La guardiana de Ortega

Perfil - 28.01.2007
Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Con su pinta estrambótica, Rosario Murillo rompe el molde de las tradicionales Primeras Damas.
Quién es esta mujer que asegura tener comunicación directa con Sandino, a la que un amigo considera el “yin” de Daniel Ortega o de la que una comediante dijo que cuando muera le daría “clases de maldad al diablo”

Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela

El joven Juan Carlos Ortega camina —mirada ida, manos cruzadas en la espalda— por un pasillo de la casa de Villa El Carmen. Va y viene. Reflexiona. No se percata siquiera que desde otro ángulo de la casa su madre lo observa embelezada.

—¡Sandino! —piensa cuando la imagen del héroe guerrillero caminando por el telégrafo de San Rafael del Norte se le vino como un flashazo.

La anécdota la relata Luis Morales, un pintor, amigo cercano de Rosario Murillo, a quien ella telefoneó tras la visión que tuvo. —Camina como Sandino, Luis. Es su reencarnación.

Murillo, de 55 años, vive y profesa el mundo de la espiritualidad y lo sobrenatural. Es, además, descendiente indirecta de Augusto C. Sandino, linaje del que se siente orgullosa y heredera, al punto de conservar bajo llave los bienes de su famoso pariente: pistolas, botas y sombreros.

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Ella es hija de Zoilamérica Zambrana Sandino, sobrina-nieta del héroe nacional. También es la esposa de Daniel Ortega, Presidente de la República.

Pero, quien la ve de licras atigradas en sus delgadísimas piernas, 30 anillos en sus manos, una decena de collares, media docena de brazaletes, visera fucsia y lentes redondos, tipo John Lennon, lejos está de relacionarla con la figura tradicional de las Primeras Damas: traje sastre sobrio, medias color piel y pelo enlacado.

“Jamás me imagino a la Rosario Murillo con chaqueta Carolina Herrera, cerrada con botones tipo Jakie O. No me la imagino. Se pone fantasías raras, chereques, pero lo más caro son las cosas de plata. Ella no se va deslumbrar como otras señoras porque Daniel Ortega le regale brillantes”, dice Morales, su amigo.

Tras Ortega siempre estuvo ella en el pasado. Mientras él era el mimado de la izquierda, ella hacía la guerra sembrando árboles en Nueva York, invitada por Yoko Ono, la viuda de Lennon. En ese mundillo del jet set “progre” se hizo amiga de personajes como Norman Mailer, Francis Ford Coppola y Jane Fonda, entre otros.

De las minifaldas y los leotardos atigrados de los ochenta ha pasado en los últimos años al fucsia y lo convirtió en casi su color de vida. No sólo ella se pintó de fucsia: también lo hizo con su partido, el Frente Sandinista.

“Ella ha logrado transmitir a la mayoría de la opinión pública que su poder es igual y algunas veces mayor que el de Daniel Ortega”, sostiene un viejo conocida de ella, el periodista y director de El Nuevo Diario, Danilo Aguirre Solís, quien la conoció cuando era secretaria de los directores de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra, en los años setenta.

Al cambiar el emblemático rojo y negro de su partido por el fucsia provocó inconformidades entre las filas sandinistas. Estela Fonseca, hermana de Carlos Fonseca, la llamó “envidiosa y amargada” en marzo del 2005.

Pero el rediseño de su partido no se quedó en el fucsia. A ella se le atribuye el cambio de imagen de su esposo, que pasó del rudo comandante guerrillero a casi un pastor con cayado, hablando de amor, reconciliación y paz. A pesar de que el cambio de tan radical resultaba inverosímil, se intentó, con algunas variantes en cada una de las últimas tres campañas electorales, hasta que en noviembre pasado el Frente Sandinista por fin se alzó con la victoria. Su esposo se convirtió en Presidente y a ella se le considera la principal estratega de la victoria, y el virtual poder tras el trono.

LA PRENSA/MAGAZINE/ARCHIVO/O. Miranda

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La clave de su infancia está en un barrio que se tragó el terremoto de 1972. Por las calles cercanas a la panadería la Hormiga de Oro, cerca de San Antonio, corretearon las cuatro hijas del conservador chontaleño Teódulo Murillo y Zoilamérica Zambrana.

Siempre también fue la más mimada de papá y las amigas de infancia recuerdan que el señor Murillo decía sentirse orgulloso de la inteligencia de su hija, tanto que la mandó a estudiar un secretariado ejecutivo a Inglaterra y Suiza cuando ella despuntaba en los 11 años.

La familia tenía dinero, una parte heredada y otra hecha a partir de la tierra que le pertenecía a Murillo en el sector de Tipitapa, a donde sembraba algodón. Una de sus propiedades más famosas fue El Trapiche, que en los años ochenta confiscaron y convirtieron en un centro recreativo.

Una prima lejana, Bertha María Cabezas Báez, narra que desde los siete años su prima escribía poesía en papeles de envolver que cosía de los extremos para darle forma de libro. Y lo hizo influenciada por su tío, el poeta Salvador Murillo, a quien considera su tutor.

La criaron entonces dos tías paternas sumamente católicas. Aprendió la devoción a la Virgen María y a Santa Gema, al extremo que consideró “una señal divina” el día que se quebró una imagen de Santa Gema que guardaba bajo el colchón de la celda, una vez que la Guardia la encarceló.

Pero, junto con la influencia católica le llegaba el influjo del esoterismo de la mano de su madre. Doña Zoilamérica Zambrana jugaba las cartas y como buena clarividente le heredó una baraja española antes de su muerte, ocurrida en un accidente. Mercedes Cuadra, la amiga de Murillo, recuerda que en una ocasión doña Zoilamérica le vaticinó a su madre con exactitud la vez que ella se fugaría a escondidas con un pretendiente. Ese día, ella encontró llorando a su madre después que Zambrana le leyera el tarot, y le preguntó la razón.

—Por tu culpa —le recriminó. Para un familiar cercano de Rosario Murillo, que pidió que no lo mencionáramos, la actual casa de los Ortega-Murillo es un santuario a ese mundo que mezcla el catolicismo con lo esotérico. Existe una colección de santos, hay múltiples altares con flores y velas reunidas a su alrededor. Hay también estatuas de Buda, de dioses hindúes y piedras que ayudan al mundo energético en el que ella cree.

Según este familiar, Murillo piensa que tiene una misión divina en la carrera política de Daniel Ortega. Ese rol superior, divino, es otorgado por el universo. “Un día encontró un elefante y según la creencia de los seguidores del gurú hindú Sai Baba esa es la señal de que estás siendo elegido para seguir

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la filosofía de la paz interior. Ella se cree ‘un ángel’ de Ortega, alguien que debe protegerlo”.

Danilo Aguirre, director de El Nuevo Diario: “Ella ha logrado transmitir a la mayoría de la opinión pública que su poder es igual y algunas veces mayor que el de Daniel Ortega”

Este mismo pariente asegura que establece contactos espirituales con el general Sandino o con el hermano de éste, Sócrates, a quienes los consulta sobre los avatares del Frente Sandinista y quienes le habrían advertido, antes de 1990, que el escritor Sergio Ramírez Mercado traicionaría la revolución. En esas conversaciones al General lo llama supuestamente tío Augusto.

Según esta misma persona, Murillo hace consultas espirituales también a personas vivas. La más
conocida es una matagalpina llamada Elba Úbeda, una amiga de años de Murillo y veterana antisomocista, a quien se dice llama todos los días.

La misma Murillo en un sitio en Internet, donde tiene colocados sus cartas-poemas, le hizo una entrevista. En esa conversación, la matagalpina cuenta que sólo cuando se hacen cambios profundos en la vida de las personas, se puede ayudar a los demás.

Úbeda es promotora de salud comunitaria y reconoce que a su consultorio llegan más personas enfermas del alma que físicamente.

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Para el doctor Danilo Aguirre Solís, Murillo pasó de ser la secretaria de lujo de La Prensa de sus recuerdos, a una mujer que incidió en la cultura en los años ochenta, y ahora se le ve como una dirigente con gran poder.

La explosión política de Murillo hay que buscarla cuando fundó el grupo Grada en 1973. En ese entonces unos muchachos sacaban una revista cultural y hacían presentaciones de teatro en las gradas de las iglesias y las casas, con profundo contenido contra el somocismo.

En los ochenta laboró en la Asociación de Trabajadores de la Cultura. Allí chocó con el ministro Ernesto Cardenal, quien la recuerda amargamente en sus memorias.

“Cuando se perdieron las elecciones ya no había Ministerio de Cultura porque la Rosario había acabado con él. Ella siempre había querido ser Ministra de Cultura, pero siendo Presidente su marido era bastante feo. Logró que dejara de haber Ministerio de Cultura y en vez de eso hubiera Instituto de Cultura”, cuenta Cardenal en su libro La Revolución Perdida.

¿Cómo fue que esta mujer llegó a subir tan rápido? Aguirre Solís cree que ella forjó este acercamiento cuando ocurrió el pacto entre Ortega y el caudillo Arnoldo Alemán en 1999.

Los caudillos se repartieron las instituciones. Muchos sandinistas se fueron espantados por los intereses corruptos que vieron y alrededor de Ortega se forjó un círculo de hierro, personas leales y dispuestas a todo, entre quienes estaba Murillo.

Por mucho amor y paz que profese, en política ha sido una guerrera. Son incontables los sandinistas a quienes ha fustigado llamándolos “estrafalarios fariseos”, “personajes de farándula” o simplemente “desertores”.

Bajo su pluma han sido criticados el diario La Prensa por “oligarca” y Sergio Ramírez Mercado y Gioconda Belli por ser del Movimiento Renovador Sandinista. En una ocasión desautorizó al vicesecretario del FSLN, Tomás Borge, y también cruzó espadas con el escritor argentino Tomás Eloy Martínez, a quien le dijo que hacer una novela nunca puede ser igual a describir un país.

Ni Daniel Ortega se le ha escapado, y en sus cartas-poemas, que siempre terminan con las fases de la luna, unió una vez una crítica a la postura que su esposo junto con Lenín Cerna y Dionisio Marenco habían tenido después del asesinato de Carlos Guadamuz, otrora amigo del comandante y en sus últimos años convertido en un ácido adversario. Cerna llegó a defender al asesino, de quien dijo era “un buen expediente”. Murillo se declaró ofendida y el 28 de febrero de 2004 dijo que “una cosa es el lenguaje fuerte y otra la arrogante aprobación de actitudes impropias de una cultura civilizada”.

Al desaparecido Herty Lewites, a quien llamó su padrino de bodas en un escrito, lo calificó de catrín, alguien que pensaba en el dinero antes que los ideales de la revolución y le preguntó cómo era sandinista en el ropero o en un cofre después que éste dijo que durante su alcaldía guardaba la bandera rojinegra y asumía la nicaragüense.

Pero Murillo también ha recibido lo suyo. Estela Fonseca, la hermana de Carlos Fonseca, la llamó profetisa de Delfos, y Martha Chaves, una comediante nicaragüense radicada en Estados Unidos, dijo de ella que cuando muera le daría “clases de maldad al diablo”.

Tres facetas de Murillo. En la primera saluda al cardenal Miguel Obando; en la otra platica con el vicepresidente Jaime Morales Carazo, con quien tuvo diferencias en la campaña, y en la tercera en una imagen en la campaña electoral 2006.

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Rosario Murillo habla español, francés, inglés, italiano y lee en alemán. Baila palo de mayo, es vegetariana y le gusta la música de Bob Dylan, Elton John, además de canciones como Tren de medianoche rumbo a Georgia de Gladis Night, de acuerdo con sus amigos.

Según Luis Morales, uno de los más íntimos desde que la conoció en 1982 en el Ministerio de Cultura (celebra incluso los cumpleaños de los Ortega Murillo), es una mujer sencilla. Dice que ella cocina muy bien pastas y que, como buena vegetariana, uno de sus platillos preferidos es un pipián relleno con pan rayado, albahaca y crema que mete al horno. Rosario Murillo también es una adicta al ejercicio, el que algunas veces practica con su esposo.

Algo que exaltan varios conocidos es su capacidad de trabajo y lectura. “El gran misterio y quizás su más grande tesoro —asegura el familiar— es la gran cantidad de escritos, poemas y ensayos que ha elaborado en los últimos 15 años, muchos de ellos todavía inéditos. La poeta ha estado más fértil que nunca y aunque pocos son los que pueden leer estos materiales, quienes han tenido la oportunidad dicen que alcanzan la calidad de una mujer madura en letras y un talento que no ha sido realmente valorado”.

Morales piensa en ella como una mujer rompe-protocolos y pone un ejemplo: en cierta ocasión mientras ella cenaba en el Vaticano, gustó tanto del plato de pasta, que pidió una segunda porción, lo que obligó al cocinero a reabrir la cocina porque no es frecuente que un invitado pida, en esas cenas protocolarias, ¡un segundo servicio! El Papa Juan Pablo II vio la escena con ojos complacidos, según el pintor.

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La vida juntó a Daniel Ortega y Rosario Murillo cuando ambos ya habían corrido bastante en asuntos de amores. Él ya había tenido un hijo con la comandante Leticia Herrera y ella llevaba tres con dos hombres distintos. Murillo procreó dos hijos con Jorge Narváez: Zoilamérica y Rafael Antonio.

“La Rosario se casó con Narváez y Hassan, quedó sola, debe haber tenido sus novios, enamorados, que es normal, una mujer sola los tiene, pero la gente es muy destructiva. Las mujeres la critican, porque quieran o no Daniel les para los pelos a las mujeres de este país”, sostiene su amigo Luis Morales.

Según Rafael Solís, fue en Costa Rica donde Ortega y Murillo intimaron, porque él llevó a Daniel a vivir adonde ella, que estaba instalada en una buena casa, haciendo

labores de propaganda, por razones de seguridad. Durante muchos años vivieron en el concubinato hasta que el 28 de septiembre de 2005 los casó el cardenal Miguel Obando.

“Ella se cree ‘un ángel’ de Ortega, alguien que debe protegerlo”, dice un familiar

“A ellos los han presionado. Nadie se pregunta aquí por ejemplo si Eduardo Montealegre (candidato de derecha) comulga o no. Todo es con ellos… La relación de los dos es poderosa. No la ha podido destruir nada. Son como el ying y el yang. Si hay blanco hay negro. Esa introversión de escuchar de él, con el modo más impulsivo y expresivo de ella es bueno, se complementa”, dice Luis Morales.

“En un lugar de Nicaragua”, la compañera Rosario Murillo con otro de sus hijos, Laureano Ortega, con el sombrero de los cachorros. Diciembre 1984.

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La unidad de la familia Ortega Murillo tiene un gran tropezón. En 1998, Zoilamérica Narváez denunció a su padrastro de abusarla sexualmente desde niña. Aquello provocó que la opinión pública se volcara contra el sandinista y el testimonio de la hijastra del comandante se divulgó en todo el mundo.

¿Esposo o hija? Murillo escogió a Ortega, una elección que la ciudadanía interpretó como la escogencia entre el poder o la hija.

“Yo resentí de mi madre su lealtad a mi agresor, yo sentía que siempre lo prefirió a él que a mí, sus atenciones y gestos de cariño siempre eran para mi agresor. Él me inspiraba mucho miedo y no fui capaz de decirle a ella lo que estaba viviendo y sufriendo, pues no sabía si me creería”, relató Zoilamérica Narváez en un extenso testimonio hecho público el 22 de mayo de 1998.

Según Zoilamérica, Rosario Murillo conocía de su drama y recuerda que un día la escuchó discutir violentamente con Daniel Ortega. “Yo ya sé lo que está pasando… ¡Sos un enfermor, le habría reclamado Murillo. “Sin embargo, de nada valió esa discusión, pues al día siguiente las cosas volvieron a suceder como si nada. No sé si llegarían a algo, pero evidentemente, si él se comprometió a no insistir y molestarme no cumplió su palabra, y si negó todo lo que le dijera mi madre, pues en su mentira continuó abusando de mí y burlándose de ella”.

El 16 de diciembre de 2001, Murillo llamó a su hija mitómana, le dijo que había levantado “un terrible falso, con el que lampaceó el nombre de un hombre que le dio su lugar, que la formó. Se puso a inventar cosas para hacer daño; y como no he alcanzado la perfección de Cristo, no puedo poner los dos cachetes, por lo menos tomo distancia”, aseguró.

Luis Morales reconoce que la familia fue dinamitada por dentro y se convirtió además en un asunto de campaña electoral que la derecha trataba de explotar cada cuatro años.

A lo interno de la familia también hubo una lectura espiritual. Un familiar explica que Murillo ha construido a lo largo de estos años una espiritualidad familiar, cree incluso en un gurú hindú llamado Sai Baba que promovió en vida el amor y la unidad entre la religión hindú y musulmana.

Dentro de esa cosmovisión, cree que el caso de su hija fue para liberar el karma y limpiar a Ortega, igual piensa de las tres derrotas electorales que precedieron esta victoria y de un supuesto infarto que afectó al sandinista en 1993.

“Su mayor lucha es preservar la pureza del nuevo Ortega. Evitar su vínculo con personas con gran maldad. Evitar que visite lugares con historias ancestrales de muerte y malas vibras. Todo esto fue extensivo a Ortega en el momento del infarto y lo de Zoilamérica, en las que ella apareció como su salvadora”.

No entrevistas

Magazine esperó durante más de ocho días que la Primera Dama respondiera a una solicitud de entrevista, confirmando el aisla-miento mediático que mantuvieron a lo largo de la campaña electoral. También por lo menos 13 personas no respondieron a nuestra solicitud, porque dijeron que ya habría tiempo para criticarla, “ahorita no conviene”. Dos hijos de Murillo, Zoilamérica y Juan Carlos, tampoco quisieron dar su versión.

Filosofía de Murillo

El poder

El poder es, entonces, ese fantástico recurso de la persona, para oponerse a lo injusto, y a disponerse a hacer valer lo justo.Y necesario (…) Ser poderoso es vivir más allá del interés pequeño. De lo mezquino. Es sobre todo ser uno mismo. Auténtico. Genuino. Aceptarse y confiar en su corazón, y en su propio plan para la vida. Para rayar ese plan.Y disponerse a vivirlo. El poder es la gloria de una persona que reconoce su propia inteligencia.Y que la cuida. Es el deleite del oficio y el beneficio de vivir con cultura, y plenitud. Es la diferenta entre pensamiento propio y mediocridad”. (4 de enero de 2005, escritos políticos).

Compañera

¡Qué honor]. Si supieran los adversos, lo que para mí significa ser compañera, y no compañera de Daniel, sino de mis compañeros y compañeras, estoy segura que nunca usarían la palabrita para catalogarme.

Porque ese COMPAÑERA me califica y me honra. Me prende broches y medallas en el pecho. Me distingue y me alienta. Ser compañera para mí es ser (6 de diciembre de 2004, escritos políticos).

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