La fortuna de Piero Coen

Perfil - 23.09.2007
Piero Coen Montealegre

Piero Coen Montealegre pasó del niño descalzo que iba a una escuela pública de Chinandega a ser la cabeza de una de las mayores fortunas de Nicaragua. Todo en 50 años. ¿Cómo lo logro? Esta es su historia

Fabián Medina
Fotos de Orlando Valenzuela

Para Piero Coen Montealegre aquel primer paseo en su convertible Ford Thunder Bird del año 55 debió ser como el desfile triunfal de Julio César en Roma tras su regreso de Las Galias. Era su triunfo personal. Apenas tenía 15 años y todavía en Chinandega lo recordaban yendo descalzo a la escuela pública del “maitro” Sánchez, lustrando zapatos o ayudando a su mamá en la venta de leche por las madrugadas, en el zaguán de la casa de su abuela. Cuando el vehículo rojo irrumpió en las tranquilas calles de la Chinandega de aquella época, estaba de alguna manera anunciando lo que sería hoy: la cabeza de una de las mayores fortunas de Nicaragua y, sin duda, la mayor de Chinandega.

Piero Coen tiene 65 años y bajo su cargo trabajan 17 mil empleados. Posee la tercera ganadería del mundo con aproximadamente 35 mil reses en la actualidad y sólo una de sus empresas –Western Union para Centroamérica— moverá este año más de 3,000 millones de dólares. ¿Cuál es el secreto de su éxito? ¿Cómo una persona que de niño no pudo comprarse zapatos se compra un convertible cuando es adolescente y ahora viaja en su propio jet o en su helicóptero privado?

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“Yo iba descalzo a la escuela pública, en Chinandega. Lustré zapatos, fui chofer de camión. Yo me pago mis estudios desde primaria. Nunca tuve un juguete de Navidad, no tuve un par de patines, bicicletas, pero a los quince años me compré un carro convertible”, proclama Coen, en esta que asegura es la primera entrevista que da sobre su vida.

Piero Coen Montealegre
El Cortijo El Rosario es el epicentro del emporio del Grupo Coen.

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Su rostro no es muy público. Cuando aparece una mañana de sábado para la entrevista con Magazine en la cómoda casa de su hijo Piero Coen Ubilla, en Managua, me percato que apenas si conozco su rostro. Ojos pequeños e incisivos. Blanco, mentón grueso con hoyuelo, rubicundo, cordial y dispuesto. “Pregunte lo que quiera”, dice en el corredor de la hermosa casa, donde en el patio pasean orgullosos varios pavos reales.

Alguna vez lo vi en una foto oficial recibiendo sus credenciales de embajador en uno de los tantos países, bajo uno de los tantos tipos de gobierno que ha servido.

Tampoco hay muchos datos sobre su vida escritos por ahí. Especulaciones abundan. Afirmaciones temerarias sin ningún dato que las respalde. Se dice por ejemplo que la fortuna de Coen proviene del narcotráfico, del lavado de dinero, de los militares guatemaltecos, o que simplemente es testaferro de Anastasio Somoza Portocarrero, “El Chigüín”.

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—La gente no sabe ni qué decir de mí —riposta—. Primero porque no me conoce casi nadie. No soy público. Esta es la primera vez que doy una entrevista.
—¿Por qué?

—Tal vez por los secuestros. Tal vez porque no me gusta ser público, ser notorio.

Y en ese anonimato le han sucedido anécdotas como la siguiente: “Me he encontrado con gente que habla barbaridades de Piero Coen. ¿Vos conocés a Piero Coen? le pregunto. ‘Lo conozco perfectamente, hice negocios con él y me robó’. Hombre, yo soy Piero Coen, mucho gusto. El hombre se puso verde, dio la media vuelta y se fue. También me ha pasado al revés. ‘No hay mejor persona que Piero Coen’. ¿Ajá y vos conocés a Piero Coen? ‘Soy íntimo de él. Esa es la mejor persona…’ Hombre, no sos íntimo pero ahora ya lo conocés, yo soy Piero Coen”.

Y desestima los rumores con una explicación sencilla: “Es bien difícil aceptar que el vecino de uno, el que iba descalzo a la escuela, es millonario y uno no”.

Piero Coen Montealegre
Desde el aire, las tierras de los Coen, que suman las 40 mil manzanas, parecen parques por la pulcritud y orden.

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Piero Coen Montealegre viene de una familia rica arruinada. Todo comenzó cuando el italiano Giorgo Coen Gialli llegó a Nicaragua para visitar a la familia Palacios, en Corinto. Ahí conoció a la jovencita Esther Montealegre Deshon, descendiente de dos reconocidas familias chinandeganas. Se hicieron novios y se casaron antes que estallara la Segunda Guerra Mundial, un evento que como veremos después en algo afectó a la recién formada familia Coen Montealegre.

Del matrimonio nacieron cinco hijos: Nella, Jorge, Carlo, Milagros y Piero, quien nació en 1942. El italiano, sin embargo, dilapidó la fortuna propia y la de su mujer en el juego y pronto sobrevendría la ruina económica que obligaría a la familia a pasar las peripecias económicas que marcarían la niñez de Piero.

—Mi padre quebró económicamente y nos abandonó —dice—. De tal manera que mientras todos mis primos-hermanos iban a las mejores escuelas de Nicaragua, yo iba descalzo a la escuela pública, en Chinandega.

—¿Qué pasó con su mama? ¿No la apoyó la familia Montealegre?

—No recibí nunca ninguna ayuda de ninguno de mis tíos. Ni siquiera una beca de estudios, ni siquiera 10 pesos. Ninguno de mis tíos me ayudó.

—¿Por qué?

—Aahh… No lo sé. Eso habría que preguntárselo a ellos. A mí sí me trataban con cordialidad, todos ellos. Después llegaron a quererme. Me trataron con cordialidad siempre, pero nunca me apoyaron. Nunca se le ocurrió a ninguno pagarme los estudios, a pesar que siempre fui el mejor alumno.

Julio César Montealegre, primo de Piero Coen, lo recuerda como alguien “altamente competitivo, esforzado y diferente a la mayoría de nosotros”. Y no se explica cómo es que sus padres y tíos no le echaron una mano a la familia en desgracia. “Tal vez cada quien estaba resolviendo lo suyo y no había para más. Pero sí creo que se le pudo haber ayudado y no se hizo”.

Piero Coen tenía siete años cuando su padre abandonó la familia y todavía hoy lo recuerda como “la persona que más me ha herido”. Por las noches oía llorar a su madre. “Ella quedó muy amargada”, dice.

Sin esposo, sin fortuna y con cinco hijos, doña Esther se las ingenió para sobrevivir. Revendía la leche que compraba. “Se levantaba todos los días a las cuatro de la mañana y en el zaguán de la casa de mi abuela se ganaba cinco centavos por cada litro que vendía. Yo me salía a ayudarle con alguna frecuencia. A acompañarla. Cosía ajeno. Fue una vida muy pobre. Gracias a Dios teníamos una abuela que tenía alguna capacidad económica, aunque no fuera tan rica y ahí vivíamos en su casa. Por lo menos comida no me faltó”.

Pronto la suerte cambiaría a ritmo de vértigo. A los trece años, Coen sembraba algodón, a los 14 vendía fertilizantes y mantenía a su madre. A los quince había empleado a todos sus hermanos y se compraba el Thunder Bird convertible con que hizo su entrada triunfal aquel día por las calles de Chinandega y que según cuentan sus contemporáneos despertó la admiración de las muchachas de la época. “Desde los 15 años comencé a ganar mucha plata”, dice. ¿Cómo lo hizo? Ese es el secreto que quiere contarnos en esta entrevista.

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Desde el aire El Cortijo El Rosario se ve imponente. Más que una hacienda luce como un parque. La casa-hacienda, por llamarla de algún modo, es un complejo de 32 manzanas, en el que trabajan apenas unos 50 empleados que mantienen todo impecablemente ordenado. “Piero no puede ver una colilla de cigarro”, dice graciosa Vittoria Peñalba, la guapa directora de la Fundación Coen que maneja el carrito de golf en que viajamos a través de las callejuelas de El Cortijo.

Cuando dicen “Piero”, se refieren a Piero Coen Ubilla, el mayor de los hijos varones de Piero Coen Montealegre, un personaje con apariencia de cowboy, agradable y franco, que transmite la extraña sensación de estar conectado todo el tiempo con el ciberespacio, ya sea a través de su teléfono celular, la pequeña computadora portátil que lleva consigo o los dispositivos que ha instalado en su camioneta: una impresionante Range Rover de versión limitada. A su padre, en ese su mundo, lo diferencian llamándolo “Don Piero”.

Ubicado en Chinandega, El Cortijo El Rosario es el epicentro del emporio de los Coen. Ahí se encuentra de todo lo que el buen gusto y el dinero pueden dar. Un lago artificial, manadas de venados, iguanas y garrobos por doquier, un carrusel traído desde Venecia, Italia, un vagón de tren regalado por Anastasio Somoza Debayle y convertido en un lujoso bar, una crianza de ponis, una escuela de entrenamiento ecuestre, otros vagones del tren de Occidente convertidos en apartamentos para visitas, una capilla con su mausoleo familiar y un imponente rancho, tipo palapa mexicano, que combina culturas africanas y americanas, y es el centro de reuniones y festejos familiares.

Todo el complejo se construyó alrededor de la casa original, aquella casa que Piero Coen Montealegre comenzó a levantar hace aproximadamente 45 años, cuando dejó de ser pobre.

Por su majestuosidad, esta finca fue integrada en el documental Las espectaculares casas de Nicaragua, dirigido por Gabriel Traversari, como igual fue integrada al documental Las espectaculares casas de Guatemala, la casa que los Coen tienen en ese país.

Por El Cortijo han pasado todos los últimos presidentes de Nicaragua y personalidades políticas de todo signo: desde Daniel Ortega hasta Arnoldo Alemán, desde Enrique Bolaños hasta el presidente hondureño Manuel Zelaya.

El emporio de los Coen lo forma una gran extensión de tierras provenientes de una cuarentena de fincas que podrían sumar las 40 mil manzanas, todas ellas compradas en los últimos 15 años. La principal, tal vez, es Agropecuaria San Jorge, que en la actualidad tiene unas 30 mil cabezas de ganado, en Chinandega y Río San Juan, y que para el año 2010 se prevé será la mayor ganadería del mundo.

—Mi ganadería es ahorita la tercera más grande del mundo y en el 2010 va a ser la más grande del mundo. En el 2010 Nicaragua va a tener la empresa ganadera más importante del mundo. Más que cualquiera de Brasil. Ya es más grande que cualquiera de Estados Unidos, México o Centroamérica o Colombia.

—¿Cuántas cabezas de ganado?

—Para el 2010 van a ser 145 mil cabezas de ganado.

A la par de Agropecuaria San Jorge, que alcanza las 35 mil hectáreas de extensión, está Agrícola Rosario que la conforman las fincas Ceilán, Cosmapa, San Jerónimo y Apastepe. Las dos últimas tienen un valor sentimental para los Coen. San Jerónimo es la finca donde comenzó todo: ahí Piero Coen Montealegre sembró las primeras 50 manzanas de algodón cuando apenas tenía 13 años. Y Apastepe es una finca poco productiva, dedicada más a la reforestación que Coen se empeñó en comprar porque ahí estuvo confinado su padre, cuando alemanes e italianos eran llevados a la cárcel, después que Nicaragua le declarara la guerra a Alemania e Italia en plena Guerra Mundial. La reclusión en la finca de un mayor de la Guardia Nacional y no en la cárcel El Hormiguero, fue un favor de Anastasio Somoza García y el origen de la posterior amistad entre Piero Coen Montealegre y Anastasio Somoza Debayle.

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A los trece años Coen Montealegre había dejado de ser un niño descalzo, ya no lustraba ni servía como chofer. Vendía, y vendía cualquier cosa. Su madre tuvo que emanciparlo para que a esa edad él pudiera firmar contratos y tener chequera. Para ese tiempo la mayoría de edad se alcanzaba a los 18 años. “Yo tuve el honor de mantener a mi madre desde los 13 años de edad”, dice orgulloso.

“Vendía todo lo que un muchacho de 13 años puede vender en un pueblo con una economía muy restringida como era Chinandega de aquella época. Conocí a Róger Terán, que estaba tratando de introducir el fertilizante, y comencé a vender fertilizante con Róger. El primer año no tuvimos mucha suerte, el segundo una suerte mediana, pero el tercer año fue un éxito tremendo. Desde los 15 años comencé a ganar mucha plata”.

A los 14 años su vida cambia. Sembraba algodón. A esa edad se bachillera y decide estudiar Contabilidad, a pesar que no le gustaba, porque era la única carrera que se podía estudiar de noche en Chinandega. Más tarde sacaría dos maestrías, una en Miami en Sicología y otra en Comercio Internacional, en Lafayette, Estados Unidos.

—¿Cómo llega a tener amistad con Somoza?

—Yo me crié con cierto agradecimiento (por la reclusión de su padre en una finca y no en la cárcel) y hasta como los 16 años fui opositor a Somoza. Pero una vez lo conocí en la casa del tío Alfonso Callejas, que era alcalde de la ciudad, y ahí llegaban los Somoza. Empecé a hablar con él y simpatizó conmigo. Cuando yo tenía unos 22 años él me ofreció que fuera Ministro de Agricultura y no quise. Cinco veces me ofreció que fuera ministro.

—¿Qué grado de amistad llegó a tener con él?

—Mucha. Nos tomábamos tragos, yo venía a sus fiestas, él llegaba a mi casa en Chinandega. Íbamos al Munich. Llegué a ser amigo de él. Yo entraba a la Casa Presidencial cada vez que quería y me place honrosamente decir que nuca le pedí un favor. Me siento orgulloso de esa parte de mi vida. Esa fue la razón por la que a mí me confiscan.

—¿Tuvo algún cargo durante el régimen somocista?

—Tuve un cargo que fue similar al que tengo hoy. Honorario, sin ganar dinero. Embajador, visitador de embajadas. Era un rango simbó­lico para ir en misiones especiales. Y al final de la guerra de Somoza yo fui presidente de la Junta Social de Chinandega.

—Cuando triunfa la revolución ¿qué es lo que tenía usted?

—Sembraba tal vez unas 3,800 manzanas de algodón, propias y arrendadas. Tenía una finca de café en Matagalpa, una finca de ganado, una aerofumigadora, una fábrica de insecticidas, exportaba semillas de algodón. Yo salgo de Nicaragua al exilio con 4,800 dólares. Todo fue confiscado. Salí con cinco hijos y adopté otros cinco hijos en el exilio. Salí por Honduras y me fui a El Salvador. Ahí viví un año.

Piero Coen Montealegre
La verdadera pasión de los Coen son los caballos: la crianza de caballos españoles y lusitanos es tal vez la más grande del mundo en su género.

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¿Cuál es la fortuna actual de la familia Coen? En el libro Megacapitales de Nicaragua, el economista Francisco Mayorga calcula en base al crecimiento del flujo de remesas a Centroamérica, con datos de hasta el 2005, que “el patrimonio de la familia Coen ha continuado creciendo al menos a razón de US$12 y US$18 millones por año, y a estas alturas probablemente excede los US$120 milones”. Estos cálculos podrían resultar conservadores y extraoficialmente se maneja que la fortuna de los Coen andaría por los 500 millones de dólares.

—¿Cuál es la fortuna actual de don Piero Coen? ¿Cuántos millones?

—Eso no lo sé. Pero sí tengo negocios en toda Centroamérica, independientes de Western Union.

—Es difícil creer que usted no tenga una cifra aproximada de su fortuna.

—Sí la tengo, pero no la quiero decir. Me parece que no haría bien hablando de mí.

—¿Pero sí me puede decir qué negocios tiene?

—Tengo muchísimos negocios. Hago la licencia de manejar en Guatemala, yo hago el Documento Único de Identidad de El Salvador (el DUI). He manejado unas 600 empresas en mi vida.

Cuando Coen cruzó la frontera con su familia y aquellos 4,800 dólares en el bolsillo por toda fortuna, tuvo una idea que la final sería la génesis de lo que hoy es Western Union, la empresa que mueven anualmente más de 3,000 millones de dólares en Centroamérica y que es la principal fuente de recursos de los Coen.

“Lo primero que hice fue casa de cambios. Cuando yo cruzo la frontera, cambio cien dólares por lempiras y veo que es un tipo descalzo quien me está dando la plata. Me llamó la atención eso y ver la rapidez con que contaba la plata. Me fui y le dije a otro que me vendiera dólares. Perdí cinco dólares. Entonces me digo yo, si estos dos descalzos me ganaron a mí cinco dólares, yo puedo hacer cambio (de moneda). Y les dije a mis hijos: ‘ya sé lo que voy a hacer: voy a hacer cambio’. Llegué a manejar casi todas las fronteras de Centroamérica. Y en el 91 que yo cierro mis casas de cambio, manejé 650 millones de dólares en cambio ese año”.

—¿Cuándo adquiere la franquicia de Western Union?

—(Ríe) Fui 37 veces a New Jersey a pedirla. Treinta y seis veces me dijeron que no.

—¿En qué año?

—Me la dieron en el 89 y empecé a trabajar en el 90. Tengo el privilegio de ser el que convenció a Western Union que se hiciera internacional. Ahora está en todo el mundo.

Dice que las propiedades confiscadas por el gobierno sandinista nunca se las devolvieron, pero sí recibió bonos en 1993 con los que comenzó a comprar las tierras y propiedades que hoy conforman el emporio de los Coen.

—A su fortuna se le atribuyen orígenes oscuros: narcotráfico, testaferro de “El Chigüín”…

—Mire, para poder haber obtenido la franquicia de Western Union, que es una empresa de 200 años de antigüedad, uno es revisado como calcetín. Uno no puede haber hecho nada incorrecto porque si no no la dan. Usted se imagina cómo están todas las agencias federales del mundo sobre mí transfiriendo dinero. Sin embargo yo tengo mi visa americana, mis hijos han estudiado en Estados Unidos, voy cuando quiero. Esa es la verdad. ¿Usted ha visto alguna vez a alguien tirándole piedras a un árbol de espinas? ¿Y a un palo con frutas? Es bien fácil hablar…

—Honorato de Balzac dice que “detrás de cada fortuna hay un crimen”.

—No en mi caso. ¿Sabe cómo he educado a mis hijos? Les he dicho que si me ofrecieran mil millones de dólares por este dedo no lo vendo, pero si lo pierdo en un accidente doy gracias a Dios de que me dejó los otros cuatro. Así he educado a mis hijos y me atrevo a decir que tengo cinco hijos respetuosos de las leyes, serios, honrados, y sobre todo, respetuosos del ser humano.

—¿Alguna vez ha matado a alguien?

—Puede ser que sí pero en defensa propia. A mí me han escapado de secuestrar varias veces, me han tirado tiros varias veces, me han escapado de asaltar varias veces y yo he respondido muchas de esas veces disparando…

—¿Tiene algún crimen que le remuerda la conciencia?

—Ninguno. Ni siquiera robo, ni siquiera abuso de autoridad o de propiedad.

—¿Ha arruinado a alguna persona?

—No, por suerte no.

En el 2002 el gobierno de Enrique Bolaños nombró a Piero Coen Montealegre embajador de Nicaragua ante Roma, al año siguiente lo hizo ante Israel, luego ante Italia. El gobierno de Daniel Ortega lo ratificó en el cargo. Igual sucede con su hijo Piero, quien es embajador ante la corte de Su Majestad Británica en Londres, desde el gobierno de Bolaños.

El periodista Gerardo Reyes, afirma en su libro Los Dueños de América Latina que es tradición entre los millonarios de la región ocupar cargos diplomáticos en sentido figurativo.

Coen dice que eso de ser embajador no es “un gusto” que se da desde su posición de millonario. “Recuérdese que mi profesión es Comercio Internacional y entre él y la Diplomacia hay un gran parecido. Y he llegado a un momento que creo que es mi obligación dejarle a mis hijos la responsabilidad de los negocios que yo he hecho y como tengo vocación de servirle a mi Patria le sirvo como diplomático, pero le sirvo sin salario y sin prestaciones”.

Políticamente Coen Montealegre se dice liberal, aunque “no puedo participar con los liberales de ahora porque son corruptos”, dice categórico en lo que parece ser una ruptura con su antiguo amigo Arnoldo Alemán. “Él y yo fuimos muy amigos en la época de Somoza. Él fue mi abogado. Cuando él fue Alcalde yo fui su amigo. Después fue Presidente y no me gustó lo que hizo y dejé de ser su amigo. No soy su amigo, pero le tengo cariño”. También es amigo de Daniel Ortega.

—¿De dónde Daniel Ortega es su amigo?

—Cuando yo vine de vuelta a Nicaragua y logré recuperar mis bonos, antes de invertir me fui a hablar con él. Le dije: “Mirá yo estoy pensando volver a invertir aquí, pero no quiero vivir con una espada pensando en que me van a confiscar mis cosas. Y vos que seguís en la política puede ser que llegués”. Me dijo: “Yo te prometo que no te confiscamos”. “¿Por qué me confiscastes?” “Por error”, me dijo. Yo lo he llevado a que vea mi finca y lo que estoy haciendo y le ha fascinado. “Ojalá hubiera otro como vos aunque fuera en el país”, me dijo.

“Yo no soy político y nunca he sido. Me conceptúo empresario. Pero un empresario con responsabilidad empresarial, que son muy pocos en Nicaragua. Y con responsabilidad social que es una cosa muy diferente. Desde aquella época me acuerdo que los cortadores dormían en unas tarimas, hacinados. En todas mis fincas los cuartos eran independientes para los cortadores. Todavía hoy hay, y había, escuelas en todas mis fincas. El día de hoy en todas mis fincas hay medicinas para mis empleados, comisariatos, donde compramos en volumen y vendemos al mismo precio en detalle. Este año regalé mil bicicletas en las fincas y cuatro carros”.

—¿Ha puesto plata en las campañas electorales?

—Indirectamente sí he puesto plata, porque es bien difícil no darle a un político amigo que llega a pedirle a uno. Sí he ayudado a algunas campañas, no a nivel de decir que he sido el que impulsa algunas campañas, porque no está en mi manera de ser. Pero siempre ayudo.

A sus 65 años Piero Coen dice haber sido rico y pobre varias veces en su vida. “Cuando he sido pobre y cuando he sido rico la he vivido igual: gastando primero en mí lo que gano. Tratar de vivir lo mejor posible y le di siempre prioridad a la salud y educación de mis hijos. Pero después lo que me ganaba lo gastaba”.

Dice que puede “comer frijoles en un rancho o caviar en un palacio y me siento la misma persona”. Piero, su hijo, cree sin embargo que su padre prefiere “los frijoles en el rancho” al caviar en el palacio. “Mi papa tiene un dicho: al chancho con lo que lo crían, y nosotros somos gente de finca”.

¿Qué gustos entonces se da un millonario como Piero Coen? Es bien difícil separar los negocios de los gustos. Por ejemplo, los Coen tienen su jet particular pilotado por el general José Campos, quien fue jefe de la Fuerza Aérea de Guatemala. En Nicaragua se mueven en un helicóptero propio, tienen una crianza de caballos españoles y lusitanos, calculada en 250 ejemplares puros que pueden alcanzar valores de hasta 200 mil dólares por ejemplar.

En estos momentos el Grupo Coen negocia con el Gobierno de Belice la compra de una isla completa en el Caribe, transacción que anda por los 60 millones de dólares y serviría para desarrollar un complejo turístico para millonarios. ¿Dónde comienza el negocio y termina la excentricidad? ¿Es lujo o inversión criar y soltar en las tierras de Chinandega 20 mil codornices, otras tantas perdices y una cantidad similar de gallinas guineas?

“Depende qué se consideren lujos. El helicóptero no es un lujo, es trabajo. Yo nunca vería la cantidad de tierras que vi hoy si voy por tierra”, dice Piero Coen (hijo).

Tal vez los gustos que se puede dar como millonario anden por otros dos rubros que lo apasionan aparte de los caballos: el arte y las antigüedades. En su colección se encuentran pinturas y esculturas de renombrados artistas nacionales y extranjeros, y rarezas conseguidas en subastas de antigüedades que se dan en las principales ciudades del mundo. En El Cortijo, por ejemplo, se puede ver un colmillo de mamut, un animal que desapareció hace 3,500 años, labrado por artesanos chinos con imágenes en alto relieve de caballos y guerreros, en una época no menor a los 450 años.

Pero el dinero también tiene su lado amargo: el miedo a los secuestros.

—¿Tiene seguridad para que no lo vayan a secuestrar? —Sí, tengo un sistema de seguridad.

—¿Y cómo lleva su vida con eso? —Incómoda. El único país donde hay la tranquilidad de andar sin guardaespaldas es Nicaragua. Gracias a Dios tenemos eso. Las veces que me han escapado de secuestrar quedo nervioso un tiem- po.

—¿Dónde fue eso?

—En Guatemala. Ya hace algún tiempo. Porque después me fui a vivir a Estados Unidos cinco años, después volví a Guatemala y des- pués me vine a Nicaragua.

“El problema con Nicaragua –dice Piero Coen (hijo)— es que alguien quiera experimentar. En El Salvador, Guatemala, generalmente son bandas de profesionales, que saben cómo tratar a alguien que tienen (secuestrado). Cuando alguien está experimentando te puede pegar un tiro con toda facilidad. Tenemos más cuidado con eso, a que no te friegue alguien, pero no somos pistoleros ni gente de armas.

Ambos dicen salir sin mayores escoltas en Nicaragua. Van a restaurantes, aunque Coen (hijo) dice que no le gusta trasnochar.

Con el resto de grupos empresariales de Nicaragua, Piero Coen Montealegre dice “llevarse bien”. “Soy amigo de Alfredo (Pellas), de Silvio, a Carlos lo conozco muy poco, nunca lo he tratado pero res- peto lo que hace, son empresarios de primer calibre. El grupo Pellas es el grupo empresarial más impor- tante de este país.

—¿Y usted dónde se ubicaría?

—Ahh, yo ando largo de esas ligas. (Ríe)

Piero Coen Montealegre
Los Coen. Joaquín Gómez, Cristina de Coen junto a Paolo Coen, Renzo Coen y su esposa Carolina, Piero
Coen Montealegre (padre), Nella Coen, Piero Coen Ubilla, María del Rosario Ubilla (madre), Mariel Coen y Jaffa, esposa de Piero Coen Ubilla.

Fundación Coen

“Mi papá es un convencido de que dar es un buen negocio”, dice Piero Coen Ubilla para explicar la presencia de la fundación Coen principalmente en Chinandega, a la que este año las empresas del grupo Coen destinaron una cantidad aproximada a los tres millones de dólares.

Nació en el año 2003 y se rige bajo el principio de que “el éxito conlleva responsabilidad”.

La mano de la fundación se observa en Chinandega en las varias iglesias restauradas, una rotonda en la ciudad, atención médica a niños y adultos, atención a niños especiales a través del Programa de Equinoterapia, donde se rehabilitan unos 140 niños con capacidades diferentes, el Hogar Niños Ángeles, para niños con parálisis cerebral; la Escuela Especial rafaela d’Arbelles, para la educación de unos 300 niños con capacidades diferentes, el Hogar Santa Lucía, para niños no videntes, y el Hogar San José que alberga y brinda atención a una treintena de niñas huérfanas.

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