Gusto por sentirse feo

Perfil - 22.10.2006
Edmundo Jarquín

A la sombre de un carismático Herty Lewites, apareció sin mucho ton ni son un tal Edmundo Jarquín, un desconocido sonriente cuyas referencias políticas lo ubicaban muy lejos en la historia, allá por los años 70 e inicios de los 90. Quiso la muerte llevarse a Lewites y de pronto surgió, irreverente y locuaz, un personaje caricaturesco que se burla de sí mismo y disfruta llamarse y sentirse feo

José Adán Silva y Alina Lorío

Madrid, España. 1989. El jolgorio en la elegante sala rociera es palpable. Hay ruidos de copas y brindis, se oyen voces de júbilo y risas, música sevillana suena en el ambiente y muchos pares de ojos masculinos, acompañados de suspiros profundos y seguramente de mucho mal pensamiento de líbido, siguen atentos los movimientos de una imponente mujer de largo y ajustado vestido negro, nalgas amplias y piernas esbeltas que se dejan entrever en la apertura lateral de la tela oscura, blanca la piel como la nieve y la sonrisa de carmín cautivando a la presencia masculina con su danza andaluz.

Ya todos los hombres de esta mesa han fracasado en su intento por acompañar en la danza a la despampanante mujer que, coqueta en sus giros sobre la pista, es fría en la mesa. El último hombre que falta por intentar sacar a bailar a la dama de negro es alguien casado que tiene a su esposa al lado en la mesa, y que no cesa de reírse y burlarse de los fracasados bailarines que han fallado en el intento. Molesto, uno de ellos le increpa: “Vos porque andás acompañado de tu mujer no te has levantado a sacarla a bailar, pero si fueras a intentarlo de todos modos te rechazaría porque sos el más feo de este salón”.

—No hombre, te apuesto que así feo y todo como me ven, si me da permiso mi señora, yo sí la saco a bailar—. Las risas estallan en la mesa y todos apuestan por ver si es verdad que semejante portento de mujer se atrevería a bailar con un galán que además de casado y con mujer al lado, era el más feo varón de la sala.

La esposa del retador dio el visto bueno y así se hizo la jugada: el hombre caminó hasta la mesa de la dama de los suspiros, la saludó y tras un breve cruce de palabras, él se sentó a su lado y casi inmediatamente el rostro intrigado de ella se llenó de sonrisas y de pronto ambos iban a la pista a bailar una música suave mientras en la mesa de las apuestas las caras largas pasaron del estupor a los bravos aplausos.

“Simplemente le dije: señora, soy fulano, casado y con mi señora esposa aquí presente, estoy sentado en aquella mesa donde los caballeros han insistido en querer bailar con usted por su belleza, pero usted tiene toda la razón del mundo para rechazarlos, el caso es que ellos dicen que por mi fealdad usted no sería capaz de aceptarme a bailar muy respetuosamente una pieza. Yo les dije que no creía que una dama tan elegante como usted, tuviera tan mal corazón como rechazar a este humilde feo que sólo quiere dedicarle esta pieza a mi señora esposa”, cuenta Edmundo Jarquín Calderón, un ocotaleano de 60 años que ha hecho de su poca gracia física, una bandera y lema de vida para lograr superar obstáculos y llegar al éxito: lo feo no quita lo inteligente, dice él.

Tras muchos años de vida fuera del país, Jarquín apareció del puro anonimato para intentar ganar la Presidencia de Nicaragua en base a un discurso lleno de lenguaje popular y mensajes propagandísticos donde se realza la imagen de un hombre “feo” que quiere una Nicaragua “linda”. Es el candidato a presidente por el Movimiento Renovador Sandinista y tiene un pasado que nació en el somocismo, que se alimentó de del antisomocismo, que pasó por el sandinismo y que ahora yace al otro lado de la acera de su antiguo partido el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Edmundo Jarquín también fue deportista en su juventud. Aquí lo vemos en una pose de medio perfil, con el equipo de futbol del Colegio Pedagógico de Diriamba. Está al centro, de pie, con short blanco.

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Mundito, el quinto de una prole de siete hermanos nacidos en Ocotal, un pueblito polvoriento y frío del noroeste de Nicaragua, era tan feíto de pequeño que su madre con mucha ternura lo incentivaba a ser alguien en la vida: “Vea Mundito, usted no se puede dar el lujo de ser bruto, usted es muy feíto, tiene que ser estudioso, caballeroso, portarse bien, ser educadito…

” Viene de una familia modesta de Ocotal. Su padre, Humberto Jarquín, quien llegó al cuarto grado de primaria, era un activista del partido de Somoza y fue diputado del régimen entre 1957 y 1963. Su madre, Josefa Calderón, terminó la primaria y fue maestra, después se dedicó a atender a los hijos y a atender un negocio familiar de venta de productos de todo tipo.

No se sabe si por la influencia y consejo de su madre Jarquín tomó en serio el asunto de estudiar para no quedarse, aparte de feo, burro, pero si es verdad que al terminar la primaria fue condecorado como el mejor alumno y se ganó una beca de cinco años para terminar el bachillerato en el Colegio Pedagógico La Salle de la ciudad de Diriamba, Carazo.

Antes de eso, había trabajado como ayudante de telegrafista, vendido periódicos y jugado beisbol, razón por la cual pasaba el día entre el colegio, el campo, la oficina de telégrafo y su casa al llegar la tarde.

La buena estrella del estudio le siguió brillando en el Pedagógico y aparte de seguir brillando en deportes, se destacaba cada año como buen estudiante, tanto así que sus compañeros de clase le decían “Trofeo” en doble sentido: por “trompudo y feo” y por la facilidad con que levantaba los trofeos de deportes y mejor alumno.

Fue en esos años felices de bachillerato donde el ahora candidato conoció dos cosas que le cambiaron la vida: la lectura de dos libros Las Uvas de la Ira, de John Steinbeck, y Los Curas Obreros, de Michel Quoist.

A ello se le sumó un hecho impactante cuando estaba en primer año de secundaria: un grupo de guerrilleros se intentó tomar dos cuarteles de la Guardia Nacional el 11 de noviembre de 1960 en Diriamba y Jinotepe, y fueron atacados de tal modo por la fuerza militar del Ejército que se refugiaron en el edificio escolar donde Jarquín y 90 alumnos más descansaban. La Guardia tuvo consideración y permitió a los alumnos salir del edificio para sacar a balas a los rebeldes. Jarquín se quedó junto a otros muchachos más. “Yo me preguntaba qué pasaba en Nicaragua como para que un puñado de muchachos arriesgaran la vida ante un poderoso ejército de militares. No lograba entenderlo”, dice Jarquín 46 años después de aquel incidente en que, dicho sea de paso, conoció a alguien que muchos años después le cambió la vida: Herty Lewites.

Después de esa noche, el joven estudiante se convirtió poco a poco en un gran activista antisomocista, sobre todo al ingresar a estudiar Derecho a la Universidad Centroamericana y luego estudiar y capacitarse políticamente en Chile, fundó junto al Director de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro, la Unión Democrática de Liberación (UDEL). Después de muchos incidentes políticos, actos de protesta, cárcel y amenazas de muerte, Jarquín se decide apoyar abiertamente al FSLN hasta que este derrota militarmente al régimen de la familia Somoza. Posteriormente se integró a la Revolución Sandinista como director de Inversiones en el Ministerio de Planificación. De 1981 a 1984 fue Ministro de Cooperación Externa y Director del Fondo de Inversiones (FIR). Estuvo después de Embajador en México y España y fue candidato a diputado en las elecciones 1990 por el FSLN; fue electo y sirvió como directivo en la bancada sandinista en la Asamblea Nacional, hasta su ruptura definitiva del FSLN por diferencias de criterios e ideología en 1995. Después viajó a Estados Unidos y Europa a trabajar con organismos financieros internacionales.

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Edmundo Jarquín es el más desconocido de los cinco candidatos a Presidente de Nicaragua que actualmente compiten por el poder. El asunto tiene sus razones: durante la mitad de los años ochenta estuvo fuera del país en misiones diplomáticas, y a inicios de los años noventa se volvió a ir del país por misiones laborales y familiares a Estados Unidos y Europa.

Contrario a los otros candidatos, muy pocas voces políticas se atreven a señalarle en cara abusos de poder, actos de corrupción o cosas oscuras. Salvo las comunes calificaciones de “sandinista”, “empleado del imperio”, “feo”, “incapaz” y otras menos ofensivas, sólo el ex guerrillero Edén Pastora se ha atrevido a acusarlo de algo grave y fue precisamente durante un debate televisivo ante la cadena de noticias internacional CNN.

Dijo que Jarquín había sido Embajador de Nicaragua en Libia e Irán y que en sus misiones diplomáticas tenía las funciones de traer armas a Nicaragua desde el mundo socialista para hacerle la guerra a los guerrilleros de la Contrarrevolución.

Otra acusación, anónima y titulada “las cosas feas del feo”, señala que el candidato electoral se daba la gran vida en el extranjero mientras en Nicaragua el que no se moría por la guerra padecía de hambre, y que en una ocasión en Estados Unidos una empleada lo demandó por problemas laborales. Jarquín admite una cosa y aclara la otra: sí fue embajador, pero no estuvo en los países socialistas pidiendo armas, y sí tuvo una demanda laboral de la joven empleada, pero fue resuelto por la vía judicial en tres días y a ella se le pagó parte de lo que pedía conforme a las leyes judiciales de Estados Unidos. Nada más.

“Es dificil que un jodido alegre y jodedor como ese pueda granjearse enemigos. Si en el colegio a los que les caía mal se les acercaba, les hablaba, y cuando todos miraban, ya estaban en grandes carcajadas y abrazos. Era un muchacho con una capacidad de diálogo increíble”, dice Danilo Valle Martínez, un ex compañero de clases de primaria, secundaria y universidad de Jarquín.

“Eso que dicen que era cerebrito, es verdad. Mientras a nosotros nos tomaba cuatro horas estudiar algo, a él le tomaba una hora, se iba a entrenar al campo, se iba a piropear a las muchachas y después cuando mirábamos, el jodido ya había salido bien en clases, cumplido en los juegos deportivos y ganado punto ante las muchachas a las que les decía: si vas a verme jugar y me tirás un beso delante de mis amigos, te prometo un gol, te hago un poema o meto un jonrón”, narra entre risas Valle.

Otro que compartió momentos con Jarquín en su natal Ocotal fue don Porfirio Gutiérrez, residente de este pueblo. Al ahora candidato lo recuerda como un joven campechano de carácter alegre, chilero a no más poder, admirador de la cordillera de Dipilto y eterno enamorado de las muchachas del pueblo.

Don Porfirio, de 66 años, recuerda a Jarquín “como un muchacho muy estudioso e inteligente. Inquieto como todo joven, chispeante, nunca le conocí yo una actitud desagradable hacia las personas”.

El señor dijo recordar muy bien a la primera esposa del hoy candidato, la ocotaleana Damaris Ramos, de quien luego se separó. “Realmente resultaba agradable a las muchachas por su forma de ser y tratarlas”, cuenta y ríe con picardía Porfirio.

Violeta Madrigal Calderón, vecina y amiga de infancia de Jarquín, conoció a “Mundo” desde que era niño. Ella asegura que la casa de Jarquín y la maestra Chepita fue como su segunda casa donde iba a jugar con toda una gavilla de niños y niñas.

La imagen del Edmundo que ella guarda en el recuerdo es la de un muchacho pícaro que le gustaba organizar grupos de jóvenes para hacer pachangas en las casas vecinas.

¿Qué cosas caracterizaban a este joven de ojos saltones y cara de burla? “Él era un muchacho muy contento, chilero y excelente piropero con las muchachas, caballeroso y hasta poeta, con una galantería especial que hacía pasar desapercibido el hecho de que no era un hombre guapo”, apunta Violeta Madrigal, hoy delegada departamental del Intur.

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Edmundo Jarquín está ahora en una casa alquilada en un escondido reparto al sur de la Iglesia Las Sierritas de Santo Domingo, Managua, junto a su esposa Claudia Chamorro.

Él viste de camisa naranja de campaña y muestra el rostro más oscuro de lo que parece en la televisión, las arrugas son más notorias a un metro de distancia y las canas en el pelo rebelde se notan más duras de lo que se ven en los carteles propagandísticos.

No deja se sonreír, como si estuviera todo el tiempo haciendo uno de esos spot donde llama a votar en su casilla presentándose como “el feo”.

Recientemente ha regresado de Dominicana y revela que aparte de haber bailado mucho merengue, aprendió unas recetas de comida nueva que espera pronto poner en práctica porque, a saber, le gusta cocinar y practicar con platillos nuevos.

¿Complejos por el físico? “Para nada”, dice él, y agrega que por el contrario, llegó a desarrollar mucha confianza en sí mismo. “Todas las novias que he tenido han sido muy guapas, y las dos esposas que he tenido son muy guapas. ¿Y cómo hago? Pues me les acercó muy educadamente y les digo que al lado mío ellas resaltan sus bellezas, que si ponen un guapo al lado suyo van a competir con ellas”, dice y se celebra. A su lado, Claudia, muy elegante, ríe con él.

¿Fue noviero de muchacho?

“Uhhhh, claro, muchísimo”… Claudia, que ríe al lado, entra en la conversación y en tono de severo regaño dice: “Tantas novias tuvo que todavía al día de hoy me cuenta de algunas que nunca me había hablado y yo le digo que todavía le van a faltar días de su vida para terminar de contar a las novias que tuvo”. Jarquín tiene 20 años de matrimonio con Claudia Chamorro. Ella mejor que nadie, incluso mejor que él, sabe cuáles son sus mayores defectos o debilidades y a petición nuestra se las señala a su marido: “Tenés mucho sentido del humor, pero a veces las otras personas no están de ánimo para oírte, y vos a veces no notás eso y en ocasiones no resulta agradable”. Él se ríe quedito, actuando como niño regañado, y luego acepta: “Ella tiene razón, a veces soy muy espontáneo y otras ocasiones soy impulsivo”.

Las encuestas lo ubican bastante lejos del primer lugar…

“Pero subiendo, cuando Herty murió, todos pensaban que esto se iba abajo, pero al mes de su muerte, mantuvimos el nivel, en el segundo momento le quitamos votos a Daniel Ortega para que no gane en primera vuelta, y en el tercer momento, en segunda vuelta, le ganamos al FSLN”.

Eso dicen todos. Pero si usted pierde ¿qué planes tiene? “Yo no estoy trabajando con otra hipótesis que no sea ganar. Si empiezo a trabajar con una alternativa de derrota, puedo transmitir esa sensación y confundir a la gente y ahí sí perdemos, y no estoy dispuesto a perder”.

¿Tiene enemigos?

“No. ¿Quién me puede odiar a mí? No creo tener un solo enemigo, creo tener adversarios, competidores, francamente nunca he hecho mal a nadie ni personal ni políticamente, no hay cómo atacarme y ya ves, los únicos ataques me han hecho son anónimos, una carta donde dicen las supuestas cosas feas del feo”.

Bueno, si usted dice que no tiene enemigos, ni ha hecho nada malo, ¿algún defecto tendrá aparte de ser feo?

“Soy directo al decir las cosas a como las pienso, sin maquillarlas a conveniencia y eso muchas veces no es comprendido en Nicaragua. Ahí tenés mis declaraciones sobre el aborto terapéutico, dije lo que pensaba, si yo hubiera sido un político calculador, nunca lo hubiera dicho, pero no soy ese tipo de persona, digo las cosas que pienso y sólo me retractaría si dijera por error algo que ofendiera a la sociedad o a alguien, pero no cambio mi discurso”.

Cargando una porra con alimentos, Jarquín y su familia se preparan a abordar un barco en Rivas. En el extremo derecho aparece casi modelando doña Violeta Barrios de Chamorro, su suegra.

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