El expediente de El Jefe

Perfil - 29.07.2007
Lenín Cerna

En las estructuras del FSLN lo llaman con respeto El Jefe. Este es el retrato íntimo de uno de los personajes más cercanos de a Daniel Ortega, a quien un enemigo lo llama torturador de la peor calaña en este reportaje y que en su casa reconocen como severo, mal bailarín, bueno al chisme y a las rancheras

Jorge Loáisiga y Octavio Enríquez

Lenín Gregorio Cerna Juárez hizo honores en la recién fundada Seguridad del Estado Sandinista con dos operaciones de inteligencia en las que se involucró. En octubre de 1979, un grupo ejecutó en Tegucigalpa al ex guardia nacional Pablo Salazar, conocido en la insurrección como “Comandante Bravo”, y en septiembre de 1980, otro grupo mató a Anastasio Somoza
Debayle en las calles de Paraguay.

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En el primer caso, Lenín Cerna, entonces Cónsul de Nicaragua en Honduras, proporcionó al grupo ejecutor en la oficina del Consulado una subametralladora, una pistola con silenciador y cuatro granadas, según el testimonio del argentino Jorge Massetti, ex agente cubano. En el segundo caso, participó en la planificación de la operación que terminó con la vida del ex dictador nicaragüense.

Pero su expediente comenzó a engordar mucho antes. Cerna, quien
en septiembre próximo cumplirá 60 años de edad, tiene casi 40 años al servicio del FSLN, y durante ese tiempo ha sido acusado de robar bancos en su juventud, torturar prisioneros, crímenes de lesa humanidad, planificar asesinatos en la época en que dirigió la Seguridad; y de manipular la justicia tras bambalinas en estos tiempos.

Pese a tantas acusaciones y señalamientos, su biografía no deja de estar atrapada en un mar de disyuntivas que no permiten conocer a ciencia cierta al personaje. ¿Quién es este hombre que señalan de maquiavélico? ¿Es ese malvado o el pintor y mal bailarín, bueno al chisme y vanidoso que reconocen en su casa como un hombre severo, pero un protector de la familia?

¿Es el que se le corría a la prima que quería besarlo, el que le encantaba abrirle la panza a los sapos cuando era un muchacho que estudiaba Medicina, o el que un enemigo llama torturador de la peor calaña en este reportaje? ¿Quién es este hombre que cuando asesinaron a su amigo y compañero de celda, Carlos Guadamuz, no tuvo una frase de duelo y por el contrario elogió al asesino diciendo que lo recordaba como un buen expediente de la Seguridad?

MAGAZINE /LA PRENSA /CORTESÍA / GOLDY CERNA
Parte de los Cerna. Lenín, Nora, su mamá doña Juliana Juárez, Engel y Goldy con su perro Dogo. “Esta foto es del año de Marakinstán , creo que fue hace 30 años esta foto” dice Goldy. MAGAZINE /LA PRENSA /CORTESÍA /GOLDY CERNA

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En las filas sandinistas lo llaman Goyo. Es un hombre pequeño, corpulento, blanco, pelo liso al que sus adversarios reconocen con el distante “Cerna” como sucede con Guevara, Castro u Ortega, mientras sus simpatizantes o compañeros le nombran simplemente “el compañero Lenin”, igual que llaman a los otros Ché, Fidel o Daniel.

Tal vez por su trabajo, tal vez por el misterio que él mismo alimenta, sobre Cerna se ha tejido un mito. Nunca se sabe dónde está, frecuenta pocos lugares públicos, y la albacea de sus secretos es su hermana Ninoska Cerna Juárez, su asistente que vela con carácter espartano la agenda de su hermano, un hombre de pocas entrevistas y de quien se dice cambia de carro constantemente. Incluso, corre el rumor de que alguien le prueba la comida antes que dé el primer bocado.

“Esa es pura leyenda urbana”, dice su primogénita Jovanska Cerna. “Ni en los tiempos de la guerra miré yo que anduviera alguien probándole la comida en mi casa”. El ex Ministro del Interior, Tomás Borge, su antiguo jefe, se echa a reír con el cuento, y recuerda que la gente teje estos inventos.

“Lenín es el brazo fuerte de Daniel Ortega. Con el pacto con (Arnoldo) Alemán, el FSLN obtuvo una cuota importante de poder en la Corte Suprema de Justicia (CSJ), magistrados y jueces. Hay un grupo preparado en la oficina jurídica de la Secretaría del Frente que hace sentencias, crea situaciones en los juzgados, pero otras simplemente la aprovechan. Analizan información. Es una de las principales fuentes de financiamiento del partido”, asegura un sandinista que señala a Cerna de dirigir a este grupo, junto al secretario de Finanzas, Francisco López, actual presidente de la Empresa Nicaragüense de Petróleos (Petronic).

Este equipo está integrado, según esta fuente, por un grupo de ex miembros de la Seguridad (todos abogados) que trabajan con Cerna y se encargan de las “operaciones jurídicas” y de participar en la organización del partido en los llamados comandos electorales o defensores del voto sandinista.

Borge no cree en mafias judiciales y menciona que seguramente por “celos de poder” algunos miembros del FSLN los rechazaron cuando se metieron al partido, pero son gente talentosa para él. Entre ellos están Juan José Úbeda, Luis Guzmán, Rodolfo (Payín) Castillo y Vicente Chávez, a quien recientemente un inversionista denunció como parte de una red de extorsión que encabeza Cerna y que utiliza precisamente su contacto en los juzgados para sacar sentencias según le interesa al partido de las cuatro letras.

“No soy ni abogado ni juez, con dificultad llegué a primer año de la universidad, no tengo nada que ver con justicia ni magistrados ni nada”, dijo Cuna en una ocasión a un semanario de la capital cuando apareció mencionado en otro caso adonde se miraba su sombra.

En el FSLN nadie discute la condición de máximo líder de Ortega, así como tampoco la influencia de la Primera Dama Rosario Murillo. Pero a Lenín Cerna algunos lo llaman “El Jefe”, con mucho respeto. Un enemigo de “El Jefe” compara la relación de Ortega y Cerna con la que un día tuvieron Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos en Perú.

“Cerna tiene un expediente de todo el mundo, de todos los personajes políticos, y cuando quiere joder a alguien saca el documento nece-sario y lo manda a las instituciones ejecutoras para que se encarguen de hacer lo que ordena, sea esto legal o ilícitamente”.

Los dibujos de la cárcel. Preso por la Guardia Nacional, Lenín Cerna dibujó a todos sus ex compañeros de celda, los que aparecen en un libro del fallecido periodista Carlos Guadamuz. En el orden: José Benito Escobar, Oscar Benavides, Julián Roque, Daniel Ortega Saavedra, Manuel Rivas Vallecillo, Jacinto Suárez. También se puede observar otro cuadro de este ex militar, en una faceta poco conocida de su personalidad.

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Oficialmente Lenín Cerna incursionó en el FSLN cuando era un muchacho. Se relacionó con Carlos Fonseca, Silvio Buitrago, Tomás Borge y Ricardo Morales Avilés, con quienes convivió en sus nidos de conspiraciones contra el régimen de los Somoza en los años 60.

Esa confesión la hizo él mismo ante la Judicatura de la Policía de Managua que lo capturó el 9 de diciembre de 1968 por haber participado en el robo a la sucursal Buenos Aires, del Banco de América en septiembre de ese año.

Cerna dijo, según este mismo documento, que estaba seguro que Jacinto Baca Jerez lo había mencionado en la participación de otro asalto a mano armada, esta vez contra la sucursal oriental del Banco Nacional de Nicaragua el 22 de septiembre de 1966, y de ese modo la Policía se había enterado de su incursión en el FSLN.

En esta declaración, Cerna acepta además que ayudó a personajes como Tomás Borge a esconderse y que fue instructor de muchachos inexpertos para que aprendieran a hacer bombas caseras conocidas como molotov. En esos días, Borge le ofreció mandarlo a Cuba para que hiciera un curso de preparación militar.

“La fórmula del molotov es aceite, gasolina y una mecha. Después les enseñé otra fórmula con ácido sulfúrico”, explicó en esa declaración, que es uno de los pocos rastros documentales de un hombre hermético con su pasado y presente.

Borge lo recuerda organizando a los sandinistas en León y Managua, y en labores clandestinas en Honduras. “Él tenía hábitos de seguridad desde muchacho —dice Carmen Juárez, su prima no caminaba por las mismas calles y una vez nos regañó en una manifestación porque miró que desde lejos andábamos una cinta blanca y fácilmente podríamos ser presa de un disparo”.

A lo largo de esta vida de revoltoso, cayó varias veces preso, le jugaban la comida y algunas veces fue torturado, según su hermana mayor Goldy, a quien un guardia apuntó a la espalda cuando le reclamó porque le estaban dando maltrato a su pariente encarcelado. “A él le costó la lucha”, dice ella.

La raíz izquierdosa de este Lenín Cerna debe buscarse en el barrio El Calvario, de León, donde se le corría a una prima cuando le quería dar besos o donde se le miraba ceremonioso en la iglesia sirviendo de monaguillo al sacerdote José Areas que, en público, lo llegó a llamar su mano derecha.

Es el segundo de siete hermanos y se convirtió desde edad muy temprana en el protegido de la mayor, doña Goldy, que no permitía que le hicieran nada al niño. La vena marxista le vino de su padre René Cerna, un comunista salvadoreño que se radicó en Nicaragua en 1932 como sobreviviente del exterminio que perpetró el general Maximiliano Hernández Martínez en aquel país.

Su madre, Juliana Juárez, era una simpática mujer a quien algunos recuerdan en el viejo León por su linda voz que la llevó a cantar en la radio. El negocio de la familia fue siempre una zapatería (Industrial Cerna) mientras vivió en León, porque años después se trasladó a Managua.

La zapatería fue siempre un buen negocio que permitió darle estudios a los hijos de Cerna, tres de ellos con nombres marxistas por decisión del padre: Lenín (en la partida aparece Reinaldo Gregorio), Engels y Krupskaia. “Esto de mi nombre Reinaldo Gregorio es porque no me inscribían ni bautizaban como Lenín y me hicieron cargar con los otros dos nombres, lo que no era bastante para que, cuando el sacerdote pasaba lista en el Instituto de Occidente, llegara hasta mi nombre y dijera, apretando los dientes: chancho, perro, como se llame Cerna Juárez”, contó el coronel retirado en una entrevista a un diario local en 1999.

A Cerna también lo influyeron célebres vecinos como Rigoberto López Pérez, el poeta que mató a Somoza García en los trágicos sucesos de septiembre de 1956 que acabaron en represión, a quien lo separaba de él el patio, y el general Samuel Genie de la Guardia Nacional, su padrino y vecino. “Es curioso: el antiguo Jefe de la Seguridad de Somoza es padrino de quien sería con el tiempo el jefe de la Seguridad Sandinista”, dice su amigo Jacinto Suárez. Un parentesco que, según la hermana de Lenín Cerna, no impidió las torturas que le propinaron a su hermano cuando lo encarcelaron.

“Al igual que Lenín Cerna, Ricardo Morales es sometido a fuertes torturas, algunas de las cuales comienzan a ser practicadas en ellos como el uso de la capucha, que provoca el corte de respiración hasta llegar al punto de asfixia”, recuerda en su libro Epopeya de la Insurrección el general Humberto Ortega, quien llegó a ser jefe del Ejército tras la caída de Somoza.

Aunque otros presos, que convivieron en la cárcel con Cerna, recuerdan que había incluso des-confianza entre Morales y él, porque en la cárcel La Aviación (la actual Ajax Delgado) el leonés era tratado como reo de confianza por el alcalde, el entonces capitán GN Alesio Gutiérrez.

MAGAZINE/LA PRENSA/ARCHIVO
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Poco después de la caída de Somoza, la primera vez que el Ministro del Interior, Tomás Borge, recibió en su despacho a Lenín Cerna, este le ofreció sus servicios y dijo que estaba dispuesto a trabajar en lo que la revolución lo mandara. El segundo de Borge era el comandante Luis Carrión, el responsable directo de la seguridad del Estado bajo el mando entonces de Hugo Torres Jiménez.

“No sé qué problema tuve con Hugo, él es buen muchacho, pero puse mejor a Lenín Cerna y él demostró sus habilidades”, dijo.

Según Borge, Cerna tenía grandes habilidades en temas de seguridad, gracias a las que evitó que estallaran bombas en la capital durante la guerra contrarrevolucionaria. Eso lo logró porque tenía infiltrados, como la trama de una película, a varios jefes de los frentes de la Contrarrevolución, que ni siquiera sabían que trabajaban para él.

“La Contrarrevolución fusiló a uno que estaba fuera del país, creyendo que era el traidor. Nosotros capturamos toneladas de explosivos. Todo eso se logró por la habilidad de Lenín que montó este sistema de trabajo”, sostiene Borge.

Para sus antiguos enemigos, Cerna continúa siendo un sanguinario, un hombre sin escrúpulos. “Para Estados Unidos era un torturador de la peor calaña en la historia de la humanidad. El creó una red en Nicaragua donde había un Lenín chiquito en cada municipio. Se dice que se preparó con Yasser Arafat, el palestino”, dice circunspecto el comandante Luis Fley, ex miembro del Estado Mayor de la Contra.

Fley compara la crueldad de Cerna con la del dictador haitiano Jean-Claude Duvalier, llamado Bebé Doc, y recuerda la participación de Cerna en el asesinato de Salazar (el Comandante Bravo) en Honduras y dice que caer en las manos de él significaba torturas y muerte.

“Esto (acusaciones por tortura en general) sigue despertando controversias —dijo Cerna en una entrevista de 1999—. Nuestros enemigos se negaban a aceptar que no hubiera tortura física, como las picanas eléctricas, los golpes, quemaduras de cigarrillos y las pilas de agua salada de Somoza. No creían que las declaraciones fueran espontáneas”. Para Borge, Cerna ha cargado con un estigma y con responsabilidades que fueron y son compartidas entre las que se cuentan humillaciones a detractores y sacerdotes a quienes exhibieron desnudos.

“Nadie menciona a Luis Carrión, porque ahora es demócrata (está con el Movimiento Renovador Sandinista). Yo fui segundo jefe de la Seguridad del Estado y estoy claro que Carrión aprobaba todo el guión. Era meticuloso. A este me lo ponés payasito, hacés tal cosa”, revela Jacinto Suárez, un amigo cercano que incluso permaneció preso ocho años junto a Cerna y defiende que ellos siguieron, ante todo, el principio de la seguridad rusa que se basaba en convencer ideológicamente a la gente y en tres pilares: “mente fría, corazón ardiente y manos limpias”.

“No es cierto que éramos matones y tampoco que escuchábamos los teléfonos de todo el mundo”, asegura en su oficina del Parlamento Centroamericano, donde es diputado.

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Para su familia, es otra persona: el hombre que canta frenético soy el “Jefe de Jefes”, de Los Tigres del Norte, y que le gusta mucho Eric Clapton y Los Panchos.

Como Daniel Ortega, los familiares de Cerna dicen que no baila ni los ojos y que es, ante todo, un vanidoso irredento que se pintaba el pelo cuando anduvo clandestino y se lo encrespaba según Carmen Juárez, su prima. “No sé si todavía lo hace, pero no le veo canas”, opina a carcajadas. “Es súper vanidoso, le encanta andar bien vestido. Perfumarse,
como todos mis hermanos. Ellos se echan el frasco entero de perfume en la mañana cuando salen a la calle”, dice Jovanska, su hija mayor. Una de estas fragancias, según uno de sus familiares, es el perfume japonés Issey Miyake, que vale en un centro de compras capitalino 87 dólares el frasco de 100 ml.

Tiene también fama de mujeriego. Su hermana Itzmania dijo que era un bandido y su sobrina Lenina Cerna todavía lo ve como tal: “No fue mujeriego, lo es. Todavía está joven. Yo lo veo con ojos de sobrina, pero como hombre se ve todavía apetecible para cualquier mujer. Es pícaro. Antes dio más guerra porque estaba soltero. Ahora tiene que limitar sus campos porque está casado (con Marisol Castillo)”.

Lenín Cerna es también el padre estricto con los horarios de llegada de las fiestas, el celoso progenitor con sus hijas o el tío que lanza besos a la sobrina cuando ella está en otra mesa y él atiende una visita.

“Le encantan los chismes, le encanta darse cuenta de lo que pasa en la familia. Siempre está al tanto de todo aunque no lo parezca”, dice su hija Jovanska, quien recuerda que una vez vio llorar a su padre cuando uno de sus hermanos (Félix) casi muere en un accidente en 1996 y “verlo llorar, no lo había visto llorar”. Pese a lo cariñoso, algunos familiares como Carmen Juárez notan que la vida militar lo ha cambiado y lo ha alejado de ellos.

“Mi esposo dice que yo le tengo miedo. Si llego a la oficina no sé en qué ánimo está, y yo no aguantaría que me hiciera un desprecio o me dijera alguna cosa. Que me dijera Carmen viniste a mal tiempo. Ninoska (su hermana) es bastante dificil para dar permiso. Está en reunión, ella es la asistente, ella le sabe todo”, dice Carmen Juárez en su casa de la residencial leonesa Puesta del Sol.

Por eso prefiere encontrarlo en las reuniones en la casa de la madre, Juliana Juárez, quien aún vive y cumplirá pronto 89 años. Allí vuelve a ser el mismo de siempre: el chilero empedernido que cucharea en busca de cerdo, frijoles, aunque otros familiares y amigos aseguran que cuida bien su dieta y hace mucho ejercicio. Le encanta el vodka y el tequila, pero no deja de saborear el whisky en las reuniones con los antiguos compañeros de lucha, según confiesa su ex jefe, Tomás Borge.

¿De qué habla Lenín Cerna cuando se reúne con sus hijos? Lenina Cerna, su sobrina, dice que de todo, incluyendo política y se queja que su tío se preocupa mucho de las críticas de la gente, sobre todo cuando se las hacen porque ha beneficiado a sus parientes con puestos públicos, lo que ella niega, aunque cueste creerlo en un país con la cultura del nepotismo bien enraizada.

Lenina, al igual que sus otros parientes, dice que han sufrido el rechazo de distintas personas. A ella un tipo la saludó una vez con asco y odio. “A él le tocó jugar ese papel”, defiende su hija Jovanska, pero su tía, Goldy, cuenta que una vez un diputado hace cuatro años quiso comprarles unos cuadros que hace con aluminio repujado, pero cuando estaba por firmar el cheque, preguntó el nombre de ella y, cuando lo supo, rompió el cheque y luego espetó: “¡Ah no! —dijo— yo no le voy a dar de comer a los familiares de ese hijueputa”.

Amor incomprendido

Marisol Castillo y Lenín Cerna tienen 18 años juntos, pero Cerna ha tenido hijos con una mujer en Cuba, otra en México, y dos con la nicaragüense Alba Mara Baldovinos. Con Marisol Castillo tiene una hija llamada Martina y ha sido una de sus relaciones más criticadas, porque de por medio está el cadáver de su suegro. Es un hecho que si Cerna pudo salir de la cárcel fue gracias a que el comando sandinista Juan José Quezada se tomó, en diciembre de 1974, la casa del funcionario somo-cista José María Castillo, padre de Marisol.

El FSLN negoció con el dictador la salida de un grupo de presos políticos, entre quienes estaba Cerna, a quien le tocó analizar los documentos recabados en el asalto y se encontró con la foto de una joven rubia en un pasaporte. Era Marisol Castillo y, según Cerna, lo primero que dijo al ver la foto fue un “qué linda”. Según Cerna, hay datos poco conocidos que no ayudan a la gente a dilucidar la unión con Castillo, pero el principal es que cuando ocurre el asalto a la casa de su suegro ya este no era funcionario de Somoza.

Incluso asegura que había entrado en contradicciones con el dictador por “choques doctrinarios y además por-que no llega al gobierno de Somoza por ser somocista, sino por ser liberal de raíces históricas. Su padre era el caudillo esteliano Doroteo Castillo”.

Cerna relató que Somoza incluso sospechó de la familia de Castillo, pues miraron alguna complicidad tras el asalto.

“En la mente de Somoza y sus allegados se tejió una serie de novelas, como por ejemplo que la viuda podría ser cómplice del asalto a la casa por su relación con dirigentes estudiantiles de la UCA. Ella estudiaba Psicología, carrera que finalmente coronó en esa universidad como la mejor alumna, y efectivamente, recibía en su casa a sus compañeros de aula para estudiar en los días de exámenes”.

“Cuando la Seguridad de Somoza registró la casa asaltada, encontró el dibujo del secuestro de un avión. Uno de los hijos menores del doctor Castillo había copiado esa estampa de otro dibujo utilizado por Selecciones del Readers Diggest para ilustrar el reportaje sobre un secuestro que había sido famoso en esos días.Y ese dibujo, Somoza y sus allegados lo vieron como algo sospechoso”.

“Marisol, la hija mayor del doctor Castillo, que hoy es mi esposa, efectivamente tenía relaciones de amistad con jóvenes de la época que luego se conoció que fueron parte del comando Juan José Quezada, como Joaquín Cuadra y Javier Carrión, por ejemplo. Eso es interesante, porque la muerte misma del doctor Castillo y la militancia posterior de Marisol en el FSLN resultaron incomprensibles para algunas personas que desconocían que la educación recibida de su madre le permitió entender aquellas circunstancias terribles para ellos como algo de lo cual poca gente podía escapar en Nicaragua: la guerra, la violencia y la muerte”.

MAGAZINE/LA PRENSA/ARCHIVO/ORLANDO VALENZUELA
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“Extravíos del poder”

Según una entrevista que cedió a un diario local, Lenín Cerna considera que la lucha del FSLN se nutrió de premisas fundamentales: enfrentamiento armado y concepción del somocismo como un sistema de explotación que incluye no sólo a la familia dinasta y su brazo armado, sino a otros estamentos de la sociedad que fueron cómplices o encubridores de la dictadura como calificaba entonces a la Iglesia, una parte de la cual ahora acompaña al presidente Daniel Ortega.

“Ejercer el poder y de manera tan profunda como se dio con el triunfo de julio de 1979 fue una experiencia para lo que no estábamos preparados, y combinar los deseos de hacernos justicia contra los que habían robado y asesinado al pueblo nicaragüense, con las necesidades originadas en la defensa de la revolución, contra la cual se conspiró desde el primer día de la victoria, nos produjo, no hay duda, algunos extravíos en el uso del poder e incluso, por qué no decirlo, a falta de otra experiencia, la reproducción de algunas formas de represión ya conocidas”, dijo en esa misma entrevista que cedió a los periodistas Danilo Aguirre y Ernesto Aburto.

Se refería a los casos conocidos de Sofonías Cisneros y el padre Bismarck Carballo que fueron desnudados y en el caso del primero enviado así a su casa, mientras el segundo salió en los periódicos y en la televisión.

Sobre el aspecto político, el comandante Tomás Borge cuenta que Cerna siempre ha sido radical, al extremo que cuando pasó a retiro en el Ejército, al que lo trasladaron ya en tiempos de paz, prefirió que no lo ascendieran a General.

La razón fue que los grados se los impondría el enemigo de su jefe Daniel Ortega. Arnoldo Alemán era entonces el gordo orondo, con sonrisa cínica, que se vendía como un exterminador de sandinistas, pero que, al cabo de los años, terminó convertido en su gran aliado.

No quiso entrevistas

El coronel retirado Lenín Cerna dijo que no daría entrevistas a la revista Magazine para la elaboración de este perfil. Así lo comunicó su secretaria Ninoska Cerna, su hermana y confidente, y de ese modo respondió a más de dos semanas de solicitud que se concretaron en llamadas a su oficina y en una carta que se le envió a Cerna a través de familiares, amigos y la secretaría del FSLN.

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