En la mente de Walker

Perfil - 29.08.2004
William Walker, monumento

William Walker vino, vio y venció. También fracasó. Fue ungido como presidente de Nicaragua, instauró el idioma inglés y pretendía establecer la esclavitud. Dejó Granada en llamas. Huyó y quiso volver, pero murió fusilado. ¿Quién fue este hombre que partió en dos la historia nacional? Un médico internista es su biógrafo, el doctor Alejandro Bolaños Geyer. Este es su diagnóstico

Eduardo Marenco Tercero
Fotos: Orlando Valenzuela

Aquel 18 de abril de 1849, el día que murió Ellen Galt, la hermosa mujer de la Calle Julia de Nueva Orleans, William Walker jamás volvió a ser el mismo. Nacido en Nashville, Tennessee, Estados Unidos, el 8 de mayo de 1824, Walker provenía de una buena familia protestante de origen escocés. Uno de sus amigos de infancia definió a "Billy", como un niño pequeño para su edad, pecoso, de cabellos casi rubios, de ojos que parecían azules pero que en realidad eran grises, serio, con "una expresión de mansedumbre que siempre atrajo mi atención", y una voz suave. Aparentaba ser triste, cariñoso y colaborador. Nunca le vieron reírse a carcajadas. Se graduó en la universidad de Nashville y luego pasó a la mejor escuela de medicina de Estados Unidos, en Filadelfia. Al graduarse de médico, viajó a Europa para especializarse en La Sorbona y en Edimburgo, donde abandonó la medicina para dedicarse a estudiar la sociopolítica europea viajando por el continente. Cuando regresó a Estados Unidos ya llevaba el virus de la política inoculado en la sangre, de modo que se hizo abogado en Nueva Orleans.

Walker también adquirió acciones en el Daily Crescent, un periódico de Nueva Orleans, donde comenzó a escribir sus primeros editoriales. No mostraba ninguna señal de violencia, era un hombre pacífico, advierte su biógrafo, Alejandro Bolaños Geyer. Todo iba viento en popa hasta el día que murió Ellen Galt, su novia, una joven sordomuda que cayó víctima de la epidemia del cólera que notó Nueva Orleans.

"Sus escritos son lógicos y normales hasta el día que muere la novia", dice Bolaños.

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Fue entonces que se dio un brusco cambio en su persona, viraje que lo lleva a convertirse en un filibustero. "Empieza a insultar a todos los periodistas, se agarra a golpes y a balazos, sostiene varios duelos a pistola y sale herido porque no era experto en balas", comenta Bolaños Geyer desde su biblioteca en El Raizón, en donde —después de más de treinta años de labor— continúa indagando y aprendiendo sobre la vida de Walker.

William Walker
William Walker.

El complejo de Edipo

La tesis central del doctor Bolaños Geyer es que William Walker padecía del complejo de Edipo: "El amor carnal del niño a su madre y la rivalidad u odio con su padre". Los escritos del filibustero así lo revelan, afirma. Lo respaldan cinco tomos en los que ha sintetizado la vida de este personaje.

"Yo me dediqué a diagnosticar a este paciente y concluí que al morirse la novia se acabó el mundo para él, porque ella era la sustituta de la madre, que estaba viva, pero él sabía que no podía tener relaciones carnales con su madre", sostiene Bolaños.

Después de la muerte de Ellen, no tuvo nada que ver con ninguna mujer. No volvió a interesarse en ninguna. Nunca más. Se volvió inescrutable. Hay quienes piensan que fue homosexual. Bolaños Geyer considera que eso es posible. Pero no hay evidencias que así lo testimonien. Fue pues, muy probablemente, todo un Lawrence de Arabia, un conquistador que en su afán civilizatorio terminó convertido en un bárbaro.

Walker estaba enamorado de su madre, Mary, según Bolaños, una sencilla ama de casa que procreó cuatro hijos, siendo William el mayor de todos. Dos de sus hermanos vinieron como filibusteros a Nicaragua, muriendo uno en Masaya —siendo enterrado en Granada— y falleciendo el otro en altamar cuando iba de regreso a Estados Unidos.

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Cuando Walker es contratado por los liberales como filibustero para derrotar a los conservadores chamorristas de Granada, toma la ciudad y derrota a los legitimistas. Los leoneses le dan el título de general en jefe y se apodera del país. Pero llegó el momento en que les dijo: "Es hora que me entreguen a mí la Presidencia". Se erigió entonces como presidente de la República, promovió el uso del idioma inglés y planeó importar esclavos de África para que el país prosperara, pues pensaba que los mestizos, criollos e indígenas de Nicaragua eran una raza de flojos. También comenzó a publicar El Nicaragüense, un periódico que fue su trinchera de combate.

Alejandro Bolaños Geyer
El historiador Alejandro Bolaños Geyer.

Un copo de nieve en el río

Walker detestaba a los nicaragüenses. Debido a su pereza, solía decir: "los nativos desaparecerán como un copo de nieve en el río".

Siempre fue abstemio. No fumaba. En su ejército —en teoría—estaba prohibido el licor y en sus fiestas sociales de Granada se servía únicamente vino y champán. Nada vodka o de trago fuerte. Menos nativos. La familia de doña Sabina Selva le acuerpó en Granada. Es la única mujer nombrada en las crónicas referidas a sus fiestas sociales.

A la única logia que perteneció en su vida fue a la Logia de la Estrella Roja, tal como se autollamaba su grupo de filibusteros. No creía tampoco en cábalas. En sus escritos se burlaba de ella. Ofrecía a cada filibustero una acción de la "Nicaragua Colonization Company", cuyo valor equivalía a 52,000 acres de tierras nicaragüenses para cada uno de ellos.

Fue periodista. Médico. Abogado. Filibustero. Presidente. Se creía iluminado. Predestinado para ser emperador. Actuaba como un Napoleón. Pero fracasó.

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¿Qué ideas inspiraron a Walker? Aunque no hay referencias a Napoleón, se comportaba como él. "Era un Napoleón en el sentido de que quería ser el dictador supremo para establecer su imperio, que no era Nicaragua, sino todo el Caribe", dice Bolaños Geyer.

En su última expedición, ya sin medios por falta de dinero, concibió el plan de llegar a Nicaragua a través de Honduras, desembarcar en Trujillo y de allí irse a Nicaragua. De modo que en los barcos fruteros que venían desde Nueva Orleans o de Mobile, a Puerto Cortés y Trujillo, Walker trasladó a unos sesenta filibusteros. Desembarcó en Trujillo y la flota inglesa lo apresó y lo entregaron a los hondureños, quienes se encargaron de fusilarlo el 12 de septiembre de 1860.

Años antes, cuando se propuso ser electo presidente de Nicaragua, Walker renegó del protestantismo y se hizo católico, pues la Constitución nicaragüense exigía ser católico a quien deseara ser presidente. Bolaños cree, sin embargo, que sí se convirtió de verdad porque antes de morir así lo expresó al sacerdote que le acompañó en el final, a quien le dijo a modo de epitafio:

"Soy católico romano, es injusta la guerra que he hecho a Honduras, los que me han acompañado no tienen culpa sino yo, pido perdón al pueblo, recibo con resignación la muerte, quiero que sea un bien para la sociedad".

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Murió a los 36 años de edad. Suficientes para dejar una estela de destrozos a su paso.

Hacienda San Jacinto
Hacienda San Jacinto.

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