La vida en rojo de Chanito

Perfil - 25.09.2005
Juan Carlos Aguerri

Antes de la guerra de las televisoras por conseguir notas rojas para alimentar el raiting, ya estaba Juan Carlos Aguerri vendiendo rostros destrozados y mujeres hermosas y desnudas en su semanario El Mercurio, un negocio al que llegó tras vivencias que no son precisamente las de un santo: como la de chavalo obligado a disciplinarse en una escuela militar estadounidense o la de gerente de un cine porno capitalino

Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela

La edición de El Mercurio entre el primero y el 7 de septiembre todavía está fresca. Es lunes en la tarde, apenas salió el jueves y el titular salta a la vista: “Muerte espantosa”. La foto es el detalle de lo que quedó del rostro de un hombre que murió machacado por un camión que conducía trágicamente su hermano. Es una masa amorfa de carne que se exhibe en la primera página a colores.

El local del semanario El Mercurio parece esta tarde una dependencia más, como esas bibliotecas donde ni las moscas se atreven a posarse sobre las mesas. No hay música y el ambiente es sobrio: pocos cuadros, colores modernos y sólo hay algunas caricaturas frente a la puerta de Juan Carlos Aguerri.

Está también el póster de una sexy mujer que en bikini le hace publicidad al semanario más sangriento del país; una foto tímida en comparación con la que aparece en la contraportada de la edición del rostro destrozado: una rubia despreocupada de lo que uno pueda ver junto a una leyenda como ésta: “Chiquito pero bonito…”

“Chanito” Aguerri “es una marca de fábrica, hermano. Mucha gente que ha abierto tiendas, de ésas de juguetitos sexuales, me ha llamado al teléfono para decirme: fijate que vino un cliente, hermano, y me dijo: ¡Saludame a `Chanito’, decile que está buena la tienda! Y nada tengo que ver”.

Estallan las risas en su oficina al escuchar la frase de alguien a quien en broma algunos lo han comparado con el magnate de la Play Boy, Hug Hefnner, pero sólo en su afición por las mujeres. Algo de eso se ve en su oficina que más que el corredor es una buena esencia del personaje. Hay un cuadro hermoso con una mujer desnuda —”soy amante de la belleza femenina”, martilla—, otro inmenso de Sandino a sus espaldas —aunque quiso ser alcalde liberal por Managua—, un montón de documentos encima del escritorio, la imagen de Sor María Romero a su derecha y un alacrán metálico grande.

“¡Ah! Éste es mi muñequito, lo tengo aquí para echárselo al que venga a joder”. Carcajadas de nuevo. Más allá tiene un librero, una mesa de juntas y un baño en el que uno se puede imaginar que tiene todo menos la foto de un millonario. Sin embargo, ahí está Carlos Pellas, “Chanito” y algunos amigos posando para la cámara del semanario El Mercurio, por cuyas páginas han desfilado un montón de personajes de Nicaragua en los últimos años a quienes se les ha visto en la página 2, la sección para proyectar al jefe.

Estos son tiempos difíciles para El Mercurio, dice su presidente. Las televisoras nacionales tienen desde hace meses noticieros rojos, llenos de haladas de pelos, macheteados, asesinatos, diferencias de vecinos, que antes no eran noticias. Los redactores de El Mercurio deben escarbar más entre morgues, salas de emergencia y barrios marginales.

“Agua que no has de beber mejor dejala correr, dije yo en su momento, los canales me criticaron y ahora se metieron de lleno. Está bien, lo único malo es que se están peleando las mismas informaciones, y por eso nosotros tenemos que trabajar fuerte con nuestros corresponsales”.

El martes, el jefe de redacción, Pedro Ortega, le lleva a “Chanito” las propuestas de portada porque el miércoles es el cierre. Una es la de un hombre que quedó con la mano desmembrada después que dormido, por el efecto de los tragos, lo golpeó un furgón. “Un salado con suerte”, se lee. “Chanito” es la relajación en persona. “No me gusta. Está mejor la otra opción”. La portada al final fue la de un hombre que supuestamente fue violado por unos pandilleros. La imagen es grotesca, no se ve el rostro, sólo el trasero y “Chanito” ni siquiera se despeina. Dice que quiere transmitir alegría con su publicación.

“Chanito” Aguerri “es una marca de fábrica, hermano. Gente que ha abierto tiendas de juguetitos sexuales me ha llamado para decirme: fíjate que vino un cliente y me dijo: ¡Saludame a ‘Chanito’, decile que está buena la tienda! Y nada tengo que ver”

—¿Cómo querés transmitir alegría, si aparecen rostros destrozados en la portada?

—Te hablo en conjunto. La foto de la portada es un imán, es la que vende el periódico. Hemos sacado todo tipo de casos. Uno de los que más me ha impactado es un señor que le dio lepra de montaña en la cara en Estelí. Estaba hablando con vos y le mirabas los dientes como se movían. No tenía carne.

—¿No te afecta el desayuno?

—¡Estoy a dieta! (je je je). No tengo problemas. Es como el trabajo. Si te dicen que ahora vas a trabajar a las cinco de la mañana, y vos entrás a las ocho, pues te acostumbrás…

Fotos de Orlando Valenzuela
Chanito Aguerri con una de las famosas contraportadas de El Mercurio, donde siempre aparece una mujer. “Soy amante de la belleza femenina”, asegura.

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La relación de “Chanito” con la nota roja viene desde que estudiaba Administración de Empresas en México a finales de los setenta. Allá conoció un semanario que se vendía como pan caliente. Se llamaba Alarma y le ofrecía a sus lectores sucesos duros que hacía que éstos se abocaran a los puestos de venta de diarios aunque fuese vespertino. “Chanito” era uno de esos ávidos lectores en un tiempo cuando ni siquiera se imaginaba que trabajaría en la gerencia de un periódico.

Pero la idea se le quedó en la cabeza. Casi dos décadas después, en Nicaragua tuvo la oportunidad de vincularse al periodismo. Eso ocurrió cuando lo contrataron como gerente del extinto diario La Tribuna en 1997, un periódico que en su momento sacaba El Mercurio como un suplemento que intentaba abarcar las noticias del Mercado Oriental con la idea de que “era una ciudad dentro de otra”. Mercurio, en escaliche significa Mercado.

De ese tiempo son algunos ejemplares que contaban a los personajes del mercado más famoso de Nicaragua, una inmensa mole que abarca 87 manzanas de la ciudad. El primer número del suplemento fue publicado en la semana del 19 al 25 de junio de 1997. “Yo llegué cuando los (periodistas) españoles ya se habían ido, ellos hicieron el rediseño del diario, que fue muy bueno. Pasar por La Tribuna para mí fue una gran experiencia porque administré un periódico en quiebra”.

A pesar de los datos y los testimonios de algunos periodistas que trabajaron en esa época, “Chanito” Aguerri defiende la paternidad de la idea. Dice que él hizo El Mercurio para meterse al mercado C y D, porque La Tribuna cubría los sectores más altos. Sin embargo, esos mismos periodistas dicen que “se robó el mandado cuando la situación de la empresa era irreversible y sólo restaba la quiebra”.

“Si el periódico hubiera sido de Haroldo Montealegre, él fuera el dueño. Pero es de `Chanito’ Aguerri.

Ésos son comentarios de gente que uno le da la mano y después te muerde. Eso viene de gente que yo le di empleo en La Tribuna, y ahora están en mejores posiciones, porque la vida da vueltas. Ellos hablan al peso de la lengua”.

Bajo la influencia o no de “Chanito”, El Mercurio ya se había adelantado. El primer relato sangriento fue el de un hombre a quien le cortaron la mano en el Mercado Oriental y lo publicaron entre el 9 y el 15 de octubre de 1997. El título fue al mejor estilo del “sello Aguerri”: “La justicia del machete” y la foto era la del hombre sin mano viéndose su herida, mientras el miembro cortado se podía localizar a unos pasos de la víctima. Aunque hay que reconocer que casos como ése eran esporádicos, en esa imagen, en ese título, sin ser previsto estaría lo que luego se convertiría en la veta del actual Mercurio.

Con esa visión, “Chanito” ha cobijado a varios personajes como Chamorrito, el fotógrafo que según la leyenda entre los viejos reporteros de sucesos llegaba antes que los agentes a la escena del crimen, vestido de negro, y se fumaba un cigarro en una época en que los periodistas ni siquiera andaban radios con la frecuencia de la Policía.

El otro es el mismo Ortega. Hace unos meses él, que todos los fines de semana duerme en una camilla de un hospital capitalino para dar cobertura a las noticias de la madrugada, cayó en una de ellas pero herido, luego que unos supuestos drogadictos lo apuñalaron varias veces por la espalda. Esa noche se encontraba a 50 metros de su hogar. Estaba oscuro y vio a dos personas que le parecían conocidas. Las quedó viendo. Ése fue el error. De pronto sintió la bayoneta en la espalda, provocándole heridas en las que el médico que lo atendió podía meter un dedo.

“Ajá jodido, ahora vas a salir en la portada de El Mercurio”, lo matizaron los médicos, mientras crecía su preocupación por temor a ahogarse en sangre. Luego se publicaría la noticia: “Editor del Mercurio recibe dos puñaladas traperas”. El autor: Pedro Ortega Ramírez.

—¿Qué sintió cuando los médicos le dijeron eso?

—Probé un poco de mi mismo chocolate, porque publicarlo en el periódico es un poco tragicómico.

—¿Lo publicó en portada?

—Las heridas no lo ameritaban, si me hubiera pasado otra cosa, tal vez. Yo no tengo problemas con eso, tal vez. Si a uno de mis hijos le pasa algo quién sabe si lo pongo en portada. Mis hijos están pequeños. La única restricción que tenemos en el periódico es publicar noticias de niños y ésa es una orientación de “Chano”.

—¿Qué piensa del trabajo que hace?

—Muchas veces dicen que los periodistas nos volvemos insensibles ante situaciones, y no es cierto. Yo puedo comer tranquilo con un macheteado allí, pero hay cosas que a estas alturas yo arrugo la cara.

—Sus hijos, ¿leen el periódico?

—Trato de que no lo lean. Mi hijo mayor tiene siete años y él desde pequeño le enseñamos en láminas educativas cada zona erótica del cuerpo humano. El conoce qué es una vagina, los pechos y el pene. Los llama por su nombre. Así la otra pequeña. Evito que vea El Mercurio por las imágenes. Cuando veo lo que le pasan en televisión es peor. La vez pasada el chavalo me llamó diciéndome lo de un incendio…

—¿Pero no es contradictorio lo que dice?

—La educación comienza en tu casa y el colegio es un complemento. Yo produzco periódicos, pero no puedo obligar a la gente a que lo compre. El hecho que tiene un precio es una restricción para la gente. En los canales lo tenés libre. No podemos andar de casa en casa diciendo que no lo lean.

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¿Qué clase de personas son las que pueden elaborar un producto como El Mercurio? La psicóloga Eudilia Molina, experta en salud sexual y reproductiva, dice que no se atrevería a opinar en el caso de “Chanito” Aguerri, pero sí se puede decir que existe la impresión de que los creadores de proyectos sensacionalistas como éstos tienen una necesidad subliminal a través de este tipo de noticias: se llenan el ego. Se trata de crearse una autoestima elevada, una ilusión negativa de la persona.

Para Patricia Orozco, del Centro de Investigaciones de la Comunicación, “Chanito” es un negociante sin escrúpulos. “El Mercurio es un medio antisocial y aunque suene duro `Chanito’ vive como el zopilote sobre la carroña, explotando la miseria y el dolor”. Juan Carlos Aguerri sin embargo no se da por aludido. Para él, siempre hay “bolcheviques, gente de doble moral” que lo critica hasta la médula.

¿Cuánto se parece El Mercurio a “Chanito” Aguerri”Je je je. Está buena la pregunta. Mirá, tiene similitudes en varias cosas. Yo soy de pensamiento liberal, mis amigos me dicen que soy liberal de centro izquierda, me gusta la belleza de la mujer, me gusta apreciar lo bonito y en ese sentido nos vamos identificando como periódico. Me gusta que El Mercurio sea dinámico, alegre”.

Ese “liberalismo” le vino cuando era un chico y pagaba a los proyeccionistas de la cadena de cines de su familia, los famosos cines Aguerri, para que le permitieran ver películas prohibidas. Ahí estaba el muchacho regalando cigarrillos para que el proyeccionista de turno le permitiera asomarse en el único hueco del cuarto oscuro, luego sería el gerente en la década de los ochenta de dos salas que les dejaron después que los sandinistas les confiscaron los cines a la familia que eran por lo menos veinte. Incursionó entonces al cine pomo italiano que según él es erótico en comparación con el actual.

—¿Qué siente cuando le dicen pornográfico?

—No sé a qué le llaman pornográfico. Esto es erótico. Pornografía es XXX, o fotos donde hay una penetración. Para mí son doble moral. Desde señores respetados los encontrás viendo chavalonas en internet.

—¿No se ha metido ahora de lleno al negocio de la pornografia?

—Tenemos distribución de revistas pomos, vienen con su bolsa. Es otro tipo de negocios. Los tengo divididos.

—Pero parece una misma pasión, ¿a usted le gusta lo pomo?

—Me gusta estar en la jugada. Me gusta estar en todo. Me gusta conocer y ver.

Con su familia. Todos los fines de semana, el hombre fuerte de la nota roja viaja con sus seres queridos al mar, a una casa donde comparten momentos agradables.

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En la otra acera está el hermano de “Chanito”, José Adán Aguerri, economista y administrador de empresas, presidente de la Cámara de Comercio, un hombre serio al que algunos consideran como el “Chano bueno” de la familia. Él no se cree tal cosa.

“Creo que Juan Carlos no está viendo si le gusta la pornografía, se trata de un negocio nada más como todos los que ha hecho en su vida. Él es normal. Es una apreciación equivocada pensar que es un enfer-mo. Esa percepción es por falta de contacto cultural con el exterior. Él es un extraordinario padre, viaja con sus hijos todos los fines de semana a una casa que tiene en el mar. Tiene un humanismo bien desarrollado. Es una persona que tiene trato con gente de cualquier nivel, para él no hay diferencia. Es bien abierto. Se relaciona con sandinistas, liberales y conservadores o de cualquier clase social. Fijate por ejemplo que una de las grandes cosas que hizo fue dejar de beber por su familia”.

“Chanito el malo” se caracterizó sin embargo desde niño por ser inquieto, como le gusta decir a José Adán, tanto que cuando cumplió 13 años lo expulsaron del Colegio Centroamérica porque había dejado varias clases y sus padres —José Adán Aguerri Hurtado, el primer “Chano”, e Hilda Chamorro— decidieron enviarlo a disciplinarse a una academia militar en Estados Unidos, a diferencia del resto de expulsados que usualmente los padres en esa época mandaban como castigo a otros colegios supuestamente de baja categoría para ellos. José Adán Aguerri recuerda uno al que sólo conocían como “San Pancho School”.

Las pruebas de la indisciplina las tiene hasta en el cuerpo. “Yo soy pata de perro, siempre me gustó la vagancia. Jugaba beisbol, me gustó andar en moto. Tengo tres quebraduras en uno de mis brazos de andar en motocicletas, por eso uso mangas largas”. “Chanito” también fue conocido en “su barrio” (como llama a residencial Las Colinas), porque un grupo de sus amigos tiraba con escopetas a las luminarias y hacía carreras ilegales en la carretera Managua-Granada. ¿Logró disciplinarlo la Academia? “Yo digo que sí. Hay cosas que no se me olvidan. Yo soy ahora bastante ordenado. Mi ropa la manejo arreglada…”

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El jefe de El Mercurio ha sido rojo hasta en la política. Vinculado al Partido Liberal Constitucionalista, quiso ser candidato a Alcalde en las elecciones pasadas y vendió a lo grande en su semanario un triunfo que luego se convirtió en amarga derrota. El tres de julio de 2004 denunció que el candidato liberal Pedro Joaquín Chamorro había sido escogido por el dedo del ex presidente Arnoldo Alemán que entonces estaba internado en el Hospital Militar y desde allí dirigía el partido. “Creo que Arnoldo se equivocó. Sólo quiere gente que le diga ‘sí señor’.

Creo que menospreció las cualidades de mi persona. Él tenía un compromiso de que iba como primer concejal y a la hora de la hora me dejó en el aire”, dice en el que probablemente sea el episodio más triste de alguien que se levanta todos los días y asume como lema la idea de que el “sol siempre sale parejo para todos”.

Fotos de Orlando Valenzuela
El Mercurio: sangre y sexo. Aquí puede verse la combinación de sangre en portada y mujeres hermosas, junto a su dueño.

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