Orlando Vásquez

Perfil - 05.12.2006
Orlando Vásquez, ahora trabaja en una granja camaronera  en Chinandega

De la rutilante fama al olvido absoluto. Orlando Vásquez, aquel pequeño atleta al que la crónica deportiva bautizó como el "pequeño acorazado", abandonó todo lo bueno de su vida, se sumergió en el vicio y ahora mendiga trabajo y comida en una granja camaronera de Chinandega

José Adán Silva
Fotos de Bismarck Picado

Una vez, hace 15 años, cuando ya comenzaba a dormirse en las calles producto del alcohol, dijo que si había sido capaz de levantar una barra con discos de acero que pesaban casi hasta tres veces su peso, también era capaz de controlar una botella de ron, un cigarrillo de marihuana o una piedra de crack.

"Así que no te preocupés amor, lo hago por jodedera, esto a mí no me doma", le dijo a su esposa Marlene Morales cuando esta le reclamaba el porqué llegaba tarde a la casa. Ahora ya no hay preocupación de ella porque están separados y la casa a la que Orlando Vásquez solía llegar tarde cuando comenzaba a caer en el hocico de los vicios, la perdieron cuando él la empeñó por problemas financieros provocados por la droga.

"No aguantaba. Hice todo por ayudarlo, le rogué que se curara, no por mí, sino por nuestros tres hijos, por él mismo, pero nunca pudo o nunca quiso", se queja sin remordimientos Marlene, quien se casó hace 17 años con Orlando Antonio Vásquez Mendoza.

LEA ADEMÁS: El mundo de los esteroides

Aunque no se queja de la vida que llevó a su lado, ella no puede disimular cierto enojo cuando recuerda que por culpa del vicio, él abandonó a la familia: "Fíjese que a él lo quería todo el mundo, todos lo admiraban y respetaban porque desde jovencito fue muy dedicado y sencillo, pero el guaro y las drogas lo arruinaron. Yo no le deseo mal, ojalá se cure, pero lo que perdió con nosotros ya no lo recuperará", dice ella, quien lo conoció allá por 1988 cuando el nombre del pequeño atleta que se alza a metro 52 centímetros del suelo, ya sonaba fuerte en los medios de comunicación, que por entonces lo promocionaban como una joven promesa de los deportes nicaragüenses.

No era para menos, el año anterior, en 1987, durante los Juegos Panamericanos de Indianápolis, el pesista Orlando Vásquez había subido al estrado de los ganadores con tres medallas de bronce colgadas al cuello, algo nunca ocurrido en la historia del deporte aficionado nicaragüense. Empezaba la leyenda del pequeño acorazado de 52 kilogramos.Orlando Vásquez

***

En realidad lo que le gustaba era el agua. Todos los días se iba a la piscina del Polideportivo España a esperar que le dieran una oportunidad para zambullirse y ya se veía saltando al escuchar el disparo de salida, partir las aguas en dos hasta llegar a la otra orilla y de ahí emerger triunfante como tritón.

"Yo veía el agua limpita y transparente, bien fresca, y me daban una ganas de tirarme un chapuzón, pero como nací rematado de estatura, no me atrevía y mejor me dedicaba a levantar pesas hechas de tarros con cemento en cada lado de un tubo galvanizado", recuerda emocionado Orlando Vásquez, ahora que se encuentra a la sombra de un almendro para mitigar el solazo perro de este / Chinandega que parece a ,4 punto de hervir con el calor del mediodía.

Tiene la cabeza rapada, la piel parece tostada y luce una pequeña barba cerrada que le nace debajo de las orejas y le atraviesa la quijada hasta coronarse en la barbilla. De ojillos rojizos y sonrisa fácil, Orlando Vásquez rememora aquella tarde de 1982 cuando un amigo lo llamó de las graderías donde veía a los muchachos zambullirse en la piscina del Polideportivo España para decirle que estaban buscando gente para levantar pesas.

"No me acuerdo cuántas medallas gané en mi vida, pero fueron un cachimbo: de oro, de plata, de bronce, de lata, de plástico, de todos los tamaños y colores", celebra Vásquez

"Estaba un entrenador que me estaba probando a los chavalos a levantar pesas, yo ya tenía mi caja (musculatura) y le dije que quería nadar, pero él me quedó viendo y me dijo, 'no jodás, aunque parecés renacuajo vos no servís para nadar, mejor probá las pesas'. Y así me fui quedando, enano y majón", dice Vásquez, quien confiesa que a sus entonces 14 años nunca imaginó que levantar barras y discos de metal sería el único oficio que aprendería en su vida.

"Primero me andaban los de la Federación como exhibición por todo el país, pero sin participar, era como jugador de mantequilla, pero después el entrenador me dijo: 'Vos ya estás listo para ganar'. A partir de ahí anduve reventando a todo el que me pusieran enfrente con las pesas", ríe Vásquez, quien dice ahora que desde entonces empezó ganar medallas a granel. Primero en Nicaragua, en concursos nacionales; luego en Centroamérica, en concursos regionales, luego en América Latina, en los Juegos Panamericanos y después por todo el mundo representando a Nicaragua en las competencias de pesa.

"No me acuerdo cuántas medallas gané en mi vida, pero fueron un cachimbo: de oro, de plata, de bronce, de lata, de plástico, de todos los tamaños y colores", celebra Vásquez quien aunque ande muy mal económicamente, a como se verá más adelante, no pierde el sentido del humor y estalla en carcajadas a cada rato. A veces sin motivo.

***

"No ha habido un atleta amateur nicaragüense, en toda la historia, que haya conseguido más medallas que Orlando Vásquez. Estoy seguro de eso", dice el periodista Hijalmar Padilla, editor de la sección deportiva del Diario Hoy.

De hecho Padilla ha seguido paso a paso a Vásquez desde su inicio, su desarrollo y su caída como deportista y persona. Incluso la última vez que se publicó una entrevista sobre él, fue cuando Padilla lo entrevistó en el 2002 en el Centro de Ayuda y Rehabilitación del Alcohólico y Adicto a otras Drogas (CARA), donde había llegado demacrado y enfermo tras una etapa álgida de varios meses de ingerir licor y consumir drogas en las calles.

"Ni yo mismo me aguantaba. Había entrado a la etapa crónica, era demasiado. Ya no podía controlarme, mientras consumía de todo: guaro, cocaína, marihuana y hasta piedra (crack)", le dijo esa vez Vásquez a Padilla.

"Para en esas fechas Orlando ya venía para abajo como atleta. Dos años atrás había participado en los Juegos Olímpicos de Sydney y allá fracasó estrepitosamente al quedar en el lugar 19 entre 22 competidores, a pesar de ser de los pocos atletas a los que el Comité Olímpico le pagó entrenador y le mantuvo viáticos en Nicaragua", cuenta Padilla.

LEA ADEMÁS: Nicaragua en los Juegos Olímpicos

Los Juegos Olímpicos del 2000 fueron la última competencia en la que Vásquez participó. Atrás habían quedado sus nueve medallas en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 87, La Habana 91 y Mar de Plata 95. Nadie en Nicaragua, en ninguna disciplina deportiva, había logrado tantas medallas.

Esos méritos, a pesar de que ya empezaba Vásquez a padecer las consecuencias del vicio, hicieron que la crónica deportiva lo eligiera en 1999 como el segundo atleta, de una lista de diez, de los más destacados del siglo XX, sólo detrás del ex grandes ligas Denis Martínez.

Las autoridades deportivas lo amaban y obviaron que las medallas ganadas en Indianápolis les fueran arrebatadas luego que saliera positivo en un examen de dopaje. Un gimnasio de físico-culturismo que se construyó en las instalaciones del Instituto de la Juventud y Deportes lleva su nombre, gimnasio Orlando Vásquez, el gobierno de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro le regaló un automóvil y el financiamiento de la empresa privada le permitió comprar una casa propia en el Reparto Isaías Gómez, acondicionarla y darle un techo digno a su familia.

***

Ahora el otrora pequeño acorazado ya no luce aquel blindaje de la fama. De hecho, salvo algunos amigos que le conocen aquí en Chinandega, para el resto de la gente pasa desapercibido.

Y no es para menos: nadie puede imaginar que este pequeño hombre de musculatura todavía definida, que viste ropas humildes e irradia aires de desolación, es el mismo joven que años atrás se subía a los altares deportivos de las mejores plazas del continente a recibir medallas y elogios.

Orlando Vásquez trabaja en una granja camaronera en las costas chinandeganas, gracias a las gestiones de uno de sus pocos amigos que le quedan en estas tierras candentes. Ahí gana apenas para medio comer: 1,200 córdobas al mes por hacer de todo, cargar sacos, limpiar pilas, jalar cosas... "Estoy jodido", dice a secas, cuando ya las carcajadas que le provocaron sus recuerdos de gloria lo han abandonado para ceder espacio a la realidad de su vida actual de 38 años.

Una señora amiga de él en Chinandega, cuando supo que buscábamos a Vásquez para entrevistarlo, se entusiasmó y dijo al otro lado del auricular con voz de súplica: "Ayúdenle por favor. Ese hombre necesita una mano que lo saque de ahí".

Un familiar cercano a Vásquez en Managua dijo que el ex atleta había huido a Chinandega luego de venderle hasta el último traste a su esposa para consumírselo en drogas y por eso ella lo detesta.

Marlene Morales, la esposa de Orlando, dice que no quiere hablar de sus asuntos familiares, que tampoco lo detesta, pero que las cosas que le hizo a su familia cuando andaba en las drogas no se pueden olvidar fácilmente.

"Ni lo odio ni lo detesto, eso se lo dejo a Dios, lo único que te puedo decir es que las cosas que perdió con su familia no las recuperará".

Ella, al igual que una amiga de Orlando Vásquez, en Chinandega, creen que el laureado ex atleta sigue en las drogas, pero él lo niega enfáticamente y pide una oportunidad para demostrar que todavía es útil a la sociedad.

¿Caíste otra vez en las drogas Orlando?

No, para nada hermano, no tengo ánimos para eso, ni dinero para esas cosas. Ahorita estoy dedicado a mi trabajo, esperando mientras me sale algo mejor. Vos sabés, con 1,200 pesos al mes no puedo hacer nada por mi familia.

¿Y por qué no estás con tu familia?

Es que tuve un problema con mi esposa. Algo horrible, pero ya lo superé y ahora quiero ahorrar para llevarle algo a mis hijos en Navidad.

Algo horrible ¿como qué?

Una cagada, no lo puedo decir públicamente, pero quiero que ella me perdone.

¿Por qué viniste a Chinandega?

Es que allá (Managua) no tenía trabajo y amigos ya casi no tengo, para serte sincero creo que los eché a perder cuando caí en el vicio.

¿Y ahora estás recuperado, no andás en el vicio?

Sí hombre, creeme, ya no tengo nada que ver, si me ves hecho verga es porque no tengo un buen trabajo, pero ahora que ya no bebo quiero ver si alguien me da una oportunidad para trabajar allá y estar cerca de mi familia. Me gustaría también que me dieran una última oportunidad para competir, yo sé que si entreno puedo ganarle a cualquiera.

¿Y de qué creés que podás conseguir trabajo si has burlado la confianza de todos los que te tendieron las manos?

Yo sé que arruiné la confianza, pero así es de horrible el vicio y le pido perdón a quienes traicioné, a mis amigos, a mi familia, a los que me apoyaron. Yo antes era instructor de pesas, todavía me acuerdo de las técnicas, pero ahorita no pido mucho, con limpiar el gimnasio Orlando Vásquez y con que me garanticen aunque sea el seguro médico me conformo.

Sección
Perfil