

Excelente bailarín, amante de los Rolling Stones y del buceo. Alessio Casimirri luce calvo, atlético y sonriente. Pero tras esa imagen aparece la de un hombre que ha sido condenado por uno de los crímenes políticos más sonados a nivel mundial: el asesinato de Aldo Moro, el ex primer ministro de Italia, en 1978. A inicios de los ochenta llegó a Nicaragua donde se nacionalizó. Hoy, siendo nicaragüense, dice ser inocente

Dora Luz Romero 
Fotos de Bismarck Picado y Reproducciones de Orlando Valenzuela

Tiene un rostro misterioso, una risa sombría, pero parece buena gente. Alessio Casimirri atiende a sus clientes con mucha picardía en su restaurante La Cueva del Buzo. Este hombre siempre tiene en la punta de la lengua un chiste que contar. Es buzo y todo lo que sirve lo pesca él mismo.

Mientras los clientes degustan una suculenta langosta, se escucha la voz de Casimirri, aún con su acento italiano, contando las peripecias que pasó en el mar para poder llevarles esos mariscos frescos hasta el plato.

Sin embargo, sobre ese tipo con cara gentil y que aparenta mucho sosiego, recaen once cadenas perpetuas, 24 años más de cárcel y otros dos años de aislamiento diurno.

Casimirri está acusado de participar en uno de los más sonados crímenes políticos del mundo actual y en especial de Italia: el secuestro y asesinato del ex primer ministro de Italia, Aldo Moro, en 1978, quien después de más de 50 días de cautiverio apareció muerto en el maletero de un auto.

La justicia italiana culpó a miembros del movimiento denominado Brigadas Rojas de ser los autores del crimen, entre ellos Casimirri, el italiano quien llegó a Nicaragua a inicios de los años 80, donde se nacionalizó a los cinco años de su estadía

Han pasado 29 años desde el magnicidio de Moro, y su muerte ha sido una interrogante no sólo en Italia, sino en el mundo entero. Aún no se sabe con certeza quiénes fueron los asesinos.

Mientras tanto en Nicaragua, Casimirri disfruta de una vida relativamente normal. Su condena jamás
se cumplió, según él porque es una total payasada, pero además porque cuando quisieron extraditarlo para ser juzgado él ya era ciudadano nicaragüense y las leyes del país lo protegieron.

Hoy este hombre que dice ser inocente de todas las acusaciones de las que ha sido "víctima" se
dedica al buceo, a su familia y a su restaurante especializado en mariscos.

Pero, ¿por qué resultó involucrado en el caso de Moro? ¿Dónde estaba el día del crimen? ¿Por qué decidió nacionalizarse como nicaragüense? Casimirri habla con Magazine y asegura que toda pregunta tiene una respuesta sencilla y real.

Fotos de Bismarck Picado
Casimirri viaja tres veces por semana al mar y así luce después de una jornada.

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Casimirri nació en Roma, el 2 de agosto de 1951. Es el mayor de los tres hermanos hijos de María Labella y Luciano Casimirri con quienes vivió durante muchos años en una casa ubicada a una cuadra del Vaticano. Su padre murió, pero su madre aún vive, tiene 80 años, es residente nicaragüense y la mayoría del tiempo la pasa junto a él.

La niñez de Casimirri estuvo rodeada de catolicismo puro. Su abuela era ciudadana vaticana y su abuelo fue maestro de ceremonia de los Papas: Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Y la lista continúa. Su padre, sin ser ciudadano vaticano, fundó la oficina de prensa del Vaticano, mismo sitio donde laboró durante 30 años. Sus familiares vivían en la Capilla Sixtina, espacio donde Casimirri entraba y salía sin restricción alguna.

Recordar cuál fue el escenario donde jugó fútbol durante su infancia es un recorrido fascinante para él. Corría, saltaba y jugaba fútbol en los jardines del Vaticano, un lugar donde no cualquiera tenía acceso. Esa etapa de su vida la recuerda con mucha ternura. Cuenta que era un lugar fantástico, cargado de fuentes, pequeños laberintos y cientos de pájaros. "Lástima que no supe aprovecharlo porque a esa edad uno no tiene la magnitud de lo que está viviendo", dice ahora a sus 57 años.

Sólo Casimirri y el hijo del jefe de gendarmería tenían ese acceso, del que hoy alardea. "Éramos los únicos chavalos con la posibilidad de jugar en esos jardines", dice sonriendo. En una de las tantas veces que estaba jugando se topó con el entonces Papa Juan XXIII. Recuerda que había salido corriendo de un matorral cuando casi choca con él, quien iba acompañado por su secretario.

—¿,Y ellos quiénes son? —preguntó el pontífice

—Soy el hijo de Casimirri —dijo apenado y sudado luego de tanto correr.

—¡Ah bueno! — respondió Juan XXIII mientras pasaba su mano por la cabeza de Casimirri.

Y así conoció a muchas personalidades ligadas al catolicismo. Este italiano fue bautizado por el Papa Juan Pablo VI cuando aún era Cardenal, mismo con el que dio su primera comunión. La prueba de lo que relata está celosa y perfectamente guardada en su casa ubicada en Carretera Sur. "Mirá esta es importantísima", dice mientras muestra una fotografía de su familia en la parte de arriba de la Capilla Sixtina. "Esa es la prueba", se jacta. Las fotografías lucen intactas, claras y muy bien cuida-das. ¡Claro! Con un Casimirri de 40 años menos.

Estudió en un colegio privado religioso irlandés y como él mismo dice, el catolicismo ha sido "un hecho natural", aunque aclara que lo ha practicado por convicción y no por obligación. Se enorgullece de recordar que en el Vaticano su familia tenía un balcón especial entre la Basílica y el Palacio del Papa para asistir como tribuna a todos los acontecimientos en la Plaza. Finalizó la secundaria en el Instituto Nacional Público Dante Alighieri, posteriormente estudió Derecho en la Universidad de Roma, pero siempre se dedicó al buceo, deporte que considera su vida.

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Cuando tenía 31 años decide viajar a Nicaragua, un país que recién acababa de vivir una guerra y una revolución. Entró al país en 1983. Respecto a su llegada hubo especulaciones, se hablaba que había buscado un país donde refugiarse después del magnicidio.

"Me vine a Nicaragua por un curso de buceo en la Costa Atlántica, también porque me decían que habían dos océanos. Además yo siempre quise vivir en un país tropical", afirma Casimirri quien en Italia impartía clases de buceo. Sin embargo, en una entrevista brindada en el 2004 a un diario nacional aseguró: "Algranatti (su ex esposa), Álvaro Loiacono (un ex Brigadas Rojas) y yo decidimos salir porque vimos que a inicios de los 80 el aire estaba muy enrarecido". Él viajó hacia Nicaragua, su ex esposa a Argelia y Loiacono a Suiza.

Pero también hay otra versión. De acuerdo con varios juristas nicaragüenses era del conocimiento de las autoridades de Migración que Casimirri había llegado al país en condición de asilado político y además había confesado pertenecer a las Brigadas Rojas.

Dice sentirse contento de haber alcanzado dos de sus sueños: vivir en un país tropical y casarse con una morena. "Para mí eso es vida", confiesa

Desde que llegó participó en capacitaciones para buzos en la Costa Atlántica dirigida a miembros de la Cruz Roja...

Ha sido casado en dos ocasiones. La primera en Italia y la segunda en Nicaragua. El mismo año que ingresó al país conoció a Raquel García y en menos de un año se casó con ella. Su esposa actual es 15 años menor que él. "Pero no se ve mucho la diferencia", insiste.

La conoció porque era amigo de su hermana. "La había visto chiquita por eso no le hice caso, pero
luego la miré diferente, la invité a salir y fuimos novios", confiesa.

Con ella procreó dos hijos: Valeria y Alejandro, de 19 y 22 años, respectivamente. Y a su tercer hijo lo adoptaron: Pedro Pablo, de 8 años, quien padece del Síndrome de Down. Ya para en 1988, cinco años después de su llegada Casimirri era ciudadano nicaragüense.

—¿Por qué decide nacionalizarse?

—Tenía esposa nicaragüense, hijos nicaragüenses... Así que después que nació mi hija me nacionalicé. Ya tenía mi vida aquí. Lo
hice solamente cuando cumplí los requisitos: un año de residencia provisional y cinco de permanencia permanente.

—¿Regresó alguna vez a Italia?

—No.

—¿Volverá?

—No. Ni me interesa. Italia es un país lindo, lástima que vivan los italianos. Mis deseos están aquí en Nicaragua.

El buceo, confiesa, ha sido la parte principal de su vida. Por ese deporte dejó el fútbol que era otra de sus pasiones. Jugaba de delantero. "Era un goleador", dice con el pecho henchido de orgullo. Continúa: "Soy signo Leo y creo que vivo para ser ganador. No puedo, te digo sinceramente, no puedo concebir un rol subalterno en cualquier cosa que yo me proponga. Asumo un carácter determinante", afirma.

Luego de haber dejado el fútbol se dedicó en cuerpo y alma al buceo. Tomó varios cursos de especialización y cuando tenía unos 22 años asegura haber alcanzado un buen nivel. "Logré un nivel altísimo a temprana edad porque el buceo es un deporte donde la madurez comienza después de los 30", aclara.

Ahora va al mar tres veces por semana. Cuando se sumerge viste un traje camuflado, porque según él, los peces de ahora son "eruditos" y debe engañarlos. Ahí él es feliz, aunque su vida corra peligro. Hace un mes, un compañero de buceo por equivocación le disparó, sin mayores repercusiones. Dentro del mar está expuesto a ataques de tiburones, malos tiempos... pero nada le ha impedido visitar las profundidades del océano por más de 30 años. Durante las temporadas de Semana Santa en Nicaragua ha recuperado al menos 200 cadáveres de ahogados, abrió el conducto del desagüe de Apanás, ha realizado soldadura submarina...

Este hombre dice sentirse contento de haber alcanzado dos de sus sueños: vivir en un país tropical y casarse con una morena. "Para mí eso es vida, estar en el mar. Si me quitás eso, me quitás mucho", confiesa.

Aunque sí tiene otra afición: la cocina. Siempre tuvo las ganas de poner un restaurante para combinarlo con el buceo y eso es lo que hace hoy. Lo que pesca pasa al plato del cliente. —Y con las novias, ¿qué tal fue?

—Siempre tuve un buen suceso. No me puedo quejar. Era bandidito... no demasiado, pero sí —contesta con una sonrisa pícara.

—¿Recuerda alguna en especial? —En realidad no vendría al caso. Sí recuerdo algunas.

Cuenta que fue un muy buen bailarín. Y hoy, a sus 57 años, dice seguirlo siendo. Adora la música desde la salsa hasta el reggaetón. "Me gusta mucho Wisin y Yandel", afirma el italiano quien además ha manifestado ser fanático de los Rolling Stones.

"A mí me habían pintado como el jefe de los jefes. Un periódico sacó unas cosas inverosímiles de mí. Dijeron que yo estaba coludido con un general de los carabineros"

En una de las mesas de su restaurante La Cueva del Buzo, ubicado en el kilómetro 12 de la Carretera Sur recibe a magazine. El sitio es oscuro, rodeado de árboles y cargado de zancudos. Lleva puesta una camisa estilo Polo, parece recién peinado y muy bien afeitado. No parece tener 57 años. Cruza la pierna derecha.

Mientras conversa parece inalterable. Sonríe de vez en cuando y gesticula mucho. Habla de su niñez, juventud, de su llegada a Nicaragua, pero cuando le toca hablar de su relación con las Brigadas Rojas, ese hombre que parecía inalterable sube un poco la voz y parece algo molesto.

—¿Cómo es que se involucra en las Brigadas Rojas?

—Yo no me uno. Si en Italia había más de 100 mil muchachos en la cárcel en aquel tiempo por un movimiento estudiantil que comprendía a las Brigadas Rojas a cualquier otra cosa. De estudiante sí estuve metido en todos los movimientos ligados a la superación de los sectores sociales —dice mientras apoya la cabeza en su mano derecha.

—¿Se consideraba parte de este movimiento?

—Sí. No son ideales malignos querer resolverle los problemas a la gente. Pues aunque al final quedan en la utopía. Cuando tenés 18 años es dificil poner en armonía la racionalidad y sentimientos cuando ves que hay gente en malas condiciones y otra que vive demasiado bien —afirma.

—¿Cree que quienes participaron en este movimiento fueron héroes?

—Un ex Presidente de la República (de Italia), Francesco Cossiga, en una entrevista dijo que todos los que fueron perseguidos en aquel tiempo, o sea todos los que participamos en todo un movimiento grande, que fue un momento de una generación, tenemos que ser considerado, según él, la parte mejor de la juventud italiana, que se ha movido, con todos sus errores, excesos... Él dijo que esos que pertenecieron al movimiento ideal movido, no por el enriquecimiento personal, sino por el bien común debíamos tener un lugar en la historia.

—Cuando sucedió el asesinato de Moro, ¿usted aún pertenecía a las Brigadas Rojas? Se altera y respira hondo.

—Te estoy diciendo que no fui parte de las Brigadas Rojas. Si las consideramos como un movimiento enorme de masas sí, pero si es vista como un pequeño grupo organizado no.

—El día del asesinato de Moro...

—(Interrumpe). Cuando me enteré de la noticia de la muerte de Moro yo estaba dando clases junto al resto de profesores.

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La historia de Casimirri tuvo su boom en Nicaragua en los años 90. Un caso que tomó vida 15 años después del asesinato de Moro. Ese fue el martirio de la vida de este italiano y duró 10 años, sin embargo a pesar de todas las vicisitudes por las que pasó, hoy después de toda la tormenta en la que se vio envuelto dice no haber tenido miedo.

Los medios de la época le dieron cobertura al caso. Una de las autoridades del Ministerio de Gobernación de la época quiso deportarlo, lo acusaron de estar ilegalmente en el país y el gobierno italiano pedía su extradición para ser juzgado por el caso de Moro. En esa época empezaron los jui-cios. "La vimos muy fea en 1995 y 1996. Yo vendía pescado en la calle y con eso pagaba el alquiler, el gasto de mis hijos, que eran lo más importante, pues medio comíamos. Comprábamos de la ropa usada de la de cinco pesos", dice este hombre, de quien para esa fecha el gobierno italiano pedía su cabeza. También le tocó vender su antiguo restaurante La Mágica Roma.

En 1996 cuando los italianos pedían su extradición la Corte Suprema de Justicia falló a favor de Casimirri. Rechazó la solicitud del gobierno de Italia, pero aún no estaba a salvo.

En el 2004 el caso se reabrió. "Entre los delitos imputados a Casimirri se cuentan asociación subversiva y participación en banda armada, para el caso de Nápoles; y para el de Roma, los ilícitos son asociación subversiva, participación en banda armada, secuestro de personas, homicidio agravado, lesiones personales agravadas, robo agravado, atraco, lesiones voluntarias y violación de la ley sobre armas, delitos cometidos de 1977 a 1980", citaba uno de los diarios.

Su caso fue analizado por miembros de la Asociación de Juristas Democráticos de Nicaragua, quienes llegaron a la conclusión de que no existía forma de extraditar a Casimirri por su condición de ciudadano nicaragüense.

Mauricio Fratini, embajador italiano en Nicaragua para el 2004, dijo que el procedimiento de nacionalización del ex italiano tenía anomalías, ya que había entrado con el nombre de Guido di Giambattista al país. Sin embargo, Mauricio Quid, uno de los juristas que analizó el caso, aseguró que nada era irregular cuando solicitó su nacionalidad, ya que no omitió detalles para conseguir la misma.

Según el jurista, era de conocimiento de las autoridades de Migración que Casimirri entró al país en condición de asilado político y que él mismo había confesado haber pertenecido a las Brigadas Rojas, aunque hoy no lo confiese. "Todos esos hechos se acreditaron en el proceso de nacionalización, no es ilegal que use un seudónimo, por lo menos no si las autoridades de Migración de Nicaragua lo conocieron en su momento, es falso que Migración desconoció que era miembro de las Brigadas Rojas y que había usado un seudónimo (Guido di Giambattista), porque el procedimiento se inicia como asilo político y ya el asilo presume el hecho que sos perseguido y que tu vida se encuentra en peligro", afirmó Quid en su momento.

Al final de esos diez años llenos de persecución e incluso, según Casimirri, de intentos de secuestro, la Corte una vez más falló a su favor. Negaron rotundamente a Italia su extradición, resolución que le quitó un peso de encima de este ya "nicaragüense" quien hoy dice con un tono de alivio: "Ahora todo se ha resuelto. Gracias a Dios".

Fotos de Bismarck Picado
La madre de este italiano vive en Nicaragua con él y su familia.

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Pero aún así, sin estar presente en Italia fue condenado junto a otros miembros de las Brigadas Rojas.

—¿Cómo fueron condenados?

—Fue un mecanismo interesante el que montaron. La condena no fue en base a pruebas, sino en base a testimonios de unos reos condenados y muchos presos que salían libres y que recibían a cambio dinero e impunidad con tal de acusar a otra gente. Todo eso santificado en una ley llamada Ley del Arrepentido
que es una cosa monstruosa. Si a vos te agarraban de sospechoso de simpatizar por los movimientos en Italia te condenaban a la pena mínima que era de 30 años.

—Y eso a usted...

—Bueno. A mí me habían pintado como el jefe de los jefes. Un periódico de mucho peso en Italia sacó unas cosas inverosímiles de mí. Dijeron que yo estaba coludido con un general de los Carabineros, y que vivía protegido aquí por ese general y los Carabineros. Y que yo era el jefe de la mafia, de la corrupción, del terrorismo... Eso a mí me da ganas de reírme. Yo tenía muchos años de estar en Nicaragua.

—¿Su ex esposa está presa?

—Ella paga la misma consecuencia. Porque el señor Berlusconi (ex Presidente de Italia), que es un delincuente de primera categoría, se tenía que reelegir y cada vez que se reelegía sacaba el caso del asesinato a flote.

Cuando se acercan las elecciones (en Italia) vienen a Nicaragua a ofrecerme 300 mil dólares para entregarme y pasar sólo tres meses preso y después libre con tal de que yo acusara a quien ellos decían. Siendo yo pintado como el jefe de esto y llegando con un gran despliegue de publicidad, donde yo apuntara el dedo como arrepentido iba a quemar. Obviamente querían que lo apuntara contra la oposición política que les podía ganar las elecciones, en lugar de Berlusconi que al final las ganó. Un monstruo político para lograr desbaratar a tu contrincante político. A mí qué me interesa que se maten entre ellos. La captura de mi ex esposa viene sobre lo mismo. Berlusconi iba a perder las últimas elecciones y las perdió. Él necesitaba operaciones de gran publicidad. Qué más que desempolvar esos dos cadáveres y sacarlos fuera. Ella no era muy importante en esto, sino yo. (Silencio) ¿Vos pensás que si todo esto (asesinato) fuera verdadero estuviéramos aquí platicando? —dice con una sonrisa burlesca... (silencio).

—Razoná, pensalo. ¿Sí o no? —pregunta con tono inquisidor.

Luego, él mismo se contesta.

—Nooo. No sería posible.

Brigadas Rojas

Las Brigadas Rojas fue un movimiento nacido en 1969, considerado terrorista revolucionario mediante el cual sus miembros pretendían atraer al proletariado hacia posturas insurreccionales. En sus inicios la mayoría de quienes lo conformaban eran estudiantes y trabajadores. Las Engate Rosse, como eran llamadas en Italia, fueron consideradas especialistas en secuestros y asesinatos de miembros del Gobierno y empresarios italianos.

El 16 de marzo de 1978 Aldo Moro, el ex primer ministro de Italia, desapareció. Los meses pasaban y se rumoraba que los terroristas querían liberar a Moro a cambio de que se liberase a compañeros presos. La zozobra de los familiares y allegados continuó hasta el 9 de mayo de ese mismo año, cuando el cuerpo de Moro fue encontrado en el maletero de un coche. Fueron más de 50 días en cautiverio. Ese fue, según los analistas políticos, el fin de las Brigadas Rojas.

En la actualidad las Brigadas Rojas es un movimiento débil al que se le calcula apenas unos 50 militantes.

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