La turbulenta historia de Víctor Cienfuegos

Perfil - 12.03.2006
Víctor Cienfuegos

Lo acusan de todo: desde sicario y esbirro, hasta terrorista y agitador político. Ha quemado edificios, garroteado opositores, atacado policías, invadido instituciones públicas y privadas, provocado el caos y muchas cosas oscuras más. Él acepta haber participado en las acciones violentas que le achacan, pero dice que lo hizo por ser hombre de partido. Aquí su historia, con sabor a cenizas

José Adán Silva
Fotos de Moisés matute

¿Por medio de cuál de estos hilos se llega a la verdadera identidad de este hombre? Jalo por aquí y me encuentro con un gordo de aire bonachón vestido de Santa Claus y cargando niños pobres sobre su regazo; tiro de este lado del hilo y la madeja me lleva ante un miliciano de barba montaraz y mirada fiera que reparte cadáveres de soldados, casi niños, caídos en combate. ¿Y qué hay al final de esta pequeña cinta que sobresale del ovillo? Un fotógrafo abrazado con la premio Nóbel de la Paz, Rigoberta Menchú, y del otro lado, un violento agitador que hoy reparte golpes y paraliza una ciudad a punta de destrucción, pero que mañana se confiesa miembro de una organización cristiana.

¿Y qué decir de sus palabras?

Hablar con Víctor Manuel Cienfuegos es como abrir un diccionario oficial editado en la revolución sandinista donde no falta la mística revolucionaria, el carácter de la lucha, las clases desposeídas, los obreros y campesinos y los héroes y mártires.

Pero ahora aquí, frente a mí en su pequeño negocio de comida de San Judas, no parece tan temible a pesar de sus 6.2 pies de estatura y 250 libras de peso.

No luce arrogante, pero sí se desnuda como un duro de la izquierda que defiende con vehemencia sus criterios, aunque estos a veces destellan contradicciones. Por ejemplo, dice que sólo el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) podría llevar a los obreros y campesinos a una vida mejor, pero se queja que existe una cúpula en ese partido en la que no reina la mística revolucionaria, sino un afán de convertirse en nuevos burgueses.

Así es Víctor Cienfuegos: un activista sandinista que ha participado en la organización y ejecución de innumerables batallas callejeras, que ha tomado por la fuerza edificios e instituciones públicas y privadas, que ha dirigido tropas militares y brigadas de combatientes urbanos contra las autoridades nacionales en los últimos 16 años. "Lo que he hecho ha sido por principios revolucionarios", dice este guerrillero eterno que hace 54 años nació en una barriada de Managua.

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La primera experiencia política de Cienfuegos fue el 22 de enero de 1967, cuando apenas tenía 15 años. Ese día andaba de curioso viendo una marcha de protesta contra el gobierno de Somoza cuando de pronto la Guardia Nacional comenzó a disparar contra la gente. En su huida, Cienfuegos recuerda haber encontrado botado un revólver 45 y disparar, más por nerviosismo que por otra cosa, contra la Guardia.

Luego vendría la guerra de insurrección donde participó como guerrillero, el triunfo de las fuerzas sandinistas y la guerra civil de diez años contra las milicias campesinas. Fue aquí cuando Cienfuegos, integrado como mando medio en los batallones de reclutas del Servicio Militar, expresa haber conocido lo más duro de la guerra: entregar cadáveres de soldados muertos.

"Yo trabajaba de todo en los batallones: era político, cocinero, jefe de plana y hasta hubo un tiempo que me mandaron a entregar los cuerpos de los chavalos caídos. Para serte sincero eso fue bien duro, porque yo conocía a muchas familias de chavalos de 14, 15 y 16 años que yo había traído de los barrios y daba pena decirle a la gente aquí les traigo a sus hijos muertos, pero ni modo, era mi deber en la revolución", dice en esta su pequeña oficina donde yace detrás suyo una cámara Cannon.

"Es que fui fotógrafo profesional. Publiqué fotos en el exterior y en todos los periódicos de Nicaragua, hasta en La Prensa me publicaron fotos, que eso era uno de mis sueños antes de confrontarla", explica el ex guerrillero que tiene por distracción buscar y coleccionar fotografías donde aparezca el fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador.

"Carlos es mi inspiración en la revolución y por eso he buscado cada una de sus fotografías, sus pensamientos y sus textos", dice este grandulón de ademanes lentos que, como prueba de su idolatría, muestra orgulloso la pared de su negocio donde están pegadas 60 fotos en blanco y negro de Fonseca cuando era niño, en edad adolescente, ya adulto en Cuba, luego en México, allí en la universidad, acá en la guerrilla y, cómo no, ahí muerto con los ojos abiertos.

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Las acciones que llevan a Cienfuegos a convertirse en una figura pública temida y detestada, iniciaron a finales de 1988. El Frente Sandinista todavía estaba en el poder, y el país entero se preparaba para unas elecciones generales donde se decidiría si Daniel Ortega Saavedra seguiría al mando del país o no.

Comenzaron entonces las marchas de protesta contra los sandinistas y de apoyo a un partido de derecha que todavía no se definía, pero que más tarde se llamaría Unión Nacional Opositora (UNO).

La misión para Cienfuegos y su estructura de combatientes históricos era simple: andá confrontá a los "reaccionarios de la revolución". Desde entonces, hasta hoy, a Cienfuegos se le ha visto repartiendo pólvora, palo y puño en manifestaciones públicas a favor del Frente y contra sus opositores.

Imágenes de sus furores están grabadas en los medios y todos los días en la mañana, al mediodía y en la noche, un noticiero local transmite en su viñeta de apertura, una sucesión de imágenes de violencia donde se mira a Cienfuegos azotando a puñetazos a un ciudadano en medio de una protesta.

¿Lo hace por obediencia y disciplina al partido? "Más que un hombre disciplinado, he asumido la responsabilidad de formar el carácter combativo del partido después de la guerra", responde sin vacilación Cienfuegos, quien confiesa que una vez hasta le encomendaron ir a tirar unos ataúdes frente a la Embajada de Estados Unidos en Managua, con los restos de unos pilotos estadounidenses que habían sido derribados al norte de Nicaragua. "Dicen que desde ese día el Departamento de Estado me metió en la lista de terroristas", ríe y apunta: "Pero no me importan los gringos".

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“No le importa nada, sólo le gusta andar jodiendo", dice un miembro retirado de las filas del sandinismo ortodoxo, quien pide el anonimato porque asegura que Cienfuegos "es capaz de cualquier cosa". "Si el partido necesitaba a alguien que pudiese reventar a alguien que estaba causando líos a Daniel, ahí mandaban a Cienfuegos. Yo no lo sé, porque había cosas que se discutían a otro nivel, pero a mí me cuentan compañeros del partido que a Cienfuegos le encomendaron hasta pasadas de cuenta con la gente de la Seguridad del Estado. Dicen que era un sicario y como estaba protegido por todo mundo, era impune en sus acciones", dice este sandinista disidente quien cuenta cómo el respeto que dentro del Frente se le tenía a Cienfuegos se fue desmoronando desde que éste presuntamente aprovechó las revueltas para delinquir en beneficio propio y luego coqueteó con gente disidente del partido.

"No recuerdo muy bien cómo sucedió, pero mucha gente del partido pidió la expulsión de Cienfuegos cuando ocurrieron las protestas contra Arnoldo Alemán, ya que un diario publicó una foto donde él aparece saqueando las oficinas y que se recuerde, la misión no era andar robando oficinas ni saqueando edificios", dice desde el anonimato este ex miembro del partido sandinista.

Otro que señalaba a Cienfuegos de "sicario" y "esbirro" era el finado periodista Carlos Guadamuz. Desde su programa televisivo Dardos al Centro, Guadamuz decía que un día lo mandarían a asesinar del Frente y que posiblemente su victimario sería Cienfuegos y su gente. El periodista odiaba a Cienfuegos desde que este, a fines de 1999, le arrebató la Radio Ya para entregársela a la Dirección del FSLN.

A Guadamuz lo mataron a balazos el 10 de febrero de 2004 cuando salía de realizar un programa de televisión. El asesino, William Hurtado, era originario de San Judas, pariente cercano de Cienfuegos y ex miembro de las estructuras de los combatientes históricos del FSLN.

"Lo que hice fue recuperar un bien del partido, que Guadamuz se estaba apropiando. Yo no le robé nada y si es verdad que conozco a William, pero era porque él estaba vinculado con una señora que fue mujer de mi hermano y de ahí salió una niña que es mi sobrina", explica serio Cienfuegos.

Si bien no cayó preso por las acusaciones en su contra, Cienfuegos fue garroteado por gente de su mismo partido a finales del 99, cuando se apareció en una asamblea partidaria pidiendo una oportunidad para que Víctor Hugo Tinoco, diputado del FSLN en la Asamblea Nacional y hoy disidente, disputara en elecciones internas la candidatura presidencial de Daniel Ortega.

Luego se retiró de Tinoco y el año pasado apareció respaldando en una manifestación al otro disidente del Frente, Herty Lewites, quien ahora busca la Presidencia de la República en abierta guerra contra Ortega. La alianza terminó en enero de este año, cuando Cienfuegos se abrazó con Daniel Ortega durante el velorio de un personaje tradicional del que ya se hablará más adelante.

Ortodoxos y disidentes del Frente le reconocen a Cienfuegos su bravura a favor del FSLN y su apego a la pobretería del barrio San Judas, donde se disfrazaba de Santa Claus para recaudar juguetes y dárselos a los niños pobres.

"Es un personaje popular, líder de los barrios, de la gente de combate. Yo lo conocí hasta el terremoto de 1972, tampoco hemos tenido una relación orgánica, de estructura ni nada, pero sí lo conozco y es de los duros", dice el alcalde Dionisio Marenco, uno de los principales negociadores del Frente, amigo personal y consejero de Daniel Ortega.

"Víctor Cienfuegos el año pasado, con un grupo del voto duro del Frente, me acompañó como nueve o diez meses porque decía que estaba desencantado del danielismo. Pero de pronto la presión le vino muy fuerte y cuando miré, se fue y no volvió. Después lo vi en la televisión abrazando a Ortega y diciéndole `comandante voy con usted hasta la muerte', pero a mí me había dicho lo mismo, no sé con quién se va ir a la muerte el próximo año", relata Herty Lewites, disidente del FSLN.

Para Lewites, Cienfuegos más que un gorila es uno de esos casos donde un humilde líder de barrio es explotado a favor de intereses personales de un partido. "Por desgracia lo tiene secuestrado el danielismo. Para mí Víctor no es un hombre duro, es sencillo y le tengo cariño, pero lo han puesto a trabajos sucios donde lo han quemado. Como lo ven grandote lo ocupan para armar pleitos. Se aprovechan de él pues es lo que te quiero decir", expresa Lewites.

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¿Cuántas veces ha estado en ) medio del caos? "Uh, ya no me acuerdo", dice y queda un rato pensativo y viendo hacia arriba con la ceja izquierda arqueada como contando con la mente las acciones.

"Son innumerables. Incluso hemos tenido diferencias con el partido cuando decidimos enfrentar a Arnoldo Alemán que era alcalde, cuando empezó a borrar murales, a cambiar los nombre de los héroes en los barrios, querer desaparecer el monumento a Carlos Fonseca... Le pegamos fuego a la Alcaldía", dice Cienfuegos.

Comenta que en cierto momento las acciones se le han salido de las manos cuando "la población" se mete a las protestas y la violencia se vuelve casi incontrolable. Afirma que hasta le han llevado mensajes de Daniel Ortega pidiendo que cancelen las confrontaciones.

"Han pasado momentos en que Daniel no toma en serio la lucha y son esas ambigüedades las que me confunden del comandante", dice sin asomo de molestia y más bien expresa su agradecimiento porque el partido lo ha ayudado a salir de la cárcel cuando la Policía lo ha capturado en las refriegas.

Sin pudor, sin pena, sin alardear, como si de contar una vida deportiva se tratara, Cienfuegos confiesa haber participado directa e indirectamente en la toma a la casa de la UNO en 1993; en la destrucción de la Alcaldía de Managua en el 91; en el asalto a Radio Ya en 1999; en el ataque a las sedes del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) en distintos años; en la invasión a las instalaciones de Radio Corporación y el hostigamiento a La Prensa en los ochenta; en la toma de la biblioteca del Banco Central donde murió el estudiante Roberto González durante las protestas que los estudiantes realizan cada año para demandar el 6 por ciento del Presupuesto de la República y en los tranques y protestas de los transportistas contra los gobiernos que han dirigido el país desde 1990.

"He caído preso siete veces en los noventa para acá. Me han acusado el PLC, la UNO, Carlos Guadamuz, la Policía Nacional, la Alcaldía de Arnoldo Alemán; la Empresa Nicaragüense de Electricidad me acusó por la quema de unos vehículos; mis negocios de venta de comida y alquiler de equipos de sonido me los mandó a cerrar dos veces Byron Jerez, me echó al Fisco diciendo que debía doscientos y pico mil de córdobas. Qué cosas no he pasado yo por el partido", dice, ahora sí, adoptando aires de indefensión.

No obstante, Cienfuegos asegura que por muy escabrosas que hayan sido sus misiones, nunca ha participado en acciones armadas para "ajusticiar" a nadie.

"Nunca fuimos a matar a nadie porque no era ese el objetivo, nunca lo ha sido, el objetivo era demostrar la fuerza del partido y crear condiciones políticas favorables para que la dirigencia negocie con las fuerzas políticas", afirma este hombre que a duras penas llegó hasta sexto grado de primaria.

"Incluso nosotros apoyamos la recomposición de los `recompas', los combatientes en alguna medida apoyamos a los rearmados, que era gente del Ejército, como los del Frente Unido Andrés Castro en Las Minas, incluso algunos de sus miembros eran de nuestra organización, estaban con nosotros política y moralmente, pero todo eso ya desapareció", reconoce y se sorprende como si se descubriera a sí mismo hablando de más, entonces calla y gira sus confesiones hacia él.

"Yo he arriesgado mi vida por el partido. Me han amenazado con matarme, han mandado gente a asesinarme desde Miami, me han disparado miles de veces y me han herido tres veces, incluso en este momento tengo información que hay interés en asesinarme para afectar al partido de cara a las elecciones", señala y advierte con una frialdad que aleja todo vestigio de humildad: "Pero estoy en proceso de averiguar quién y cómo es el asunto".

La pregunto si se siente bien pagado por las acciones realizadas a nombre de su partido. Tras un momento de duda responde con aplomo: "Ya lo hecho, hecho está, pero no me arrepiento porque lo hice por convicción".

—¿Lo volvería a hacer? Guarda silencio un momento y levanta los hombros:

—Quién sabe, ahora pertenezco a la Fraternidad de Hombres de Negocios.

¿Heredero de Lisímaco?

Víctor Manuel Cienfuegos se declara hombre comunitario. Asegura ser responsable del cuido del veterano Ceibo de San Judas, del cementerio local, de la Casa de Apoyo al Combatiente y de las actividades sociales para recaudar fondos de ayuda a los miembros veteranos del partido que necesiten medicinas o alimentos.

Este año, si bien no saldrá vestido de Santa Claus para pedir y repartir juguetes, dice que Managua lo verá en otra actividad pública en la que no provocará violencia, sino, dice él, más bien alegría: la vela del barco en las fiestas católicas de Santo Domingo de Guzmán.

Esta actividad se realiza a finales de julio e inicio de agosto y hasta el año pasado estaba a cargo del tradicional personaje Lisímaco Chávez (fallecido en enero pasado). Este año Cienfuegos asegura que la actividad del barco estará bajo su organización, ya que alega tener un poder escrito por Chávez, en el cual hereda la organización del evento tradicional.

"Yo conocí durante muchos años a Lisímaco e incluso al final de la guerra de insurrección, los guerrilleros lo iban a ajusticiar por guardiero, pero yo lo reconocí y lo saqué de donde lo tenían listo para fusilarlo. Además siempre fui su amigo y él por eso creo que me heredó su trabajo", asegura emocionado Cienfuegos, quien apenas momentos atrás confesaba estar metido en una organización cristiana.

Unas de las facetas de Víctor Cienfuegos, disfrazado de Santa Claus y cargando niños a quienes repartía juguetes.

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